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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

Hey loco, No dispares!

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LOS RICOS NO VAN A LA GUERRA

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Violaciones y asesinatos. De quién es la culpa?

Por primera vez la Corte Constitucional interpreta el interés coloectivo por encima de, interés mezquino de las élites en el poder.

Por Allende La Paz, Cambio Total.

Hay variadas formas de asesinar. De ello saben mucho los malandros narco-paramilitares de todos los pelambres, desde los de ”cuello blanco” hasta los ”mochacabezas”, pasando por los ”asesinos de la MotoSierra”.

En el caso que nos ocupa, ya van tres muertos de las FARC-EP en las zonas de preagrupamiento, dos de “plomonía” y un tercero por ”falla multisistémica” al parecer producida por un paludismo, enfermedad ésta que produjo 429.000 muertes en 2015 en el mundo.

“La Violencia en Colombia es endémica, enseñada desde los altos círculos del poder al pueblo colombiano”
También fueron asesinados 94 líderes populares durante 2016. Y ello encendió las alarmas por el temor que se repita el genocidio de la U.P. Mas, debemos entrar a mirar el problema de por qué los colombianos tenemos tendencia a asesinar, en especial a los niños.

La violencia es endémica en Colombia. Desde mucho antes de 1948 –asesinato de J.E. Gaitán- es una practica consuetudinaria. No hay día que no haya asesinatos en nuestro país. Caballero nos trae unas cifras escabrosas: cada 9 horas es asesinado un niño, o sea, 20 niños en total, según Florence Thomas. Hay más: cada 2 horas un niño o niña es víctima de violencia sexual.

Evidentemente que desde el Estado nos han enseñado a violar y matar. La Doctrina de Seguridad Nacional y sus aparatos de Terrorismo de Estado han sembrado en el cerebro de los colombianos que el diferente, el excluído, el raro, etc, puede ser víctima de violencia y no es mirado como un ser humano, sino como un “ser” sin derechos que puede recibir hasta la muerte sin que el Estado haga nada para impedirlo.

En la base de esa conducta está también la monstruosa Impunidad que alcanza casi el 100% de todos los delitos. Por ello, el pueblo recurre a tomar justicia en mano propia. Cualquiera manda a asesinar a otro por las excusas más baladíes. Cada 3 días ocurrió un linchamiento en Bogotá –la capital- entre junio 2014- junio 2015 fueron linchadas 140 personas por diferentes motivos, por violación, por robo, por atraco, etc.

Las élites politiqueras miraban –y miran- con complacencia y en no pocos casos con su “mano negra” adelantaban el exterminio. Los “ricos” han asesinado por todas las razones: porque es comunista, porque es sindicalista, porque es de izquierda, porque es gay o lesbiana, porque es niña o niña y se ve “provocativa”, etc.

La defensa de los intereses de los ricos es basamento de la violencia contra el pueblo, sean sindicalistas, comunistas, de izquierda, niños o niñas, etc, etc. Te pueden pegar un tiro, una cuchillada, un estrangulamiento, si así creen que defienden sus intereses. Las cifras son elocuentes: 1 millón de víctimas mortales (algunos las disminuyen a 600.000), 7,5 millones de víctimas no mortales (desplazados) a quienes les arrebatan lo único que tienen, un pedazito de tierra para arrancarle su sustento.

Es tal la aberración que vale más un pedazo de tierra –o un barril de petróleo o una banana- que la vida de un ser humano. Para la élite en el poder ”su” propiedad vale más que cualquier otra cosa en la tierra. La Multinacional Chiquita pagaba la ”paz social” de trabajadores sin sindicatos. La Multinacional Oxy también pagaba a los narco-paramilitares para que mantuviera en ”paz” a sus trabajadores. Coca-Cola paga para que sus trabajadores no presenten pliego de peticiones, igual hace la suiza Nestlé.

Con semejantes ejemplos no es extraño que se diga que el pueblo colombiano es el único en el mundo al cual tocó imponerle la Paz. Aseveración totalmente falseada y falsa. En el Plebiscito el 63% de los colombianos les importó cinco centavos la suerte de la tal Paz porque no creen en las promesas gubernamentales. Del 27% que votó quedaron 51% por el No y 49% por el Sí, ridícula cifra de 50.000 votos que creen les da autoridad para continuar asesinando porque “los colombianos” hablaron en las urnas. Maniqueísmo total de cifras que tratan de justificar sus aberrantes conductas adelantadas desde la Casa de Nariño, el Parlamento, las Cortes o las instituciones militares.

No en mi nombre, por favor. Basta Ya! Echemos a andar y construyamos la Paz para todos los colombianos.

Adenda. La Corte Constitucional interpretando el clamor del pueblo aprobó el Fast track. Primera lectura correcta que antepuso el interés colectivo al interés mezquino de las élites en el poder.
  
Allende La Paz

Periodista. Libros publicados: Plan Colombia y Conflicto Interno. Conflicto Interno Colombiano. Libros virtuales que puede accesar aquí. Director de Cambio Total.

