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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Colombia] Candidatos de las Farc Candidatos de las Farc


El acuerdo es difícil para todos y para las instituciones, pero no podemos perder de vista lo ganado

El tema es tan difícil como importante, y van estas reflexiones para el discernimiento.

Por el acuerdo final, los miembros de las Farc con crímenes de guerra solo pueden ser juzgados por la JEP y pueden participar en política mientras cumplen sentencia. Así entienden el artículo 20 quienes durante siete años, en las delegaciones, trabajaron sin descanso por la paz en La Habana. Por eso, las Farc presentan candidatos.
El mismo acuerdo, para honrar el plebiscito, subordina la reglamentación de la JEP al Congreso y la condiciona al control de la Corte Constitucional. La Fiscalía y la Procuraduría enriquecen esa complejidad. La JEP debe aprobarse, pero el sentir institucional predominante es que ir a elecciones antes de pagar sentencia no es aceptable.

Dejando de lado argumentos no creíbles de los políticos en campaña, muchos pensamos que la paz es el bien supremo al que deben adaptarse leyes más por respeto a las víctimas, la solidez del proceso y la misma credibilidad de las Farc; los responsables de todos los lados deberían pasar por la verdad y la sentencia de la JEP antes de ir a elecciones.

Pero están de por medio la grave violación de lo acordado y la seguridad del país. Las Farc, como los rebeldes del mundo que negocian, firmaron un acuerdo político para hacer política. Nosotros no estuvimos de acuerdo con su guerra, pero la suya fue rebeldía política contra el Estado, al que consideraban enemigo del pueblo, con una moral de morir si fuese necesario con tal de que el enemigo muriera. Por ideología del fin que justifica los medios, legitimaron financiarse con coca, extorsionar, secuestrar y eliminar a los detenidos si les era conducente al objetivo; y juzgaron heroico emboscar, vencer y matar a paramilitares, soldados y policías; así como destruir torres y puentes y aliados del enemigo. Estaban al ataque. No como el mafioso que huye del combate y paga paramilitares para que el Gobierno le sea favorable.
Las Farc aceptaron la legitimidad del Estado y dejaron las armas para buscar el poder dentro de la democracia.
Las Farc fueron el ojo del huracán de la inseguridad. Hacían presencia armada en la mitad del país rural y tenían milicianos en todas las ciudades. Sometían a las comunidades e imponían condiciones a mandatarios locales. Destruyeron iniciativas industriales y agroindustriales, expulsaron capitales nacionales y alejaron inversiones externas. Reclutaban menores y tenían hijos guerrilleros. Cuando eran más fuertes, golpearon duro a las Fuerzas Armadas del Estado, y tenían diplomacia internacional de apoyo.

Disminuidos a cerca de nueve mil en armas y por lo menos el doble en militancia, no estaban terminados, y por la experiencia estaban atentos a volver a crecer, si surgían condiciones internas y externas propicias. Enfrentar a las Farc exigió un esfuerzo fiscal inmenso, ayuda militar externa y recortes del gasto social y el desarrollo. El conflicto armado dejó 8 millones de víctimas, miles de civiles asesinados y jóvenes combatientes de los dos bandos que morían a diario o quedaban cojos, mancos o ciegos. El Ejército y la Policía, atacados y concentrados en la guerra contra ellos, no alcanzaban a estar en el resto de la nación y por eso se multiplicaron violencias incontrolables. 

El día del acuerdo, las Farc cambiaron radicalmente. Aceptaron la legitimidad del Estado y dejaron las armas para buscar el poder dentro de la democracia. Aunque el acuerdo es difícil para todos y arduo para las instituciones, no podemos perder de vista lo ganado.

Esta es la guerra que terminó gracias al serio proceso de La Habana. No sé si la Corte Constitucional y el Congreso de Pilatos, que se lavan las manos, se han dado cuenta de esto. Cuando toda decisión debería partir del criterio de proteger responsablemente la seguridad lograda y la estabilidad de esta paz imperfecta alcanzada después de medio siglo de horror.

