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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

Hey loco, No dispares!

Vamos a Cuentiarnos la Paz

LOS RICOS NO VAN A LA GUERRA

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[Colombia] Inicia la Primera Campaña

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.

Inicia la campaña. La primera campaña electoral del nuevo partido FARC, el cual nace de la transformación de las guerrillas de las FARC-EP –movimiento en armas del pueblo- a partido político, producto de las negociaciones entre el gobierno nacional y las FARC-EP que terminó con la firma del Acuerdo Final por una Paz estable y duradera, en el Teatro Colón de Bogotá.

El proceso de paz fue un arduo proceso que prácticamente englobó toda la existencia de las FARC como organización en armas en respuesta al ataque en armas por parte del estado se inició con el Ataque a Marquetalia en 1964, el cual fue adelantado con más de 16.000 soldados, utilización de bombardeos de la FAC y armas biológicas contra más de 48 campesinos, mal armados, que contaban con la solidaridad del pueblo colombiano.

Se inició asi la 2a Violencia con una guerra asimétrica entre un estado con todo a su favor, dinero, armas, prensa, etc; la guerrilla contaba además de la solidaridad del pueblo con su convicción de que la guerra ”tarde que temprano” desembocaría en una mesa de conversaciones, como en efecto sucedió, por la tenacidad del movimiento en que se desarrollarían esos 48 campesinos, llegando en ciertos momentos a hacer presencia en todo el territorio nacional con más de 20.000 hombres en armas.  

Cada presidente colombiano al tomar posesión de su cargo –cada 4 años- traía un nuevo Plan de Guerra, al cual obligadamente tenía que corresponder las FARC con el desarrollo de su Plan Militar que tenía como eje central la búsqueda de la paz. Sin falta cada comunicado de las FARC planteaba la imperiosa necesidad de buscarle una salida política al conflicto armado, planteamiento que caía en los oídos sordos de los detentadores del poder, los cuales borrachos de poder o quizá con el deseo de ocultar la corrupción que se desarrollaba alrededor/y en el estado.

Cada presidente se iba con las manos destrozadas por la derrota de su plan de vencer la guerrilla de las FARC-EP, mientras la guerrilla seguía adelante con sus planes políticos-militares insistencia en la necesidad de encontrarle una salida política al conflicto armado, llegando en pocas ocasiones a sentarse en la mesa de negociaciones.

El estado recibió de manos de los gobernantes gringos el Plan Colombia, ”el más grande esfuerzo financiero y militar para vencer la insurgencia armada”, y desde el 2000 desarrollaron el Plan Colombia con sus sucedáneos nombres, Plan Patriota y Plan Consolidación, con el resultado que la guerrilla seguía viva, en el corazón de su pueblo.

El desastroso resultado para las fuerzas militares colombianas de sus esfuerzos -y del imperialismo estadounidense- fue cuantificado por el diario El Espectador en 25.000 unidades dadas de baja, sin contar heridos, información sacada del ciberespacio. Nunca sabremos en realidad cuántas fueron las pérdidas en vidas humanas.

La incapacidad de las fuerzas militares de vencer la resistencia de las guerrillas, especialmente de las FARC-EP, ha llevado al presidente Juan Manuel Santos a la mesa de negociaciones y a firmar el Acuerdo de Paz, después de 6 años de negociaciones.

Desde el año 2017 se inició la implementación del Acuerdo de Paz con toda la marrullería que es característica del estado cuando se trata de satisfacer las necesidades populares. Apenas el 18,23% de lo acordado ha sido implementado. Entre ese 18% se encuentra la transformación de la guerrilla en partido político y desde enero 2018 su participación en la política legal en una campaña política.

Está entonces la FARC en su primera campaña… ya no una campaña militar, sino campaña política y el primer registro fue la “toma” del municipio de La Paz (Cesar), a escasos kilómetros de la capital Valledupar, conocida a nivel mundial por su Festival Vallenato.

Vemos entonces los ex-guerrilleros en una toma ”casa por casa”, charlando amenamente con los pobladores, exponiendo qué significan la FARC, sus objetivos a corto, mediano y lejano plazo. Continúa así el accionar de la otrora guerrilla ahora transformada en partido político y será muchísimo más fácil el accesar de la población a la FARC. Ahora habrán tomas pacíficas de poblaciones, sin derramamiento de sangre, civilizadamente, y se realizará un intercambio de opiniones que enriquecerá el bagaje intelectual de cada uno hacia el otro y viceversa.

Antes el accesar a las FARC-EP significaba quedar marcada por el señalamiento como “guerrillero”, a lo que ahora solo la legalidad podría señalarlo como proclive al partido político legal FARC.

Primera campaña que buscará llegar hasta/y ganarse el corazón y la mente de los colombianos. Adelante que el trabajo es arduo y como las anteriores campañas politico-militares, éstas campañas política legales estarán signadas por la asimetría.


Nada nos arredra ni nos arredrará. Ni la muerte!

[Colombia] ONG internacionales cuestionan implementación de Acuerdo de Paz

Agencia de Noticias UN-

Según la red conformada por 275 organizaciones sociales de derechos humanos, el Estado colombiano habría fracasado en su propósito de hacer realidad los acuerdos con las Farc. 