En el feudalismo…

Mantener el statu quo con la fuerza de las armas de los narco-paramilitares y algunos militares, es la apuesta de los señores de la guerra, es decir, los ganaderos, terratenientes, los ”empresarios del campo” que mantienen a Colombia en el Feudalismo.

Por Allende La Paz, Cambio Total.

Colombia es un país que vive en el feudalismo. Por lo menos en el campo. Las relaciones de producción se mantienen en statu quo y, por el contrario, los terratenientes, ganaderos, ”empresarios del campo”, más tierra tiene una vaca para pastar que un campesino para sembrar alimentos.

Evidentemente que mantener ese estatu quo es realizado con las armas de las fuerzas narco-paramilitares, y de algunos militares, los cuales le siguen apostando a la contra-insurgencia como método de “secarle el agua al pez”, así ese pez quiera transitar por caminos institucionales legales.

“Colombia se estremece por un equipo de fútbol y el asesinato de una niña indígena por un ”rico” bogotano, pero no lo hace ante los 94 líderes populares asesinados en 2016”
Ya hay denuncias de las FARC-EP de la presencia de narco-paramilitares en el Caquetá, muy cerca del área de preconcentración, e incluso hay un retenido que no sabe explicar qué hacía en la zona, el cual será entregado a la Comisión de Monitoreo y Verificación.

Mientras Colombia se estremece por un equipo de fútbol que pereció en vuelo y el asesinato de una niña indígena caucana –víctima de un ”rico” oligarca bogotano-, a la mayoría no parece conmoverle los 94 líderes populares asesinados este año de 2016 por los llamados ”ejércitos anti-restitución”, que no son más que los mismos narco-paramilitares porque ”así se vista de seda, narco-paramilitar se queda”.

Esos asesinatos tampoco conmueven al gobierno de JM Santos, que está disfrutando las lentejuelas de la entrega del Nobel de Paz por ”lo que intenta hacer”, pero que no concreta porque al señor gobierno también les favorece la ”contra-insurgencia” que convierte en blancos militares los líderes populares.

Como a ese intríngulis pertenece la Corte Constitucional lo más probable es que no aprueben el llamado “Fast track” y con ello se irá diluyendo, una vez más, la posibilidad de alcanzar una paz que, por lo esquiva, depende más de los que hacen y dictan la guerra que los que deseamos la Paz, así seamos más.

A pesar de la buena voluntad de las FARC-EP (”de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”) todo parecería indicar que pesan más las leguleyadas de una Corte –corrompida como las otras cortes-, y los clarines de guerra de los ganaderos, terratenientes, “empresarios del campo”, que los buenos deseos de paz de la matoría de los colombianos y, al parecer, estaríamos transitando después de cuatro años de tejer la ”mochila de los sueños” por viejos caminos de guerra y será ésta la que resuelva al final la situación.

  
Allende La Paz

Periodista. Libros publicados: Plan Colombia y Conflicto Interno. Conflicto Interno Colombiano. Libros virtuales que puede accesar aquí. Director de Cambio Total.

En la boca del horno…

Los primeros obstáculos que preveén que se quemaría el pan en la boca del horno. Fast track. Gobierno de Transición. Movilización popular única garantía.

Por Allende La Paz, Cambio Total. 


En la boca del horno se quema el pan… JM Santos. Llevó al proceso de paz al plebiscito, a la refrendación e implementación y ahí se jodió Colombia, o sea, los pobres. Porque la clase politiquera está super contenta porque ahora son ellos los que “legislarán” sobre el Acuerdo Definitivo para una paz estable y duradera.

“Por un Gobierno de Transición”
Ya salen al aire los primeros obstáculos. La Corte Constitucional tendrá que decidir si el Fast track es constitucional o no. Si lo es, bien, se precederá a la Implementación. Si no es constitucional –hoy están 4 a 4- se volverá a la guerra, así los comandantes de las FARC-EP no quieran volver a ella.

Victoria Sandino

Mientras tanto, el Terrorismo de Estado –que sigue vigente aún con Cese Bilateral de Fuegos- sigue cobrando vidas de colombianos pobres. Víctimas inocentes. [Incluso vidas de niñas asesinadas por un drogadicto oligarca que ahora pretenderá cobijarse con la manta de la impunidad pretextando estar “loco”]. Pues bien, el Terrorismo de Estado lleva más de 600 líderes populares a manos de las fuerzas militares-narcoparamilitares.

Esas fuerzas oscuras continúan segando vidas sin contemplaciones. Las fuerzas militares hacen su parte. Las fuerzas narco-paramilitares –muchas de ellas con la orientación del narco-paramilitar No 82 ex-presidente- están desaforadas disparando a diestra y siniestra para sembrar el caos en las filas populares e impedir así su expresión en un intento de paralizar por el terror su libre expresión en favor  de la Paz.

