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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Libia] Ya no es titular en Falsimedia pero solo ayer hubo más de 20 muertos

Insurgente.org

Libia era sinónimo de Gadafi y el mal. Asesinado el Coronel y cientos de personas por los ataques de la OTAN, ya no es titular y lo que ocurre allí no quieren que sea noticia. Pero el caso es que las diferentes bandas conectadas con distintas empresas que quieren el petróleo libio siguen enfrentándose. De hecho al  menos 20 muertos y 60 heridos causaron los violentos enfrentamientos de bandas rivales en torno al aeropuerto de Tripoli, Libia.
La Brigada 33, una milicia conducida por Bashir al Baqra, el dirigente de Misurata desde siempre hostil al gobierno de unidad nacional de Fayez al Sarraj, lanzó un ataque sorpresa contra el aeropuerto internacional Mitiga, el único activo en la capital. Los violentos combates obligaron a las autoridades a cerrar la escala aérea y al menos tres aviones de Afriqyiah Airways y otros dos de Buraq Air fueron dañados seriamente.
Entre las víctimas habría algunos empleados del aeropuerto que quedaron atrapados en el fuego cruzado de las milicias, que usaron armas automáticas y ametralladoras.

Afriqyiah anunció la suspensión por tres días de los vuelos y trasladó algunos aviones estacionados en la pista para evitar otros daños.
El ataque fue repelido por la milicia rival de las fuerzas de disuasión especial (Rada), junto con grupos aliados, que controlan el aeropuerto en nombre del gobierno.

El director del hospital de Tripoli, Abdeldayem Al-Rabti, refirió al canal televisivo libio Al Nabaa que entre las víctimas también hay al parecer dos civiles.

El jefe de la aviación civil libia, Nasseraldin Shaeb, anunció que todos los vuelos dirigidos a Tripoli fueron desviados a Misurata. En la noche de este lunes volvió la calma y la Rada anunció que “el aeropuerto está bajo control”.

“El personal italiano fue puesto al seguro y un barco está en el puerto y dispuesto a moverse si es necesario”, declaró en Roma la ministra de Defensa, Roberta Pinotti, confirmando que “la situación parece en vías de mejorar”.

El Consejo de la Presidencia del gobierno de unidad conducido por Sarraj condenó los choques armados, y agregó que habrían sido planeados por militantes del Estado Islámico o de Al Qaeda detenidos en la cárcel que existe en el aeropuerto.
El gobierno disolvió la milicia Baqra acusada del ataque y ordenó la confiscación de armas y municiones.

[Colombia] Tres pasajes sangrientos de actualidad historica



La masacre de las bananeras

El pasaje más impactante, que recibí y asimilé, como estudiante de Derecho en la Universidad Nacional, fue el de la masacre de las bananeras, ocurrida en Fundación, Magdalena, el 6 de diciembre de 1928. Dedicado al énfasis del Derecho laboral desde los primeros años de aula universitaria; ante un derecho laboral de conquistas concretas hacia los años de 1970, comprender la lucha de las conquistas obreras, colocó como referencia que los logros y alcances de las reivindicaciones laborales obedecían al sacrificio y tenacidad de la clase obrera colombiana. Comprendí que la asimilación del espíritu de la ley laboral iba pareja con el análisis comparativo del desempeño de las luchas reivindicativa y políticas de la clase obrera colombiana. No existe materialización de ley laboral alguna divorciada del sacrifico y la capacidad de lucha de los trabajadores. De igual manera, la historia de las ideas políticas y reivindicativas de los trabajadores sentaba en la comprensión de la historia de sus organizaciones sociales; de sus expresiones y manifestaciones políticas; asimilando que la historia de las ideas políticas de los trabajadores era la historia de sus organizaciones sindicales y el salto en la asimilación y construcción del partido político de los trabajadores.