FRANCISCO DE ROUX

Llegó la hora de Paz Colombia - James McGovern


 
10 de octubre 2017 , 
El congresista demócrata James McGovern relata lo que halló en una antigua zona de desarme de Farc.

A finales de agosto, en mi décimo viaje a Colombia, logré comprobar de primera mano muchos de los desafíos que enfrenta la implementación del acuerdo de paz en Colombia. Firmar un acuerdo con las Farc después de más de 50 años de conflicto es un logro increíble.
Para muchas de las personas que conocí durante mi viaje al norte del Cauca, los acuerdos representan una oportunidad para construir la paz desde cero y abordar las causas subyacentes del conflicto. Escucharlos hablar de las oportunidades que presenta el desarme de las Farc me recordó la energía y el optimismo que vi en Centroamérica hace 25 años.

Lamentablemente, hoy Centroamérica es la parte más violenta del mundo que no se encuentra en una guerra. Esta vez, en Colombia, necesitamos asegurar que las armas sean silenciadas por siempre y que los cambios prometidos en materia de derechos humanos, sociales y económicos se cumplan. Pasar del papel a la práctica es clave para consolidar la paz.

Durante nuestro movido viaje hacia las montañas del Cauca, vi un paisaje hermoso, remoto y difícil. Mi grupo estaba acompañado por la Guardia Indígena y la Guardia Cimarrona. Con sus bastones y walkie-talkies, garantizaron nuestra seguridad mientras pasábamos por inolvidables puntos de referencia asociados con la masacre del Naya y el trágico colapso de una mina de oro ilegal en San Antonio.

También, unido a nuestra delegación, estaba un grupo de activistas de movimientos sociales y líderes comunitarios de la Comisión Étnica parar la Paz y la Defensa de los Derechos Territoriales. Muchos de los peligros que amenazan su bienestar provienen de foráneos que quieren ejercer control y extraer riqueza de sus territorios.

Estos líderes sociales ven el capítulo étnico de los acuerdos de paz como una salvaguardia contra la desposesión y el exterminio de comunidades negras e indígenas. Su inclusión en los acuerdos es un compromiso por y para el pueblo de Colombia que debe ser honrado.
A unas cinco horas de distancia de Cali, nuestro autobús navegó a través de la antigua zona veredal transitoria de normalización de las Farc en Buenos Aires, sin ser inspeccionado ni detenido en ninguna parte cercana al campo de desarme.

Había anticipado que el Estado se dedicara más a garantizar la seguridad y el bienestar de los excombatientes a la luz de los recientes asesinatos de exguerrilleros de las Farc, y me sorprendió que no pareciera ser así.

En el interior de la zona veredal encontramos estructuras de viviendas medio construidas, un sistema de alcantarillado antihigiénico y suministro de agua precario. 
De acuerdo con un guerrillero desmovilizado con quien hablamos, muchos de sus compañeros habían abandonado el campamento debido a que los proyectos de formación y desarrollo económico prometidos aún no estaban disponibles.
Exguerrilleros, aburridos
Basado en nuestra corta estadía en el escaso campamento, sospecho que probablemente estaban aburridos, también. Los políticos, periodistas y analistas colombianos han reconocido que las Farc han cumplido en gran medida sus compromisos, hasta la fecha, sobre la implementación de los acuerdos de paz.

Creo que está claro que Colombia, Estados Unidos y la comunidad internacional deben trabajar juntos para asegurarse de que este momento para construir y consolidar la paz no se pierda ante el aburrimiento, la falta de oportunidad o las amenazas.

De regreso por la montaña obtuvimos un vistazo a los cultivos ilegales que están haciendo que algunos de mis colegas en el Congreso de EE. UU. estén cuestionando el éxito del Plan Colombia. No están equivocados al hacerlo, aunque a veces no estoy de acuerdo con su lógica.