“Lo que se ha implementado es muy distinto a lo que se acordó por parte del Congreso por la vía fast track, y dista mucho de la necesidad de privilegiar los derechos de las víctimas y los derechos humanos”, aseguró Alberto Yepes, director de la Coordinación Colombia Europa Estados Unidos (CCEEU). 
Durante su intervención en el foro “Encrucijadas de la paz, perspectivas a un año del Acuerdo Final”, convocado por el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), el experto cuestionó que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y el sistema integral de verdad pudieran contribuir a la reconciliación, por la forma en que fueron aprobados. 
Para el coordinador del Observatorio de Derechos Humanos y Derecho Humanitario, los múltiples fallos emitidos por la Corte Constitucional terminaron desatando un proceso de continua renegociación de los acuerdos en el que los derechos de las víctimas se debilitaron, con particular énfasis en la asignación de responsabilidades por crímenes de Estado.
Según el experto, la obligación de responder por los crímenes cometidos en el marco del conflicto armado quedó reducida a aquellos miembros de la guerrilla responsables de delitos atroces, junto con aquellos agentes del Estado que ya hubieran sido condenados –soldados de baja graduación–, que terminó por eximir de castigo a los altos mandos, salvo los que ya han sido condenados, pese a los graves pronunciamientos de la fiscal de la Corte Penal Internacional. 
“La Corte Constitucional motivó un descarrilamiento de los acuerdos en el Congreso, y pese a la esperanza que teníamos los ciudadanos, ahora reina una sensación de escepticismo del alto tribunal para corregir lo que ha sucedido en el Congreso”, puntualizó Yepes. Para el directivo, la aprobación del articulado estuvo condicionada en buena medida a las gabelas otorgadas por el Ejecutivo, de tal manera que una vez agotada la “mermelada” el Congreso dejó de aprobar la implementación de lo acordado. 
Además explicó que el alto tribunal es responsable de la actual situación al haberle retirado al presidente la posibilidad de implementar el proceso de manera integral. En tal sentido, insistió en que la Corte Constitucional había tomado partido por los empresarios que estuvieron involucrados en el paramilitarismo, con el fin de evitar que rindan cuentas por sus acciones. 
Tal escenario hace imposible que la JEP se convierta en el tribunal de cierre a los hechos cometidos durante el conflicto que se tenía previsto en sus inicios, puesto que ha quedado subordinado a la justicia ordinaria, subrayó. 
Para el director Yepes, a la imposibilidad de juzgar a los altos mandos militares responsables de delitos atroces se suma la de llevar ante los tribunales a empresarios que financiaron y resultaron favorecidos por acciones de grupos paramilitares, ordenaron asesinatos de sindicalistas y terminaron apropiándose de tierras en forma ilegal. 
“En el proceso de Justicia y Paz, aunque 15.700 empresarios, políticos, ganaderos y mineros fueron señalados como promotores o auspiciadores del paramilitarismo, jamás fueron investigados o llamados a rendir cuentas a la espera de una solución global en el marco de las negociaciones”, precisó el director de la CCEEU. 
Resultado de esta dinámica es que estas personas alegaran que la justicia ordinaria no puede investigarlos, a la par de poner toda serie de reparos frente la posibilidad de someterse ante la JEP, institución ante la que sin embargo se tiene previsto que deberán presentarse 3.500 guerrilleros que están condenados, para que puedan acceder a beneficios. 
“A estas 15.700 personas y 4.300 militares investigados por crímenes en el conflicto no les va a pasar nada porque la justicia en este país ha sido parcializada”, precisó Yepes, quien llamó la atención sobre el hecho de que hasta el momento no hubiera un solo general condenado por hechos relacionados con los denominados “falsos positivos”.
(Por: Fin/JCMG/MLA/LOF)N.° 920

[Colombia] Víctimas, otra vez victimizadas por el estado

Cambio Total.

Nuevamente el gobierno Santos y su estado desconocen los derechos de las víctimas e, increíblemente, ellas, todas las víctimas, son visibilizadas por la FARC, el Nuevo partido.

La lucha de la FARC ha sido no solo en el reconocimiento de su responsabilidad (10-15% de las más de 220.000 víctimas del conflicto armado), sino en el acompañamiento en su lucha y en el codo a codo exigiendo sus derechos.

El estado y su gobierno –Santos- pretende pasar de agache en su responsabilidad con las víctimas. La inmensa mayoría es responsabilidad estatal. Veamos.

83% de las masacres son responsabilidad estatal. 83,2% de las ejecuciones extrajudiciales. 97,7% de las desapariciones forzadas (60.000 desaparecidos forzosos). 100% de los desplazados forzosos (7,5 millones de colombianos).

Como si fuera poco, y muy a la “colombiana”, el gobierno Santos espera que como todo se vaya diluyendo el recuerdo de las monstruosidades adelantadas desde el estado contra los colombianos desarmados, inermes. 

Porque hay que enfatizar. Esas víctimas no son los guerrilleros dados de baja en combate. Tampoco son los más de 25.000 miembros de la fuerza pública dados de baja por el fuego guerrillero en los 53 años de confrontación, lanzada desde 1964 por el estado y sus gbiernos (El Espectador).

Las víctimas son civiles, desarmados, inermes, objeto de la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional y su Terrorismo de Estado.

Además, las víctimas son re-victimizadas. El Congreso colmbiano, específicamente el senado, pretende negar la aplicación del Acuerdo de Paz en lo referente a las Circunscripciones de Paz, ideada para que las poblaciones que soportaron todo el rigor de la guerra interna tengan representación en el Congreso, el cual en un poco más del 35% responde a los intereses de una parte de los victimizadores, los narco-paramilitares.

Corresponde a los pobladores de esas poblaciones responder a la exclusión con lo que más les duele a los politiqueros del establecimiento. No votarlos. Votar por representantes auténticamente populares.


En manos de los colombianos pobres está tomar el futuro en sus manos.


/hvt 

[Colombia] Alexander Padilla, otro líder social asesinado en el “pacificado” país gobernado por Santos

Insurgente.org

Colombia vuelve a teñirse de sangre. Otro líder social ha sido víctima de una bala del Ejército. El movimiento social colombiano Marcha Patriótica denunció ayer que un efectivo militar asesinó a un campesino en la zona rural de Tierra Alta, en el departamento de Córdoba, en el norte de Colombia.
La denuncia la realizó el líder de Derechos Humanos, Andrés Chica. Este detalló que un soldado adscrito a la Brigada Número 16 de la Fuerza Tarea Conjunta Nudo de Paramillo disparó con su arma en contra del campesino Alexander José Padilla Cruz. 
Chica informó que “el campesino estaba recogiendo sus hojas de coca en una mula y efectivamente el soldado le ordena que pare y él no lo hace, entonces, el soldado le dispara. Él no para por temor y no estaba haciendo ningún delito”. 
El dirigente sostuvo que el campesino había suscrito recientemente el acuerdo colectivo de sustitución de cultivos ilícitos.
Según el acuerdo, detalló el activista social, “ellos pueden seguir manteniendo el cultivo pero no pueden procesar (…). El Ejército no debía estar en esa zona porque ahí hay acuerdo colectivo de sustitución de cultivos ilícitos.
Portando máscaras en sus rostros, el pasado jueves decenas de dirigentes sociales se dirigieron a Bogotá, capital del país, para reclamar atención de las autoridades estatales.
“Nos están matando de a uno por uno. El Gobierno tergiversa la situación, dice que se trata de ajustes de cuentas, ¿pero qué cuentas tenemos nosotros con ellos?”, cuestionó uno de los voceros.
Ellos denuncian que existe una alianza entre el sector empresarial y de ganaderos con grupos armados en los territorios rurales para expulsarlos y no permitirles que reclamen sus tierras. 
Información de organizaciones locales asegura que en lo que va de año han sido más de 120 los dirigentes asesinados. Un estudio revela que cada semana muere un colombiano a causa de una bala perdida.

