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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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Ordoñez: prueba irrefutable

Por: Cecilia Orozco Tascón
- El Espectador.  
Alejandro Ordóñez, el imaginario candidato presidencial -puesto que no tiene partido que lo avale-, anda recorriendo medios para tratar de desvirtuar verdades de a puño que dejan mal parada su sinuosa ética de procurador general. Intenta verse indignado para hacer más creíble lo que quiere desmentir, con una inseguridad de expresión que no le conocimos cuando detentaba poder omnímodo. Pero lo comprendo: su doble moral ha sido expuesta con pruebas irrefutables en el noticiero de televisión que dirijo. Me refiero al documento oficial del cierre por prescripción (es decir, por no haber investigado los hechos a tiempo), del primer proceso disciplinario que hubo en Colombia por los sobornos de Odebrecht. Allí consta cómo una queja contra los mismos funcionarios del gobierno Uribe que hoy están metidos hasta el cuello en el escándalo, pasó de mano en mano entre sus subalternos hasta cuando se cerró la posibilidad legal de sancionarlos.
11 de noviembre de 2010. Un ciudadano presentó una queja ante la Procuraduría por los hechos revelados en varios artículos de Gerardo Reyes, periodista del Nuevo Herald. Reyes transcribió lo que le reveló Miguel Nule en una entrevista en que aceptó que hubo una reunión en Panamá, en 2009, a la que asistieron el propio Nule, André Rabello, presidente de Odebrecht en Panamá (hoy, delator de la corrupción de su firma ante la justicia de Estados Unidos); Tomás Uribe (hijo del presidente de la época, Álvaro Uribe), un socio de Tomás y un miembro del gobierno panameño. El motivo de tan misteriosa cita era el de explorar la posibilidad de que los Nule y Odebrechet se asociaran para presentarse unidos a la licitación de la Ruta del Sol. Apartes de la charla: P/ ¿Ustedes (con Tomás) … entran a las oficinas ¿de quién? R/ Del presidente de Odebrecht en Panamá. R/ ¿Qué papel jugaba ahí el hijo del Presidente? R/ Pues intermediando para que nosotros (Nule-Odebrecht) estuviéramos juntos (en la licitación Ruta del Sol).
21 de mayo de 2015. En el renglón “asunto” del escrito que relaciona la historia interna de la queja, se lee: Auto que declara la extinción de la acción disciplinaria por prescripción y archivo” (ver). Los funcionarios del gobierno Uribe que la Procuraduría Ordóñez ha debido investigar pero cuya conducta no examinó con seriedad eran: Daniel García Arizabaleta, director de Invías; Gabriel Ignacio García Morales, viceministro de Obras; Juan Manuel Barraza, director de la Comisión de Regalías; y Miguel Peñaloza, alto Consejero presidencial. Paradójicamente, estos son los mismos sujetos de procesos penales, en la actualidad.
La queja contra los cuatro ejecutivos de Uribe es clara: “por encontrarse presuntamente involucrados en supuestos hechos de extorsión a los contratistas exigiendo el pago de comisiones ilegales para que les fueran adjudicados los contratos…” El quejoso no solo especificó que “García Morales y García Arizabaleta presuntamente exigían el pago de cuantiosas comisiones ‘garantizando’ la adjudicación (de la Ruta del Sol)” sino que añadió que solicitaba “analizar la participación de los señores Tomás y Jerónimo Uribe…”
Desde el día en que se formuló la queja y durante cinco años, el expediente rodó de un lado a otro entre las procuradurías delegadas que se botaron la papa caliente así: la Segunda Delegada para la Vigilancia Administrativa se la mandó a la Delegada para la Moralidad Pública y a la Primera y Segunda para la Contratación. La de Moralidad se zafó enviándola a la oficina de Asuntos Disciplinarios que se la devolvió a la de Moralidad y esta se la empacó a la de Asuntos Disciplinarios. El peloteo se devolvió porque llegó de nuevo a la de Moralidad. Dos años después, se reinició el juego: la de Moralidad la mandó a las dos delegadas para la Vigilancia Administrativa y estas entraron en conflicto de competencias. Nueve meses más tarde (julio de 2014), el expediente reapareció, por enésima ocasión, en el escritorio de la Segunda Delegada para la Vigilancia que ordenó, por fin, la apertura de investigación de los cuatro funcionarios. A los diez meses declaró la “extinción de la acción disciplinaria por prescripción”. Claro que entiendo a Ordóñez y a sus delegados: ¿Quién se iba a enfrentar a Álvaro Uribe y a sus hijos en 2010, fuera de unos pocos periodistas suicidas?
Entre paréntesis.- Hay gente muy loca: el exministro Fernando Londoño entrevistó, en diciembre del año pasado, al “presidente de la República” Alejandro Ordóñez. No me equivoco: al “presidente” Ordóñez, el de su mundo imaginario. La respuesta del “presidente” sobre qué haría en cuanto pisara la Casa de Nariño fue esta: “algo que se debe hacer de inmediato… es reordenar el país a partir de reordenar la Corte Constitucional…A lo primero que debemos meterle mano… es a la forma como está integrada la corte, a las mayorías que se requieren para tomar decisiones… Y para que implique un verdadero rediseño de este órgano, convocar una asamblea nacional constituyente con las nuevas mayorías”. Ni las Farc llegaron tan lejos. Además de loca, hay gente muy peligrosa que se beneficia y hasta abusa de las libertades de la democracia pero no saben cómo hacer para acabarla.