Oí varias veces sobre colonos cultivadores de coca que provienen de lugares conocidos –Putumayo, Caquetá y Nariño– durante mi viaje al norte del Cauca. Muchos de esos cocaleros eran los que Estados Unidos habían ayudado a fumigar como parte del Plan Colombia. Así que, simplemente, recogieron y se mudaron a cultivar coca en otra parte del país.

Gastamos 10.000 millones de dólares en una estrategia militar de lucha contra estupefacientes que no funcionó. Lo que proponen los acuerdos de paz es proporcionar a las personas oportunidades reales de desarrollo económico alternativo y local.
Colombia, EE. UU. y la comunidad internacional deben trabajar para asegurarse de que este momento para consolidar la paz no se pierda ante el aburrimiento, la falta de oportunidad o las amenazas
Las comunidades negras, indígenas y campesinas que conocimos reiteraron su deseo de sustituir la coca por las economías alternativas una y otra vez. Su tremenda disposición tiene que ser igualada por la nuestra para hacer viables la sustitución voluntaria de cultivos y el desarrollo económico.

Estas comunidades tienen propuestas muy específicas, a menudo modestas, y bien pensadas. Lo que necesitan es un Estado dispuesto a escucharlas y ayudarlas a avanzar. Hasta ahora, solo han recibido silencio y abandono, que solo continúa dejando al norte del Cauca abierto al control de actores despiadados e ilegales.

Los desafíos se mantienen claramente. Continúo meditando un comentario del exministro del Interior Juan Fernando Cristo: “Si no implementamos los acuerdos de paz en el norte del Cauca, fallaremos en todas partes”.

Ahora es el momento de avanzar en la implementación. Las comunidades que visité –como los colombianos de tantas otras áreas de conflicto– entienden la importancia de construir la paz porque vivieron la guerra. Yo estoy con ellos.

JAMES MCGOVERN
Especial para EL TIEMPO

La marcha de los corruptos

De la guerra han nutrido sus fortunas durante años sin cuenta. ¿Cómo van a querer que se acabe?
 
24 de marzo 2017 , 12:00 a.m.
Este jueves, como lo recuerda en este diario una crónica, excelente y conmovedora, se cumplieron veinte años de la constitución de los habitantes de San José de Apartadó en Comunidad de Paz, modelo para un programa semejante en aquellas regiones vapuleadas por la violencia y la guerra interminable que para entonces había rebasado ya el medio siglo, si la contamos desde 1946, o los treinta y cuatro años a partir de la insurgencia de las Farc en 1964.

La iniciativa de las comunidades de paz fue auspiciada por la embajada de Francia, y la ceremonia tuvo lugar aquel 23 de marzo de 1967 en su sede diplomática.
El embajador de Francia, esa noche, y el editorial de EL TIEMPO, el día subsiguiente, celebraron la decisión de los habitantes de San José de Apartadó como el advenimiento de una nueva era venturosa para un país que se estaba desangrando en una guerra inverosímil, en una guerra de las más criminales, bárbaras y cobardes que registre la historia moderna. Una guerra en la que el noventa por ciento de los caídos eran campesinos trabajadores indefensos, sus mujeres, sus niños, masacrados por la espalda, asoladas sus viviendas, obligados a huir de sus terruños y a presenciar impotentes la matanza perpetrada, con absoluta impunidad, por una serie de asesinos, cobijados como ‘autodefensas’ y financiados por terratenientes, ganaderos y otros bichos similares, en nombre de la ‘lucha contra la subversión’.