El entorno de la lucha de los bananeros

Por su origen de clase proletaria y la concentración de fuerza laboral, la zona bananera del Magdalena se constituyó en el bastión de la lucha obrera en la segunda década del Siglo XX. Los ideólogos del Partido Socialista Revolucionario (PSR): Raúl Eduardo Mahecha, Ignacio Torres Giraldo y María Cano, centraron la actividad política y organizativa en la zona de explotación bananera. De diez mil trabajadores, en el año de 1910, pasaron a 25.000 obreros del banano en 1928. Se daban las condiciones subjetivas y objetivas para el desempeño de los trabajadores en sus luchas reivindicativas y también políticas. No existía un Código Laboral y por ende la relación de trabajo era una relación meramente mercantilista. La multinacional norteamericana United Fruit Company era amo y señor de vidas y propiedades. Para la década de 1920, los dineros provenientes de la indemnización recibida por el estado colombiano por la desmembración de Panamá; retribuyeron en beneficio de la multinacional gringa en la creación e infraestructura del emporio bananero. En 1911 llegó el tren a Aracataca y en 1920, a Fundación. La compañía manifestaba que no tenia trabajadores, negaban el contrato de trabajo, y que en sus nóminas todos eran contratistas.
 Ante cualquier reclamo de un trabajador, el capataz simplemente le volaba la cabeza. Las condiciones de salubridad y de ambiente de trabajo eran inhumanas. El paludismo, la anemia y la tuberculosis representaba el cuadro famélico de los trabajadores. El pago se les hacía por bonos, que eran títulos que solo se podían cambiar en los comisariatos de la compañía. No contaban con seguridad industrial alguna, ni protección de seguros para accidentes laborales. Las jornadas de trabajo eran extenuantes y no existían horas extras, cesantías, ni prestaciones sociales. Ante ese panorama, se conformaron Comités de Trabajadores Bananeros. La alta concentración de trabajadores y su extensión geográfica conllevó a la creación de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena. En una palabra, estaban organizados.

Para el año de 1928, la agitación era generalizada. El 6 de octubre de ese año, se dio masiva asamblea de reunión de trabajadores. Allí se redactaron nueve puntos de un pliego reivindicativo, que fue presentado a la empresa. La empresa se negaba a aceptar el pliego y por ende a negociar; pero los trabajadores en folclóricas y bulliciosas reuniones mantenían el animo en las reclamaciones. La compañía bananera estimo seriamente afectados sus intereses económicos y desde el principio dispuso no reunirse con los trabajadores. Para los primeros días de diciembre de 1928, corrió la voz que el gobernador del Magdalena y el representante de la United Fruit Company llegarían a Ciénaga a negociar el pliego. La orden de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena fue la de concentrase para el día 5 de diciembre de 1928, en Ciénaga. Pero fueron engañados, ese día no llegó ni el gobernador ni se hicieron presentes los directivos de la compañía. Se había generado un hecho de concentración de masas. Ante esa situación la gobernación del Magdalena declaró la ley marcial y declaró como autoridad militar, por decreto de estado de sitio al general Carlos Cortes Vargas. Para la una de la madrugada, del fatídico 6 de diciembre de 1928, el general Cortes Vargas disponía de tres batallones. Desplazó dos nidos de ametralladoras hacia el parque y lugar de concentración. Por la retaguardia dispuso de 150 fusileros. Registran los hechos que comenzó a solicitar a los trabajadores, niños, mujeres, jóvenes, ancianos, que evacuaran la plaza pública y que perentoriamente iba a contar hasta tres. Se sucedieron dos descargas de ametralladoras y al minuto dos descargas de fusilería. La población inerme caía. Jamás pensaron que pudiere haber una orden de asesinar a mansalva. Comenzó la danza de la muerte y muchos salieron despavoridos. Se repetían los disparos y en la plaza quedaron esparcidos el reguero de cadáveres mutilados. Cumplida la masacre, la orden militar fue la de recoger los cadáveres. Amontonados en los vagones del tren su destino fue la playa y en un barco de la armada, más de mil quinientas víctimas fueron arrojadas a los tiburones. A la claridad de la mañana en la plaza de Fundación se encontraban nueve cadáveres. El sargento del ejército, Oscar Pérez, apodado mordisco, cual fiera jadeante, los señalaba repitiendo: “ahí están los nueve puntos del pliego”.

Tan lamentable suceso mancha históricamente la institucionalidad militar. El general Carlos Cortes Vargas se alió a los intereses de la United Fruit Company y en contra de los trabajadores colombianos. Un pasaje impune sobre la carga histórica de la institucionalidad militar colombiana. Desde entonces han mantenido la constante de comportamiento de un ejército de invasión contra el propio pueblo colombiano.

El paro civico nacional del 14 de septiembre de 1977

Durante el gobierno de Alfonso López Michelsen se daba una constante: la negativa a discutir los pliegos de peticiones que presentaban las centrales sindicales del país, lo cual fue acumulando una fuente de energía y de rechazo en las masas populares, que en forma explosiva se manifestó, en todo el país, con la declaratoria, por parte de las centrales obreras CTC, UTC, CSTC y la CGT y de sectores políticos, de un Paro Cívico Nacional el 14 de septiembre de 1977. La ira represada de las masas se hizo notaria en las principales ciudades del país. La intensidad de ese Paro Cívico y la respuesta contundente y organizada de los sectores populares lo erigen como un punto de referencia en la cualificación del movimiento popular y de masas. Cúcuta, no fue la excepción. La declaratoria de Asambleas Populares en la ciudadela Juan Atalaya y barrios circunvecinos paralizaron totalmente la ciudad. Las marchas y movilizaciones se sucedieron durante dos días con sus noches. En Bogotá, las manifestaciones violentas fueron particularmente intensas en diferentes puntos de la ciudad. En ciudad Kennedy; en el sur, calle 40 y Barrio Santa Lucia; en la Avenida 1º de mayo con carrera 68, fueron particularmente violentos los enfrentamientos y los saqueos a los supermercados y entidades públicas. Se habla de mas de treinta muertos en Bogotá y de miles de detenidos en la Plaza de Toros.