[Colombia[ El gobierno amenaza a los guerrilleros de las FARC que no se acogieron a “los acuerdos de paz”

Insurgente.org

El gobierno colombiano de Santos declaró hoy “objetivos de alto valor” a los guerrilleros de las FARC que no se acogieron a la Justicia Especial de Paz (JEP), tribunal para el juicio de “sus crímenes”.
“Con la aprobación de la Justicia Especial de Paz, se cerró la puerta a la indulgencia: quien se quedó por fuera, quedó por fuera, en forma definitiva y esos se han convertido en objetivos de alto valor, de altísimo valor y ustedes saben lo que eso significa”, dijo el presidente, Juan Manuel Santos, durante una ceremonia con altos oficiales de la Policía.
Un estudio reciente, elaborado por la Fundación Paz y Reconciliación, estimó que tras la firma de la paz se conformaron unos 15 grupos de disidentes rebeldes, ubicados en 43 municipios e integrados por unos 700 hombres. Dicen también que unos 13.000 ex combatientes de las FARC sí abandonaron sus armas y se acogieron a los acuerdos de paz, según cifras oficiales.

Santos recordó a los uniformados que “negociar la paz fue muy difícil” pero “construirla será aún más difícil”. “La consigna ahora es defender la paz, defender la paz con toda la contundencia que ustedes policías de Colombia han demostrado en los últimos años”, reclamó el mandatario.

[Colombia] “Pedirle peras al olmo”

Allende La Paz.

Cayó el telón. El sainete en que convirtieron en el congreso el Acuerdo de Paz ha terminado. Para vergüenza de los congresistas. Para pena del presidente Santos.

Ya se sienten realizados los congresistas. Cumplieron las expectativas de sus amos. No le cumplieron a los 40 millones de colombianos que apoyan la Paz. Mostraron, una vez más, su profunda mezquindad.

Evidenciaron ante todos que a ellos les importa únicamente lo que les ordenan sus amos empresarios, terratenientes, ganaderos, narco-paramilitares.

La paz es un asunto del pueblo. Definitivamente. Porque ellos son los que han puesto los muertos en éstos 53 años de Guerra interna. Los muertos –guerrilleros, soldados, policías- son hijos de madres populares. Por ello no les importaba la suerte del Acuerdo de Paz.

Para qué preocuparse por un Acuerdo de Paz que no les competía lo más mínimo. Total, los hijos de los congresistas nunca irían a la Guerra. Jamás. Entonces que se maten entre ellos. Que se maten entre ellos para salvar el sistema que los congresistas le imponen a los colombianos.

Todo terminó en la más cruel opereta. Congresistas del establecimiento que no saben como funciona la maquinaria. Ni siquiera cuántos votos necesitaban para aprobar una Ley. Desconocimiento total. Ni siquiera en ésto son duchos. La incapacidad es total. Ya antes habíamos tenido una muestra de esa ignorancia. La congresista Cabal hablaba con propiedad pasmosa de la  Masacre de las Bananeras como si ella la hubiera vivido o estudiado desde 1928. Y así actúan éstos ”inteligentes” congresistas.

Nuestro pueblo no se que quedará cruzado de brazos. Ya no. De ahora en adelante cobrará cada acción contra el pueblo castigándolos con lo que les duele. El voto. Sabemos que la maquinaria les da para para pensar que con solo ella puede contar para perpetuarse en el poder. La maquinaria si acaso les garantiza el 25%. El restante 75% está en manos del pueblo. Y lo usará para castigarlos.

Las cosas, los aires que respiramos, han cambiado desde el Acuerdo de Paz. Apenas en un año estamos viendo cómo resultan sacudidas las instituciones estatales. Y al silenciar los fusiles ha permitido escuchar los otros ruidos que alteran el ambiente. La corrupción –consustancial al régimen imperante- ha mostrado su fea cara ante los colombianos.

50 billones de pesos anuales que pasan a las manos manchadas de los corruptos –que a la vez son unos de los agenciadores del Terrorismo de Estado-, servirían para ir resolviendo los problemas de los colombianos. E iríamos maniatando las manos corruptas.

Ya tenemos una tarea por delante. Los 168 municipios de las Circunscripciones de Paz tienen que saber quiénes son los que cotaron contra ellas. Y castigarlos no depositándoles uno, ni uno, de los votos en las elecciones de 2018.

Evidentemente que exigiremos del estado el cumplimiento de sus compromisos con el Acuerdo de Paz, paz que es para los colombianos pobres, no solo para la FARC, no solo para los oligarcas. Éstos son los máximos usufrutuarios de la Paz. Ahora podrán ir a sus fincas con toda la tranquilidad que les ofrece la Paz.

Mas el pueblo siempre ha sobrevivido con sus propios recursos. Siempre ha sobrevivido con su fuerza de trabajo. Y en la Colombia campesina e indígena tenemos el ejemplo más palpable. En la Colombia citadina el 60% de los trabajadores viven en la informalidad, la economía del rebusque.


Por todo ello, ante la mezquindad de la politiquería colombiana, no le pediremos peras al olmo, esgrimiremos como nuestro escudo la confianza en nuestras propias fuerzas. Ellas serán las garantes de nuestro triunfo.