Las esperanzas, quizá apresuradas, puestas en el éxito inmediato de las comunidades de paz, y en su piloto de San José de Apartadó, tuvieron pronto una respuesta drástica de quienes no estaban dispuestos a tolerar que la paz viniera a estorbarles sus planes de apoderarse a sangre y fuego de las tierras de los campesinos, en uno de los actos más monstruosos de despojo colectivo jamás vistos antes en ninguna parte. No en balde, Colombia ha sido expuesta en muchos foros internacionales como un caso vergonzoso para la raza humana. Los futuros historiadores, al repasar las páginas de los periódicos, al revisar los documentos pertinentes en los archivos públicos y privados, que hoy no se atreven a dar la cara, no podrán escribir esos episodios de nuestro conflicto sin sentir constantes escalofríos de horror.
Todos estamos en la obligación de mirar hacia San José de Apartadó para seguir su ejemplo heroico en la defensa de la paz.
Pero los despojadores criminales, y su grupo de asesinos a sueldo, no intuyeron que los habitantes de San José de Apartadó, Comunidad de Paz, estaban resueltos a resistir pacíficamente las atrocidades de sus verdugos, como lo habían aprendido del modelo de Gandhi, de quien resultaron discípulos indomables. Y han resistido veinte años el acoso canallesco e incesante de las autodefensas mafiosas (véase la citada crónica de EL TIEMPO, 23 de marzo, 2017), a veces de la guerrilla insurgente (aunque pocas, por fortuna) y hoy desmovilizada, y señalan también la complicidad de Fuerzas Militares y de Policía. Nada de eso ha podido doblegar a la Comunidad de paz de San José de Apartadó, que ha debido ser la ganadora del premio Nobel de Paz. O debería serlo en el futuro.

Y todos estamos en la obligación de mirar hacia San José de Apartadó para seguir su ejemplo heroico en la defensa de la paz, ahora amenazada por los mismos corruptos que han querido acorralar a los habitantes de San José y quebrarles, castigarles, su inquebrantable voluntad de resistir la violencia y el terrorismo con la actitud pacífica de los seres buenos, honrados y decentes.

“El país está viviendo un momento muy peligroso, la paz con tanto trabajo lograda en los acuerdos de La Habana se encuentra al borde del abismo”, dijo una de las militantes ambientalistas que intervinieron en el homenaje del miércoles pasado, Día Mundial del Agua, al recientemente fallecido Rafael Colmenares, ideólogo del ambientalismo como derecho y deber de los ciudadanos. Yo agregaré a esas palabras apocalípticas, para nada exageradas, que si la paz rueda al abismo, nos arrastrará a todos con ella.

Para el próximo primero de abril, han propuesto una marcha, dizque contra la corrupción, los más corruptos de los corruptos. Los que no han cejado en su empeño de acabar con la paz a como dé lugar, porque la guerra, y no la paz, es su negocio. De la guerra han nutrido sus fortunas durante años sin cuenta. ¿Cómo van a querer que se acabe?

Son los mismos que nos han alimentado la guerra, que jamás han protestado por el asesinato de los líderes sociales, ni reclamado por los derechos de los trabajadores ni dado la menor importancia al fortalecimiento de la vida democrática. Para qué, si se sienten los dueños del país y de las vidas de sus ciudadanos.

Esos son los corruptos, los corruptores y los corrompidos, que invitan, cínicos, a marchar contra la corrupción el próximo primero de abril. Tal vez muchos ciudadanos desinformados, que no son corruptos ni mucho menos, que sin duda están bien intencionados, asistan a esa marcha del mismo modo que tantos votaron por el No en el plebiscito movidos por la propaganda engañosa de sus promotores. Son ciudadanos honrados que les hacen el juego a los corruptos, convencidos ingenuamente de que por el camino del infierno van a llegar al cielo.

No me cansaré de aconsejarles que miren, una y otra vez, el ejemplo grandioso de la Comunidad de Paz de San José Apartadó. Que si han de marchar, lo hagan a favor de la resistencia civil contra los enemigos de la paz, contra los corruptos que, a punta de engaños habilidosos (el demonio es el más astuto y triunfador de los tramposos), quieren reconducirnos a la guerra. La marcha del 1.° de abril es la marcha de los corruptos.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

En Guaviare, primer bombardeo contra disidencias de Farc

 
11 de marzo 2017 , 12:30 a.m.
Los disidentes del frente primero, encabezados por alias Iván Mordisco, fueron atacados por aviones de la Fuerza Aérea y tropas que avanzaron por tierra. Fue la primera operación de este tipo desde el pasado 9 de diciembre, cuando fue bombardeado un campamento del Eln en el sur de Bolívar. Allí murió ‘Gonzalo’, jefe del frente ‘Solano Sepúlveda’.
Tras la concentración de las Farc en la zona veredal transitoria de Charras, de cara al proceso de desmovilización, Inteligencia de la Policía consolidó una operación que había empezado desde hace cuatro meses hacia la zona donde se mueven ‘Mordisco’ y sus hombres.

