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Colombia: Falsa Democracia

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[Colombia] FARC: Análisis sobre el estado de la implementación del primer año de los Acuerdos de La Habana

Escrito por FARC.

Intervención de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) en reunión de balance y análisis del primer año de implementación de los Acuerdos de La Habana.


Señor Presidente, JUAN MANUEL SANTOS
Señores ex presidentes PEPE MUJICA y FELIPE GONZÁLEZ
Señor vicepresidente de Colombia, General OSCAR NARANJO
Señor Alto Comisionado de Paz, señores Ministros:
La paz de Colombia atraviesa uno de sus momentos más difíciles tras la firma del Acuerdo Final en La Habana. La jurisdicción Especial para la Paz, trascendental componente del Acuerdo, fue desfigurada en los debates del parlamento y su texto actual no es el consensuado entre las partes. La Reforma Política se hundió en el convulso mar de la politiquería. No mejor suerte corrieron las Circunscripciones Territoriales Especiales de Paz. Siguen en prisión más de 600 integrantes de las FARC. La Fiscalía ha bloqueado en el Congreso la aprobación de la ley de tratamientos penales alternativos para pequeños cultivadores, sin cuya aprobación es imposible poner en marcha los programas de sustitución de cultivos. Sin Reforma a la ley 152 no tenemos un Plan Marco de Implementación; no hay desembolsos para impulsar proyectos productivos, no despega la titulación de tierras y los asesinatos de excombatientes y lideres sociales no cesan. En este ambiente, sentimos que los Acuerdos de Paz de La Habana no han tenido un compromiso del Estado, ni de cumplimiento por el conjunto de la institucionalidad".
El pasado 15 de noviembre de 2017, Jeffrey Feltman, Secretario General Adjunto para Asuntos Políticos de NNUU, luego de escuchar a representantes tanto del Gobierno como de las FARC, exteriorizó, entre otras, las siguientes apreciaciones:
“Nos preocupa la falta de estrategia de reintegración acompañada de planes y recursos concretos que permitan su éxito. Creemos que se necesitan esfuerzos a mayor escala, incluso proporcionando tierras para proyectos productivos. Compartimos la profunda preocupación por los vacíos de autoridad en muchas áreas y la inseguridad resultante para las comunidades a medida que grupos ilegales se movilizan para llenar el vacío. Seguimos viendo asesinatos de líderes sociales y algunos ex miembros de las FARC. Vimos esto trágicamente en Tumaco y me entristeció enterarme del asesinato, en los últimos días, de un ex miembro de las FARC en Antioquia y dos líderes comunitarios en Nariño y Cauca".
Un tercer punto de preocupación han sido las incertidumbres legales, especialmente para los miembros de FARC.
"La decisión de los insurgentes de renunciar a la violencia armada para hacer actividad política pacífica en un contexto democrático, es el corazón del asunto. Ese es el trato, y está en el centro del acuerdo de paz. El no cumplir con este compromiso esencial, después de la entrega de las armas, tendría repercusiones muy graves para el proceso y no sería entendido ni aceptado por la comunidad internacional. Existe una evaluación común de que se debe hacer más para garantizar que se mantengan los logros notables de la primera fase del proceso de paz”.
Unos días después, el 30 de noviembre, el Consejo de Seguridad a través de un comunicado precisa que el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de la Paz Estable y Duradera, es un documento oficial del Consejo de Seguridad. Respalda la alta instancia internacional lo expresado por el señor Feltman, y pide se acelere la implementación y el proceso normativo en consonancia con lo acordado, al tiempo que reitera la importancia de defender la participación política de las FARC.
En entrevista reciente el reconocido columnista colombiano, Antonio Caballero, expresó lo que es ya una extendida certeza al interior del país:
“Me parece que la realidad política actual es sumamente catastrófica. En mi opinión, lo que fue de la destrucción de los Acuerdos de Paz acabó con lo que venía siendo lo más importante durante el Gobierno de Juan Manuel Santos. Lo único bueno que había sucedido en el país a lo largo de 30 años, lo están despedazando sin ningún sentido. Todo esta frenado: las decisiones del Congreso, las conversaciones con el ELN, las conversaciones con los paramilitares. Espero que un día podamos dejar de lado, al fin, la obsesión que hemos tenido con la violencia. Eso nos ha tenido estancados durante medio siglo. Mientras no cambiemos la manera de pensar, las cosas seguirán por el mismo camino”.
En el foro IMPLEMENTACIÓN: ENTRE LA PERFIDIA Y LA POTENCIA TRANSFOMADORA, realizado en el Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá, no encontramos mejor epígrafe que una reflexión contenida en La nieve del Almirante del escritor Álvaro Mutis para expresar nuestro sentimiento:
… Saber que nadie escucha a nadie. Nadie sabe nada de nadie. Que la palabra, ya, en sí, es un engaño, una trampa que encubre, disfraza y sepulta el precario edificio de nuestros sueños y verdades, todos señalados por el signo de lo incomunicable.
Señores expresidentes, luego del fin del Procedimiento Legislativo Especial, más conocido como fast-track, que buscaba la implementación normativa de aspectos esenciales del Acuerdo de La Habana, base de nuestro futuro, hemos venido presenciando el hundimiento triste del más grande esfuerzo colectivo de los colombianos por lograr la paz, sin que nadie de los que pueden, se atreva, a contracorriente de sus adversarios, a tomar las decisiones que sean necesarias para salvarla.
Lamentablemente ha incidido como una maldición la coincidencia del cierre de las negociaciones de La Habana con el comienzo de la campaña electoral en Colombia. Para nuestra desgracia, el ejercicio sublime de consagrar la paz como derecho superior exacerbó en las cámaras legislativas las más bajas y repudiables conductas de la politiquería: un mercado de transacciones de vicios y de ambiciones, de chantajes al gobierno para votar cada norma, terminaron distorsionando la letra y el espíritu de lo pactado.
De repente, y envueltos en ese torbellino de pasiones desbocadas, la contraparte, es decir las FARC a través de sus voceros de paz en el Congreso, quedaron convertidos en convidados de piedra, y obligados a contemplar desde las graderías con dolor la depredación del Acuerdo de La Habana. Es la verdad pura y limpia.
Deploramos la poca visión y la insensibilidad desplegada por algunos legisladores y agentes institucionales, que no han admitido que la paz es el más elevado de todos los derechos, el derecho síntesis, sin el cual no será posible la materialización de ningún otro derecho, como el de la alimentación, el derecho a tener agua, vivienda, tierra, salud, educación, trabajo, vías de comunicación, buen transporte público, conectividad, tolerancia, y democracia.