El Cuento de la ”purga” de Ordóñez a la ”ideología de género”

Domínico Nadal, El Cuento de la Semana. Twitter. Facebook.

Era un país … en que los politiqueros más cavernarios tenían asiento en altos cargos del estado por cuenta de otros politiqueros, dizque liberales y de avanzada… y hasta de “izquierda”!

En ese país “politico” suceden cosas inauditas.  Una de ellas es que ahora el ex-procurador, miembro de la Asociación de ”Quema de Libros” para ”inteligenciar” a sus seguidores y uno de los promotores del No, pretende que el Acuerdo sobre género de la Mesa de La Habana sea retrotraído a las épocas de las cavernas en que vive el degenerado ex-procurador.

Ese degenerado ex-procurador, de ”camándulas en el día y perversiones sexuales en la noche”, que es un homosexual metido en el closet y que nunca se atrevió a salir de él, la tiene emprendida con los derechos de las mujeres.

Está contra el aborto y prefiere ver niños sufriendo por las políticas hambreadoras que desarrollan los sucesivos funcionarios del estado, el ex-procurador entre ellos, y mediante “leyes” persigue a las mujeres cuando éstas en su libre albedrío deciden no tener un hijo por la causa que sólo a ella le compete.

Al ex-procurador le preocupa que en las escuelas a los niños le enseñen cuestiones sobre el sexo y el género, cuando los niños todos los días ven la diferencia entre mujeres, hombres y personas sin definición de sexo o definidos como “homosexuales”. Ellos ven las diferencias y no se escandalizan por ello. Será que el ex-procurador nunca le preguntó a su mama por qué ella tenía una “mata de pelo” y su papá un “tirabuzón” que se estiraba –en ciertos momentos”- y se encogía –casi siempre-? O será que él nunca sintió ganas de copularse a su mamá?

Al ex-procurador le preocupa que en Colombia haya gays, lesbianas y personas sin definición de sexo como si el sexo fuera meramente una cuestión biológico y no también psicológica. A las personas con orientación LGTBI no se les puede condenar por serlo, sino al que hay que condenar es al ex-procurador porque con sus aberraciones pone en peligro la integridad y el derecho a la vida de esas personas. El ex-procurador debería mirarse él muy, muy interiormente. De seguro lo que encontrará lo condenaría a la máxima pena.

La imagen del ex-procurador me hace acordar la del senado romano cuyos miembros tenían, además de sus esposas, su muchachito de asiento para lo que fuera menester, incluyendo claro está el tener prácticas sodomitas. No se les parece el ex-procurador a Brutus, el que asesinó a Julio César?

Definitivamente, habrá que hacerle un profundo psicoanálisis para encontrar qué suceso de su infancia marcó su mente porque de que es “homo”, es homo. Quizás fue producto de que su adminículo era tan, pero tan pequeño que apenas alcanzaba a servirle para procrear. Tocaría buscar incluírlo en la clasificación como “Hombre potencialmente homosexual que en la vida pública nunca se atrevió a romper su esquema social de “hombre”.” Y vivió condenado a vivir encadenado a un cuerpo de varón.

Ahora bien, no será que el ex-procurador está de “purge”?


Lo que está en juego son los derechos de la mujer que solo ahora con el ACuerdo Final por una paz estable y duradera ven recompensada su lucha por sus derechos, incluyendo derechos a la igualdad y a su libertad de género o sexualidad.

Procuraduría, de Guatemala a Guatepeor

Domínico Nadal, El Cuento de la Semana.

Después de la vergüenza de la expulsión del usurpador procurador Alejandro Ordóñez de la Procuraduría, ésta institución va de Guatemala a Guatepeor. Apenas conocemos dos de los tres candidatos que se necesitan para suceder al nefasto Ordóñez y vemos que la cosa seguirá igual, o peor.

El candidato de la CSJ es Jorge Perdomo, liberal, quien se “ganó” la candidatura con un discursito político anti-FARC al afirmar que “seguiría de cerca el Acuerdo de La Habana”. Quizá el nefasto procurador tiene razón cuando aseveró que su destitución era el primer resultado del “pacto de La Habana, la destitución del procurador”. Porque si el Consejo de Estado produjo la sentencia con sentido político, bien venido sea ese fallo político.

La destitución del procurador sería su contribución a la Paz que empezamos a construir. Porque hay que decirlo claramente. En todas las instituciones estatales tienen que haber funcionarios probos, de sentido ético y valores morales que contribuyan a que la Paz firmada se asiente sobre bases ciertas, sólidas, verdaderas. Si no es así, seguiremos en las mismas, firmar Acuerdos para violarlos más Adelante. De ejemplos estamos hartos.