Se trata de una disidencia que, hasta ahora, no tiene más de 50 hombres y había anunciado desde agosto del año pasado su decisión de marginarse de las negociaciones de paz.
(Le puede interesar: Farc dicen que cinco de sus jefes en Guaviare están en disidencia)

Los comandos ubicaron el campamento en plena maraña. Allí había también un taller artesanal de explosivos.

“Con la información recopilada se organizó desde el Comando de las Fuerzas Militares una operación que involucra a todas las fuerzas para enfrentar la red criminal”, le dijo a EL TIEMPO una fuente que participó en la ofensiva.

Y agregó: “Se utilizó la fuerza del Estado a través de una operación de bombardeo que cumplió con todos los protocolos de seguridad, arrojando sobre el área una bomba de bajo poder. Todo ocurrió en una zona muy alejada de la población civil”.

La acción se concretó la madrugada del jueves y, en tierra, Fuerzas Especiales del Ejército llegaron al campamento, que estaba abandonado. “El lugar fue inspeccionado y se encontraron víveres para 20 personas. Pero lo que más llamó la atención fue una especie de aula, donde se ubicaron documentos con los que ‘Iván Mordisco’, uno de los jefes del grupo, estaba adoctrinando a sus hombres contra el proceso de paz, y lo que él consideraba no era beneficio para la guerrilla”, señaló la fuente.

(Además: Incautado primer cargamento de cocaína a disidencia de las Farc)

Voceros oficiales indicaron que con la operación se afecta el corredor de movilidad que usaba ‘Mordisco’ para el traslado de cocaína a través de los ríos que corren hacia Brasil y Venezuela.

Las Fuerzas Especiales destruyeron de manera controlada 149 artefactos explosivos rudimentarios que se encontraban listos para su activación.

Las autoridades indicaron que la ofensiva se mantendrá en El Guaviare y que el objetivo es llegar hasta ‘Gentil Duarte’, máxima cabeza de la disidencia en esa zona del país. ‘Duarte’ estuvo en la mesa de negociación de La Habana y asistió a la décima Conferencia de las Farc, en la que se ratificaron los acuerdos de paz, pero terminó a la cabeza de los rebeldes contra el proceso de paz.

(Lea también: Campesinos del Caquetá sufren con presencia de disidentes de las Farc)

El bombardeo marca la entrada de las disidencias en la misma categoría de ‘grupos armados organizados’ que pueden ser atacados con la máxima capacidad de fuego del Estado, que son los bombardeos.

En ese mismo nivel están bandas criminales como el ‘clan Úsuga’, ‘los Puntilleros’ y ‘los Pelusos’, dedicados al narcotráfico y la explotación de otras rentas ilegales como la minería ilegal, y el Eln. Para los disidentes se cerró toda posibilidad de acogerse a los beneficios del proceso de paz, y, en caso de pretender una entrega, solo pueden aspirar a rebajas de pena por sometimiento a la justicia.

JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

'En todo proceso de paz, la implementación es crítica'

El Tiempo.
Børge Brende, ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, país que junto con Cuba fue garante en el proceso de paz con las Farc y que fue clave para que saliera adelante, dijo que así como Noruega estuvo durante la negociación, estará en la implementación de los acuerdos.
La semana pasada, Brende estuvo en Vista Hermosa (Meta), visitando una de las zonas donde están concentradas las Farc para su desmovilización, y se declaró “conmovido” con el trabajo de los guerrilleros para reincorporarse a la vida civil. Resaltó la “valentía” del Gobierno colombiano y de las Farc para llegar a una salida negociada del conflicto.

