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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Colombia] Por qué el Estado colombiano ataca a las comunidades como la de Tumaco?

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.

El ataque de la Fuerza Pública contra las comunidades de Tumaco,  que produjo 7 asesinados –ejecutados- y la movilización subsecuente de las comunidades de Tumaco –que hoy desembocan en el Paro Nacional Indefinidos-, tiene su razón de ser.

No es que el gobierno de los Estados Unidos estén preocupados por el aumento del consumo de cocaína y heroína en las calles de sus ciudades, sino que tras toda esa mampara hay un objetivo último. Pero veamos la excusa que esgrimen.

Dice el Sergio Gómez Maseri en el diario El Tiempo de Bogotá que ”la Universidad de Columbia, en Nueva York, sostiene que en EE. UU., el consumo de heroína (un opioide semisintético que se produce de las plantas de amapola), se quintuplicó en solo una década: de por menos 0,3 por ciento de casos entre la población en el 2001 pasó al 2 por ciento de consumidores en el 2013” (Ver: http://www.eltiempo.com/mundo/eeuu-y-canada/aumenta-consumo-de-drogas-opioides-en-estados-unidos-102418 ).

Nos continúa diciendo Gómez Maseri que “El segundo reporte, de la Agencia Federal para la Investigación y Calidad de la Salud, documentó un aumento del 99 por ciento entre el 2005 y el 2014 de pacientes que ingresaron a las salas de emergencias por abuso de opioides. Según este estudio, tan solo en el 2014, más de un millón de personas fueron atendidas en hospitales del país por síntomas de sobredosis.

…Ambos reportes, sin embargo, serían solo la punta del iceberg. De acuerdo con el Centro para el Control de las Enfermedades (CDC), en el 2015, las muertes por abuso de drogas en el país sumaron unas 52.000 personas en el 2015, y, según datos preliminares, se estima que esa cifra fue de 59.000 en el 2016. Dos tercios de estas muertes están relacionadas con el consumo de opioides sintéticos y semisintéticos, más que las causadas por armas de fuego (unas 33.000 en el mismo periodo) y casi las mismas ocasionadas por accidentes de tránsito (unas 40.000). 

En total, entre 1999 y 2015 han perecido más de 560.000 personas por el abuso de esas sustancias. Algo solo comparable con todos los decesos atribuidos al sida desde que apareció en la década de los ochenta!.

“Esta crisis se está robando las vidas de más de 50.000 estadounidenses todos los años. Eso es casi la misma cantidad de gente que perdimos en la guerra de Vietnam.Y, lo más grave es que la situación está empeorando”, le dijo a EL TIEMPO Rafael Lemaitre, quien trabajó durante muchos años en la Oficina del Zar Antidrogas de Estados Unidos (ONDCP)”.

Mas eso no es lo que preocupa a los funcionarios de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia.

Lo preocupante para ellos es que ya están viendo que resultado de la firma del Acuerdo Final para una paz estable y duradera las comunidades están reconstruyendo su tejido social, destrozado por años y años de Terrorismo de Estado con el objetivo de poder implantar el neoliberalismo con todas sus secuelas.

Primero vino la andanada mediática cuando los agentes periodísticos “descubren” que comandantes de la guerrilla de las FARC-EP se habían transformado en líderes de las comunidades en donde estaban asentadas sus Zonas Veredales. Fue el caso de Romaña, quien fue mostrado como el ejemplo de un comandante militar transformado en un líder político que había organizado Tumaco. Ese fue el detonante del envío de las fuerzas represivas estatales. No podían permitir la revitalización del accionar de los campesinos e indígenas.

La alerta periodística fue seguida del envío de la Fuerza Pública –policía antinarcóticos- para, ante las manifestaciones de los campesinos que siembran matas de coca ya que es el único producto ideal según la óptica neoliberal (ayuda para la siembra, recolección y compra final del product en la zona de producción) porque los policías antinarcóticos llegaban a realizar la erradicación forzosa de sus cultivos en contra de lo acordado en el Acuerdo Final de Paz entre las FARC-EP y el gobierno colombiano.