En la mañana del 15 de septiembre de 1977 recibí una llamada de la Dra. Paulina Ruiz Borras de la Asociación de Abogados laboralistas al Servicio de los Trabajadores, quien en forma compungida me expresaba que existían testimonios de masacre, por parte de la Fuerza Pública en la ciudad de Bogotá, y que los cadáveres estaban siendo transportados, en la noche del 14 de septiembre, en volquetas del Distrito. Ese mismo día viajé a Bogotá, como miembro del Comité Permanente Por la Defensa de los Derechos Humanos, en el Norte de Santander. Cuadramos una solicitud de Inspección Judicial a los patios del Distrito. El día 16 de septiembre de 1977, con la presencia de un Inspector de Policía, colaborador, antes de las 7 de la mañana; para lo cual se habilitó la hora judicial, inspeccionamos las bitácoras y registros de entrada y salida de volquetas del Distrito del parque Automotor. Faltaban en el inventario ocho volquetas. Los funcionarios manifestaron que era normal que algunas volquetas se vararan o quedaran, por cualquier motivo, en las instalaciones del basurero o relleno sanitario. Fue un intento fallido y en el ambiente quedó flotando, si en realidad de verdad, esas ocho volquetas pudieren haber sido utilizadas en el transporte de cadáveres. Toda una situación de impunidad constante y propio para el esclarecimiento de la Verdad, de esos sucesos; sobre la que no se conoce comparendo a autoridad alguna para responder.

La masacre de Llana Caliente

La década de mil novecientos ochenta fue particularmente convulsiva en el Magdalena Medio. Escenario del auge del paramilitarismo, apoyados por el ejército nacional, fue precisamente en la jurisdicción de San Vicente de Chucurí, cercado por la Serranía de los Cobardes. En la planicie conocida como La Llana, que es cruce entre la carretera de San Vicente de Chucurí y Bucaramanga, fue donde se desarrollan los luctuosos acontecimientos que paso a relatar.

En los primeros meses del año 1988 se dieron las movilizaciones campesinas conocidas como el Paro del Nororiente, que abarcó los departamentos del Cesar, Sur de los Departamento de Magdalena, Bolívar, la Guajira y el Magdalena Medio. Los campesinos y colonos se movilizaron por millares para reclamar directamente al gobierno central por los estados de postración y abandono.

El 16 de agosto de 1987, en horas de la madrugada, el abogado y alcalde de Sabana de Torres, por la Unión Patriótica, Álvaro Garcés Parra, el agente de policía John Jairo Loaiza P, quien le servía de escolta al alcalde; el militante de la Unión Patriótica, Garlos Gamboa Rodríguez, escolta del concejal de Lebrija por la Unión Patriótica, Jaime Castrillón y la señora Elida Ricio Anaya Duarte, fueron asesinados durante un operativo conjunto entre miembros del ejército, la policía y paramilitares en Sabana de Torres.

En Santander del sur se consolidó el grupo paramilitar de Isidro Carreño, en la zona chucureña y regiones aledañas. Se hacían nombrar los tiznados, los masetos, los cara pintadas y se dedicaron al asesinato selectivo de líderes populares y de la Unión Patriótica.
Hacia 1986, Rogelio Correa Campos, con el grado de teniente coronel asumió el mando del Batallón de Infantería Nro. 40 “Coronel Luciano D’Elhuyar”, con sede en San Vicente de Chucurí. El oficial fue sostén importante en el fortalecimiento del paramilitarismo, que incluía patrullaje y operativos conjuntos en la región entre las fuerzas del ejército y sus aliados de extrema derecha militarista. Dio refugio en el batallón al sicario Amado Ruíz, quien dio muerte al alcalde Álvaro Garcés Parra.

Su formación militar e ideológica, bajo la filosofía del enemigo, le hacia ver subversión en cuanta reclamación política y reivindicativa, se expresaba en la región. Era obsesionado. Los soldados del Batallón D´Elhuyar, seguían al pie de la letra las ordenes de decomisos de alimentos; parar las marchas campesinas y detener brutalmente a sus dirigentes.