A decir verdad, la CSJ y todas las Cortes no es que se ajusten a derecho puro porque el derecho que rige a Colombia es el derecho burgués, elaborado en la Constitución del 91 y sus miles de remiendos, de estirpe neoliberal desde su parto de los montes, y esencialmente antipopular porque los ladrones de cuello blanco siguen orondo y muy majos y el que roba una gallina es condenado express.

Retomemos, el otro candidato es Fernando Carrillo reconocido gavirista que como todos los que manejan el estado van de puesto en puesto ascendiendo hacia la cúspide. Miren si no. Perdomo va de Vice-Fiscal a candidato a Procurador. Fernando Carrillo después de ser ministro de César Gaviria, y hoy es candidato del Consejo de Estado.
Quién será el candidato del p
residente Santos? Otro de los mismos? O será que viendo que su ”obra” del Acuerdo con las FARC-EP está en peligro por cuenta de los ”enemigos de la Paz” se decide a ”tomar el toro por los cuernos” y candidatiza a un personaje de trayectoria y de proba honestidad y valores morales.


Fuera !

Pase usted por esta pequeña puerta, ciudadano Ordóñez, recorra con su propia plata este pobre país impresionable que ha recorrido en los últimos años con la plata nuestra.
 Por Ricardo Silva Romero | 8 de septiembre de 2016
Te damos gracias, Señor, porque por fin se ha ido bien ido el procurador Ordóñez. Tendría que haber sido muchísimo antes de que se volviera ese curioso fanático más peligroso por politiquero que por fanático; ese villano de cómic contra los derechos reproductivos de las colombianas; ese inspector de tirantas capaz de perseguir a los médicos valerosos que llevaron a cabo la primera eutanasia legal en el país; ese investigador que brindó en la boda de su propia hija con sus potenciales investigados; ese policía de las buenas costumbres que fue implacable con la izquierda pero solidario con la derecha; ese vigilante homofóbico que le dio permiso a su cargo de participar en una de las marchas más violentas de las que yo tenga memoria. Tendría que haberse ido muchísimo antes, Dios, pero aquí es lo mismo justicia que paciencia.

Tendría que haber sido mucho antes, Dios de acá, mucho antes de que solo le quedaran cuatro meses de abuso de su púlpito, mucho antes de que se hubiera dedicado a enredar su destitución como cualquier político que tiene clarísimo que es mejor no confiar en la justicia, pues –tal como lo reconoció el Consejo de Estado este miércoles– su reelección fue una violación del artículo 126 de la Constitución, pero siempre será mejor tarde que nunca, Dios lento. Habría sido lo ideal que no le hubiéramos financiado siete años, nueve meses y quién sabe cuántos días de tratar de aplastar a la noble fundación Oriéntame –por ejemplo– en su propósito de echar para atrás el estado laico que tanto nos ha costado poner en escena, pero te damos gracias, Señor, por mostrarle la salida: fuera.

Mutará. Amanecerá convertido en un perseguidor perseguido. Machacará la hipótesis de que la ira de las minorías, que quién sabe qué se han estado creyendo, lo han vuelto el hombre más discriminado del país. Repetirá con su voz enronquecida la teoría megalómana de que su salida es uno de los pactos secretos del proceso de paz con las Farc e insistirá en la amenaza risible de que así sea lo último que haga no cesará en su cruzada para demostrar que lo que él ha estado llamando “el acuerdo Santos-Timochenko” es un fraude en marcha –o sea: desconocerá que la Constitución prohíbe ser ternado por magistrados en deuda e injuriará apenas pueda hacerlo–, pero no podrá seguir cometiendo la infamia de amedrentar con la ominosa sombra de su procuraduría a los funcionarios que quieran hacerle campaña al “sí” a la paz.

Hoy, cuando se lleve en cajas de cartón las figuras religiosas de su despacho, el abogado Ordóñez será aún ese ultraconservador que piensa eso que piensa, y allá él, pero no contará más con la omnipotencia de su cargo. Será un candidato a la presidencia en un país poblado por candidatos a la presidencia. Será un ex. Habrá sido un karma que pagamos entre todos, habrá sido, además, demasiada vida en esto (la expresión precisa es “un jurgo”), pero “habrá sido” será mejor que “es”.

Pase usted por esta pequeña puerta, ciudadano Ordóñez, recorra con su propia plata este pobre país impresionable que ha recorrido en los últimos años con la plata nuestra. Atrévase este mes a explicarles a sus damnificados, a las mujeres, a los homosexuales, a los pacifistas, a los izquierdistas, a los animalistas, a los censurados, a los funcionarios que tanto le temieron, su fe en que para este país en vilo será malo que veinte mil hombres armados no solo regresen a la legalidad, sino que dejen de atacar a esa Colombia que no tiene tiempo de pensar en Colombia. Siga usted repitiendo verdades a medias –sobre el glifosato, sobre la interrupción del embarazo, sobre la adopción, sobre el proceso de paz– hasta la náusea. Siga usted persiguiendo e intimidando, pero con sus ahorros.