No es que a las autoridades les preocupe el aumento del consumo en los Estados Unidos. No. Lo que les preocupa es que las comunidades se estén organizando y lo estén haciendo nucleados alrededor del Acuerdo de Paz. Les preocupa que el Acuerdo de Paz sirva de herramienta de las comunidades para adelantar la lucha por sus reivindicaciones más sentidas.

Ahí desde luego, juega la lucha por la territorialidad y la lucha por la tierra, eje central de la política de despojo y desplazamiento forzoso adelantado por el Estado, en favor de los terratenientes y ganaderos.

Mas el tiro les salió por la culata. Los 7 asesinados se convirtieron en los 7 mártires que jalonan la realización de un Paro Nacional Indefinido que está movilizando las masas de campesinos e indígenas, entre cuyas reivindicaciones están el cumplimiento del Acuerdo de Paz y el cumplimiento de los compromisos firmados por el gobierno Santos en las anteriores movilizaciones campesinas e indígenas.

El Acuerdo de Paz se convierte en el motor de las movilizaciones populares. De esta manera, la Paz continúa su paso firme en la construcción de una nueva institucionalidad que tendrá que tener en cuenta la territorialidad, hacia un país en paz con justicia social. Y ello es intolerable para los gobiernos de Estados Unidos y Colombia.

https://www.facebook.com/PostalesDeEstocolmo/posts/1491065370985370 

La epidemia estadounidense del uso de opioides está vinculada a la pérdida de empleos

  
Canadá y Estados Unidos atraviesan en este momento una crisis sanitaria debido a la generalización del uso de opioides, sustancias sicotrópicas utilizadas con fines médicos que tienen efectos similares a los del opio –aunque no se producen obligatoriamente a partir de esa sustancia. Al menos una tercera parte de la población estadounidense sufre dolores crónicos, lo cual llevó a los médicos a prescribir el uso de opioides 289 millones de veces en 2016.
Los medicamentos opiáceos son más caros que la heroína que se vende en el mercado negro y no existe ningún estimado fidedigno sobre la cantidad de pacientes que se han convertido en personas dependientes de los opioides.
Según el Departamento de Salud, 12,5 millones de estadounidenses abusaban del uso de opioides en 2015 y más de 33 000 murieron a causa de ello. En aquel año, esa crisis de salud pública costó al país 78 500 millones de dólares.
En 2016, el número de fallecimientos por sobredosis de medicamentos opioides o de opioides ilegales en Estados Unidos fue casi equivalente a la cantidad de muertos en accidentes de tránsito y netamente superior al número de personas muertas en atentados terroristas en todo el mundo.
El 10 de agosto de 2017, el presidente Trump incluso declaró «urgencia nacional» la epidemia del uso de opioides en Estados Unidos.
Un estudio del profesor Alan B. Krueger, de la universidad de Princeton reveló la existencia de un estrecho vínculo entre la epidemia del uso de opioides y el derrumbe del mercado laboral.
Una investigación realizada condado por condado muestra que la mitad de los hombres desempleados de 25 a 54 años enferman rápidamente, con lo cual ya no son ni siquiera capaces de trabajar, y se ven obligados a consumir opioides diariamente, situación que no se ha verificado entre las mujeres.
Where Have All the Workers Gone? An Inquiry into the Decline of the U.S. Labor Force Participation Rate, Alan B. Krueger, Brookings Institution, 8 de septiembre de 2017.

EE.UU. "Carnicería americana": EEUU consumido por las drogas

Raúl Zibechi/LaHaine.org
Millones de adictos comenzaron a consumir en la década de los 90, cuando empezaron a sentirse las primeras consecuencias del modelo neoliberal

La crisis sanitaria que emerge en EEUU es apenas la punta del iceberg de problemas mucho más profundos y de carácter estructural. Dos de ellos parecen insoslayables: la hegemonía del capital financiero y la ambición por mantenerse en el primer lugar en el mundo mediante el uso y abuso de su poder militar.

Aunque es un tema bien conocido, la máxima autoridad económica estadounidense, Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal, alertó que la epidemia de muertes por drogas está trastocando el mercado laboral al punto que las industrias no encuentran personal calificado para cubrir vacantes.