Acostumbrados a actuar de espaldas al sentido común, ciertos parlamentarios convirtieron la implementación normativa en un pretexto para renegociar el Acuerdo de La Habana. Ni siquiera leyeron con atención el punto 6.1.8. Inicio de la implementación del Acuerdo Final, que a la letra dice: “Conforme a lo establecido en el Acuerdo del 7 de noviembre de 2016, el Acuerdo Final será firmado como Acuerdo Especial del artículo 3 común de las Convenciones de Ginebra y depositado tras su firma ante el Consejo Federal Suizo en Berna. A continuación, por el Presidente de la República se efectuará una declaración unilateral de Estado ante las Naciones Unidas comunicando dicho Acuerdo Final y solicitando la incorporación del mismo a un documento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en los términos establecidos en el Acuerdo de fecha 7 de noviembre de 2016”.
Entendemos que el Estado, respecto al cumplimiento de lo acordado, ha adquirido unas obligaciones internacionales que no puede ignorar. Por nuestra parte solicitaremos al Consejo de Seguridad en Nueva York elevar una consulta al Tribunal Internacional de Justicia sobre los deberes que adquiere un Estado frente a una declaración unilateral de cumplimiento, respecto a un acuerdo de paz. Igualmente procederemos, como parte, a consultar a la oficina Jurídica del CICR en Ginebra los compromisos que vinculan a un Estado que firma un Acuerdo Especial, como el que busca la terminación del conflicto colombiano. No; esto no debe asumirse como un cuestionamiento al Gobierno, sino todo lo contrario. Es un derecho que tienen las FARC de exigir lealtad a lo firmado, al cumplir ellas el compromiso supremo de dejación de las armas.
Por otra parte, ni los legisladores, ni los poderes institucionales pueden soslayar que el Acuerdo de paz de La Habana ya fue refrendado por el Congreso de la República, y que fue investido de constitucionalidad por la Corte Constitucional, por lo tanto no puede ser modificado a rajatabla, antojo y capricho del Fiscal, de un grupo de parlamentarios, o por conceptos contradictorios de la misma Corte. Los acuerdos son para cumplirlos. Pacta Sunt Servanda.
Claro está, que las desgracias del Acuerdo de Paz comenzaron con los comunicado de la Corte, que, contrariando su propia jurisprudencia, abrió la compuerta para que todo el mundo le metiera la mano, lanzándolo así al foso de los depredadores para que lo hicieran trizas. En materia tan elevada debió prevalecer la coordinación armónica de los poderes para asegurar la paz y no su autonomía para cambiar arbitrariamente, para asombro del mudo, la geografía de lo pactado.
Presidente Santos, vemos muy difícil que concluido el Fast Track, se puedan aprobar por vía de proyectos de ley con mensaje de urgencia, normas que reflejen fielmente lo pactado. Vendrían nuevos chantajes, y mucho más en vísperas electorales. Todavía hay tiempo para optar y ejercer potestades constitucionales extraordinarias para momentos de emergencia. Aplicarlas no es abuso de poder sino una obligación del Estado, siempre que estas vayan ajustadas al espíritu de lo pactado. El Gobierno tiene el deber de defender el Acuerdo de Paz en sus aspectos básicos. Es decir, el Gobierno debe hacer respetar la obligación del Estado de cumplir con lo acordado en La Habana. Las competencias para establecer Acuerdos de Paz y firmarlos se reservan en la Constitución al Presidente, quien únicamente tiene que dar cuenta de ellos al Congreso. Sin embargo, el Presidente ha obviado la utilización de sus facultades para alcanzar acuerdos de paz en orden al respeto y  la correcta implementación de lo acordado.
Dentro de esta perspectiva, se puede aun salvar lo fundamental de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz. La JEP debe mantenerse como jurisdicción para todos los actores del conflicto, sin diferencias odiosas ni rangos de clases, porque esta nunca fue concebida exclusivamente para enjuiciar a las FARC. No se puede vulnerar el principio de igualdad de las partes. El sistema Integral fue creado para examinar las responsabilidades de todos los actores en el conflicto. Teniendo en cuenta que solamente la verdad puede sanar las profundas heridas ocasionadas por el conflicto, debe ser una obligación para todos ofrecerla de manera amplia y suficiente. No permitamos que la inexequibilidad de la competencia de la JEP sobre terceros civiles o agentes del Estado no combatientes, involucrados en crímenes internacionales, siga dejando viva la impunidad al establecer fueros con extensión a todos los aforados constitucionalmente, reafirmando así la existencia de una casta privilegiada de intocables. Dejarlo de esa manera, sería equivalente a una burla cruel a las víctimas el conflicto.
Como grave complemento a las distorsiones de lo acordado se impide que los defensores de derechos humanos sean jueces de la JEP, limitación que no se introduce para quienes hayan sido defensores de miembros de la fuerza pública, de paramilitares o de las instituciones del Estado.
Por otra parte, no olvidemos que el Acuerdo Final se logró sobre la premisa de que la justicia ordinaria había actuado durante el conflicto de forma parcial, convirtiéndose en ciertos momentos en otra herramienta más de guerra e impunidad. Es necesario tramitar el Acto Legislativo que permita poner en marcha de forma definitiva la Unidad Especial de lucha contra las organizaciones criminales, para que se apersone de las 15 mil compulsas de copia existentes contra el paramilitarismo y que reposan sin molestia, engavetadas, en la Fiscalía General de la Nación. Debe preservarse la autonomía de la JEP, sin intromisiones de nadie inventando inhabilidades a magistrados para hacer parte de la JEP, ni a ex guerrilleros para hacer política. Está claro que la condición principal para hacer política es el abandono de las armas. No nos explicamos cómo en estos momentos se incrementan recursos de inhabilidad política ante el CNE, mientras el gobierno de los EEUU desempolva sus indictments o requerimientos judiciales contra antiguos dirigentes del Secretariado acusándolos de concierto para delinquir con fines de narcotráfico y lavado de activos.
Pedimos al Gobierno del Presidente Santos retirar cuanto antes, mediante acción normativa, el epitafio Requiescat In Pace (Que descanse en paz) que el congreso le colgó a la Reforma Política. Nadie en Colombia pierde la esperanza de tener una democracia amplia y participativa. Deseamos una nueva calidad para el sistema político, abrir las puertas a la participación, recurrir al voto electrónico para sofrenar, o mejor, desterrar el fraude, la corrupción y el clientelismo. La Reforma Política es y será siempre, asunto cardinal para superar las causas históricas del conflicto.