Ricardo Silva Romero

www.ricardosilvaromero.com

Nuevos aires

Allende La Paz, Cambio Total.

Nuevos aires se respiran en Colombia a raíz de la firma en La Habana del Acuerdo Final para cesar el Conflicto Armado entre las FARC-EP y el gobierno colombiano.

Aún cuando persiste en Terrorismo de Estado evidenciado en el asesinato de 4 líderes campesinos en el Cauca y el asesinato de Cecilia Coicué, integrante de la Marcha Patriótica y propietaria del predio en donde las FARC-EP se concentrarán en esa zona del país, quien apareció con multiples heridas producidas por arma blanca, a fin de no armara ruido que delataran a los asesinos.

A pesar de ello, reiteramos, el país amaneció con nuevos aires. El Consejo de Estado –por fin!-  tomó la decision de apartar de su cargo al procurador Alejandro Ordóñez pues su 2a elección reñía con la Constitución, la cual no contempla la re-elección del procurador, amen de otros delitos cometidos en esa elección.

Nuevos aires se respiran pues es sabido que el procurador con sus posiciones políticas de extrema derecho persiguió obcecadamente a los miembros de la izquierda, a personalidades democráticas que no compartían sus opinions, a las comunidades LGTBI y su retrógrada y confessional posición sobre el aborto.

El procurador fungía no en defense del pueblo, sino en intereses de su línea política (conservador confesional, admirador del narco-paramilitar ex-presidente y hoy senador Uribe Vélez).


Su separación, aunque muy tardía, produce una bocanada de aire para la moribunda justicia colombiana.

Los libros en la hoguera


“[…] el fuego destruye todo, libros incluidos, pero nunca puede destruir los sentimientos, el saber y la Memoria”. Mempo Giardinelli

Quemar libros en forma premeditada indica el grado de barbarie a que puede llegar una sociedad, como se evidenció en diferentes momentos del siglo XX, algunos de los cuales son evocados en este artículo. Es importante rememorar los pormenores de este crimen cultural ahora que se han cumplido 80 años de la masiva combustión de obras escritas en la Alemania nazi y 35 años de la quema de libros en Bucaramanga por parte de un furibundo inquisidor católico que ahora ocupa una alta posición en el Estado colombiano.

Alemania: bibliocausto nazi

El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler fue proclamado como Canciller de Alemania y pronto se vieron las consecuencias “culturales” de esta designación. El 4 de febrero se dictó una ley para la Protección del Pueblo Alemán que restringió la libertad de prensa y precisó las normas que permitirían requisar el material impreso que fuera considerado como peligroso. El 5 de febrero fueron atacadas las sedes del partido comunista en varias ciudades de Alemania y se destruyeron sus bibliotecas. El 27 de ese mismo mes fue incendiado el Parlamento, El Reichstag y se quemaron todos sus archivos.

Uno de los principales lugartenientes de Hitler era Josef Góbbels, designado el 1 de abril de 1933 como ministro de Propaganda, quien se dio a la tarea de “purificar” la educación y la cultura alemana. Como parte de esa “limpieza cultural”, el 8 de abril dirigió un memorándum a las organizaciones estudiantiles de los nazis en donde remarcaba la urgencia de destruir los libros peligrosos, que se encontraran depositados en las bibliotecas. A finales de marzo se inició la quema de libros, lo cual prosiguió durante todo el mes de abril en algunos lugares del país, aunque estos hechos todavía eran algo aislados

El verdadero bibliocausto empezó el 5 de mayo, cuando en la ciudad de Colonia los estudiantes de la Universidad ocuparon la biblioteca y seleccionaron los libros de autores judíos y comunistas y luego los incendiaron. Esto anticipaba lo que vendría inmediatamente después, puesto que el día 10 de mayo se programó una multitudinaria reunión con el objetivo de efectuar una quema pública de libros. En la ciudad de Berlín, los estudiantes de la Universidad Wilhelm Von Humboldt recogieron unos 25 mil libros prohibidos y les prendieron fuego en la Plaza de la Opera, gritando consignas “contra la clase materialista y utilitaria” y “por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida”. Joseph Goebbels en persona presidía el macabro evento y para darle relieve al acontecimiento pronunció un discurso en el que anunciaba los motivos de la “heroica acción” contra los libros. Sin rodeos sostuvo que “la época extremista del intelectualismo judío ha llegado a su fin y la revolución de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alemán”. Señaló que “durante los pasados catorce años Uds., estudiantes, sufrieron en silencio vergonzoso la humillación de la República de Noviembre, y sus bibliotecas fueron inundadas con la basura y la corrupción del asfalto literario de los judíos”. Según él, esa situación se tornó intolerante y por eso “la juventud alemana ha reestablecido ahora nuevas condiciones en nuestro sistema legal y ha devuelto la normalidad a nuestra vida [...] Uds. están haciendo lo correcto cuando Uds., a esta hora de medianoche, entregan a las llamas el espíritu diabólico del pasado [...] El anterior pasado perece en las llamas; los nuevos tiempos renacen de esas llamas que se queman en nuestros corazones [...]”i.