[Colombia] Se fue el señorito Riverita… y quién es el que llegó?

NotiColombia Press
  

31 agosto 2011

Strike cantado el tercero! Y se ponchó!!! Desde hace varios días el ministreto de defensa, el señorito Riverita, estaba que lo pateaban. No podía ser más lógico en la ilógica manera de pensar de la oligarquía santo-fesina, perdón, Santista.

Ellos creen que el señorito había que cambiarlo porque no le funcionó ni una con las FARC. A estas alturas del partido beisbolero no vemos que un nuevo bateador sea capaz de salvar de la derrota al equipo estatal. El manager Santos no sabe nada de nada, solo decir babosadas. El equipo de entrenadores militares poco saben de estrategía y táctica. Así que la cosa va en vías de ser otra estruendosa derrota, la derrota de esta temporada beisbolera.

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[Colombia] Palabras de FARC y Conclusiones reunión con el señor Presidente de la República

Palabras del presidente de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, Rodrigo Londoño (Timo), en el acto de conmemoración a un año de la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera.

Hace un año, el 24 de Noviembre del 2016, el señor Presidente Juan Manuel Santos, y yo, por entonces comandante en jefe de las FARC-EP, firmamos en este mismo recinto el Acuerdo Final de Paz, que delegados plenipotenciarios de ambas partes habían alcanzado en la ciudad de La Habana, tras cinco años de intensas conversaciones fueron inmensas las expectativas e ilusiones que con hechos sembramos en el alma de nuestros compatriotas.
El alma Nacional vibró de emoción porque estábamos abriendo las puertas a una Nueva Colombia. El histórico problema de la tenencia de la tierra, que todos ubicamos entre las fuentes del desangre patrio, tuvo por fin una debida atención y las comunidades rurales, campesinas, indígenas y afros se llenaron de esperanzas. La democracia prometía abrirse a todos los excluidos y perseguidos en el país, se consagraron para ellos la participación política y las garantías plenas.
Por primera vez en nuestros campos, sus habitantes contaron con la posibilidad de renunciar definitivamente a cualquier actividad ilícita para sobrevivir, porque el Estado abría las compuertas al desarrollo de sus regiones, con planes en los que las voces de los eternamente olvidados serían escuchadas. El tratamiento represivo a sus viejos problemas había llegado a su fin. El estado se comprometía a llegar con un sentido social hasta las regiones más distantes.
La guerrilla que dejaba las armas y se transformaba en partido político, adquiría para sus ex integrantes la ciudadanía plena. Contaría con un número fijo de congresistas en las dos cámaras y podría presentarse a los certámenes electorales con sus propuestas de cambio. Ella y los demás actores del largo conflicto quedaban sujetos a un sistema integral de verdad, justicia, reparación, y no repetición, que dignificaba a las víctimas y les reconocía sus derechos conculcados.
El Acuerdo Final que se solemnizó entonces , estableció las reglas para desterrar definitivamente la impunidad reinante en Colombia, y con ese propósito fundamental incorporó la Jurisdicción Especial para la Paz, que se proponía la investigación y sanción de los mas graves crímenes, cometidos por todos los actores de la confrontación, integrado por magistrados de las más altas calidades morales y jurídicas, y ajeno a cualquier tipo de manipulación.
La tolerancia y el respeto quedaron consagrados para cualquier tipo de diferencias, incluidas las de género, y el Estado colombiano se obligaba a garantizar la vida, la integridad personal y el ejercicio político a las más diversas formas de pensamiento y oposición. Para cumplir con tal propósito, se crearon múltiples mecanismos e instancias, que apuntaban a la persecución y extinción de las múltiples formas de criminalidad, que asediaban el disenso a lo establecido.
A los guerrilleros que dejaban las armas se les garantizaba la reincorporación a la vida civil e institucional del país, en materias económica, social y política según sus propios intereses. Una amnistía lo más amplia posible los beneficiaría a todos, y aquellos que se encontraran privados de su libertad, la obtendrían de manera inmediata. Todos quedaron comprometidos a comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz por los delitos más graves no amnistiables.
Las FARC hablamos entonces como ahora del perdón, lo pedimos ante el país y el mundo por cualquier daño ocurrido como consecuencia de nuestras actuaciones. Y también se lo ofrecimos a todos aquellos que nos causaron graves perjuicios durante los años de confrontación. Dijimos no solo adiós a las armas, sinó adiós a los odios, a los resentimientos, a los deseos de venganza. Expresamos nuestro más ferviente deseo de convivir en paz en una nación reconciliada.
La Corte Constitucional había señalado en sentencia previa, la forma como debía refrendarse el Acuerdo en sujeción a la Carta Magna, y apenas unos días después el Congreso de la República, en un acto que lo honró para la historia, lo refrendó por mayoría abrumadora con el aplauso entusiasmado de la nación entera. La comunidad internacional colmo de elogios la forma civilizada y ejemplar como los colombianos habíamos conseguido solucionar nuestras diferencias.
Un años después, en este mismo recinto, transformados en partido político legal, habiendo cumplido completamente con la dejación de armas y con la satisfacción plena de haber honrado la palabra empeñada en cada uno de los compromisos adquiridos, nos presentamos ante la sociedad civil que convoca este acto, para reiterar nuestro compromiso con la paz y la justicia social. Somos un partido serio, no daremos marcha atrás en ninguno de los términos pactados.
Estamos seguros de que nos acompañan millones de Colombianos que soñaron con la terminación del conflicto, que lucharon por la solución política en todos los escenarios, que entienden que la paz es un bien alcanzable con perseverancia y lucha. La convocatoria de este acto así lo comprueba. Es a esa Colombia a la que invitamos a sumarse a la justa brega por la implementación del Acuerdo Final, tal y como se suscribió y refrendó.
Presenciamos hoy el más sorpréndete espectáculo. El mismo congreso que refrendó el acuerdo final, que aprobó los acuerdos legislativos que incorporan a la Constitución Nacional capítulos esenciales del mismo, parece empeñado de modo vergonzoso en hacerlo trizas hoy, en una conducta que envilece al estado colombiano ante propios y extraños. Más aún, la propia corte que blindó los Acuerdos y conminó a todos los poderes a cumplirlos, falla ahora contra ellos.
A un país de históricos montajes policiales y judiciales, pretende el Fiscal Martínez establecer, que el ex combatiente de las FARC que sea acusado de cometer el más mínimo delito con posterioridad a la firma del Acuerdo, perderá de modo automático todos los beneficios y garantías obtenidos, entre ellos la prohibición de ser acreditado. La justicia ordinaria en Colombia, siempre fue un arma más en la guerra, ahora se le quiere usar como tal en la era de la paz.
Corre una voz en el país que debe tornarse en eco, capaz de movilizar el conjunto de las fuerzas que luchan por la paz y la justicia social. Lo que nos están implementando, no es el Acuerdo que se firmó hace un año aquí. No sólo porque se lo pervierta, para continuar persiguiendo a los alzados que dejamos las armas, sino porque en buena parte las leyes en trámite burlan las expectativas e ilusiones de las comunidades, que confiaron en que el Acuerdo transformaría para bien su vida.
No solo lo afirmamos desde el nuevo partido FARC. Lo plantea abiertamente el señor Jeffrey Feltman, Secretario General Adjunto para Asuntos Políticos de las Naciones Unidas. Lo asegura el señor Jean Arnault, Jefe de Misión Política de la ONU, cuyas palabras recientes despertaron las iras del Alto Comisionado. Lo dice sin tapujos el señor Christian Visnes, director del Consejo Noruego de Refugiados. Lo repiten las comunidades desengañadas.
EL fin del conflicto armado es un hecho. Lo demuestran las cifras de entes especializados. Pero también, las cifras crecientes de ex combatientes y sus familiares muertos, de dirigentes sociales asesinados, de comunidades amenazadas y desplazadas, ponen de presente cuánto falta al Estado para cumplir su palabra. Planes y recursos, presencia económica y social, combate abierto a la criminalidad. No se entiende que gente nuestra sea obligada a abandonar los espacios.
Por eso nuestro llamado a la sociedad civil. No podemos fijar que cada 24 de noviembre sea la conmemoración feliz de la firma del Acuerdo Final, como si este documento histórico se hubiera convertido en realidad. Por el contrario, esta fecha ha de representar un clamor nacional, el aliento a una gigantesca movilización de colombianos y colombianas porque se cumpla sin burlas lo pactado. Llenemos de vida el Acuerdo, limpiemos de cizaña el futuro. Muchas Gracias.
Rodrigo Echeverry Londoño
Bogotá, 24 de noviembre de 2017.