Debemos reiterar nuestra preocupación por el crecimiento, cada vez mayor, de la inconformidad y desencanto de los antiguos guerrilleros en los espacios territoriales por los incumplimientos del Gobierno. En ninguna parte se ven proyectos productivos en desarrollo que no sean los adelantados por los esfuerzos colectivos de los excombatientes a través de cooperativas fundadas por ellos, aportando los pocos recursos de la bancarización.
Presidente, ordene a sus funcionarios espuelear ya el caballo de la reincorporación política, económica y social que desde hace un año esperan los excombatientes. A muchos de los nuestros no les han resuelto todavía el problema de su identidad, y por lo tanto, no tienen acceso a la bancarización. Ordene liberar ya a los centenares de prisioneros farianos que continúan presos en las cárceles porque a algunos jueces de ejecución de penas, no les vino en gana hacerlo, los cuales no han recibido ninguna amonestación o sanción por denegación de justicia. Que actualicen las bases de datos de la Fuerza Pública para que no se sigan deteniendo a guerrilleros amnistiados. Que el cuerpo élite de la policía creado para proteger la vida de ciudadanos y líderes sociales en los territorios empiece a mostrar resultados. Y si los hay, que se den a conocer. Que sea motivo de preocupación que a un año de firmada la paz llevamos 30 ex guerrilleros muertos, también 11 de sus familiares y más de 150 dirigentes comunitarios asesinados.
Necesitamos tierras tituladas para desarrollar allí nuestros proyectos productivos y de vida. Hasta el día de hoy no hemos recibido el primer centímetro de tierra para ese propósito. Que se empiece a formalizar, sin temor, a los campesinos que actualmente la ocupan y se les de tierra a aquellos que no la tienen o la tienen de manera insuficiente. Todos queremos ver el inicio de la materialización de los compromisos del gobierno dirigidos a dignificar la vida en el campo.
La Reforma Rural Integral, luego de 5 años de nuestro primer acuerdo parcial, todavía no cobra vida. Pero sí tenemos, por el contrario, un proyecto de ley radicado en consulta previa sin haber pasado siquiera por la CSIVI, el cual hace añicos la ley 160 del 94 que era el cuerpo normativo del que se podían agarrar un poco las comunidades rurales para alcanzar sus reivindicaciones. Hoy se sigue expandiendo el latifundio y la extranjerización de la tierra, atropellando de paso la soberanía alimentaria y la preservación de los recursos del común.
La nueva política antidrogas pactada en La Habana, no es hoy un proceso genuino de sustitución con acento en el respeto a los derechos humanos, sino un proceso de erradicación brutal que cuenta entre sus logros más deplorables la masacre de campesinos en Tumaco y la multiplicación de los cultivos por la persistencia de una política equivocada. Mientras se trata de mostrar eficacia persiguiendo al eslabón más débil de la producción, ningún resultado notable se observa en lo que concierne a la persecución de capos solapados en las capitales ni de blanqueadores de dineros, que incrustados en el corazón del capital financiero, son en realidad el motor del narcotráfico.
No desconocemos la voluntad del Presidente Santos, Premio Nobel de Paz, en intentar sacar el proceso al otro lado, pero hay mucha burocracia y unos enjambres de asesores que solo saben utilizar la norma, no para solucionar los problemas, sino para agudizarlos. Y no es justo, porque ello solo refuerza el saboteo de la derecha a los esfuerzos de paz. Hemos sido testigos de la preocupación del Presidente por el estado actual del proceso, pero también le hemos dicho, que tiene a su disposición potestades constitucionales para manejar exclusivamente las riendas de la paz. Lo reiteramos: Puede salvarla porque tiene a disposición herramientas legales concebidas precisamente para salvar un proceso de paz.
Como cierre de estas reflexiones, llamamos la atención por la disminución en el ritmo de producción de la CSIVI y el CNR, lo cual empieza avizorarse como un ocaso temprano de las dos instancias fundamentales concebidas para garantizar el impulso de la implementación y la reincorporación.
Finalmente, queremos de manera especial señalar el papel de La Fiscalía General de la Nación en contra del Acuerdo de Paz y de la JEP:
El Fiscal ha operado como jefe de bancada de Cambio Radical en el Congreso para conseguir la mayoría de las modificaciones operadas en la JEP, siempre en perjuicio de las FARC. Atendiendo a las solicitudes del Presidente Santos, hasta en tres ocasiones nos hemos reunido con el Fiscal General para “negociar” sus propuestas, pero una vez logrado el consenso el mencionado funcionario salió con nuevas pretensiones que en últimas fueron las que hizo aprobar por el Congreso.
3º.- La Fiscalía ha bloqueado en el Congreso la aprobación de las normas necesarias para otorgar tratamiento de renuncia a la acción penal a mujeres en situación de exclusión social, con cargas familiares, condenadas por pequeños delitos relacionados con el narcotráfico sin carácter violento. Estos tratamientos penales especiales son recomendación de la OEA y así se acordaron en La Habana
La Fiscalía ha impedido la puesta en marcha de la Unidad Espacial de Investigación de crímenes del paramilitarismo contemplada en el numeral 74 de la JEP. Para ello, ha bloqueado las necesarias reformas constitucionales para que esta unidad pudiera funcionar con autonomía dentro de la Fiscalía General de la Nación. Aunque el Fiscal manifestó que estaba de acuerdo con que, para garantizar la autonomía de la Unidad Especial, eran necesarias reformas constitucionales, terminó bloqueando su realización.
Además, introdujo en el Decreto 898 de 29 de mayo, por el que se acordaba la creación de la Unidad Especial en el seno de la FGN –que debía ser complementada con las reformas constitucionales bloqueadas- un título II de reformas de la Fiscalía que va a provocar que la Corte Constitucional declare inexequible todo el Decreto, por haberse introducido en él, materias no previstas para el procedimiento Fast Track. Estas incorporaciones, no consensuadas en la CSIVI, se impusieron con la mala intención de que se declarara inexequible lo relacionado con la Unidad Especial.
Presidente Santos, señores expresidentes de Uruguay y España, con todo espeto, estas son nuestras principales preocupaciones en torno a los desarrollos del proceso de paz.
Por todo su respaldo al proceso de paz en Colombia, muchas gracias, señores expresidentes Felipe González y Pepe Mujica; Muchas gracias a los gobierno de Cuba y de Noruega, países Garantes del proceso; Muchas gracias a Naciones Unidas por el extraordinario papel de su Segunda Misión.
Desde Cartagena, La Heroica, queremos que ustedes y el pueblo colombiano tengan certeza, que no obstante las dificultades, seguiremos marchando sobre la convicción de que haber puesto fin al conflicto, es el hecho más importante de las últimas décadas en el país.