Se quería borrar el pasado y la memoria, para construir sobre sus ruinas el Tercer Reich, que se pretendía iba a durar mil años. Por ello, en la hoguera se encontraban las obras de grandes pensadores que habían enaltecido al arte, la ciencia, la política y el conocimiento. Allí ardieron libros de Carlos Marx, de Sigmund Freud, Heinrich Mann, Emil Ludwig, Eric Marie Remarque, Heinrich Heine, Bertolt Brecht, Stefan Zweig, Emilio Zola, H.G. Wells, de un total obras que correspondían a unos 5.500 autores de Alemania y otros países del mundo. Al unísono, en otras 22 ciudades de Alemania se quemaban libros y durante ese trágico mes de mayo millones de libros fueron devorados por el fuego, en medio de la celebración histérica de una juventud enceguecida por el odio sectario contra toda obra escrita que fuera considerada como judía, comunista o anti alemana.

Heinrich Heine, un poeta decimonónico de Alemania, cuyas obras también fueron consumidas por el fuego nazi, había dicho en 1821 que allí “donde los libros son quemados, al final también son quemados los hombres”. Esta predicción resultó terriblemente cierta porque antes de que, literalmente, empezaran a ser asados los seres humanos, primero se fundieron los libros que fueron “el conejillo de indias” de los hornos crematorios que vendrían después. Primero se calcinaron los papeles en las hogueras públicas y luego los cuerpos de hombres y mujeres en los campos de concentración.

La “lección alemana” de Hitler, que tendría un gran alcance durante todo el siglo XX, se basaba en el presupuesto que la “purificación” de un país debería comenzar por la eliminación física de los productos culturales que se definían como inmorales y “corruptores” del espíritu de un pueblo. Algunos autores habían entendido claramente el impacto que traería el nazismo sobre los libros, tal y como lo anticipó el escritor Joseph Roth, quien desde antes del ascenso de Hitler había anunciado: "Van a quemar nuestros libros". Y en efecto sus obras también fueron destruidas y el autor se vio obligado a huir y exiliarse en París en donde moriría en 1939.

Chile, 1973: pinochetazo a los libros

La lección alemana de Hitler sería replicada en América Latina en la década de 1970 y el primer país donde se puso en práctica fue en Chile. Luego del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra el gobierno de Salvador Allende, la dictadura asesina de Augusto Pinochet aparte de masacrar, torturar y perseguir con saña a quienes habían apoyado a la Unidad Popular, inició un proyecto de “reconstrucción cultural”, que tenía como misión principal “extirpar” las ideas revolucionarias del alma de los chilenos, especialmente de los jóvenes. La dictadura se declaró antimarxista y persiguió todo lo que considerara relacionado con el marxismo, en donde se incluían libros, revistas y periódicos.

Desde un primer momento procedió a destruir las editoriales de izquierda, con lo cual eliminaba uno de los proyectos centrales del gobierno de Allende, que había fundado en 1971 la Editorial Quimantú (una palabra indígena que significa Sol del Saber). Esta empresa producía libros a bajo precio y durante sus dos años de existencia publicó 250 títulos, que en total sobrepasaron los diez millones de ejemplares, y llegó a editar 500 mil libros al mes. Fue un proyecto encaminado a llevar la literatura y el pensamiento a los más pobres de Chile, como lo recordaba años después Joaquín Gutiérrez, su director: “La gente andaba con sus libritos en la mano para leer en los buses. Era muy lindo el cariño que se despertó en los trabajadores por la cultura [...] Logramos cambiar socialmente el panorama del libro, porque hasta ese momento era privilegio de una elite”ii.

En el momento del golpe se encontraban en las bodegas de Quimantú miles de ejemplares y otros tantos estaban en proceso de elaboración. La jauría militar allanó la sede de la editorial y guillotinó las obras completas del Che Guevara, junto con miles de libros de muchos autores, y no solamente marxistas. Como para mostrar el sentido que tenía este crimen cultural, la televisión lo transmitió a todo Chile, con el sentido de aterrorizar a escritores, intelectuales, estudiantes y pensadores que fueran de izquierda y tuvieran alguna relación con el gobierno de la Unidad Popular. La destrucción de libros no fue un exceso de las primeras horas del cruento golpe de Estado, sino una acción planificada porque cuando fueron allanadas las sedes de los partidos de izquierda se prendió fuego a los materiales bibliográficos que allí se encontraban. Eso sucedió con las oficinas del Partido Socialista que fueron derrumbadas a cañonazos y quemados los impresos que allí se encontraban. A su vez, desde las ventanas del cuarto piso de la sede del MAPU, los militares lanzaban a la calle miles de libros.