Los “enemigos de la Paz” recurren a un arma por todos conocida. Sembrar el Terror que paraliza hasta el aliento. Mas se han equivocado. Esta vez, el pueblo, los campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, etc, se hastiaron de la guerra y han echado a andar. Son múltiples y variadas las formas de manifestarse como lo ha demostrado nuestro pueblo desde el 2 de octrubre 2016.

El pueblo está reconstruyendo su tejido social y acompañará la Implementación, o si las oligarquías no quieren la Paz entonces nos iremos hacia las elecciones del 2018 apoyando un gobierno de transición.

El gobierno de transición sería la única garantía de poder adelantar la Implementación del Acuerdo Definitivo para una Paz estable y duradera. Para ese ese propósito estaríamos acompañados por las ”reservas democráticas” de nuestro país, es decir, los que hasta el momento han estado peleando al lado de FARC-EP y nuestro pueblo por la construcción lo hasta ahora construído, el Acuerdo Definitivo.

  
Allende La Paz

Periodista. Libros publicados: Plan Colombia y Conflicto Interno. Conflicto Interno Colombiano. Libros virtuales que puede accesar aquí. Director de Cambio Total.

Sueños con pajaritos preñados…

El corrupto ex-procurador amenazó a las FARC-EP con extraditarlos como hacía en la procuraduría y los corruptos politiqueros le temblaban. Se equivocó “de cabo a rabo”…

Por: José María Carbonell, Revista Cambio Total

El exprocurador sueña despierto. Anda amenazando como cuando estaba en la procuraduría que creía que todo el mundo le tenia miedo. Igual que Uribhitler, claro que al Mafioso 82 hay que tenerle temor, no miedo, porque ese si manda a matar. Recuerden no más la Masacre de El Aro y los subsiguientes asesinatos de testigos claves en el proceso que lleva la Fiscalía (que entre otras cosas avanza a paso de cangrejo)

El exprocurador Alejandro Ordóñez  vociferó en la Convención conservadora que un gobierno conservador estaría dispuesto a extraditar a los miembros de las FARC que incumplan lo pactado en La Habana, y que el próximo presidente de Estados Unidos estará dispuesto a recibirlos (como si el president de USA obedeciera órdenes del megalómano de Ordóñez). 

“Les prometo que llegará un gobierno que no le temblará la mano para extraditarlos a los Estados Unidos por narcotráfico si incumplen los acuerdos, con la absoluta seguridad de que el señor presidente Trump los recibirá con sus cárceles abiertas”, aseveró Ordóñez en una intervención en Corferias. (SEMANA).

Frases huecas que no llevan a la Reconciliación entre los colombianos y por el contrario, demuestran que esos “godos” tienen la mayor responsabilidad en la Violencia que a diario ejercen contra el pueblo y cuyas manos están manchadas de sangre inocente de los recientes asesinados líderes populares, de la Marcha Patriótica y de organizaciones de DH e indígenas. Ello no significa que el partido liberal no tenga responsabilidad en esos hechos (qué dice el “mocho” Vargas-Lleras?).

El corrupto ex-procurador piensa en pajaritos preñados cuando de las FARC-EP se trata. Se imagina que Trump viene a Colombia a recibir las ódenes de él y se va a USA a cumplirlas porque é les Ordóñez. Pobrecito…


Mas no. El pueblo colombiano venció el miedo y “ha echado a andar y su paso de gigante no lo detendrá jamás…”.

“Haremos política sin corrupción y sin mentiras”: ‘Médico’ de las FARC

En entrevista con Semana.com el comandante del Bloque Oriental de las FARC habló de las dificultades que han tenido desde que llegaron a los puntos de preagrupamiento y el momento en el que aterrizarán a hacer política en el país.

