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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Colombia] La narco-para-economía

Allende La Paz.

Es una verdad del tamaño de una catedral que los dineros del narcotráfico permearon toda la vida colombiana. La economía no podía ser la excepción.

Desde la “ventanilla siniestra” del Banco de la República los dineros del narcotráfico entraban raudos a la economía y paliaban la crisis económica colombiana, economía subdesarrollada con rasgos feudales dependiente del imperialismo estadounidense, quien era –y es- el que dictaba las políticas económicas (ALBA, TLC, etc) y las políticas de Guerra para imponer esas políticas económicas.

Por ello, decir que Colombia es un país dependiente del narcotráfico es lo mismo que decir que los Estados Unidos han permitido tal política y la han dictado desde los centros de poder de Washington.

Cuando el narcotráfico inundaba Colombia –Carteles de Medellín con el capo Pablo Escobar, jefe de Álvaro Uribe Vélez, Cartel de Cali, Cartel del Norte del Valle, etc- ello era evidente para todo el mundo. Hasta le construyeron una cárcel –la Catedral- conforme la quería el capo (gobierno Gaviria Trujillo).

A la muerte de Escobar, los más favorecidos fueron los del sector financiero que se quedaron con miles de millones de dólares depositados en sus cuentas, y lógicamente la economía subterránea y legal del narcotráfico. Miles de haciendas propiedad del capo Escobar quedaron en manos de sus testaferros.



La policía, los militares, los jueces, los políticos tradicionales (politiqueros), los comerciantes de todo tipo, todos recibían su parte del porcentaje del negocio, consciente o inconcientemente, al punto que era una máxima que quien mandaba erael “verde”.

Los dineros del narcotráfico entraron de igual manera a las campañas políticas de los partidos tradicionales y los nuevos nacidos al calor de la borrachera de los ”verdes” y hasta llevaron al propio Escobar al congreso colombiano.

El contubernio impúdico del estado con las bandas del narcotráfico quedó develado con el entrenamiento de las bandas armadas de narcotraficantes –pagadas por Uribe Vélez según el instructor israelí Yair Klein-, y se evidenció en masacres, ejecuciones, despariciones forzadas, y en el desplazamiento forzado que favorecía directamente a los ganaderos-terratenientes.

Sumieron entonces a Colombia en una inconmensurable tragedia humaniataria, que al día de hoy todavía estamos en la tarea de reconstruir.

El narco-praramilitarismo se disparó en toda Colombia de la mano de Álvaro Uribe Vélez con las Convivir –las Autodefensas Unidas de Colombia de Carlos Casataño- cuando fue gobernador de Antioquia y posteriormente como presidente de Colombia.

Uribe Vélez adelantó un fementido proceso de paz con los narco-paramilitares. Los narco-paramilitares reconocieron más de 120.000 asesinatos, recibieron 33 condenas por la Ley de Justicia y Paz, y sus capos traicionados por el propio Uribe Vélez –fueron extraditados- cuando éstos comenzaron a contar sus conexiones de él y la clase política. Lo que en realidad sucedió fue el intento de Uribe Vélez de institucionalizar el narco-paramilitarismo en la vida nacional.

El negocio del narcotráfico nunca fue tan exhuberantemente existoso como en los tiempos de Uribe Vélez. Ya no perseguían a dos cartels, sino que éstos se habían multiplicado y existían 300 de éstos que suplian la demanda de Estados Unidos y Europa.


Al día de hoy el narcotráfico sigue siendo una fuente de divisas -ilegal- para la economía colombiana, sumida en crisis por pasar de país exportador a importador de petróleo, entre otras causas. Mas tenemos que reconocer que la época dorada comenzó con el Cartel de Medellín y ha tenido un declive a partir de la terminación del Segundo período de Àlvaro Uribe Vélez.