La destrucción de libros prosiguió durante las primeras semanas del golpe. Por ejemplo, el 23 de septiembre fue ocupada la Remodelación San Borja, un conjunto habitacional que había sido construido hacía poco tiempo. El allanamiento duró 14 horas y durante ese tiempo se atizó una hoguera con libros y panfletos políticos. Allí se quemaron miles de libros de filosofía, política, sociología, historia, literatura, de autores de América Latina y del resto del mundo. Todo lo que se considerara como marxista o cercano terminaba en la hoguera.

El historiador uruguayo Carlos Rama, quien presenció en forma directa estos viles acontecimientos, relató que los allanamientos se repitieron miles de veces a lo largo de todo Chile: “Los soldados allanan las casas, examinan la documentación de sus habitantes y revisan por si tienen armas y libros. Si los tienen, y eso es normal en un país como Chile, toman todos los que digan en la tapa Marx o Lenin (aunque sea para refutarlos...), las revistas y diarios favorables al gobierno de Allende (aunque no sean marxistas) y todo cuanto se había impreso sobre el fascismo, y lo queman”.

En estas condiciones, el solo hecho de tener libros se convirtió en un delito a los ojos de los “cultos” militares que aniquilaban el tejido democrático de la sociedad chilena. Esto generó como mecanismo de sobrevivencia la autocensura, porque profesores, estudiantes, profesionales, empleados y obreros se vieron obligados a destruir sus propias bibliotecas, con lo cual se consumaba el genocidio bibliográfico que hizo retroceder a Chile en materia cultural varias décadas con respecto a los avances logrados durante la Unidad Popular, porque como lo decía el mencionado historiador: “El pequeño avance conseguido en los últimos tres años en materia de cultura de masas, libros populares, bibliotecas al alcance de los obreros y los jóvenes. Todo eso está perdido”.

Carlos Rama concluía su dolorosa crónica sobre la quema de libros en Chile afirmando que si hasta el golpe de Pinochet “no conocíamos el caso de la persecución a los libros y la quema de bibliotecas, era por la razón muy obvia que no teníamos muchos libros para destruir, y recién ahora comenzamos a tenerlos, y por tanto algunos a temerlos. ¿Estaremos condenados a otros cien años de barbarie analfabeta?” iii.

En Chile, por lo visto en los últimos 40 años de retroceso educativo, escaza producción literaria y poca reflexión intelectual crítica, se puede decir que se impuso esa barbarie analfabeta propia del capitalismo neoliberal, en realidad uno de los objetivos perseguidos por Pinochet, y sus secuaces militares y civiles.

Argentina 1976: golpe a los libros

La dictadura que se instauró en Argentina en marzo de 1976 alcanzó unos impresionantes niveles de brutalidad. No sólo masacró y desapareció a miles de jóvenes, sino que además emprendió una “reconstrucción cultural” de la nación. Como parte de dicho proyecto se prohibió la lectura de una amplia gama de autores, los que fueran considerados como subversivos, comunistas o peronistas. Los militares-inquisidores enseñaban a los padres la forma cómo debían vigilar lo que leían sus hijos, para detectar la infiltración marxista en las escuelas, como se registraba a comienzos de 1977 en un artículo con instrucciones precisas para captar dicha infiltración: "Lo primero que se puede detectar es la utilización de un determinado vocabulario, que aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia para realizar ese transbordo ideológico (sic) que nos preocupa. Aparecerán frecuentemente los vocablos: diálogo, burguesía, proletariado, América Latina, explotación, cambio de estructuras, compromiso, etc.”. También indicaba que la subversión educativa utilizaba “otro sistema sutil”, que consistía en “que los alumnos comenten en clase recortes políticos, sociales o religiosos, aparecidos en diarios y revistas, y que nada tienen que ver con la escuela”. De la misma forma, “el trabajo grupal que ha sustituido a la responsabilidad personal puede ser fácilmente utilizado para despersonalizar al chico. Estas son las tácticas utilizadas por los agentes izquierdistas para abordar la escuela y apuntalar desde la base su semillero de futuros combatientes". Por supuesto, al final del artículo se sugería a los padres que debían “vigilar, participar y presentar las quejas que estimen convenientes" iv.

Como parte del proceso de reconstrucción de la nación argentina en que se embarcó la junta militar no sólo se transformaron los programas educativos, sino que se censuraron autores y libros, catalogados como subversivos, y se procedió, como en Alemania y Chile, a quemar los libros y, cuando pudieron, a encarcelar, matar, exiliar o desaparecer a sus autores. El 29 de abril, un mes después del golpe, se quemaron los primeros libros en la ciudad de Córdoba, donde los militares hicieron una fogata con obras de Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Julio Cortázar, Pablo Neruda, entre otros. Luciano Benjamín Menéndez, el milico que dirigía tan “valerosa” acción de armas, pretendía que no quedara nada “de estos libros, folletos, revistas […] para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos”. Y en forma perentoria señaló: “De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina” v. Este siniestro personaje no decía nada original, porque simplemente reproducía lo mismo que habían afirmado Góbbels, Pinochet y otros inquisidores del siglo XX, a la hora de justificar la destrucción física de los libros.