¿Qué impresión se llevó de la visita a la zona de veredal?
Fue muy conmovedor, me generó una gran impresión ver que estas zonas ya se están estableciendo. Allí me reuní con un exsoldado de la guerrilla de unos 23 años, que llevaba 8 años en las Farc y estaba muy dispuesto a dejar las armas. Me dijo que quería estudiar arquitectura. Ver a ese muchacho todavía en su uniforme y pensando seriamente en reintegrarse a la sociedad colombiana es uno de los dividendos de la paz.
¿Noruega continuará su apoyo a Colombia en el posconflicto?
Estuvimos durante el proceso de paz y estaremos presentes durante la implementación del acuerdo. Noruega hace parte de la Comisión de Seguimiento, somos uno de los mayores donantes en Colombia para todo el proceso de desminado, en el que podemos darles trabajo a antiguos guerrilleros que se estén reintegrando. Un proyecto va a incluir a 800 o 900 personas para limpiar áreas que fueron afectadas por estas minas antipersonas.
¿En qué otras áreas están apoyando?
Vamos a tener un programa de educación, de la mano con el Consejo Noruego para Refugiados; va a ir a las zonas y a las veredas, a lanzar iniciativas de educación. También estamos muy enfocados en detener la deforestación. Hay otro programa, de 200 millones de dólares, para eso. Estos son solo algunos de los ejemplos de programas que vamos a apoyar.
¿Qué cree que faltó en el proceso con las Farc?
Siento mucho respeto por el Gobierno colombiano, por el presidente Juan Manuel Santos y su equipo, y también por las Farc, por Timochenko e Iván Márquez, porque se requiere de mucha valentía acordar algo como la paz. Pero también es muy fácil olvidarse del costo del conflicto armado cuando las cosas van en la dirección correcta. Hay desafíos, nunca ha habido un proceso de paz en el que la fase de implementación no haya sido critica. Estamos en un punto crítico, y se requiere de un buen liderazgo para asegurarse de que la seguridad se fortalezca. Es importante avanzar en las amnistías, la integración socioeconómica, el trabajo. Asegurarse de que las zonas veredales funcionen, pero también de que cuando las Farc se vayan de las zonas haya oportunidades de trabajo para ellos. Ahí, nosotros vamos a estar presentes.
¿Qué otros desafíos vienen en el proceso de implementación?
Debemos estar muy vigilantes para que no haya deserciones de la Farc, abordar los asesinatos de líderes sociales y asegurarnos de que se mantenga la ley y de que no entren otros grupos a las zonas que dejan las Farc.
Usted se reunió con Iván Márquez esta semana ¿Qué le dijo él?
Él está muy comprometido con el proceso de paz. Está visitando la mayor parte de las zonas, animando a los grupos a cumplir con los acuerdos. Esto es fundamental para que no haya deserciones en las Farc, y es muy importante que las zonas (veredales) estén funcionales.
¿Qué pensó usted cuando gano el ‘no’ en el plebiscito?
Esperaba que hubiera una salida de ese impase, porque muy pocos colombianos participaron en el plebiscito. Menos del 40 por ciento fueron a las urnas; sentí que había una mayoría silenciosa que sí quería la paz y que era necesario hacer ajustes para asegurarse de que hubiera legitimidad entre los colombianos, para que pasara en el Congreso. Nunca sentí que era el final, sino un camino más largo, un desvío.
¿Qué recomendaciones puede hacer frente a la negociación con el Eln?
Si logramos una implementación exitosa del acuerdo de paz con las Farc, hay una oportunidad maravillosa para solucionar el conflicto armado con el Eln. Tenemos una enviada especial en Quito (Ecuador) que lleva ya varias semanas, y podemos decir que ese proceso está yendo dos pasos hacia adelante y uno hacía atrás, pero esa también fue la realidad durante muchos años en las negociaciones con las Farc.
¿Noruega continuará el apoyo a la negociación con el Eln?
Sí. Hemos visto mucha valentía en este país, no solamente de parte del presidente Santos, sino de las Fuerzas Armadas, de Naciones Unidas en este momento en la implementación, y también de las Farc.
Debemos confiar en la disposición, tanto del Gobierno como del Eln; confiar en que demuestren la misma valentía.
UNIDAD DE PAZ