 URL Corto: goo.gl/RKL5rV

Por Consejo Político Nacional FARC.

"Reiteramos una vez más nuestro llamado a la defensa del Acuerdo Final y su cumplimiento" "Es claro que sólo con la movilización y la lucha del pueblo de Colombia podremos evitar que los enemigos de la paz y la reconciliación puedan avanzar en sus propósitos"

En la tarde de ayer asistimos al encuentro previsto con el Presidente Juan Manuel Santos y otros altos funcionarios del gobierno nacional en el Ministerio del Interior.
Durante más de tres horas estuvimos examinando y buscando salidas a las preocupaciones expresadas por parte nuestra en torno a los últimos desarrollos del proceso de paz.
Destacamos la actitud receptiva del señor Presidente y su equipo que enriqueció favorablemente la discusión y permitió que cada inquietud fuera atendida y sopesada debidamente.
Por tal razón expresamos nuestra satisfacción por el resultado obtenido. El gobierno nacional se comprometió una vez más a garantizar la fidelidad al Acuerdo Final.
Reconociendo que el logro de la paz y el cumplimiento de los Acuerdos de La Habana son esenciales para el país, acordamos continuar reuniéndonos para asegurar tales fines.
Es claro que sólo con la movilización y la lucha del pueblo de Colombia podremos evitar que los enemigos de la paz y la reconciliación puedan avanzar en sus propósitos.
Por eso reiteramos una vez más nuestro llamado a la defensa del Acuerdo Final y su cumplimiento. Cada obstáculo superado en un proceso es a su vez el anuncio del siguiente reto.

Consejo Político Nacional de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC)

[Colombia] Vaso medio lleno, vaso medio vacío

Allende La Paz.

Anuncio del presidente Santos y Rodrigo Londoño, Timo, por las dos partes que firmaron el Acuerdo de Paz en el Teatro Colón, que el vaso del cumplimiento del Acuerdo está “medio lleno”.

Anunciaron además que van a realizar reuniones periódicas entre los dos máximos responsables de la Paz y del Acuerdo de Paz para evaluar el avance de la implementación. Parece ser que se pretende “tomar el toro por los cachos” realmente y echar para Adelante el proceso de paz, el cual tenemos que señalar apenas está arrancando, apenas tiene un año y, según los expertos, tomará de 10-20 años su total implementación.

No sobra resaltar que quizá la parte que está llena corresponde al líquido aportado por las FARC-EP, hoy la FARC, nombre del partido político que nació de la guerrilla más Antigua del continente.

Si tuviéramos un vaso para cada una de las partes, la parte de las FARC está completamente llena. El cumplimiento de la FARC es total, del 100% de su 50%, muestra de su compromiso con la paz y la seriedad conque ha encarado el proceso de paz y el Acuerdo de Paz.

No así el vaso del gobierno, el cual ha cumplido apenas 18% de su 50% según organismos especializados. Las causas del incumplimiento van desde la ”paquidermia” de los gobiernos para cumplir sus compromisos con el pueblo, pasan por el odio de algunos funcionarios a las FARC-EP, y terminan en la ignorancia de algunos que se ”comen el cuento” de la extrema derecha ”enemiga de la Paz” o ”amiga de la guerra”, la cual sigue sembrando la ”cizaña” a que se refiriera acertadamente el Santo Padre Francisco en su visita a Colombia.

Si colocáramos ambos vasos en uno solo, tendríamos que solo el 68% se habría cumplido. Mas en éstas cuestiones de matemáticas políticas no podemos sino contabilizar por separado el cumplimiento de las partes por separado. El gobierno Santos sigue teniendo sobre su “jiba” una enorme carga de responsabilidad sobre la construcción de la Paz en Colombia. No olvidemos que el mismo presidente Santos considera que por la única bandera que ha valido la pena su gobierno es por la concreción de la Paz.