Tenía información que en la región de Llana Caliente se concentrarían los campesinos, aupados por el Paro del Nororiente. Manifestaba que logró frenar y dispersar a más de veinte mil campesinos que tenían como meta concentrase en la capital, Bucaramanga. Dispersos, pero están por miles en todas partes y afirmaba que eso no lo podía tolerar. Había logrado tejer una red de colaboradores a los que llamaba “los necesito, son mis ojos y oídos”. El mismo los reclutó: “el canoso” recomendado directamente por Isidro Carreño. “El cara pintada” de temible referencia entre las masas por lo salvaje de sus tropelías contra la población y el asesinato. Se vanagloriaba de tener a un desertor de la guerrilla, conocido por la población como “Camilo”, quien le funcionaba eficazmente por el chantaje en que mantenía a su familia y le suministraba datos claves para echarle mano a mucha gente de la población y el incondicional soldado Suarez, experto francotirador. Pese a las recomendaciones de oficiales de su comando que no se presentara con ellos públicamente, pues podría generar reacciones encontradas, insistió porque ellos no le fallaban y los marchistas tendrían que comprender que tarde o temprano todos terminarían colaborando con el ejército.

Era un sábado y comenzaron a llegar por millares los campesinos que bajaban de buses, camiones y vehículos de transporte improvisados. El teniente coronel Rogelio Correa Campos se encontraba motivado y preparándose para asistir a la cena que el Alcalde de San Vicente le había preparado, para homenajearlo con ocasión de su cumpleaños 45, el día siguiente domingo, del 29 de mayo de 1988. Esa noche del sábado, con altoparlantes ensordeció a los campesinos concentrados con arengas militares, cual disco rayado y la permanencia de las notas del himno nacional. Los campesinos respondían:” bailamos al son que nos toquen”.

El oficial Correa Campos veía crecer el número de marchantes concentrados. Hizo saber a la multitud que llegaría a resolver el asunto personalmente. Los dirigentes campesinos de la marcha: Arnulfo Ramírez Izaquita, Nelson Otero Martínez, Alfredo Ríos Barrios, Luís Enrique Sánchez Millán, Luís José Archila Plata, José Joaquín Zambrano Molina, Pablo Manuel Hernández Rodríguez, Esperanza Herrera Villa, José Natividad Velandia Prada, Raúl Antonio Gómez Chaparro, José Méndez, Wilson Botero y Clemente Quiroga, comprendieron la gravedad de la situación y dispusieron que los menores de edad y las mujeres se desplazaran del grueso de la concentración. El teniente coronel Rogelio Correa Campos, se hizo presente con su parafernalia. Lo acompañaban cerca de trescientos soldados, es decir, toda la plana de hombres del batallón. Con pompa y lujo de tropero, usando gafas oscuras que ocultaban su rostro, llegó con paso fuerte, rodeado de sus incondicionales sicarios “ojos y oídos” de su sequito ejecutor. La reacción de la masa popular concentrada no se hizo esperar. Como al desertor “Camilo” lo conocía la gente, comenzaron la rechifla ensordecedora, gritándole “sapo Camilo”, “Camilo sapo”. El sujeto sudaba observándosele muy nervioso. El oficial no esperaba una reacción tan contundente. Como oleaje de rechazo, al unísono los gritos de asesinos y solución a los problemas agrarios destacaban entre las consignas que se podían escuchar, siempre bajo el estribillo de “sapo Camilo”. Visiblemente alterado, el teniente coronel Rogelio Correa Campos ordenó al francotirador soldado Suarez: “Basta ya. ¡Dispare!” El temible asesino- preparado para matar- vaciló. Posiblemente vio en la población inerme su entorno familiar. Esto desencajó al oficial militar insultándolo de cobarde, desenfundo su pistola de dotación descargándola sobre la humanidad del soldado. Ante esta situación, la reacción de “Camilo” fue de indignación, procediendo a descargar su fusil en la humanidad del teniente coronel Rogelio Campos, quien falleció instantáneamente. El ruido de fusilería y tiros resultaba ensordecedor. La muchedumbre corría despavorida y el grueso de soldados disparaba a diestra y siniestra sobre la población campesina. Todos los mencionados dirigentes del Paro pagaron con el sacrifico de sus vidas. Muchos eran perseguidos por la soldadesca y asesinados al intentar abordar los autobuses. Ese día la planicie de La Llana quedo tapizada de cadáveres. Afirman que al desertor Camilo le dieron muerte los soldados, aunque no se encontró su cadáver. Tampoco aparecieron los cuerpos de Carapintada y el Canoso. Los registros de campesinos asesinados -además de los dirigentes- ascendió a treinta y ocho y sus cuerpos desaparecidos. Los auxilios de socorro popular registraron más de cincuenta heridos.

Este doloroso relato histórico no tiene epilogo. El gobierno nacional declara resuelto el asunto de la marcha y la masacre, ascendiendo póstumamente al coronel y al campo de paradas del batallón que dirigió, le dio su nombre. Uno de los grupos paramilitares de la zona pasó a llamarse “Comando Coronel Rogelio Correa Campos”, caracterizado por el grado de terror y desolación contra los campesinos de la región y la muerte selectiva, genocidio, contra los campesinos que se sabía, habían participado en esas jornadas de protesta.