Por qué la revocatoria del alcalde de Bogotá


Dudo mucho que se les pueda achacar a las opiniones del exalcalde Gustavo Petro y de sus seguidores la culpa de que, al concluir su primer año de gestión, la favorabilidad de la administración Peñalosa haya caído al 14 %.
 | 5 de enero de 2017
Cuatro grupos de ciudadanos han iniciado ante la Registraduría Distrital las gestiones para adelantar la recolección de firmas (279.000 en cifras redondas, como mínimo) que permitan convocar a un referendo revocatorio del mandato del alcalde mayor de la capital, Enrique Peñalosa Londoño. De inmediato, los amigos del alcalde, que por supuesto están en su derecho de defenderlo, han iniciado la trivialización de la revocatoria, reduciendo el carácter de la iniciativa a una pugna personal entre exalcalde y alcalde. Así, los partidarios del alcalde Peñalosa atribuyen al exalcalde Petro la inspiración del movimiento revocatorio.
Aunque el alcalde Peñalosa ha declarado que su baja popularidad obedece “a la guerra que me están haciendo los opositores (léase petristas) en las redes sociales”, dudo mucho que se les pueda achacar a las opiniones del exalcalde Gustavo Petro y de sus seguidores la culpa de que, al concluir su primer año de gestión, la favorabilidad de la administración Peñalosa haya caído al 14 %, que lo ubica como el peor alcalde del país, de acuerdo con las encuestas a nivel local y nacional. A nadie le descomponen la imagen a ese grado por lo que se diga en las redes sociales, como tampoco se la componen los publirreportajes, el autobombo ni el trato benévolo de los medios. Es la percepción ciudadana acerca del manejo que se le está dando a los asuntos de la urbe lo que marca en el medidor de popularidad o impopularidad del gobernante.