Ni es médico y mucho menos dermatólogo. Es uno de los "herederos" del Mono Jojoy. Junto a Carlos Antonio Lozada, Mauricio Jaramillo comparte la dirección del bloque Oriental de las FARC, que ha liderado las más cruentas batallas de esa guerrilla en los últimos 20 años.
Su nombre se hizo visible en el 2012 cuando encabezó la comisión que lideró la fase exploratoria del proceso de paz. No estudió en Cuba ni en la Unión Soviética, como se lee en algunas versiones que circulan en la web. Sin embargo, igual que algunos miembros de las FARC, alcanzó a cursar algunos semestres de medicina en la Universida Nacional.
Semana.com: La implementación del acuerdo de paz está a la vuelta de la esquina, ¿cómo leen las FARC el momento político que atraviesa el país? 
Mauricio Jaramillo: Nosotros queríamos que todo el mundo estuviera involucrado en este proceso. Tratamos hasta último momento que el presidente Uribe se vinculara y hablara con nosotros. Apenas ahora hizo un guiño de que quería hablar. Sin embargo, nosotros dijimos que no es posible seguirnos prestando a que otros personajes hagan política a costa de nosotros, es muy difícil. Nosotros lo invitamos como unas cuatro veces, que fuera a La Habana para que hablara con nosotros. Era necesario que él estuviera ahí para realmente llegar a una paz cierta y para eso tenían que estar involucrados todos los sectores, pero ellos no quisieron.
Semana.com: ¿No les da temor poner a andar la implementación con esta polarización política?
M. J.: Nos da temor en el sentido de que ya hay consecuencias en la calle. Hay mucho dirigente muerto. A final de cuentas nosotros en medio de ese cúmulo de gente sólo somos un sector que quiere echar las cosas para adelante, que el país prospere económicamente. Vincularnos a todas la actividades, políticas, económicas y culturales. 
Semana.com.: Pero... ¿lo ven fácil?
M. J.: Va a ser complicado, la gente siente mucho temor. Este país ha estado signado por eso, por el terror.  
Semana.com: ¿Sienten pasos de otro exterminio político con la oleada de asesinatos de miembros de la Marcha Patriótica y líderes sociales? ¿Cómo esa problemática?
M. J.: La gente ha comenzado a despertar en Colombia. Se han dado muchas movilizaciones y mucha presión sobre el Estado. Es él, el que tiene que parar todo este nivel de violencia y el que tiene darle a Colombia una dirección distinta. Hay que acabar con tanta violencia, muerte y terror. 
Semana.com: Usted hizo parte de la fase exploratoria del proceso de paz, uno de los hombres que ayudó a organizar la agenda que se negoció. ¿Pensó que las cosas iban a terminar así?
M. J.: En el imaginario del camarada Alfonso -que fue el que comenzó todo este proceso- sí, es así. Nosotros siempre aspiramos como en las otras tres veces que estuvimos en la mesa, en que podíamos llegar a una paz.
Semana.com: ¿En qué se ganó y que se perdió?
M. J.: En todo este proceso se ganó mucho. Nosotros hablamos con la gente y les expusimos lo que realmente pensamos. La población colombiana alguna fue receptiva, pero otra fue ganada por el terror y la gente no ve una posibilidad real de que se pueda llevar a un término real, cuando hay violencia. En estos días se han hecho manifestaciones de violencia y la gente nos pregunta, ‘ustedes como van a hacer, los van a matar‘. 
Semana.com.: Y... ¿ustedes que responden?
M. J.: Nosotros no creemos en eso porque de todas maneras está la población, la resistencia de la gente de querer una Colombia distinta. La gente se resiste a eso. Hay una mayoría que quiere la paz. 
Semana.com.: En el Teatro Colón Timoleón Jiménez habló de un ‘gobierno de transición‘, ¿a qué se refería?
M. J.: Un gobierno de transición sería una salida. Es una propuesta válida que le permitiría al país poder repensar como es que hay que darle una vuelta a toda esta situación tan caótica que hay en Colombia. Si sigue habiendo terror, en Colombia no hay posibilidad de progreso. La gente va a a seguir siendo muy marginal. No hay estabilidad laboral.
Semana.com: Pero en qué consiste su propuesta... ¿se ven ustedes? ¿han pensado en el algun candidato que encabece la propuesta?
M. J.: No, nosotros no hemos pensado en absolutamente nadie, todavía. En Colombia hay personas que son demócratas y pensamos que ellos también pueden estar al frente de muchas situaciones de estas. Había que hacerle un planteamiento al país. En Colombia hay muchas figuras democráticas, con aspiraciones reales. Muchos dirigentes políticos, sociales que tienen una capacidad y la expresión popular para hacerlo. 
Semana.com: ¿Podría ser alguien de derecha? ¿Hay espacio para una apertura política, alguien que ya haya hecho carrera y que pueda asumir ese liderazgo?
M. J.: Claro que sí, nosotros estamos abiertos es a poder hablar con todo el mundo. No le vamos a cerrar la puerta a ninguna posibilidad. Tienen que estar todos vinculados o no es posible la paz. Debe haber una integración. 
Semana.com.: ¿Cómo queda en ese panorama el expresidente Álvaro Uribe? ¿Se ven sentados en una mesa con él más adelante?
M. J.: Es posible, él tiene que entender. Hay muchas cosas alrededor que han pasado. Él tiene que reflexionar también.
Semana.com: En el Teatro Colón le hicieron un guiño a Trump, ¿temen que aparezca el fantasma de la extradición?
M. J.: Hay que esperar a ver qué va hacer. Muchas cosas se dijeron previamente en la campaña electoral y ahora que comienza como presidente se siente un cambio. Las cosas que dijo no se sienten con al misma fuerza. Hay que esperar a que se desarrolle esa actividad política de Estados Unidos para poder decir algo. 
Semana.com.: Para el Gobierno el Día D (implementación) arranca una vez estén refrendados los acuerdos, ¿para ustedes también?
M. J.: No, una vez esté la ley de amnistía porque nosotros necesitamos garantías y que se cumpla. Nosotros vamos a la letra de los acuerdos. Allí dice que tiene que haber amnistía general. Por eso decimos: listo, con amnistía nosotros empezamos el proceso de implementación. Vamos a cumplir como lo hemos hecho, vamos a cumplir punto por punto lo acordado. No vamos a echar mano de otra cosa que los acuerdos porque para nosotros es muy importante, tradicionalmente lo ha sido. ‘Marulanda‘ decía lo más importante es la palabra empeñada y nosotros lo vamos a hacer así. 
Semana.com.: Aunque hay unos compromisos fechados, hay muchos de palabra. ¿No temen que el Gobierno les haga ‘conejo‘?
M. J.: Bueno, el principal elemento que va a implementar estos acuerdos es la población. Tanto el Gobierno, como la población y nosotros sabemos en qué sentido van los acuerdos y hasta donde van. Por eso estamos plenamente convencidos de que vamos a llegar a cumplir lo pactado. Es problema de ellos. El compromiso de llegar a la paz es un compromiso colectivo y estamos convencidos de que vamos a llegar. Vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance.
Semana.com: Una vez dejen las armas estarán disponibles 10 curules en el Congreso, ¿cuál es la directriz para el resto de la guerrillerada?