[Colombia] Un año de Acuerdo de Paz e implementación

Allende La Paz.

Un año de proceso de Paz posterior a la firma del Acuerdo Final para una paz estable y duradera.

Cumplimiento de la implementación por FARC

Es necesario resaltar que, contrario a lo que creen algunos sectores enemigos de la paz o amigos de la guerra, la FARC tiene su parte en la implementación, la cual ha cumplido correctamente.

Durante éste año hemos visto la seriedad de las FARC-EP –hoy la FARC- y hemos presenciado imágenes inéditas. La última Marcha, la entrega de armas, la entrega de caletas, la entrega de los menores, la entrega de la economía de guerra, el desminado conjunto, el cumplimiento del Cese Bilateral de Fuegos y la reducción de los muertos por el conflicto armado, en fin, todas acciones que demuestran la seriedad de la FARC en el cumplimiento de la implementación del Acuerdo de Paz.

Una muestra de esa seriedad está dada, por ejemplo, en la disminución de las muertes derivadas del conflicto armado que pasó de 3.000 víctimas a menos de 75 víctimas. Más de 3.000 vidas salvadas no son poca cosa y constituyen un pilar que evidencia la seriedad del proceso fariano. Quien no reconozca éste logro es porque tiene una mentalidad asesina.

Cumplimiento de la implementación por el Gobierno y el Estado

También durante éste año hemos constatado la falta de seriedad del gobierno y el Estado con lo firmado en La Habana, base de lo re-firmado en el Teatro Colón.

Hay incumplimiento en la construcción de los campamentos (qué se habrán hecho los dineros destinados para tal fin?) desde el inicio de la implementación hasta el final (1 ó 2 fueron terminados de 26 totales).
Hay incumplimiento en la aplicación de la Ley de Amnistía y al día de hoy todavía hay más de 1.000 guerrilleros –los seguimos llamando así hasta tanto los liberen-, ley torpedeada por la justicia de guerra que persiste en Colombia, entre los que contamos Magistrados de las Altas Cortes, jueces y Fiscalía, que se han atravesado como ”vacas muertas” al camino de la Amnistía.

Los incumplimientos son a corto, mediano y largo plazo. Los de mediano plazo deberían iniciarse desde el corto plazo, al igual que los de largo plazo, con la meta de cumplirlos en el mediano y largo plazo. De las 558 disposiciones que, en total, se desprenden del Acuerdo de Paz, en 251 (el 45%) se observa alguna actividad”, reseña el Informe Kroc. Recomendamos a nuestros lectores leer cuidadosamente el Informe del Observatorio Kroc, el cual está bastante preciso sobre los retrasos del gobierno-estado en la aplicación de la implementación.



Esos retrasos se ven agravados, además, por la terca y malsana conducta de la CC y el Congreso en el trámite y aprobación de las disposiciones desprendidas del Acuerdo de Paz.




De otra parte y no desligada de la anterior, continúa la aplicación del Terrorismo de Estado, traducido en el asesinato de líderes sociales populares (120 dirigentes ejecutados), el asesesinato de ex-guerrilleros y sus familiares (32 miembros ejecutados), el ataque a los campesinos sembradores de coca que se comprometieron a la erradicación voluntaria y el impedimento por parte de las fuerzas militares-policiales-narcoparamilitares de tal fin, incluso ejecutando 7 campesinos en Tumaco.

Además de ello, persiste la sensación de inseguridad de los ex-guerrilleros –hoy miembros del partido político legal FARC- que ha obligado a algunos a movilizarse desde las EVTCR a sitios más seguros o, incluso, como el caso de Romaña que fue “llevado” de Tumaco a otra área (será por lo que estaba realizando el fariano en la organización de la población campesina y afrodescendiente?).

Conclusión

La implementación avanza a ritmo extremadamente lento. De seguir a éste paso,  llegará el cambio de gobierno y no podremos ver ni siquiera implementados los compromisos del  gobierno-estado  en el corto plazo con la ex-guerrilla y con el conjunto del pueblo colombiano.

La FARC ha cumplido en 100% del 50% que le corresponde. Tiene todo el derecho a exigir reciprocidad por parte del gobierno-estado.

La única garantía para el éxito de la implementación del Proceso de Paz estaría dada por que logremos en las elecciones de 2018 un Gobierno de Transición con las fuerzas amantes de la Paz en nuestro país.

Debemos recordar que la implementación es un largo camino para recorrer, 10-20 años. Una guerra interna adelantada durante 53 por el estado, y su respuesta popular, requiere éste tiempo para sanar sus heridas, y quizás más.