Yellen compareció ante el Senado de los EEUU a mediados de julio, donde afirmó que "la industria manufacturera tiene dificultad para dar con aspirantes con la preparación adecuada para desempeñar sus funciones" aunque, paradójicamente, el sector capacitado de la población "no se moviliza porque los salarios son bajos".

La tasa de participación laboral de los estadounidenses se encuentra al mismo nivel que en la década de los 70, hace casi medio siglo, en gran medida por "la adicción de los jóvenes en edad de trabajar a los opiáceos".

La funcionaria encontró tres razones para esa verdadera epidemia, que mata más personas que el pico del sida, alcanzado en 1995. Los jóvenes consumidores no se forman porque abandonan sus estudios. En segundo lugar, el consumo de opiáceos y otras drogas los apartan cada vez más del mercado de trabajo. En tercero, se registra una elevada tasa de suicidios y muertes por sobredosis, en gran medida por depresiones, en regiones que sufren problemas económicos y desocupación.

En 2014 hubo 1,3 millones de personas que necesitaron asistencia médica por consumo de medicamentos con receta y opiáceos, lo que representa el doble que en 2005. En referencia a lo que se considera una epidemia de drogadicción, que castiga especialmente a las personas en un grupo de edad entre los 25 y los 44 años, Yellen dijo que le resulta "extremadamente insólito", porque "EEUU es la única nación avanzada en la que hemos visto algo así".

Un extenso informe de 'The New York Times' del mismo mes sostiene que las muertes por sobredosis son la primera causa de defunciones entre los menores de 50 años, y constata que siguen creciendo a un ritmo infernal: 19% entre 2015 y 2017. En la década de los 80, las muertes por sobredosis de drogas oscilaban entre 6.000 y 7.000 personas por año, trepando diez veces hasta rozar las 60.000 que se estiman para 2017.

Lo más curioso es la percepción que las elites estadounidenses tienen sobre el tema, al que el 'New York Times' considera "una plaga moderna", con la carga de miedos y temores que caen sobre una nación que desde siempre teme repetir las causas de lo que hace dos milenios provocó la "decadencia del Imperio Romano".

"En Ohio, que presentó una demanda la semana pasada acusando a cinco compañías farmacéuticas de fomentar la epidemia de opiáceos, estimamos que las muertes por sobredosis aumentaron en más del 25% en 2016", sostiene el periódico.

La droga más mortífera en este momento, sobre todo en estados donde la desindustrialización hizo estragos como Ohio, es el fentanilo y el carfentanilo, un tranquilizante 5.000 veces más potente que la heroína. Más de dos millones de personas dependen de los opiáceos legales y 95 millones de analgésicos fueron recetados en 2016. En algunos condados, las reuniones de Narcóticos Anónimos están repletas de abogados, contadores y jóvenes profesionales con alto nivel educativo.

Se trata de un país que con el 5% de la población consume el 80% de los opiáceos farmacológicos del mundo. El Gobierno de Donald Trump ha creado una comisión para debatir medidas contra la epidemia de drogadicción, a la que ha definido como un problema del mismo nivel que el crimen y las pandillas, a las que denomina "la carnicería americana".

Los medios, los políticos y el empresariado estadounidense parecen rehuir la relación entre la epidemia de muertes por sobredosis y el modelo económico y social impuesto desde la década de los 80. En el mismo período en que se produjo el crecimiento exponencial del consumo de opiáceos, la riqueza del 1% se elevó hasta niveles inéditos, mientras los ingresos de la clase media blanca se derrumbaron.

Millones de adictos comenzaron por el consumo de tranquilizantes en la década de los 90, cuando empezaron a sentirse las primeras consecuencias del modelo neoliberal. Los opiáceos de prescripción legal son un inmenso negocio para las farmacéuticas. En los últimos 15 años las recetas de estos medicamentos contra el dolor se han triplicado, pero el 75% de los heroinómanos empezó con esos analgésicos.