M. J.: Nosotros planteamos una nueva forma de hacer política. Una sin corrupción y sin mentiras donde la gente pueda expresarse, opinar y que no le vayan a pegar un tiro. Una  donde la gente pueda decir realmente lo que piensa. Por eso, en esta nueva cultura política que planteamos la gente “nuestra” va a estar compartiendo con la población.
Semana.com: ¿En ese proyecto político caben todos los miembros que tienen las FARC? ¿Cuántos esperan arrastrar?
M. J.: Aspiramos que la mayoría. Uno de los procesos que vamos a hacer en este momento es que quienes no tengan la primaria la realicen, que hagan el bachillerato y después también todo lo que ellos quieran. Hay muchos, por ejemplo, que quieren ser médicos, para eso ya las universidades nos han ofrecido ese proceso, algunas de ellas son la Distrital, la UIS, la pedagógica y muchas otras que creen en la paz. Aspiramos que nuestra gente se forme, pues un grupo que no tenga educación no tiene futuro, por eso tiene que haber formación y a eso es lo que le apostamos y por lo que vamos a trabajar.
Semana.com.: ¿Qué va a pasar el día 181 cuando se supone todas las FARC ya habrán dejado para siempre las armas?
M. J.: A partir de este momento en que entramos en un proceso cierto de paz, de que las cabezas nuestras están identificadas con ese proceso, no va a ser un trauma. Trauma en el sentido de que veamos muy lejos esa posibilidad porque toda la vida hemos trabajado a eso. Todavía recuerdo las palabras de los camaradas Jacobo y Manuel, que ellos siempre hablaban de paz. En el imaginario de la gente al decir ‘Jacobo Arenas‘ o ‘Manuel Marulanda‘ es violencia, pero esas son las cosas falsas que han colocado en el imaginario. En eso si ganó Uribe, en darle a conocer a la gente una perversión de la realidad. En ese sentido él es muy hábil y ganó, puso en el imaginario de la gente una cosa distorsionada.
Semana.com: Pero... ¿Bojayá, La Chinita, los secuestrados?
M. J.: Claro, pero cuando nosotros tenemos claro cómo es la situación política en el país, nosotros también hacemos nuestras reflexiones y hacemos los cambios que hay que hacer. Por ejemplo, con el tema del secuestro, el camarada Alfonso planteó internamente e hizo una encuesta nacional y dijo: ‘Eso es un lío terrible‘, creo que fue en octubre de 2011 cuando dijo que no más retenciones. En ese mismo momento se acabó todo, porque eso sí tenemos nosotros, somos una organización donde una vez hay una orientación, inmediatamente se acata.
Semana.com: En esta etapa de incertidumbre usted ha estado con la guerrillerada, ¿qué ambiente se vive allí?
M. J.: Realmente los nuestros viven lo mismo que cualquier persona del país, con expectativas y a la espera de que se estén dando cambios, nosotros tenemos voluntad política y esperamos que la contraparte también.
Semana.com: Pero... ¿han tenido dificultades desde que llegaron a los puntos de preagrupamiento?
M. J.: Sí hemos tenido dificultades en esta primera etapa. La alimentación, en estas dos últimas quincenas, lo ha llevado el Gobierno a las zonas o a los puntos de preagrupamiento. Sin embargo, tenemos problemas con alimentos que llegan deteriorados. Es importante que comiencen a funcionar los mecanismos para que se dé solución. Hay muchos problemas de salud. Anteriormente los solucionábamos con mecanismos propios. Un simple problema de un dolor de muela o algo más complicado es difícil manejar. Por ejemplo, para poder sacar un compañero que tiene una apendicitis, es un lío, le hablamos al mecanismo regional que más o menos funciona, pero no tiene muchas atribuciones y el mecanismo nacional también se ve impedido porque dicen es un mecanismo de seguridad.
Semana.com: ¿Y entonces ahí?
M. J.: Yo participé en una reunión donde hablamos de ese problema, el problema de la salud. Ahí ellos no tienen claro eso, ellos tienen muchas limitaciones, muchas listas y muchas cosas que nosotros decimos que es inaceptable. Esas listas no solucionan el problema interno allá, son paliativos: un analgésico, un antibiótico que no soluciona un problema más complicado. Ellos tampoco tienen claro eso, es muy difícil así. 
Semana.com: ¿Qué les dicen en el Gobierno?
M. J.: Ya estamos resolviendo eso con ellos. Por ejemplo, habitaciones para nosotros. Nos iban a meter debajo de unas carpas. Nos decían -ustedes que son tan hábiles y esas caleticas con plásticos... pero así no es. Nosotros también entramos en una etapa distinta, nosotros tenemos que darle dignificación a los guerrilleros nuestros. Mínimamente coloquen unos prefabricados y por lo menos tratar de darle una idea de que podemos construir una cosa permanente para ellos.
Semana.com: Actualmente, con el cese al fuego, ¿cómo transcurren los días en la selva?
M. J.: El orden del día de nosotros comienza a las cuatro de la mañana. Nos levantamos, nos tomamos un tinto y comenzamos las labores diarias. Comenzamos a estudiar y a definir cómo va a ser el día y nos damos un orden. En la tarde hacemos un balance de cómo nos fue y qué problemas tuvimos. Hay un momento militar donde hacemos una relación de qué ha pasado.
Semana.com: ¿Cómo están manejando el tema de la disidencia del Frente Primero?
M. J.: El problema del primero creo yo que hay unos 80 a 100 compañeros que salieron de la organización. Creemos que algunos están a la fuerza, ya que no permitieron en un momento determinado tomar una decisión. Están cooptados por otras personas. La reacción inmediata fue crear el Primer Frente. Ahí tenemos una comandancia en cabeza, el camarada Gentil Duarte.
Semana.com: ¿Quién está al frente de esa disidencia? ¿Temen que se replique?
M. J.: Es un personaje que le dicen Iván, Mordisco. Todo mundo lo tiene identificado. Nosotros internamente ya le dimos manejo a esa situación. No se repetirá, ya estamos definidos qué vamos a hacer en este periodo. 
Semana.com: ¿En qué va la entrega de los menores que alimentan las filas de las FARC?
M. J.: Nosotros teníamos como norma que los ingresos a las FARC era entre 15 y 30 años. Nosotros la cumplimos hasta que nos reunimos con el Gobierno y dijimos vamos a variar esa edad, a partir de ese momento dijimos: ‘tenemos estos compañeros que ingresaron a los 14 o 15‘. Pero, eso es una violación a la norma nuestra. Ya se ha hecho unas entregas. Es muy difícil decir que tenemos más niños. 
Semana.com: Y... ¿en que quedó el proceso de restitución y el de desminado?
M. J.: Todo es un proceso que se ha venido adelantado y se han venido cumpliendo fechas con algunos traumas. Por ejemplo, en el frente Yarí hicimos una eliminación de explosivos con el Gobierno y la participación de la ONU. Estamos cumpliendo. 
Semana.com: Uribe anuncia un referendo, ¿temen que tumbe el acuerdo de paz?, ¿sienten que hay seguridad jurídica?  
M. J.: No, inclusive pregunto en qué punto quedó vulnerable. A los guerrilleros les dijimos: ‘esperemos a ver cuál es la orientación oficial‘. ¿Cuáles fueron los cambios que dijeron y que hablaron que había modificado ese acuerdo inicial?. 