Personalmente, ocho días después de la masacre, en compañía de un dirigente de base de la Unión Sindical Obrera- USO me acerqué a La Llana, escenario de los luctuosos hechos. Personal del ejército no nos permitió acercarnos a mas de doscientos metros. En el espacio revoloteaban los chulos y los zamuros. La hediondez era asfixiante. La Verdad sobre el número de muertos y desparecidos esta oculta, callada, silenciada. Al concluir este relato una lagrima cae sobre el teclado y me apresuro a secarle. Surge la pregunta: ¿qué situación ha cambiado en los designios y doctrina de la institucionalidad militar en Colombia, con hechos y personajes como los de la Zona Bananera y el campo de desolación de La Llana?

Y por la soberbia de la imposición de la llamada doctrina militar, se niegan a pedirle perdón al pueblo colombiano.

Un muerto, una provocación. 22 excombatientes una enormidad. 10 campesinos acribillados por el ejército una prueba. La persistencia del Terrorismo de Estado.

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.
7/10/17
En cuestiones médicas, un muerto significa que una enfermedad infecto-contagiosa como la Viruela ha re-editado y estabamos ante una epidemia. O, cuando no se ha controlado los brotes de esa enfermedad y permanecen en el territorio que se ha vuelto endémica.

Así estamos hoy en Colombia. La endemia del Terrorismo de Estado que creíamos –ingenuamente- que iba a ser superada con el Acuerdo de Paz entre las FARC y el gobierno nacional está más vivita que nunca. Ahora la fuerza pública actúa a sus anchas porque no tienen el temor de la insurgencia que podía repeler o castigar esas violaciones de derechos humanos.

Los hechos tozudos nos mostraban y ham mostrado que nunca –jamás- el Terrorismo de Estado ha sido dejada de lado por las fuerzas militares colombianas. No queríamos convencernos de que hay un basamento para que la epidemia no sea epidemia, sino una endemia.

El basamento es la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). Aplicada por los gobiernos oligárquicos y por las cúpulas de las Fuerzas Militares colombianas.

Creíamos –qué ingenuos- que al dejar las armas las FARC, la otra parte, la parte estatal, es decir, las cúpulas de las fuerzas militares y los gobernantes, entenderían que ya no había razón para continuar matando colombianos del pueblo. Queríamos que los militares y la oligarquía entendieran el enorme esfuerzo que estamos haciendo la FARC y el conjunto del pueblo colombiano para parar esa herramienta de muerte.

Queríamos –qué inocencia- que los “pobres de uniforme” miraran con otros ojos a los pobres de civil y dejaran de verlos como “enemigo interno”, de tratar de “secarle el agua al pez” ya que ese pez se había transformado en un ser pacífico, en un partido político, y que por fin el pueblo podía protestar por sus reivindicaciones sin el riesgo de muerte.

No es así. En Colombia, diariamente se aplica la pena de muerte. Sea mediante las masacres –como la de Tumaco-, como desapariciones forzadas, como ejecuciones extrajudiciales -llamadas eufemísticamente “falsos positivos”- o como asesinatos selectivos.

Las cifras no mienten. El CNRR reportó que desde 1964 se produijeron 620.000 homicidios en Colombia. LA CNMH reportó 220 mil muertos por el conflicto armado. Otras organizaciones suma las víctimas mortales de la violencia y llega casi al millón de muertos.

Con razón ya los habitantes de Tumaco –y todo el pueblo- hablan de la ”Masacre de Tumaco” ocurrida en pleno proceso de Paz.

Sabemos que los llamamientos al gobierno colombiano para que cesen esas prácticas asesinas y violadores de derechos humanos son en vano. El presidente Santos se vanagloriaba que el Acuerdo de Paz con las FARC-EP se había alcanzado sin tocar la Doctrina Militar y sin parar el Terrorismo de Estado.

La Masacre de Tumaco es por tanto su responsabilidad.

Hasta cuándo los colombianos permitiremos que sigan matándonos impúnemente?


Hasta cuándo la comunidad internacional, los pueblos del mundo, permitirán que sigan violando los derechos humanos en Colombia?

[Colombia] Habla JESÚS SANTRICH, FARC, sobre la matanza en Tumaco

POR DICK EMANUELSSON.

“En Catatumbo la situación es igual o peor” que en Tumaco

BOGOTÁ / TEGUCIGALPA / 2017-10-07 / En una extensa entrevista con el ex comandante del Estado Mayor Central de la ex guerrilla de las FARC-EP, Seusis Pausias Hernández, alias Jesús Santrich, el comandante respira pesimismo ante el panorama. Falta voluntad política del gobierno de Juan Manuel Santos y los sectores guerreristas del Poder Fáctico intentan con todos los medios a su alcance de sabotear el proceso de la implementación del Acuerdo de Paz.