El cumplimiento por parte del gobierno Santos debería tomar en cuenta que hay puntos que son prioritarios, del momento, que tocan la sensibilidad de la ex-guerrillerada, a saber: Vivienda, Salud, Seguridad, Proyectos productivos, Reforma Política, JEP, Circunscripciones especiales de paz, etc. No es exagerado decir que los ex-guerrilleros vivían mejor como guerrilleros que en los actuales momentos.

Esos puntos que señalamos son los llamados puntos que se deben cumplir en el inmediato plazo –no cumplidos por el gobierno Santos a pesar del ofrecimiento de la guerrillerada para su realización-. Lo que se ve y siente van llenando el vaso de la confianza en el cumplimiento del gobierno, teniendo en cuenta que los guerrilleros farianos vienen de 53 años de lucha contra el régimen y la desconfianza era –y es- la base de su supervivencia.

La guerrilla fariana sobrevivió por su movilidad y su desconfianza. Ante la situación actual no es extraño que los más desconfiados se muevan. “En la movilidad está la vida, en la quietud está la muerte”, reza un aforismo del pensamiento complejo. Sin embargo, el grueso de los hoy militantes del partido FARC permanecen agrupados en sus EVTR y siguen aportando al proceso de paz, construyendo con su aporte la Paz. Mas que ”la Paz no nos cueste la vida”…

En el mediano y largo plazo corresponderá al gobierno Santos y a su sucesor en la Casa de Nariño seguir implementando con seriedad el Acuerdo de Paz. No hay que olvidar que el proceso de paz con el ELN dependerá en gran medida de lo que cumpla el estado a la FARC.

Igualmente corresponderá a éstos dos gobiernos cumplirle a los campesinos e indígenas los acuerdos firmados con ellos hace más de 2 años y los cuales al día de hoy su cumplimiento “brilla por su ausencia”.

Por su parte, el pueblo colombiano está movilizándose en defensa de la Paz y el Acuerdo de Paz. Los ”cacerolazos”, y demás movilizaciones, van demostrando que al pueblo se le va llenando el ”vaso de la paciencia”, esperamos que el gobierno Santos no vaya a permitir que se rebose.


A actuar con toda la energía, presidente Santos. Los colombianos de buena fe lo apoyaremos si vemos acciones en la dirección correcta. En el inicio del año entrante estaremos evaluando que tanto ha “llenado el vaso” el gobierno.

[Colombia] En cuidados intensivos


Por: Gustavo Gallón.
Se protegió el corazón, pero se afectó el hígado del Acuerdo de Paz con el fallo sobre la constitucionalidad del acto legislativo 01 de 2017 (Corte Constitucional, comunicado 55, nov. 14/17). Se protegió su corazón, porque la Corte aclaró que los miembros de las Farc sí pueden participar en política antes de que sean juzgados y de que purguen sus penas. Los detractores del proceso querían impedirlo, a pesar de que ningún pacto de paz se celebra para que una de las partes se prive de sus aspiraciones políticas y se someta antes a un castigo.
Pero se afectó su hígado porque la Corte dispuso que la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) no podrá investigar ni juzgar a los “terceros”, es decir, los victimarios que sean civiles o agentes estatales distintos de soldados y policías, salvo que aquellos lo autoricen. Según el Acuerdo, dicha Jurisdicción, creada mediante reforma constitucional, juzgaría todos los delitos graves cometidos en relación con el conflicto, pues las víctimas eran el centro del proceso de paz. Ahora la JEP tendrá por función investigar y juzgar violaciones de derechos humanos o infracciones al derecho humanitario perpetradas sólo por miembros de las Farc y de la fuerza pública, y eventualmente por los terceros que se acojan voluntariamente a ella. El resto de delitos pueden quedar impunes.
La decisión de la Corte es contraria a lo acordado y es absurda por varias razones:
En primer lugar, porque supone equivocadamente que se violaría el principio del juez natural y el derecho al debido proceso. Uno y otro pretenden que no haya tribunales ni procedimientos diseñados para condenar arbitrariamente a determinadas personas desconociendo de antemano sus derechos y garantías. Lejos de ello, la JEP ha sido creada con observancia del trámite institucional y previendo escrupulosamente la mayor imparcialidad de los jueces que la integran, el respeto al debido proceso y una generosa oferta de beneficios judiciales a los procesados.
En segundo lugar, es incongruente afirmar que la JEP violaría el principio del juez natural y el derecho al debido proceso en relación con los terceros, pero no en relación con los miembros de las Farc ni con los soldados y los policías juzgados por ella.
En tercer lugar, es más incongruente aún afirmar que la JEP violaría el principio del juez natural y el derecho al debido proceso en relación con los terceros sometidos forzosamente a ella, pero no con los que voluntariamente se acogieran a la misma.
En cuarto lugar, esta decisión de la Corte contradice la que había sido adoptada un mes antes por la misma corporación, según la cual “las actuaciones de todos los órganos y autoridades del Estado (…) deberán guardar coherencia e integralidad con lo acordado, preservando los contenidos, los compromisos, el espíritu y los principios del Acuerdo Final” (Corte Constitucional, comunicado 51, oct. 11/17).
Hay miles de copias compulsadas por los jueces contra los terceros, pero la justicia ordinaria no ha actuado al respecto. Habrá que redoblar esfuerzos ante los entes nacionales e internacionales para que esos terceros acudan “voluntariamente” a la JEP.
De lo contrario, el proceso de paz corre el riesgo de morir, no de infarto, pero sí de hepatitis aguda.
* Director de la Comisión Colombiana de Juristas (www.coljuristas.org).

[Colombia] Las víctimas de crímenes serán burladas con el fallo de la Corte

Circular del CPN FARC
Noviembre 18 de 2017

El fallo de la Corte Constitucional el pasado 14 de noviembre, que lleva por nombre sentencia C-17 de 2017, declaró exequible, es decir constitucional, el Acto Legislativo número 1 de 2017 mediante el cual se había incorporado a la Constitución el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición aprobado en el Acuerdo Final de Paz.