Colombia un país dividido

La Paz no divide a los pueblos. La guerra sí. La guerra los divide, los mata y les causa dolor. En cambio la Paz es Fuente de alegrías. La división del pueblo es parte de la estrategia oligárquica para mantenerse en el poder.

Por: Domínico Nadal, El Cuento de la Semana. 
 
 

Era un país que… se llama Colombia y ha sido un país dividido, fragmentado, como parte de la estrategia oligárquica para mantenerse en el poder. La estratificación es prueba patente de lo dicho. La clasificación de barriadas de acuerdo con el poder adquisitivo de los habitantes mantiene esa apestosa diferenciación.

Esa diferenciación o división viene de años atrás. Recordemos no más a las “señoras” capitalinas –de las grandes ciudades- que asistiendo a sus canasta de tés y poker se referían –todavía lo hacen- a los trabajadores como la “plebe”, “zarrapastrosos”, que son “flojos” y vagos y que gustan de todo lo malo, mientras ellas son “divinidades” que merecían ser “inglesas”, europeas o por lo menos “gringas”.

Compraban telas traídas de Europa y la moda la dictaban los señoritones modistos de Europa. Aprendían medias palabras en inglés, francés, algunas en alemán, porque ello les daba ”caché”. Sus hijos iban a escuelas bilíngües y la educación superior la “estudiaban” en el extranjero, en “La Sorbona” o en Oxford, o al menos  en Harvard, ”porque si vieras, mija, esos gringos son medio brutos, siempre quieren sexo, sexo, sexo”.