Video/audio:





Sobre la matanza ocurrida en Alto Mira y Frontera, Tumaco en el departamento de Nariño, frontera con Ecuador en el sur de Colombia, Santrich dice que el Estado no puede forzar la sustitución de los cultivos ilícitos y menos usar la fuerza brutal y asesina que el 5 de octubre cobró la vida de seis campesinos e hirió a 21.

“El tema de las hojas de coca no es de ahora. El tema de los cultivos ilegales viene de la época del Pacto del Chicoral [https://www.radionacional.co/linea-tiempo-paz/se-firma-pacto-chicoral] en que la oligarquía colombiana se apoderó de los valles e interandino y lanzó el campesinado más allá de la frontera agrícola remota.

– No creo que se puede negar la gente el derecho a la protesta aunque eso ha quedado en que veremos. Si la política de Estado sigue desarrollándose torpemente, sencillamente lo que va a haber es una explosión social. En Catatumbo la situación es igual o peor (que en Tumaco).





El ex comandante Romaña, jefe del Punto de Transición y Normalización en Tumaco exige esclarecimiento y castigo para responsables de la Masacre de Tumaco

El ex comandante de las Farc, Edison Romaña, encargado y jefe de los guerrilleros desmovilizados en uno de los dos Puntos en el departramento de Nariño. FOTO: DICK EMANUELSSON.



TUMACO / 2017-10-05 / Hoy me levante consternado. Nunca pensé que después de haber dejado las armas con el pleno convencimiento que encontraríamos las vías específicas para alcanzar una paz estable y duradera sin más derramamiento de sangre, fuéramos a tener que presenciar y sufrir estos hechos tan dolorosos cómo está masacre terrible, ocurrida en el departamento de Nariño.

Desde nuestro Espacio Territorial de Capacitación y Normalización, ETCN, Ariel Aldana en Tumaco, la incertidumbre y la indignación nos asaltan tomándonos impotentes, como solo observadores de un drama humanitario sin precedentes en estas tierras de gente humilde y soñadora.

Vimos el sobre vuelo de helicópteros que pasaron rasantes sobre nuestra zona y todo porque en el Alto Mira, frontera con Ecuador se presentaba la infame agresión de la Fuerza Pública contra campesinos desarmados, derivando en una criminal masacre que no tiene justificación alguna.

El saldo que nos informa la comunidad es de 10 personas asesinadas a bala, y más de 30 heridos. Los dantescos hechos fueron registrados en teléfonos celulares de la población civil que se encontraba en el lugar de los acontecimientos.

Sigo Pensando, y espero no equivocarme, que "La Paz" es para todos, que no se siga mirando a los campesinos como los enemigos del país, como si fuéramos los parias que hay que aniquilar de buscar maneras de sobrevivir en un país donde se han cerrado las posibilidades de trabajar honesta y dignamente. Porque lo único que quiere la gente pobre que ha sido empujada por la miseria a sembrar coca es poder ganar el pan para sus hijos.

¿Qué confianza va haber entre los habitantes de Tumaco con las instituciones del Estado si los hechos vividos, fotografiados u filmados hablan por sí solos?

Lo que ocurrió es claramente una masacre y no hay justificación que valga porque este, es un crimen de Estado.

Les digo a mis compañeros que hoy volví y presencié con mis propios ojos hechos dolorosos, un año de sangre como en los tiempos del "Plan Patriota" donde se libraban los más cruentos combates. Pero ahora aquí contra labriegos sin armas a los que el gobierno les ha incumplido con la sustitución de cultivos y con la inversión social.

Ya estaban borrándose de mi mente este tipo de escenarios de terror y muerte, cuando iniciamos el esperanzador camino de construcción de paz con la actividad permanente de diálogo con las comunidades, con el trabajo material y las reuniones para sacar esta región y este país de la miseria y las penurias del conflicto armado. Pero desafortunadamente lo que estamos viviendo es la consagración de los incumplimientos a lis que se suma esta masacre inmisericorde que no puede pasar desapercibida por la Comunidad Internacional y por todos los organismos defensores de Derechos Humanos.

A los campesinos y la comunidad entera mi solidaridad y, la solidaridad de todos los compañeros y compañeras de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. FARC

Exigimos esclarecimiento de los hechos, definición de responsabilidades y sanción para los autores materiales e intelectuales e tan abominable crimen.