Ello hace imprescindible la realización de los más extraordinarios esfuerzos por parte del gobierno-estado a fin de cumplir con la implementación a corto, mediano y largo plazo.

Igualmente necesitamos el concurso de toda la sociedad a fin de realizar la reincorporación de los ex-guerrilleros, hoy miembros del partido político legal FARC, en vía de subsanar las heridas abiertas por la guerra decretada desde los centros de poder en Bogotá y Washington.



  • Definitivamente, la Paz es un derecho de todo el pueblo. Por ello, de su movilización y decidida defensa dependerá que podamos vivir en Paz en Colombia.

[Colombia] Palabras de FARC y Conclusiones reunión con el señor Presidente de la República

Palabras del presidente de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, Rodrigo Londoño (Timo), en el acto de conmemoración a un año de la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera.

Hace un año, el 24 de Noviembre del 2016, el señor Presidente Juan Manuel Santos, y yo, por entonces comandante en jefe de las FARC-EP, firmamos en este mismo recinto el Acuerdo Final de Paz, que delegados plenipotenciarios de ambas partes habían alcanzado en la ciudad de La Habana, tras cinco años de intensas conversaciones fueron inmensas las expectativas e ilusiones que con hechos sembramos en el alma de nuestros compatriotas.
El alma Nacional vibró de emoción porque estábamos abriendo las puertas a una Nueva Colombia. El histórico problema de la tenencia de la tierra, que todos ubicamos entre las fuentes del desangre patrio, tuvo por fin una debida atención y las comunidades rurales, campesinas, indígenas y afros se llenaron de esperanzas. La democracia prometía abrirse a todos los excluidos y perseguidos en el país, se consagraron para ellos la participación política y las garantías plenas.
Por primera vez en nuestros campos, sus habitantes contaron con la posibilidad de renunciar definitivamente a cualquier actividad ilícita para sobrevivir, porque el Estado abría las compuertas al desarrollo de sus regiones, con planes en los que las voces de los eternamente olvidados serían escuchadas. El tratamiento represivo a sus viejos problemas había llegado a su fin. El estado se comprometía a llegar con un sentido social hasta las regiones más distantes.
La guerrilla que dejaba las armas y se transformaba en partido político, adquiría para sus ex integrantes la ciudadanía plena. Contaría con un número fijo de congresistas en las dos cámaras y podría presentarse a los certámenes electorales con sus propuestas de cambio. Ella y los demás actores del largo conflicto quedaban sujetos a un sistema integral de verdad, justicia, reparación, y no repetición, que dignificaba a las víctimas y les reconocía sus derechos conculcados.
El Acuerdo Final que se solemnizó entonces , estableció las reglas para desterrar definitivamente la impunidad reinante en Colombia, y con ese propósito fundamental incorporó la Jurisdicción Especial para la Paz, que se proponía la investigación y sanción de los mas graves crímenes, cometidos por todos los actores de la confrontación, integrado por magistrados de las más altas calidades morales y jurídicas, y ajeno a cualquier tipo de manipulación.
La tolerancia y el respeto quedaron consagrados para cualquier tipo de diferencias, incluidas las de género, y el Estado colombiano se obligaba a garantizar la vida, la integridad personal y el ejercicio político a las más diversas formas de pensamiento y oposición. Para cumplir con tal propósito, se crearon múltiples mecanismos e instancias, que apuntaban a la persecución y extinción de las múltiples formas de criminalidad, que asediaban el disenso a lo establecido.
A los guerrilleros que dejaban las armas se les garantizaba la reincorporación a la vida civil e institucional del país, en materias económica, social y política según sus propios intereses. Una amnistía lo más amplia posible los beneficiaría a todos, y aquellos que se encontraran privados de su libertad, la obtendrían de manera inmediata. Todos quedaron comprometidos a comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz por los delitos más graves no amnistiables.
Las FARC hablamos entonces como ahora del perdón, lo pedimos ante el país y el mundo por cualquier daño ocurrido como consecuencia de nuestras actuaciones. Y también se lo ofrecimos a todos aquellos que nos causaron graves perjuicios durante los años de confrontación. Dijimos no solo adiós a las armas, sinó adiós a los odios, a los resentimientos, a los deseos de venganza. Expresamos nuestro más ferviente deseo de convivir en paz en una nación reconciliada.
La Corte Constitucional había señalado en sentencia previa, la forma como debía refrendarse el Acuerdo en sujeción a la Carta Magna, y apenas unos días después el Congreso de la República, en un acto que lo honró para la historia, lo refrendó por mayoría abrumadora con el aplauso entusiasmado de la nación entera. La comunidad internacional colmo de elogios la forma civilizada y ejemplar como los colombianos habíamos conseguido solucionar nuestras diferencias.
Un años después, en este mismo recinto, transformados en partido político legal, habiendo cumplido completamente con la dejación de armas y con la satisfacción plena de haber honrado la palabra empeñada en cada uno de los compromisos adquiridos, nos presentamos ante la sociedad civil que convoca este acto, para reiterar nuestro compromiso con la paz y la justicia social. Somos un partido serio, no daremos marcha atrás en ninguno de los términos pactados.
Estamos seguros de que nos acompañan millones de Colombianos que soñaron con la terminación del conflicto, que lucharon por la solución política en todos los escenarios, que entienden que la paz es un bien alcanzable con perseverancia y lucha. La convocatoria de este acto así lo comprueba. Es a esa Colombia a la que invitamos a sumarse a la justa brega por la implementación del Acuerdo Final, tal y como se suscribió y refrendó.
Presenciamos hoy el más sorpréndete espectáculo. El mismo congreso que refrendó el acuerdo final, que aprobó los acuerdos legislativos que incorporan a la Constitución Nacional capítulos esenciales del mismo, parece empeñado de modo vergonzoso en hacerlo trizas hoy, en una conducta que envilece al estado colombiano ante propios y extraños. Más aún, la propia corte que blindó los Acuerdos y conminó a todos los poderes a cumplirlos, falla ahora contra ellos.
A un país de históricos montajes policiales y judiciales, pretende el Fiscal Martínez establecer, que el ex combatiente de las FARC que sea acusado de cometer el más mínimo delito con posterioridad a la firma del Acuerdo, perderá de modo automático todos los beneficios y garantías obtenidos, entre ellos la prohibición de ser acreditado. La justicia ordinaria en Colombia, siempre fue un arma más en la guerra, ahora se le quiere usar como tal en la era de la paz.
Corre una voz en el país que debe tornarse en eco, capaz de movilizar el conjunto de las fuerzas que luchan por la paz y la justicia social. Lo que nos están implementando, no es el Acuerdo que se firmó hace un año aquí. No sólo porque se lo pervierta, para continuar persiguiendo a los alzados que dejamos las armas, sino porque en buena parte las leyes en trámite burlan las expectativas e ilusiones de las comunidades, que confiaron en que el Acuerdo transformaría para bien su vida.
No solo lo afirmamos desde el nuevo partido FARC. Lo plantea abiertamente el señor Jeffrey Feltman, Secretario General Adjunto para Asuntos Políticos de las Naciones Unidas. Lo asegura el señor Jean Arnault, Jefe de Misión Política de la ONU, cuyas palabras recientes despertaron las iras del Alto Comisionado. Lo dice sin tapujos el señor Christian Visnes, director del Consejo Noruego de Refugiados. Lo repiten las comunidades desengañadas.
EL fin del conflicto armado es un hecho. Lo demuestran las cifras de entes especializados. Pero también, las cifras crecientes de ex combatientes y sus familiares muertos, de dirigentes sociales asesinados, de comunidades amenazadas y desplazadas, ponen de presente cuánto falta al Estado para cumplir su palabra. Planes y recursos, presencia económica y social, combate abierto a la criminalidad. No se entiende que gente nuestra sea obligada a abandonar los espacios.
Por eso nuestro llamado a la sociedad civil. No podemos fijar que cada 24 de noviembre sea la conmemoración feliz de la firma del Acuerdo Final, como si este documento histórico se hubiera convertido en realidad. Por el contrario, esta fecha ha de representar un clamor nacional, el aliento a una gigantesca movilización de colombianos y colombianas porque se cumpla sin burlas lo pactado. Llenemos de vida el Acuerdo, limpiemos de cizaña el futuro. Muchas Gracias.
Rodrigo Echeverry Londoño
Bogotá, 24 de noviembre de 2017.