Lo que decía este militar revelaba la magnitud del proyecto “intelectual” y “cultural” de los militares argentinos, dentro del cual había que incluir la destrucción de libros, un crimen cultural que se intensificó en los siguientes años. Así, el 27 de febrero de 1977 fueron echados al fuego unos 90 mil libros de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), uno de los más prestigiosos sellos de todo el continente y un objetivo apetecido por la dictadura y la extrema derecha de Argentina, debido a su rica y variada producción intelectual y académica. Antes del golpe de 1976, grupos de la extrema derecha ya habían procedido contra la editorial. El hecho más notorio se presentó en julio de 1974, cuando uno de estos grupos atracó a mano armada la imprenta donde se imprimían los libros de EUDEBA y al grito “¿dónde está El marxismo de Lefebvre?” procedió a prenderle fuego a una parte del material bibliográfico que allí se encontraba vi.

La quema más emblemática se efectuó el 26 de junio de 1980, cuando se lanzó a las llamas un millón y medio de libros del Centro Editor de América Latina, un sello fundado y dirigido por Boris Spivacow, un matemático hijo de emigrados rusos y que antes había sido gerente de EUDEBA. El escritor Mempo Giardenelli recuerda ese trágico hecho: “Día frío y gris, pero no llueve. La acción en Sarandí, partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. […] entran y salen camiones cargados de libros. Son veinticuatro toneladas de libros. En silencio, suboficiales, soldados y policías vacían lentamente el depósito bajo las escrutadoras severas miradas de oficiales del Ejército Argentino, algunos muy jóvenes”. En el hecho estuvo presente el propio Spivacow, quien vio cómo, en pocas horas, el fuego deshizo su labor editorial de muchos años de esfuerzo y dedicación. De esta manera se quemaban “años de saber, de cultura, de investigaciones, de sueños y ficciones y poesías. Y se quemó una parte esencial de la Argentina más hermosa, incinerada por la Argentina más horrenda y criminal”  vii.

En Colombia no sorprende que hoy la Procuraduría General de la Nación persiga y censure a todos aquellos que piensan distinto o disientan con las concepciones clericales del jefe del Ministerio Público.

Como tener cierto tipo de libros ya era considerado un delito, una de las consecuencias más perversas de la censura y de la quema de literatura por la dictadura consistió en que la gente se veía obligada a deshacerse de sus libros y documentos personales, en muchos casos también por medio del fuego. Algo similar hicieron los editores que empezaron a quemar por su propia voluntad volúmenes que figuraban como peligrosos en la lista roja de los militares, con lo cual se impuso la autocensura y la autodestrucción bibliográfica. Desaparecieron editoriales críticas, independientes y de tradición de izquierda, y otras fueron diezmadas o transformadas a la fuerza.Como otro efecto de larga duración, las personas dejaron de leer en el transporte público, porque los militares consideraban que esa era una conducta típica de los jóvenes subversivos.

Colombia, 1978: un cruzado medieval redivivo

En el mismo momento en que las tenebrosas dictaduras de Seguridad Nacional quemaban libros en Chile y Argentina, en Colombia acontecía un hecho similar en el año de 1978. El 13 de mayo en la ciudad de Bucaramanga fueron calcinados en plaza pública libros y revistas, que eran catalogados por los organizadores de la acción inquisitorial como un desagravio a la “siempre virgen María”. La fecha escogida no era casual, porque ese es el “día de la Virgen”, y quienes convocaban a la hoguera bibliográfica se presentaban a sí mismos como cruzados medievales que con las llamas, atizadas con los libros, iban a purificar los espíritus de la población bumanguesa.

Para invitar al inquisitorial evento se difundieron volantes, que fueron pegados en sitios estratégicos de la ciudad, que portaban la firma de la Sociedad de San Pio X, entidad que estaba conectada con la tenebrosa Tradición, Familia y Propiedad. Uno de esos volantes decía en forma textual:

“La Sociedad de San Pio X y su órgano informativo EL LEGIONARIO INVITAN AL ACTO DE FE, en donde se quemaran revistas pornográficas y publicaciones corruptoras. Estos actos se realizaron el 13 de mayo, a las 8 de la noche en el parque de San Pio X, en desagravio a Nuestra Señora, la siempre VIRGEN MARIA, madre de Dios y madre nuestra. NOTA: Lleve Ud. periódicos, revistas o libros pornográficos para quemar”viii.

La noche indicada se reunieron unos cuantos fanáticos católicos que procedieron a incinerar libros de Carlos Marx, René Descartes, Friedrich Nietzsche, Víctor Hugo, Marcel Proust, José María Vargas-Villa, Thomas Mann, de Gabriel García Márquez, algunas revistas de educación sexual y una biblia protestan.