Con dolor e indignación.
ROMAÑA

Tumaco 6 de octubre 2017

“Los campesinos no somos unos parias a los que hay que aniquilar: Romaña

El dirigente del partido Farc narra en esta sentida el horror que se vive en Tumaco: “Cómo en los peores tiempos de la guerra”
Por:  Octubre 06, 2017.
En Tumaco se está viviendo una de las peores crisis cocaleras de los últimos años. Más de 15 muertos y 50 heridos cuando las Fuerzas Militares intentaron disolver las protestas de los campesinos cultivadores. En la tarde llegaron 15 fiscales acompañando al equipo especial de medicina legal para revisar qué fue lo que pasó, pero las teorías primarias varían: las fuerzas del Estado comunicaron que fueron atacados por disidencias de la Daniel Aldana con 5 pipetas bombas, mientras que los campesinos dicen que la Policía comenzó a disparar indiscriminadamente mientras los soldados del Ejército tenían que curar heridos. Los heridos y muertos bajaron por el Río Mira en su camino desde las veredas Las Brisas y Puerto Rico hacia la capital Tumaco. En el camino, donde comienza la carretera, queda la antigua zona veredal, done ahora Henry Castellanos – Romaña – dirige un proyecto productivo que tuvo que suspender para atender a los afectados. Esta es su reflexión.
6 de octubre del 2017
Hoy me levante consternado. Nunca pensé que después de haber dejado las armas con el pleno convencimiento que encontraríamos las vías específicas para alcanzar una paz estable y duradera sin más derramamiento de sangre, fuéramos a tener que presenciar y sufrir estos hechos tan dolorosos cómo está masacre terrible ocurrida en el departamento de Nariño,
Desde nuestro Espacio Territorial de Capacitación y Normalización, ETCN, Ariel Aldana en Tumaco, la incertidumbre y la indignación nos asaltan tomándonos impotentes, como solo observadores de un drama humanitario sin precedentes en estas tierras de gente humilde y soñadora.
Vimos el sobre vuelo de helicópteros que pasaron rasantes sobre nuestra zona y todo porque en el Alto Mira, frontera con Ecuador, se presentaba la infame agresión de la Fuerza Pública contra campesinos desarmados, derivando en una criminal masacre que no tiene justificación alguna.
El saldo que nos informa la comunidad es de 10 personas asesinadas a bala, y más de 30 heridos. Los dantescos hechos fueron registrados en teléfonos celulares de la población civil que se encontraba en el lugar de los acontecimientos.
Sigo pensando y espero no equivocarme, que “La Paz” es para todos, que no se siga mirando a los campesinos como los enemigos del país, como si fuéramos los parias que hay que aniquilar de buscar maneras de sobrevivir en un país donde se han cerrado las posibilidades de trabajar honesta y dignamente. Porque lo único que quiere la gente pobre que ha sido empujada por la miseria a sembrar coca es poder ganar el pan para sus hijos.
¿Qué confianza va haber entre los habitantes de Tumaco con las instituciones del Estado si los hechos vividos, fotografiados y filmados hablan por sí solos?
Lo que ocurrió es claramente una masacre y no hay justificación que valga porque este es un crimen de Estado.
Les digo a mis compañeros que hoy volví y presencié con mis propios ojos hechos dolorosos, un baño de sangre como en los tiempos del “Plan Patriota” donde se libraban los más cruentos combates. Pero ahora aquí contra labriegos inermes a los que el gobierno les ha incumplido con la sustitución y con la inversión social.
Ya estaban borrándose de mi mente este tipo de escenarios de terror y muerte cuando iniciamos el esperanzador camino de construcción de paz con la actividad permanente de diálogo con las comunidades, con el trabajo material y las reuniones para sacar esta región y este país de la miseria y las penurias del conflicto armado. Pero desafortunadamente lo que estamos viviendo es la consagración de los incumplimientos a los que se suma esta masacre e inmisericorde que no puede pasar desapercibida por la comunidad internacional y por todos los organismos defensores de derechos humanos.
A los campesinos y la comunidad entera, mi solidaridad, y la solidaridad de todos los compañeros y compañeras de la Fuerza Alternativs Revolucionaria del Común.
Exigimos esclarecimiento de los hechos, definición de responsabilidades y sanción para los autores materiales e intelectuales e tan abominable crimen.
Con dolor e indignación.
Romaña.

Una masacre que empaña el proceso de paz en Colombia: ¿Qué hay detrás?

RT en español.

Aún no se conoce el número de muertos ni los responsables del hecho sangriento ocurrido en Tumaco, que empaña el proceso de paz y cuestiona la estrategia del Gobierno para erradicar los cultivos de coca.
Una masacre que empaña el proceso de paz en Colombia: ¿Qué hay detrás?
Policías acordonan una subestación eléctrica donde un agente de policía fue asesinado y su cuerpo atrapado en el norte de Bogotá, el 29 de diciembre de 2016.
Guillermo Legaria / AFP
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El Gobierno colombiano asegura que hubo cinco muertos, pero los campesinos elevan la cifra a 15. Lo cierto es que en Tumaco no hay paz.
La localidad, ubicada en la costa pacífica del suroeste de Colombia, figura como una de las zonas con mayores cultivos de coca. El plan del Gobierno pasa por sustituir esos sembradíos, pero no todos los campesinos están de acuerdo porque, entre otras cosas, no les garantizan las condiciones mínimas para que el cambio de rubro les provea de recursos para subsistir.
El pasado jueves un grupo de campesino mostró su rechazo contra la erradicación forzada de cultivo y formó una cadena humana para evitar que los policías y militares arrancaran las matas de sus tierras. ¿El resultado? Varios muertos y decenas de heridos, mientras afloran versiones dispares sobre lo ocurrido. 