 URL Corto: goo.gl/RKL5rV

Por Consejo Político Nacional FARC.

"Reiteramos una vez más nuestro llamado a la defensa del Acuerdo Final y su cumplimiento" "Es claro que sólo con la movilización y la lucha del pueblo de Colombia podremos evitar que los enemigos de la paz y la reconciliación puedan avanzar en sus propósitos"

En la tarde de ayer asistimos al encuentro previsto con el Presidente Juan Manuel Santos y otros altos funcionarios del gobierno nacional en el Ministerio del Interior.
Durante más de tres horas estuvimos examinando y buscando salidas a las preocupaciones expresadas por parte nuestra en torno a los últimos desarrollos del proceso de paz.
Destacamos la actitud receptiva del señor Presidente y su equipo que enriqueció favorablemente la discusión y permitió que cada inquietud fuera atendida y sopesada debidamente.
Por tal razón expresamos nuestra satisfacción por el resultado obtenido. El gobierno nacional se comprometió una vez más a garantizar la fidelidad al Acuerdo Final.
Reconociendo que el logro de la paz y el cumplimiento de los Acuerdos de La Habana son esenciales para el país, acordamos continuar reuniéndonos para asegurar tales fines.
Es claro que sólo con la movilización y la lucha del pueblo de Colombia podremos evitar que los enemigos de la paz y la reconciliación puedan avanzar en sus propósitos.
Por eso reiteramos una vez más nuestro llamado a la defensa del Acuerdo Final y su cumplimiento. Cada obstáculo superado en un proceso es a su vez el anuncio del siguiente reto.

Consejo Político Nacional de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC)

[Colombia] De la esperanza de Paz a la Incertidumbre de la Implementación

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.

Hemos sido puntuales en señalar que todo indicaba que al gobierno Santos solo le interesaba la dejación de armas por parte de las FARC-EP y que después la implementación del Acuerdo de Paz le iba a importar un ”sieso”.

Desafortunadamente ese mal pronóstico está resultando verdadero. Ello se evidenció en la no construcción de los campamentos en que iba a vivir los guerrilleros. Siguió con la no aplicación de la Ley de Amnistía y al día de hoy hay más de 1.000 guerrilleros –los llamaré así hasta que no sean liberados ya que no están siendo objeto de las leyes del Acuerdo de Paz-. Continuó con la no realización de la RRI y la entrega de tierra a campesinos y ex-guerrilleros a fin de que adelantaran sus proyectos productivos para sus sostenimientos.

Quedó evidenciado fehacientemente con el torpedeo de la Reforma Política, con el torpedeo a la aprobación de la las circunscripsiones de paz para las zonas azotadas por la guerra, con el torpedeo de la aprobación de la JEP.

El hecho de solo haber sido aprobados por el Estado el 18% de los compromisos adquiridos ante la comunidad nacional e internacional –ONU, países garantes, Unión Europea, etc-, mas sin embargo pasearse “muy orondo y muy majo” por el mundo ostentando el Nobel de Paz y entregando la soberanía nacional bajo el pretexto de recibir ayudas para el posacuerdo, es la muestra de que el gobierno Santos ni siquiera está dispuesto a cumplir así sea por el hecho de que su única obra para mostrar como acto de gobierno exitoso es la paz.

Lo anterior está evidenciado en el total  de 98 normas expedidas y ejecutadas de las presentadas al Congreso: 7 actos legislativos, 5 leyes por Fast track, 36 decretos de ley, 46 decretos ordinarios. Pírrico resultado de un congreso atosigado por las denuncias de corrupción y malos manejos que continúa pidiendo “coimas” o como la llaman los colombianos “mermelada” a fin de expedir los Acuerdos de Paz presentados por el gobierno Santos.