Esas señoras no trabajaban, no, qué horrors! Sus mariditos se rompían el lomo llevando el dinero para que ellas, las “princesas”, se dieran la gran vida o se mantuvieran preocupadas porque la señora Mancilla se hizo un peinado con un peinador francés, lindo él, que estaba de paso por Bogotá, ala! Te podrás imaginar, linda…

La division del país se puso de presente con “la Violencia”. Los oligarcas, que azuzaron la división del pueblo entre liberales y conservadores, los llevaron a la guerra y en esa guerra intestina, fratricida, ningún oligarca murió. Un millón de desplazados y 300.000 muertos y ningún oligarca murió por causa de la guerra desatada sin pudor con el asesinato del ”negro” Jorge Eliécer Gaitán. Ni siquiera salieron heridos porque nunca fueron a matar rojos o azules porque para eso tenían a los que si iban a matar los mismos, pueblo puro contra pueblo puro, pobres contra pobres.

Vino el Frente Nacional y la división se acentuó. División en el manejo del estado. 4 pa tí, rojo, 4 pa tí, azul. Si no eras rojo o azul no podías entrar a un cargo público y de esa manera se crearon las clientelas, o mejor, se empotraron en el poder. En el gobierno no cabía ningún otro color. Menos si era rojo purpura, rojo comunista. Era un pecado mortal si eras “negro” o “indio”, comunista, mocho o tenías una discapacidad.

Los hijos de esas señoras y senoritones eran “super inteligentes” y cuando tenían un hijo con Síndrome de Down lo enterraban en vida porque, qué vergüenza, tener un niño así. Ah, castigo de Dios!

Ahora esos señores oligarcas -que siempre han mantenido al pueblo dividido- salen con el cuento de que la Paz ha dividido a la sociedad colombiana. Será a la oligarquía, porque el pueblo siempre ha estado dividido. Es importante, transcendental, que ahora cuando el pueblo sacude el Terrorismo de Estado, se enfrenta a él y lo supera reconstruyendo su tejido social siga tejiendo ese tejido a fin de construer la Paz.


La Paz no divide a los pueblos. La guerra sí. La guerra los divide, los mata y les causa dolor. En cambio la Paz es Fuente de alegrías. Basta ver las caras sonrientes de madres del pueblo con sus hijos en brazos observando por televisión la firma del Acuerdo de Paz o el Cese Bilateral de Fuegos. Eran caras alegres, llenas de esperanza.

El nuevo acuerdo y una rectificación

Por: Salomón Kalmanovitz - El Espectador.
Un amigo me preguntó el lunes pasado si estaba en contra del nuevo acuerdo de paz, a lo cual respondí que lo apoyaba.

La impresión que le había dejado era que se le habían hecho tantas concesiones a los del No que el acuerdo quedaba muy debilitado. El meollo era que había amplificado como cierta la cancelación del nuevo catastro que había expresado otro columnista, algo que al leer con cuidado el texto acordado encontré que se mantenía sin modificaciones.
El nuevo texto dice que el Gobierno pondrá en marcha “un Sistema General de Información Catastral, integral y multipropósito, que en un plazo máximo de siete años concrete la formación y actualización del catastro rural, vincule el registro de inmuebles rurales y se ejecute en el marco de la autonomía municipal”. Asimismo, otorgará subsidios para que los municipios más débiles y los predios pequeños puedan contar con catastros actualizados y se implementará prioritariamente en los municipios más afectados por el conflicto. Se continúa con la delegación en los Concejos municipales de la fijación de las tarifas de los impuestos prediales, aunque estos deben contar con una estructura progresiva, algo que requerirá una reforma tributaria territorial. Se redefinirán las reservas forestales que tengan vocación agrícola y no se les concederán poderes especiales a las comunidades sino que seguirán en cabeza de las autoridades tradicionales.
Las concesiones que se le hacen a los voceros del No tienen que ver con un período más largo para hacer las grandes inversiones que requiere el campo, de 15 y no diez años, y que estas no vulneren los equilibrios fiscales. Se reconoce explícitamente el respeto a la propiedad privada y se acepta la combinación de gran agricultura con la campesina. Se les resta apoyo a las zonas de reserva campesina y se deja entender que no habrá nuevas.
Lo que es cierto es que las Farc cedieron en muchas partes del acuerdo inicial y estuvieron al borde de cruzar sus líneas rojas. No aceptaron, y no podían hacerlo, que se les impidiera su participación en política, para lo cual se habían comprometido a cesar el uso de la violencia y terminar así con el conflicto de 52 años. El vocero del No, Álvaro Uribe, se sintió tan empoderado que comenzó a hacer exigencias en todos los temas de la vida nacional, como si hubiera sido reelecto; entre otros, demandó que no se hiciera el nuevo catastro ni se ajustaran sus valores, porque piensa que los terratenientes tienen el histórico derecho a no pagar impuestos. Pero el No había ganado por estrecho margen un plebiscito que no era precisamente una elección general, así que no tenía por qué hacer exigencias que él mismo sabe que son inaceptables.
Es muy impresionante que Uribe y Andrés Pastrana no tengan estatura de estadistas, que no puedan aceptar que deben pasar a buen y digno retiro. Si uno los compara con Alberto Lleras, quien siempre defendió las instituciones democráticas, resaltan sus desmedidas ambiciones individuales y sus atropellos contra el Estado de derecho. Lo mejor para la sociedad es que no ejerzan el poder nuevamente y menos que lo hagan en forma destructiva.
Entramos en una fase de incertidumbre propiciada por los que pretenden exterminar a los que se alzaron en armas contra el Estado, a pesar de que están dispuestos a abandonarlas y aceptan todas sus reglas de juego. Ahora los subversivos son otros, los de la derecha recalcitrante.