Mi querido amigo Víctor Manuel Ruiz pregunta desconcertado en su columna de este diario (4 de enero del 2017) “cuál será la argumentación concisa, puntual, legalmente sustentada e irrefutablemente probada, de las razones en que fundamentan el pedido revocatorio de un funcionario que a ojos vistas está haciendo bien su tarea”. Se le puede responder que “a ojos vistas” vemos un descontento general con la tarea que el alcalde Peñalosa no está haciendo nada bien y que ha suscitado un movimiento cívico para promover su revocatoria.
El primer argumento en tal sentido es la obstinada manía peñalosista de engañar y mentirles a los bogotanos. En su exitosa campaña electoral de 1997 prometió que sería recordado como el alcalde que hizo el metro de Bogotá (la primera línea, se entiende), pero a la hora de la verdad metió gato por liebre y en vez de metro zampó el TransMilenio por una vía que no era la adecuada para ese tipo de transporte. Les hizo creer a los bogotanos que su gestión en la alcaldía se tenía en el mundo como un paradigma de buena administración y que TransMilenio resolvería para siempre el problema de movilidad en Bogotá. Nada de eso resultó cierto. TransMilenio por la Caracas ha sido un desastre. Si Víctor Manuel se da un paseo por esa troncal, bien sea en los buses o en automóvil por las paralelas, podrá comprobar que las calzadas de TransMilenio se encuentran cuasi colapsadas, y que su reparación eficaz tendrá un costo que asusta. Aparte del que ya han tenido y seguirán teniendo las encantadoras losas de relleno fluido.
En la lujosa revista de autopromoción que publicó con el título de ‘Bogotá, lista para la gran transformación’ se dedica un capítulo al metro elevado que comenzará a construirse (¿será?) en el 2018. Y se gasta una página ilustrada en mostrar cómo el metro elevado existe en las principales ciudades del mundo (París, Dubái, Santiago, Berlín, Nueva York, Río de Janeiro, etc.), dejando la sensación de que esas ciudades utilizan el metro elevado como componente principal de su sistema masivo de transporte, cuando en la realidad, y en ninguna de ellas, el metro elevado ocupa más del cinco por ciento de las líneas, que son subterráneas en un noventa y cinco por ciento. ¿No hay aquí un modo de engaño? También dice el alcalde Peñalosa: “La diferencia entre este metro y todos los anteriores es que este SÍ se va a hacer”. Eso mismo dijo en 1997. ¿Por qué no lo hizo entonces, que era más barato y contaba con óptimos estudios de factibilidad? Un parrafito que llena de dudas en lo pertinente al metro elevado reza: “La alcaldía de Enrique Peñalosa le metió el acelerador a fondo. Y si todo marcha como está previsto, el metro comenzará a construirse en 2018 y entrará en funcionamiento en 2022”. ¿Y si todo no marcha como está previsto, nos contentaremos con el TransMilenio? Por otra parte, cuatro años para construir una modesta línea de metro elevado, cuando en Panamá, en los mismos cuatro años, hicieron dos líneas de metro subterráneo, nos susurran que, en algún momento, no todo le saldrá al metro elevado como está previsto.
El segundo argumento para promover la revocatoria es el de que en su exitosa campaña electoral del 2015, Peñalosa aseguró que haría el metro subterráneo de Bogotá, y nunca dijo que pensara hacerlo elevado, vender la ETB, feriar las acciones de la EEB, urbanizar la reserva ecológica Van der Hammen y construir una troncal en la carrera 7.a.
Muchos ciudadanos pensamos que el metro elevado, suponiendo que se haga, será una obra costosa e inútil. No contribuirá a la mínima solución de los problemas de movilidad de pasajeros en Bogotá, dañará el paisaje urbano y desvalorizará los terrenos por donde pase, como sucedió con las propiedades que están a lado y lado del TransMilenio en la Caracas. Pensamos que convertir la carrera 7.a en una troncal de TransMilenio replicará por cien el desastre de la Caracas y provocará un caos inimaginable. No entendemos por qué se desistió de la indispensable troncal de la avenida 68 para optar por la innecesaria y dañina troncal por la 7.a.
Creemos que urbanizar la reserva ecológica Van der Hammen arruinará uno de los pulmones que le quedan a Bogotá. El argumento insensato de que no hay tal reserva sino un potrero sin árboles, precisamente debe determinar el siguiente paso: llenar de árboles la reserva y crear las condiciones para convertirla en un parque ecológico monumental, único en América.
Tenemos además la convicción, sustentada en los estudios ya realizados en años anteriores, y aprobados por las instancias técnicas y económicas, más la experiencia asentada en las grandes capitales, de que el metro subterráneo es la solución real para el problema de movilidad masiva de pasajeros en Bogotá. Sostenemos finalmente que vender los bienes de la ciudad es el peor negocio para nuestra capital. Como decía el presidente Eustorgio Salgar (1870-1872), “el que vende sus bienes se empobrece”.
No puedo, en una columna de prensa, exponer esos argumentos con la amplitud que razonablemente exige mi amigo Víctor Manuel. Supongo que en el curso del proceso habrá los debates necesarios, e intensos, en los que los promotores y los contradictores de la revocatoria expondrán cada uno ‘in extenso’ sus motivos, con tanta claridad que les permita a los ciudadanos tomar una decisión justa en el momento de decir sí o no a la remoción del alcalde Enrique Peñalosa. Siempre pensando en qué es lo mejor para Bogotá y para los bogotanos, y no en rivalidades infantiles ni en tontos personalismos.

Enrique Santos Molano
 

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