El pueblo colombiano vivió momentos de esperanza y alegría con las firmas del Cese Bilateral de Fuegos y posterior con la firma del Acuerdo de Paz, y esa esperanza lleno de positivismo a nuestro pueblo que comenzó –sería mejor decir continuó con nuevas energías- la lucha por sus reivindicaciones, entre las cuales está para los campesinos el recibir las tierras despojadas por el desplazamiento y la entrega de baldíos para los campesinos –casi todas mujeres- que no la tenían. En cambio, los potentados como Luis Carlos Sarmiento Angulo recibían el apoyo del estado para apoderarse de cientos  de miles de hectáreas de las tierras baldías destinadas a los campesinos.

Al día de hoy la incertidumbre es total entre los campesinos y, más, entre los ex-guerrilleros, que ven como paso a paso, gota a gota, el gobierno va incumpliendo los compromisos adquiridos con el Acuerdo de Paz. Ello es más evidente cuando el presidente Santos muestra más energía amenazando a los ex-guerrilleros que decidan irse –ante sus incumplimientos y marrullerías- “otra vez para el monte” para defender sus vidas por razones de seguridad.

Ello compele a los sectores populares a realizar manifestaciónes exigiendo sus derechos. Ante un estado decrépito, incapaz de reformarse a sí mismo, le corresponderá al pueblo sacudirse y entrar a construir una nueva institucionalidad, un nuevo país que contemple la Paz como bien supreso con justicia.

La base de ese nuevo estado será la implementación del Acuerdo de Paz para reconstruir las instituciones de nuestro país. Cada vez son más los sectores populares que se suman a la lucha. Ya estamos claros que la oligarquía no tiene capacidad, ni el deseo, de reformarse a sí misma. Ellos están plácidamente satisfechos con el statu quo.

La movilización popular los sacudirá de ese estado de aletargamiento y los sacará de los plácidos sillones institucionales. A la vez de las movilizaciones del ahora, debemos ir preparándonos para las elecciones del 2018 en donde les mostraremos el verdadero poder del pueblo.

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http://cambiototalrevista.blogspot.se/2016/09/exiliados-colombianos-en-suecia-saludan.html

[Colombia] Un balance: un año de la implementación

Por  | 2017/11/23 
La Fundación Paz y Reconciliación ha construido, después de un año en terreno con decenas de personas recogiendo información, un balance sobre el posconflicto y el estado del país a un año de la firma de los acuerdos.
La Fundación Paz y Reconciliación ha construido, después de un año en terreno con decenas de personas recogiendo información, un balance sobre el posconflicto y el estado del país a un año de la firma de los acuerdos. Se analizan 17 ítems, a nivel territorial se hizo el estudio en los 281 municipios del posconflicto, y se realizaron análisis con datos oficiales sobre todos los indicadores de violencia. Algunas cosas que van bien, otras que recién arrancan y otras tantas en estado crítico, ese es el balance. En total 250 páginas de información, con cerca de una veintena de conclusiones generales. Pero destacó tres de ellas.
Tal vez la principal conclusión es que la guerra, entendida como conflicto armado, terminó, es decir, el conflicto armado se acabó, con ello casi todos los indicadores de violencia están descendiendo de forma impresionante. Solamente, en 2017 la violencia homicida ha comenzado a aumentar en los municipios priorizados del posconflicto. Los datos son los siguientes: A. Hubo en 2012 un total de 15.957 homicidios y 12.262 en 2017. En los 281 municipios se pasó de 4.114 a 3.157 homicidios entre los mismos años. B. De 232.000 desplazados en 2012 se pasó a 30.000 en 2017, es decir, 200.000 desplazamientos menos. C. En temas de secuestro se pasó de 3.278 secuestrados en 1998, o 3.306 en el año 2002 a 205 en 2016. D. De poco más de 1.200 afectados por minas antipersonal en 2006 se pasó a 15 en lo que va de 2017.
Como se dijo, en temas de violencia homicida, 2017 comienza a mostrar repuntes con respecto al año 2016. Tal vez esta es la segunda conclusión. De los 281 municipios, un total de 123 muestran incrementos. Hay casos dramáticos y no es únicamente Tumaco. Policarpa, Nariño, pasó de 10 homicidios en zona rural en los primeros 10 meses de 2016 a 25 homicidios en el mismo periodo en 2017. Los 123 municipios con aumento de la violencia homicida se pueden dividir en dos grupos. Uno, de cerca de 76 municipios, que han visto incrementar la violencia homicida producto de la expansión que han realizado organizaciones criminales en las antiguas zonas donde operaban las Farc.
Otros 47 municipios estarían padeciendo lo que el informe denomina, anarquía criminal. Es decir, las Farc durante los años que operaron en sus zonas, crearon una estructura de regulación social, en la cual dirimían disputas entre vecinos, solucionaban problemas de linderos y hasta temas de deudas. Hoy las Farc ya no están y las comunidades se están tomando la justicia por sus manos. Por ejemplo, en Puerto Alvira, departamento del Guaviare, se pasó de cero homicidios en 2016 a cuatro en 2017 y todo por temas de deudas y disputas alrededor del consumo de licor.
La tercera conclusión es el pobre balance de la implementación jurídica de los acuerdos de paz. Se calculó que producto de estos el Congreso debía probar un total de 67 iniciativas legislativas. Al final el gobierno solo presentó 24, de ellas han sido aprobadas 10 y es probable que terminen siendo aprobadas 2 más, para un total de 12. Un balance insuficiente para lograr la implementación territorial de los acuerdos.
El acuerdo de paz tenía tres grandes objetivos. El del Gobierno era que las Farc desaparecieran como grupo armado ilegal, y eso se logró, si bien hay disidencias, lo cual es normal en todo proceso de paz, estos ya son grupos dedicados a la economía ilegal y no tienen relación con la dirigencia del nuevo partido.
El objetivo de las Farc era participar en política, lo cual hasta el momento se va logrando, aunque hay que esperar la estatutaria de la JEP. Pero el objetivo central era acabar con las causas estructurales del conflicto armado, con esas condiciones que han hecho que Colombia, desde su vida republicana, cada tantos años, repita una ola de violencia nueva. Para acabar con estas condiciones estructurales se necesitaba una mejor tarea del Congreso, como los temas de tierras y reforma política y todo eso quedó en nada.