Tal fallo es sobremanera importante para nosotros, pues aunque se difundió especialmente lo relacionado con la JEP o Jurisdicción Especial para la Paz, en realidad la sentencia declaró ajustado a la Constitución todo el sistema integral, el cual comprende, además de la JEP, la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Unidad de Búsqueda de Personas, las políticas estatales en materia de derechos humanos y las medidas de reparación  a cargo del Estado.

En su conjunto esto es un paso adelante en la aplicación del Acuerdo Final, y como tal merece nuestro aplauso. Lo que sucede es que al fallar la exequibilidad del Acto Legislativo, la Corte consideró que eran contrarios a la Constitución algunos artículos relacionados específicamente con la Jurisdicción Especial para la Paz o JEP, procediendo a reemplazarlos con criterios que riñen con lo pactado en los Acuerdos de La Habana.

Dichas criterios ponen en riesgo la seguridad jurídica de los excombatientes y por eso lo denunciamos abiertamente. Trataremos de explicarlo en términos sencillos, sin negar que algunos tienen cierta complejidad jurídica:

El fallo de la Corte acabó definitivamente con la autonomía o independencia de la JEP con relación a la jurisdicción existente en Colombia. Lo hizo porque estableció que las tutelas contra las sentencias de la JEP las definirá la Corte Constitucional, que en todos los casos de conflicto de competencias entre la jurisdicción ordinaria y las especiales y la JEP, quien decidirá será la justicia ordinaria y no la JEP, y porque estableció que el régimen disciplinario de los magistrados de la JEP estará sujeto a la justicia ordinaria y no a la propia JEP. Con ello modificó los Acuerdos de La Habana.

La JEP fue prevista en La Habana como un sistema de investigación, juzgamiento y sanción de los más graves delitos cometidos por todas las personas involucradas en el conflicto. Se concibió como un sistema autónomo de la justicia ordinaria, porque si algo ha demostrado la historia colombiana es que esta justicia siempre fue parte del conflicto, que persiguió con saña a las FARC todo el tiempo, no haciéndolo así con otros actores gravemente implicados como el paramilitarismo y los agentes del Estado militares o civiles y los terceros partícipes de graves crímenes.

Así las cosas, los fallos de la JEP, su competencia judicial y la conducta de sus magistrados quedan sujetos en todos los casos a los criterios de esa justicia ordinaria, lo cual riñe absolutamente con lo que se quiso al crearla en la Mesa de La Habana. La imparcialidad de la JEP queda así asaltada, sus decisiones pueden ser revisadas y modificadas por la justicia ordinaria. La independencia absoluta de la JEP era una condición esencial nacida del supremo interés por la paz.

Por otra parte, el fallo de la Corte establece que los agentes civiles del Estado y los terceros implicados en el conflicto no están obligados a comparecer ante la JEP, que sus conductas delictivas, por más graves que sean, son competencia de los jueces ordinarios, a menos que ellos mismos voluntariamente quieran comparecer a la JEP.

Algunas implicaciones de esto son que en primer término la JEP termina siendo una jurisdicción especial creada para juzgar a las FARC y no a todos los actores del conflicto, lo cual desbarata por completo el sentido que se le dio en el Acuerdo. Por otra parte, al excluir de la JEP a los agentes civiles del Estado y los terceros, simplemente se abre la puerta total a la impunidad a su favor, en la medida en que la justicia ordinaria no ha actuado contra ellos en todos los años de la confrontación, y seguramente tampoco va a actuar, como lo demuestran todas las estadísticas.

Las víctimas de esos crímenes serán burladas con la exclusión que garantiza el fallo de la Corte a esos agentes. La impunidad para ellos contradice abiertamente otro de los grandes objetivos que se tuvo al fundar la JEP, que era precisamente crear una justicia que aboliera la impunidad reinante para los más graves crímenes cometidos por todas las personas vinculadas al conflicto.

La parcialidad de la justicia ordinaria está comprobada con los más de quince mil expedientes por paramilitarismo que reposan en la Fiscalía sin que se adelanten acciones judiciales, y como si fuera poco con la negativa de los jueces de la República a conceder las amnistías decretadas a favor de los excombatientes de las FARC presos en las cárceles del país.

Por otro lado, la Corte Constitucional dio vía libre a la participación de las FARC en política, la cual quería ser sometida a toda clase de limitaciones por parte del Congreso. Acerca de sus inhabilidades o incompatibilidades quien deberá pronunciarse es la JEP según lo pactado en La Habana. Esto resulta altamente positivo para nosotros.

El problema está en que a su vez la Corte ideó una serie de condiciones para tal ejercicio, que en caso de que llegaren a ser incumplidas acarrearían serias consecuencias para los nuestros. En primer lugar hay que decir que las condicionalidades fueron previstas solo para las FARC, con lo que se demuestra que la JEP se convirtió en una justicia exclusiva para juzgar a estas, pero además hay que agregar que dentro de las consecuencias que acarrearía una eventual incumplimiento de las condiciones, puede estar contemplada la extradición a otros países, cuando esta prohibición fue prohibida en los Acuerdos y reafirmada por una sentencia de la propia Corte Constitucional.

Vistas así las cosas de modo general, es fácil concluir que con esta sentencia de la Corte Constitucional se vulneraron directamente aspectos esenciales del Acuerdo Final. Obsérvese que el Estado colombiano suscribió un Acuerdo Final de Paz con las FARC, el que fue refrendado por el Congreso de la República según lo dispuesto por la Corte Constitucional. Por eso es un acuerdo del Estado y no del gobierno. La propia Corte Constitucional sentenció recientemente que todas las autoridades del Estado estaban obligadas a cumplir con los Acuerdos de La Habana.

Si la Corte llegase a descubrir que algún aspecto de los Acuerdos reñía con la Constitución Nacional, por tratarse de un acuerdo del Estado, lo correspondiente no era pasar a declarar la inconstitucional de esa parte del Acuerdo, y por tanto abolirla, sino que el Estado procediera a ajustar la Constitución al Acuerdo firmado, para que este entrase en aplicación sin problemas.