Cruce de acusaciones

Según el Gobierno, el grupo de campesinos fue forzado a realizar la manifestación por un disidente de las FARC, alias 'Guacho', que, supuestamente, disparó contra la Policía y los manifestantes, causando las muertes.
Los campesinos, por su parte, alegan que asistieron de manera voluntaria a la manifestación y que la Policía fue la que arremetió contra ellos. La "evidencia" de ello es —según esgrimen— que en la lista de muertos y heridos no figura un solo agente de la fuerza pública. 
"La esquizofrenia que se da es que el Ministerio de Defensa llega a erradicar cultivos industriales y por ahí derecho los de pequeños productores, y es donde siempre se presentan los choques. Este año hemos tenido tres bloqueos en la Vía al Mar producto de la erradicación. Es el enfoque y la manera como se desarrolla la erradicación lo que provoca estos hechos tan lamentables que han pasado en la región", comenta Harold Ruíz, asesor de Paz y coordinador del Equipo de Acompañamiento a la Sustitución de la Gobernación de Nariño, al portal Verdad Abierta.

¿Y ahora?

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se refirió este viernes a los hechos y acusó a alias 'Guacho', así como a alias 'David' de estar involucrados en la masacre, por lo que ofreció una recompensa de 150 millones de pesos, equivalentes a unos 50.000 dólares, "por datos que lleven a capturas".
El Gobierno insiste en que hay en marcha una política de sustitución de cultivo. Según cifras ofrecidas por Santos, al menos 23.000 familias cocaleras se han inscrito en un programa para cambiar de rubro. El problema es que, según campesinos entrevistados por Semana, aún no se ha configurado una política de seguridad que permita la salida de otros productos agrícolas a buen precio.
"Por eso es que muchas personas se ven obligadas a trabajar en cultivos ilícitos, porque no hay algo que le garantice a la persona que si saca yuca, la persona puede vender esa yuca a buen precio", cuenta uno de los habitantes de la zona donde se produce al menos 20% de toda la coca en Colombia.

¿Por qué tanta prisa?

Santos, que adelantó la visita a Tumaco de su vicepresidente Ejecutivo, Germán Vargas Lleras, ratificó que su objetivo es erradicar unas 50.000 hectáreas de cultivos ilícitos al cierre de 2017. Hasta ahora, más de 36.000 hectáreas han sido arrancadas.
Según EE.UU., que mantiene un estrecho programa de "cooperación" con Colombia en materia antidrogas, el país sudamericano aumentó en un 60% sus cultivos ilícitos de coca. Esta cifra llevó al presidente norteamericano, Donald Trump, a amenazar a Santos con descertificar la nación si no mostraba "progresos significativos" en la erradicación de las plantaciones.
Lo cierto es que la presión a Santos es doble: por un lado, la necesidad de avanzar en los acuerdos de paz con las FARC sin 'máculas', como la muerte de campesinos; y, por otro, la mirada de EE.UU., que desde el principio rechaza que ese proceso de erradicación de cultivos se haga de la mano de las FARC y exige que sea de manera forzada con el ejército.
A finales de septiembre, el embajador estadounidense en Bogotá, Kevin Whitaker, ratificó en una entrevista a El Tiempo que la presencia de la extinta guerrilla no es bien vista por Washington. "Ni yo ni esta embajada de los Estados Unidos nos podemos involucrar con las FARC, porque son una organización de terrorismo internacional, así llamada por mi Gobierno [...]. Yo he estado en Tumaco, en Antioquia, en Meta, en varios lugares simplemente hablando con la gente y sabemos lo que las FARC están haciendo. Hay varios elementos. ¿Las FARC no están sembrando ni incentivando la siembra de hoja de coca? Sí, yo creo que sí", dijo.
Con unas elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, la urgencia de Santos por mostrar resultados "contundentes" no es menor, teniendo en cuenta que si EE.UU. lo "descertifica" las consecuencias serían significativas para el país: Colombia dejaría de recibir unos jugosos 251,4 millones de dólares de Washington en 2018, cifra que, si bien supone un 35% menos que los 391 millones percibidos este año, no es nada desdeñable.
Nazareth Balbás
 

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