El amargo balance de la implementación

13 excombatientes asesinados en 10 meses
Delegados de las Farc, el Gobierno y el jefe de la misión de la ONU hicieron un recuento de los cumplimientos e incumplimiento de lo pactado hace un año. El balance está en rojo.
Alfredo Molano Jimeno / @AlfredoMolanoJi - El Espectador.
Sin escándalos y polémicas, finalmente las Farc llegaron al Congreso. Aún no como legisladores, pero sí como dirigentes de un movimiento político que en pleno Capitolio denunció que casi un año después de la firma del Acuerdo de Paz, los avances de cumplimiento son definitivamente insuficientes. Fue lo que afirmaron Iván Márquez, Pablo Catatumbo, Pastor Alape y Victoria Sandino, quienes compartieron mesa con el ministro del Interior, Guillermo Rivera; el director de la Agencia Nacional de Reintegración, Joshua Mitroti, y el jefe de la Misión Especial de ONU, Jean Arnault. Fue en una audiencia pública citada por el senador Iván Cepeda y los representantes Alirio Uribe y Ángela María Robledo, con el objetivo de hacer un balance de los avances y retos de la implementación de la paz.
“Transcurridos los primeros diez meses desde la firma del Acuerdo entre el Estado colombiano y las Farc, el balance es precario (…) la implementación alcanza un 18 %”, señala el cuarto informe del Observatorio de Seguimiento a la Implementación del Acuerdo de Paz (OIAP). Preocupante panorama que no sólo angustia a las Farc, sino también a la ONU, que a través de Arnault hizo un llamado para que se aceleren aspectos decisivos en el proceso: “No existe acuerdo en el mundo que no se haya chocado con la implementación, es decir, con pasar de lo teórico a la realidad. Por lo que es necesario pasar por un trabajo de ajuste”, explicó. Eso sí, el diplomático francés calificó como un acierto el diseño del Mecanismo Tripartito de Verificación y Monitoreo, así como también lo fue, a su juicio, la manera como se concibió el acuerdo de cese al fuego bilateral y definitivo.
“Hay fundamentalmente dos desaciertos: uno estructural, que parte de la negociación, ya que nunca se llegó a una relación entre la dejación de arma y una ruta de cumplimiento de acuerdos básico por parte del Gobierno. Eso llevó a que permanentemente el proceso de dejación de armas se vio envuelto en un esfuerzo permanente por parte de las partes (..) eso lo hizo más difícil y controversial. El segundo desacierto fue que la base logística, financiera y organizativa del proceso de dejación de armas ha sido deficiente”, agregó Arnault.
Y, en este sentido, señaló que en el informe final se reconoce que solo seis de 26 campamentos fueron terminados. “Lo menciono porque si bien el proceso de cese al fuego fue globalmente positivo, hoy estamos ante una situación donde el carácter controversial del proceso por falta de hoja de ruta y las debilidades organizativas han llevado a una situación en la que hay un número muy alto de combatientes que cumplieron con la dejación de armas y hoy están decepcionados. Esto ha promovido los fenómenos de disidencia y de deserción que empañan el éxito del proceso de dejación de armas. Consideramos hoy que no hay desafió más urgente que hacer del proceso de reincorporación de los miembros de las Farc la prioridad en la construcción de la paz. Y para que esto se dé, las bases organizativas, logísticas y financieras tienen que ponerse en marcha cuanto antes”, concluyó.
No menos duro, aunque si menos diplomático, fue el balance que hicieron los representantes de las Farc. Para Iván Márquez, el incumplimiento del Gobierno en aspectos como el normativo, la reincorporación o las garantías de seguridad, constituyen una violación de las obligaciones internacionales del Estado colombiano, ya que el Acuerdo de Paz fue elevado al rango de Acuerdo Especial en los términos del Derecho Internacional Humanitario, y anunció que harán una consulta a la Secretaría Jurídica del Comité Internacional de la Cruz Roja para que informe sobre las implicaciones. También le lanzó duras críticas al fiscal Néstor Humberto Martínez, a quien acusó de no permitir el despegue de la Unidad Especial de Lucha contra el Paramilitarismo.
“Esa unidad es subsidiaria, sólo actúa si no lo hace la Fiscalía y ésta tiene en su poder durmiendo el sueño de justos 15 mil compulsas de copia contra el paramilitarismo. No queremos que terceros involucrados en el conflicto sigan eternamente resguardados bajo el manto de la impunidad. Ellos también están obligados a aportar verdad. La reforma constitucional para lograr la cabal materialización de esta unidad es un compromiso que el Gobierno no pude dejar de lado”, expresó Márquez.
De otro lado, Pastor Alape se refirió al tema de la reincorporación. Dio cuenta de los principales avances y fue tajante en que dichos avances se deben a la convicción y compromiso de los exguerrilleros, que se han sobrepuesto a los incumplimientos en la aplicación de la Ley de Amnistía, cedulación, afiliación al sistema de salud, pero sobre todo, expresó su preocupación por la negación del Estado a la entrega de tierras para poner en marcha los proyectos productivos.
Finalmente, Pablo Catatumbo dio un parte de los avances y retos en materia de seguridad. Inició su intervención con un recuento de los listados de armas, hombres y bienes entregados por la guerrilla y continuó haciendo una relación detallada de la grave situación de seguridad de los miembros de las Farc y de los habitantes de los territorios dejados por ellos. Explicó, por ejemplo, que desde la firma del Acuerdo hasta hoy, han sido asesinados 13 excombatientes y 11 familiares de miembros de la organización.
De igual forma señaló que en las inmediaciones de las 26 zonas de capacitación y reintegración tienen presencia grupos armados sucesores del paramilitarismo, y concluyó que una de las más flagrantes violaciones al Acuerdo es precisamente la negativa a cumplir con la creación de la Unidad Especial para el desmonte de las organizaciones sucesoras del paramilitarismo y el sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política.
 

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