Se trata de personas con sus vidas y familias destrozadas, ya que al perder sus puestos de trabajo en la vieja industria fordista, reconvertida con la automatización y luego con la robotización de la cuarta revolución industrial, no pudieron reciclarse a los nuevos empleos altamente tecnificados. Nadie los ayudó, en un país individualista donde surgen voces que piden que se deje morir a los drogadictos sin atenderlos, como ya sucede con las autoridades de algunos condados de Ohio.

La crisis sanitaria que emerge en EEUU es apenas la punta del iceberg de problemas mucho más profundos y de carácter estructural. Dos de ellos parecen insoslayables: la hegemonía del capital financiero y la ambición por mantenerse en el primer lugar en el mundo mediante el uso y abuso de su poder militar.

El capital financiero siempre existió, pero sólo se vuelve dominante cuando la economía real, la producción de mercancías, es desplazada por la especulación, signo inequívoco de la decadencia de las naciones. Los propietarios del capital dejan de confiar en inversiones de largo plazo y apuestan por ganancias inmediatas en el casino de la especulación, convirtiendo a las bolsas de valores en parte del mecanismo especulativo.

EEUU muestra varias fracturas que tienden a crecer. Al viejo conflicto social que afecta a la población negra se suma la actual epidemia de opiáceos, que muestra dos nuevas y tremendas fracturas. Por un lado, la que afecta a las clases trabajadoras y profesionales, como consecuencia del modelo neoliberal. En paralelo, aparece la división geográfica entre la Costa Este, decadente, y la Oeste, más próspera y volcada hacia las nuevas tecnologías. Ambas pueden terminar por hundir al mayor imperio de la historia.

Texto completo en: http://www.lahaine.org/carniceria-americana-eeuu-consumido-por

Datos desconocidos de la fumigación con glifosato

Datos desconocidos de la fumigación con glifosatoMauricio Cabrera argumenta en Portafolio que la suspensión del glifosato no es la responsable del aumento del área cultivada de coca: entre 2005 y 2007 se fumigaron 470.000 hectáreas y el área cultivada no solo no disminuyó, sino que aumentó 17.000 hectáreas. En nueve años en que se fumigaron 1,2 millones de hectáreas, el área cultivada solo se redujo en 14.000. Para Cabrera lo que determina el aumento de los cultivos es que el dólar pasó de 1.800 a 3.000 pesos, con lo cual la rentabilidad del negocio aumentó en un 40 por ciento. El columnista agrega que la estrategia de no combatir al campesino sino a los otros eslabones de la cadena ha sido un éxito. En dos años las incautaciones de cocaína crecieron 156 por ciento, al pasar de 147 a 378 toneladas, y el número de laboratorios desmantelados en un año pasó de 2.172 a 4.513.

Extravagantes, toxicómanos y famosos

El alcohol, las drogas y la extravagancia, nada tienen que ver en realidad con el arte o el espectáculo. Creer lo contrario es sencillamente seguir alimentando el mito freudiano.