A diferencia de los casos antes mencionados en este artículo, lo de Bucaramanga no era un acto oficial, promovido por el Estado, sino un evento organizado por particulares. El asunto hubiera sido una anécdota trágica, que devela el sectarismo de ciertos sectores de la extrema derecha, si no es porque uno de los individuos que carbonizó libros con su propia mano en aquel sábado de mayo de 1978 se desempeña en la actualidad como Procurador General de la Nación. Ese personaje participó en ese crimen cultural, que estuvo acompañado del robo de textos de la biblioteca pública Gabriel Turbay. En una foto publicada en Vanguardia Liberal de Bucaramanga se observa, en primer plano, al citado individuo con un megáfono y tirando papeles a una hoguera.

A partir de este hecho, típico de la inquisición medieval, no sorprende que hoy la Procuraduría General de la Nación persiga y censure a todos aquellos que piensan distinto o disientan con las concepciones clericales del jefe del Ministerio Público. No es extraño que desde allí se respire el tenebroso aire confesional que tanto daño le ha hecho a este país y que fue el pan cotidiano de los colombianos durante la larga hegemonía conservadora (1886-1930) y durante los gobiernos de Laureano Gómez y Gustavo Rojas Pinilla (1950-1957) y que en estos momentos esté en marcha una campaña oficial contra las relaciones homosexuales y al aborto, al tiempo que se exonera, aplaude y premia a reconocidos criminales, algunos de los cuales han ocupado altos cargos burocráticos en el Parlamento y en otras instancias administrativas.

Que un individuo gris y mediocre haya pasado de quemar libros a ocupar uno de los más altos cargos del Estado indica en gran medida cómo es la Colombia actual, en la que no se necesita ninguna preparación intelectual, sino simplemente ser un inquisidor o un censor, con el mismo nivel de brutalidad y cinismo que caracteriza a los grandes medios de comunicación y que a diario someten al linchamiento público a todo aquel que no comulga con el orden establecido y/o piensa distinto. Esto es muy costoso en un país en guerra, como lo estamos, porque no sobra recordar que destruir libros genera pánico, ya que es un acto encaminado a intimidar y confundir a la gente. Por esta razón, quienes destruyen los libros saben el impacto que produce su miserable acción, porque cómo lo dice el venezolano Fernando Báez: “Los biblioclastas saben que, sin la destrucción de los libros y documentos, la guerra está incompleta, porque no basta con la muerte física del adversario. También hay que desmoralizarlo. Sin destruir los libros no se termina de ganar la guerra. Y una táctica frecuente consiste en suprimir los principales elementos de identidad cultural, que suelen ser los que más valor proporcionan para asumir la resistencia o la defensa” ix.

En conclusión, la guerra contra los libros forma parte de un proyecto retrogrado que pretendeimpedir que la gente piense, analice y reflexione sobre los problemas de su propia sociedad y del mundo, algo en lo cual la palabra escrita es fundamental. Ese ataque aleve a las obras escritas pretende también borrar la memoria de los pueblos y aniquilar sus experiencias de lucha, porque como lo decía el periodista argentino Rodolfo Walsh: "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas". Además, la quema de libros es un intento por silenciar a aquellos autores incomodos, mediante el escarnio público, con la pretensión vana de que así se bloquea la circulación de las ideas “peligrosas” y se evita la “contaminación” de una sociedad, como lo ha hecho el atrabiliario personaje que hoy ocupa la Procuraduría General de la Nación en Colombia. Ojala que la revista en la que publicamos este artículo, no sea el próximo blanco de los Torquemadas criollos y no se le someta a la ardiente crítica de una crepitante hoguera alimentada de papel impreso, y atizada por el fuego del odio y la intolerancia de los cruzados medievales que nos acechan a diario.

(*) Artículo publicado en papel en la Revista Cepa No. 17 que empieza a circular en Colombia. *Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. *Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Capitalismo y Despojo

Notas:

i[1]. Citado en Fernando Báez, El bibliocausto nazi, en http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero22/biblioca.html

ii[1]. Joaquín Gutiérrez: "Hicimos la revolución del libro"». La Tercera, diciembre 28 de 1999, disponible en http://www.meliwaren.cl/articulo.php?id_articulo=88.

iii[1]. Carlos Rama, La quema de libros en Chile, febrero de 1974, disponible en http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/aquello/revaquello071.htm

iv[1]. http://cronicasdelahistoria.blogspot.com/2007/10/vigilar-participar-denunciar.html

v[1]. La Opinión, 30 de abril de 1976, citado en Dia de la Vergüenza del libro argentino en la Casa por la Memoria, en http://comisionporlamemoria.chaco.gov.ar/sitio/?p=1122

vi[1]. Marcelo Mazzarino, La hoguera del miedo, en http://www.voltairenet.org/article136818.html

vii[1]. Mempo Giardinelli, “24 toneladas de fuego y memoria”, Pagina 12, junio 26 del 2013.

viii[1]. Citado en “El triste aniversario de la quema de libros”, en http://www.semana.com/nacion/articulo/el-triste-aniversario-quema-libros/342756-3

ix[1]. Fernando Báez, “Sin destruir los libros no se gana la guerra”, en La Nación, abril 10 de 2005.
 

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