La nueva matazón

Probablemente detrás de los crímenes están las mismas “fuerzas oscuras” que no han dejado de actuar pese a sus cambios sucesivos de nombre.
Desde que empezó el cese del fuego bilateral y definitivo, hace 90 días, no ha habido más que un incidente armado entre el Ejército y las Farc. Pero han sido asesinados uno a uno 20 líderes campesinos, según la investigación de La Silla Vacía, de los cuales seis eran militantes del partido Marcha Patriótica.
“Nos están repitiendo la dosis”, dice con humor macabro su presidenta, Aída Avella, superviviente del exterminio de 3.000 miembros de la Unión Patriótica de hace 30 años.
La matanza arreció a partir del 2 de octubre, con el triunfo del No en el plebiscito. Pero venía de atrás: desde que se iniciaron las conversaciones de paz con las Farc. A cada avance de los acuerdos en La Habana correspondía una cuota de muertos en los campos de Colombia: dirigentes regionales y comunales, activistas de derechos humanos, abogados de víctimas y de desplazados: 105 el año pasado. Y muchos miembros del Partido Comunista o de la Marcha Patriótica: 124 en los últimos cuatro años.
¿Quién los mata? No se sabe. Sicarios de moto. Pero en la Colombia rural de hoy todo el mundo anda en moto, tanto los asesinos como los asesinados; y aspirantes a sicarios hay de sobra en una población desmoralizada por 50 años de guerra sucia.
¿Quién los manda matar? “Fuerzas oscuras”, decía hace 30 años, impávido, el presidente Virgilio Barco, que no se preocupó por aclararlas. Y por eso crecieron. Su ministro de Gobierno de entonces, el futuro presidente César Gaviria, hizo la cuenta de más de 50 organizaciones “oscuras”, a las que se empezó a dar el nombre de “narcoparamilitares”: narcos, porque eran socios de los narcos, y paramilitares porque actuaban en acuerdo y mutuo auxilio con los militares. Solo muchos años más tarde empezaron a conocerse nombres propios de jefes de pandilla: los Castaño, Mancuso, Báez, Tovar Pupo… Algunos fueron extraditados a los Estados Unidos por el gobierno de Álvaro Uribe para que fueran juzgados allá por contrabando de drogas y no aquí por masacres de campesinos. Otros más pagaron cárcel aquí, y revelaron algunos nombres de sus socios en las Fuerzas Armadas, de los cuales el más notorio ha sido el del general Rito Alejo del Río, y algunos de sus amigos en el Congreso, en las asambleas, en las gobernaciones, en las alcaldías: los parapolíticos, de los cuales unos cuantos también fueron a dar a la cárcel, no sin haber votado previamente, tal como se lo pidió Uribe, los proyectos del gobierno.
Ahora la historia se repite. Probablemente detrás de la ola de crímenes están otra vez las mismas “fuerzas oscuras” que no han dejado de obrar del mismo modo pese a sus cambios sucesivos de nombre. Ya no se llaman “narcoparamilitares” sino “bacrim”, bandas criminales: Águilas Negras, Urabeños, Rastrojos, Libertadores del Vichada, o “Ejército antirrestitución de tierras”; pero siguen siendo las mismas estructuras criminales de entonces. Y, tal como entonces, las financian los mismos viejos terratenientes de hace 30 años o los nuevos que en estos 30 años se han enriquecido con las tierras despojadas a muchos cientos de miles de familias campesinas. Esos que los partidarios del No en el plebiscito (el expresidente Uribe y sus huevitos, los ganaderos de Fedegán, el exprocurador y precandidato presidencial Ordóñez, etcétera.) llaman cínicamente “poseedores de buena fe”. Porque aunque ya no pueden negar que hubo despojados (simples “migrantes internos”, los llamaba el asesor de Uribe José Obdulio Gaviria), sí se empeñan en negar que haya habido despojadores. Que no quieren devolver por las buenas lo que consiguieron por las malas.
Si el gobierno de Juan Manuel Santos, que tras muchos trabajos acaba de firmar por tercera vez la paz con la guerrilla de las Farc, no toma firmemente la situación en mano; si no investiga seriamente cuáles son esta vez los cabecillas de la nueva matanza; si no averigua si ahora también cuentan, como la vez pasada, con la complicidad de jefes militares, dirigentes políticos, notarios, autoridades locales; y si no los persigue en consecuencia, la paz tres veces firmada solo habrá durado el tiempo de un discurso.
 

Dossier Álvaro Uribe Vélez

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