El mundo del espectáculo y el arte nunca ha estado exento de escándalos, muchos menos cuando hablamos de rock y pop, dos géneros musicales que, por su naturaleza, son escandalosos. No hay duda de que espectáculo y escándalo son como hermanos siameses, imposible de separar. Aún en el amplio panorama de las letras, los escándalos no son excepcionales. Por estos días de reuniones y brindis, un amigo recordaba aquella anécdota en la que Mario Vargas Llosa le tatuó a su colega Gabriel García Márquez un puño en el ojo. Las razones de aquel hecho pertenecen aún a los terrenos de la especulación y el chisme y al supuesto de que García Márquez le hubiera coqueteado a Patricia, la esposa del novelista peruano, durante su larga ausencia de tres meses de la ciudad de Barcelona, donde residían por entonces los futuros Nobel de literatura.
Pero estos señores que deslumbraron el universo de la novela y crearon mundos mágicos no fueron los únicos que abrieron sus puertas a los tabloides amarillistas de Europa y los Estados Unidos y estuvieron bajo la lupa de la justicia. Álvaro Mutis, el premio Cervantes 2001, pasó 15 meses de su existencia en el legendario Palacio de Lecumberri, un centro carcelario ubicado al noreste de Ciudad de México, luego de ser encontrado culpable de apropiarse de dineros de Esso, una empresa en la que laboraba como relacionista público y que pertenecía a la multinacional  Standard Oil.
El polémico y genial y siempre escandaloso William Burroughs pasó gran parte de su vida huyendo de la justicia. Una de las figuras más llamativas de la denominada Generación Beat era considerada por beatas, curas y gran parte del establecimiento moral estadounidense, un degenerado. Al lado de su amigo Jack Kerouac fue testigo del asesinato de otro amigo y no denunciaron el hecho ante las autoridades. Pero Burroughs, que además de drogadicto y alcohólico era una especie de niño grande que le gustaba imitar a sus héroes, en un accidente espantoso, mientras jugaba a ser Guillermo Tell, le voló la cabeza a su esposa con una pistola calibre 45 una noche de juerga en Ciudad de México. Lo mismo podría decirse del legendario Jean Genet, quien desde los 15 años conoció la prisión, acusado de robo, distribuir drogas ilegales y de estafar a sus vecinos.
Las recientes muertes de un gran número de figuras relevantes de la música y el cine han llevado a la prensa a volver sobre el pasado y algunos hechos personales que marcaron sus carreras. CNN, la poderosa cadena internacional de noticias estadounidense, nos recordaba hace poco, con motivo de la reciente muerte de Georgios Kyriacos Panayiotou, nombre de pila del afamado intérprete y compositor británico George Michael, una anécdota que valorizó la prensa amarillista en su momento: la detención del artista por parte de un oficial de la Policía en un parque de Beverly Hills mientras que, al parecer, “realizaba actos obscenos” con un amigo. El hecho fue explotado hasta el cansancio por las cadenas de noticias, tanto que llevaron al cantante a dar amplias explicaciones y exponer el más íntimo de sus secretos: reconocer en público su homosexualidad, que hasta ese momento era solo motivo de especulaciones.
El legendario cantante español Julio Iglesias aseguraba a mediados de los 80 en una entrevista para un tabloide del corazón, que lo importante para un artista era mantenerse activo entre su público, dentro y fuera de los escenarios. “Lo importante es que el público y la prensa siempre hablen. No hay nada más triste para un artista que el silencio de la prensa y de su público”, expresó por entonces el cantante español. Desde este punto de vista, se podría interpretar que cada acción de un hombre del espectáculo es en realidad un acto premeditado que busca los comentarios y mantenerse vigente entre sus seguidores. Nada más falso, por supuesto. En esa recordada entrevista realizada por CNN a George Michael después de aquel incidente de sus “actos obscenos”, el británico admitió: "No me siento avergonzado, me siento estúpido, imprudente y débil por haber expuesto mi sexualidad de esta manera". Y agregó: "Fue una posición extremadamente estúpida y vulnerable".
El siempre escandaloso Truman Capote, el escritor genial y periodista excepcional, nunca negó su homosexualidad. Desde la escritura de sus primeros relatos dejó clara su orientación sexual, dejó claro que era un alcohólico y un drogadicto, dejó claro que su madre era un ser angelical pero que su padre biológico era un hachepé. Dudo mucho que esas declaraciones del creador de la novela de no ficción estuvieran encaminadas a perpetuar sus mitos personales, más allá de liberarse de la presión de una sociedad que no veía, ni ha visto nunca con buenos ojos a los homosexuales. Cuando William Burroughs le voló la cabeza con un disparo a su esposa Joan Vollmer, tampoco buscaba ponerle el cascabel al gato ni estaba pensando en la posteridad de su obra. Fue, sencillamente, un acto extravagante e insensato de un niño grande sumido en el alcohol y la droga que se veía a sí mismo como a un Jim West que le arrancaba de un disparo las alas de un mosquito en pleno vuelo.
El alcohol, las drogas y la extravagancia, nada tienen que ver en realidad con el arte o el espectáculo. Creer lo contrario es sencillamente alimentar el mito que en 1884 apareció de la mano de  Sigmund Freud, quien desde entonces empezó a interesarse por las propiedades de la cocaína y sus efectos en el comportamiento de las personas.