La otra cuestión que vino a complicar más las cosas es que la noche del 15 de noviembre, el Senado de la República, en un acto que fue calificado como una vergüenza nacional, decidió incluir en la ley estatutaria de la JEP un régimen de  inhabilidades e incompatibilidades para los magistrados de la misma, que en la práctica impide la posesión de la mayoría de los ya nombrados, y que impide que quienes hayan sido defensores de derechos humanos en el país, puedan ser magistrados.

Queda en evidencia que el Senado ha querido que sólo los defensores del Estado puedan ser magistrados de la JEP, es decir que los jueces de la JEP sean personas con una clara posición a favor de la impunidad que ha significado la justicia ordinaria en Colombia. Las inhabilidades e incompatibilidades previstas en los Acuerdos para tales magistrados no eran otras que las mismas de sus pares en las altas cortes del país. Al crear otras nuevas se violan los Acuerdos de La Habana con una intención perversa, defender la impunidad.

Es de anotar que aún falta el debate en la Cámara para que salga el texto definitivo de la ley estatutaria, y que luego deberá venir el fallo sobre su exequibilidad por parte de la Corte Constitucional. Pero creemos que  hay razones suficientes para temer que una y otra instancia no son suficiente garantía para el respeto de lo acordado en La Habana entre el gobierno y nosotros.

Frente a todo lo anterior cabe decir que resulta necesario que tanto nuestro partido, como todo el movimiento popular y democrático en Colombia, encendamos nuestras alarmas. A casi un año de la firma del Acuerdo Final, tenemos suficiente conocimiento de los incumplimientos y pretextos del Estado colombiano en la cabal implementación de lo acordado.

Ahora se avista en el horizonte un incumplimiento mayor, que apunta a hacer más gravosas las condiciones para los ex combatientes de las FARC, al tiempo que las alivia para los demás actores del conflicto. Pero sobre todo, que se dirige a fortalecer la impunidad reinante en Colombia durante los años del conflicto, a favor de los terceros y agentes civiles del Estado.

Hemos hecho frente a tales incumplimientos de manera franca y directa, y es así como debemos seguir haciéndolo ahora. Es cierto que las clases dominantes, que el Estado y sus instituciones, tienen el propósito de burlar lo conquistado tras tantos años de lucha por nosotros. Pero no hay que olvidar que ellos no están solos en el escenario, que nosotros y el movimiento social y popular también hacemos presencia, y que por tanto las cosas no serán como ellos las quieren. Nuestra respuesta y nuestra lucha también cuentan. Y la idea es hacerlas valer.

Existe en nuestro país un acumulado social y popular en favor de la paz y por tanto debemos ponerlo a jugar en defensa de lo pactado y conquistado en los Acuerdos de La Habana. Contamos también con un acumulado internacional que está del lado de la solución política. Debemos por tanto ponerlo a trabajar en función de que el grandioso anhelo por la paz en nuestro país se convierta en una realidad. No vamos a echar atrás, el Estado colombiano o cumple o cumple.

Nuestros pronunciamientos de denuncia a escala nacional e internacional deben crecer aceleradamente con el propósito de desenmascarar la real voluntad de burlarnos por parte del Estado. Insistiremos en una reunión de urgencia con el Presidente Juan Manuel Santos, para poner de presente nuestro enérgico rechazo a lo sucedido, a la vez que para presionar la debida atención a nuestros requerimientos y exigencias en cuanto al cumplimiento de la palabra comprometida.

Los garantes y observadores internacionales de la implementación de los Acuerdos deben ser informados y movidos a pronunciarse. José Mujica y Felipe González deberán ser convocados a una reunión de urgencia. Activaremos todas las instancias nacionales e internacionales de acompañamiento. Las embajadas en Colombia de todos los países deben ser informadas sobre la gravedad del momento que vivimos en nuestro país.

Implementaremos las acciones jurídicas de cumplimiento que consagra la legislación colombiana, para lo cual impulsaremos la acción de nuestro equipo jurídico.

Nos corresponde propiciar citas y encuentros con distintos movimientos políticos y sociales, con las iglesias, la juventud, las centrales obreras, las organizaciones campesinas, afros e indígenas, con los movimientos femeninos y de género y en general con todo el movimiento popular en busca de su pronunciamiento y movilización a favor de la paz y el cumplimiento de los Acuerdos, en la idea de ir articulando una gran protesta nacional contra lo que pretenden el Estado y los enemigos de la paz.

Promover el próximo 24 de noviembre, fecha de aniversario del acuerdo, un gran acto de conmemoración y defensa de lo pactado, dejando constancia de los incumplimientos del gobierno y las otras instituciones del Estado.

Elaborar y presentar a la opinión nacional e internacional un memorial de agravios que recoja nuestro sentir y el del movimiento popular con relación a los temas de la paz y los Acuerdos.

Nuestro propósito debe ser consolidar los espacios alcanzados hasta hoy, profundizándolos y poniéndolos al servicio de la causa de la implementación total de lo acordado. Debemos llevar un mensaje de lucha a nuestros militantes, nuestras masas y el pueblo en general. Aquí nadie está rendido ni vencido, entre todos podremos conquistar definitivamente nuestro sueño.

Debemos tener presente que si el adversario de clase y su Estado se muestran audaces en su obsesión por incumplirnos, es porque ven debilidad en nosotros. Nuestra fuerza reside en las masas, en el pueblo en las calles, movilizado por sus derechos. Eso implica un enorme esfuerzo de parte nuestra, un proceso que estamos en mora de emprender. A eso debemos dirigir, organizadamente, la mayor parte de nuestra actividad.

Sin olvidar ni por un momento que el pesimismo, el derrotismo y  los  llamados al fracaso, que tanto daño nos hacen porque desmoralizan y desmovilizan nuestra gente y nuestro pueblo, únicamente son útiles a las intenciones de las clases en el poder. La situación es difícil, cuándo no lo es para los revolucionarios. Pero debemos afrontarla con la moral en alto, solo así venceremos.

Con un abrazo para todos y un beso para ellas,

CONSEJO POLITICO NACIONAL DE LOS COMUNES
FARC


 

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