Twitter. @joaquinroblesza
*Docente universitario.

Confesión aterradora

Tomado de Confidenciales, Revista Semana.

La guerra de Estados Unidos contra las drogas tiene su origen en el gobierno de Richard Nixon, y la persona que la ejecutó fue su mano derecha en la Casa Blanca, John Ehrlichman. Este murió hace algunos años, pero la revista Harper’s acaba de publicar una entrevista, hasta ahora desconocida, en la que aclara qué llevó a ese gobierno a declarar esa guerra: “Nixon tenía dos enemigos: la izquierda y los negros… Pero si lográbamos que el público asociara a los ‘hippies’ con la marihuana y a los negros con la heroína, podíamos golpearlos a ambos, arrestando a sus líderes, allanando sus casas y estigmatizándolos en los noticieros. ¿Sabíamos que estábamos mintiendo? Claro que sí”. Esa confesión es bastante impresionante teniendo en cuenta el costo que ha tenido para Colombia la guerra contra las drogas.

FARC-EP: La guerra no es como la pintan ellos

La violencia oficial siempre generará la lucha, así que para alcanzar la paz es requisito esencial poner fin a ella. Sólo así podrá conseguirse terminar con el conflicto. 


Es abrumadora la cantidad de información divulgada por los medios en torno a los golpes que las fuerzas militares colombianas, guiadas por los asesores norteamericanos, propinan continuamente a distintas unidades guerrilleras, particularmente a las FARC, en desarrollo del conflicto armado interno. El Presidente Santos se ha dado a la tarea de notificar él mismo, con inocultable satisfacción personal,  los éxitos de sus tropas, advirtiendo cada vez que la ofensiva decretada no va a detenerse, sino que antes bien, será profundizada y extendida, descartando por completo cualquier posibilidad de un cese el fuego bilateral, al que considera altamente inconveniente.

Se hace evidente así la intención gubernamental de presentar a la opinión nacional y mundial una guerrilla asediada y derrotada, a la que con todo derecho se cobrará en la Mesa su incapacidad militar y política, negando de plano sus aspiraciones e imponiendo las condiciones de rendición ampliamente promocionadas desde el anuncio mismo de las conversaciones. En parte para taparle la boca a Uribe y su séquito, y en parte para aliviar las inquietudes de los sectores propietarios de la tierra, la industria y las finanzas, así como a las transnacionales inversionistas frente al proceso de La Habana, Humberto de La Calle recién volvió a reiterar esa posición del gobierno nacional.

El Estado colombiano impone unas condiciones salvajes en la confrontación, absolutamente desproporcionadas con relación a las capacidades de su adversario, visibles ante todo el mundo, pero hábilmente presentadas como desarrollos normales de una guerra contra organizaciones capaces de cualquier cosa. La asimetría de fuerzas no pone de presente la fortaleza del Estado o su legitimidad, sino su enorme debilidad política y su falta de argumentos morales. Es increíble que cuando publicitan un número cada vez más reducido de guerrilleros desmoralizados a vencer, estén predicando y aplicando el incremento de sus tropas y recursos de todo orden a fin de lograr reducirlos. Tras los arrasadores bombardeos se oculta un angustioso desespero.

Es que la guerra real, no la de los boletines para la prensa y la televisión, no se está librando del modo como la pintan ellos. Hay que poner de presente que el ministerio de defensa ha  asumido la posición de callar y ocultar los golpes propinados por la insurgencia a su aparato de muerte y terror. Los helicópteros, por ejemplo, se están cayendo por obra de accidentes y casualidades, cuando no se puede ocultar su caída, o sencillamente jamás son alcanzados por el fuego guerrillero. El pasado 22 de diciembre, en el área rural de Briceño, Antioquia, fue destruido por completo uno de ellos cuando se aprestaba a desembarcar tropas en operaciones ofensivas contra unidades del Bloque Iván Ríos.

Pese a que la respuesta defensiva tuvo lugar en el curso del cese el fuego unilateral, el Ejército, por temor a la divulgación del fracaso, se abstuvo de denunciar el hecho como una violación a la palabra empeñada por las FARC-EP, uno de sus recursos habituales de difamación. Igual podría decirse del aparato derribado el 9 de enero por unidades conjuntas de las FARC y el ELN en el área rural del municipio de Anorí, que el alto mando militar prefirió atribuir a cualquier otra causa para evitar que se conociera el desplome de su plan de desembarcos de tropas a distancia. Cada día es más claro que la apelación al recurso de los bombardeos masivos no obedece a otra causa que a la incapacidad del Ejército Nacional para golpear sobre el terreno  a la insurgencia.

Evidencia de ello fue la explosión de un minado el 24 de diciembre, en el que cayó buena parte de los comandos que pretendían avanzar en secreto contra unidades de las FARC en el mismo municipio, hecho que obligó al mando de la Operación a ordenar que se recogieran en helicópteros todos los comandos de tropas especiales que buscaban sorprender a la guerrilla en Anorí, Briceño, Campamento y Tarazá. Tampoco es válido, como lo hace con pretensión el Presidente Santos, considerar que con los ataques aéreos como el realizado contra unidades farianas en zona rural de Murindó el pasado 15 de diciembre, donde a las tres de la madrugada fueron descargadas 24 bombas, con saldo de un guerrillero muerto, se esté propinando la estocada final a las FARC.

Ni siquiera cuando el saldo final ha resultado más trágico, como en Puerto Rondón el pasado 18 de enero, puede decirse que las naves o las tropas de asalto se la cobran fácil frente a una guerrilla a punto de rendirse. En ese bombardeo del que fueron víctimas a la media noche, los guerrilleros del Décimo Frente Guadalupe Salcedo Unda combatieron con sus fusiles desde tierra a la aviación, logrando impactar tres aeronaves y alcanzando varios de sus ocupantes. Se sabe de un helicóptero Bell con ocho disparos en su fuselaje que aterrizó de emergencia en Rondón con un capitán herido en el estómago y un soldado afectado en un brazo. Otro llegó a Arauca con dos soldados contraguerrillas muertos. La pelea, como se ve, es peleando, resistiendo y avanzando.

Los militares contaron dentro de los cadáveres el de Franklin, contra quien se dijo se había realizado la operación, pero su cuerpo no pudo ser encontrado ya que sobrevivió indemne. Como el de Edinson Romaña, de quien se aseguró, incluso varios días después, que había perecido en el bombardeo que sufrió su unidad en el Meta. Ese día, 4 de enero, acababa de retirarse del lugar el representante de Arroz PTC del Huila, quien en perfidia con el Ejército Nacional había acudido a negociar el pago de la ley OO2. Es obvio que llevaba el dispositivo localizador. Pese a los 5 aviones Kafir que se presentaron lanzando bombas de llovizna y a los inmediatos desembarcos de tropa en helicópteros, los combates se prolongaron por cuatro horas hasta las ocho de la noche.

Se conoció de tres helicópteros averiados durante ellos, así como de seis militares muertos y otros ocho heridos, resultados negativos que desde luego jamás se dan a conocer. Además, considerando que la confrontación no es puramente militar sino fundamentalmente política, la arremetida santista contra el movimiento popular, ampliamente denunciada durante los últimos días, con decenas de muertos, amenazados y perseguidos, habla también de un pueblo que manifiesta su inconformidad y se organiza para la lucha. Mucho se dijo sobre el crecimiento de las FARC en los años 90, pero poco se valoró la oleada de crímenes oficiales impunes contra la UP y el movimiento social. Ahora parecen empeñados en repetir lo sucedido en aquella trágica época.

Quizás no vaya y les resulte una consecuencia semejante. La violencia oficial siempre generará la lucha, así que para alcanzar la paz es requisito esencial poner fin a ella. Sólo así podrá conseguirse terminar con el conflicto. Lo demás es perdido.

Montañas de Colombia, 23 de enero de 2014.

Las drogas y la máquina de guerra de Estados Unidos

 

Dossier Álvaro Uribe Vélez

Colombia Invisible - Unai Aranzadi

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Basta de Terrorismo de Estado

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