En manos de quién estamos

Por: Ramiro Bejarano Guzmán
NOTAS DE BUHARDILLA - EL ESPECTADOR

Comprendo y me solidarizo con el director de la Policía, general Nieto, y con su institución, cuando afirma que “matar policías es un acto desesperado de los mafiosos”, pero no puedo decir lo mismo de su subdirector, el general Ricardo Alberto Restrepo Londoño, quien debería estar ya vestido de civil si este país fuera serio.
El segundo hombre de la Policía ha tenido una extraña relación con Jorge Luis Henao Arango, quien, disfrazado de dirigente cívico en Buga y en el Valle del Cauca, ha logrado no sólo mantener en la penumbra la condena que le fue impuesta en Panamá por tráfico de estupefacientes (http://bit.ly/2loqMph) y otra más por abuso de menores en Colombia (http://bit.ly/2mPnKre), sino además beneficiarse él y su familia de favores otorgados con cargo al erario municipal por el exalcalde John Harold Suárez y el actual burgomaestre Julián Latorre. Tal es el poder de Henao que el camaleón y diletante Angelino Garzón se ha puesto a su servicio para difundirle panfletos y calumnias en mi contra, que los malquerientes uribistas —auxiliados por un senador y tres rábulas del derecho— reproducen irresponsablemente sin ver la viga en el ojo propio, porque obviamente los de esa ralea dios los cría y ellos se juntan. Como era de esperarse, los antecedentes judiciales de Henao tampoco le han impedido convertirse en orientador del Centro Democrático en Buga, como de ello da cuenta un álbum fotográfico en el que obviamente aparece abrazado con Álvaro Uribe (http://bit.ly/2rHRFXJ).
Pues bien, algún ciudadano, de los que viven atemorizados en ese régimen del terror que han montado en la ciudad señora, me advirtió que Henao Arango alardea de su amistad con el subdirector de la Policía. Como eso me parecía improbable, presenté un derecho de petición al general Restrepo, quien me respondió que en efecto conoce a Henao porque “ese ciudadano se desempeñaba como coordinador de la Red de Apoyo para la Policía Nacional, cuando me desempeñé como comandante del Departamento de Policía, Valle del Cauca, para los años 2007 – 2008 y enero 2009, se caracterizaba por ser un líder comunitario y realizaba algunas coordinaciones cívico-policiales en la ciudad de Buga”.
La revelación del subdirector de la Policía es patética, porque los antecedentes penales de Henao Arango datan desde mucho antes de que el general Restrepo conociera al que aún hoy distingue como un “líder comunitario”. Produce no solo desconcierto, sino miedo, que el comandante de la Policía de un departamento ande con personas que han sido condenadas penalmente. ¿Qué esperar de una Policía que, como lo reconoce el actual subdirector, tolera que un excondenado coordine actividades cívico-policiales? Si el actual subdirector de la Policía no supo con quién se relacionaba cuando comandó la institución en el Valle del Cauca, habrá que preguntarse cómo llegó donde está.
Pero el mal ejemplo cunde, porque el actual comandante de la Policía en Buga, el teniente coronel Andrés Fernando Serna Bustamante, también ha hecho partícipe a Henao Arango del trato que seguramente aprendió de sus superiores, y ya son varias las oportunidades en que ambos comparten tribunas en actos públicos.
Un ciudadano desprevenido tiene que quedar perplejo de que la Policía tenga como ángeles de la guarda a personas que estuvieron vinculadas con tráfico de drogas o con abuso de menores. Delinquir sí paga.
A pesar del silencio cómplice de las fuerzas vivas que conviven cómodamente con el Cartel de Buga, que creen que la salvación de la ciudad es problema de otros y no de todos, no me rindo. Ni siquiera ante las amenazas de muerte que vengo recibiendo en las que se me advierte que un comando de sicarios está listo para asesinarme en cuanto ponga un pie en la ciudad de mis mayores, o inclusive en las calles de Bogotá, para lo cual ya cuentan con el respaldo de otros matones.
Son las cosas que pasan en un país donde el segundo hombre de la Policía Nacional, y el primero en Buga, gradúan de prohombre a quien antes narcotraficaba y abusaba de menores.
Adenda. Tiene razón Roy Barreras. La Corte Constitucional no prohibió al Congreso tomar la decisión de votar en bloque.

Alias el alcalde. El narco del Centro Democrático


Lo que llama la atención es que Diego Pizarro participó como candidato a la Alcaldía de Tumaco en las elecciones del 2015 y se inscribió por el Partido Centro Democrático, colectividad en la cual militaba abiertamente.
Hace algunos días fue capturado en Cali Diego Fernando Pizarro Portilla, conocido con el alias del Alcalde o don Gaula. La operación, conocida como “Mar Azul”, también se desarrolló en Cali, Buenaventura y Tumaco. Fue desvertebrada casi la mitad de una organización criminal dedicada al tráfico de droga que enviaba cargamentos hacia Centroamérica vía el mar Pacífico, casi semanalmente. Hasta aquí no hay nada raro, bandidos y en el Pacífico se cuentan por decenas.
Lo que llama la atención es que Diego Pizarro participó como candidato a la Alcaldía de Tumaco en las elecciones del 2015 y se inscribió por el Partido Centro Democrático, colectividad en la cual militaba abiertamente. Las autoridades lo referenciaban como mano derecha de José Feliciano Góngora Solís, también conocido con el alias del Viejo, o el Papá. Pizarro era el contador de la Organización Criminal y desde el 2016 era su jefe. 
Diego Pizarro es casado con Maru Góngora Solís, hermana de José Feliciano Góngora Solís. José Góngora fue capturado por narcotráfico hace aproximadamente dos años, fue extraditado y se encuentra en Texas, Estados Unidos. Góngora tuvo audiencia el pasado 7 de febrero y la próxima es el 22 de febrero.
La investigación que terminó con el apresamiento de alias el Alcalde duró aproximadamente dos años, lo cual resultó en su captura en la madrugada del 2 de febrero en la ciudad de Cali. Esto significa que cuando era candidato por el Centro Democrático ya pertenecía a la Organización Criminal, es decir, el partido del Senador Uribe avaló un narcotraficante (ver foto 1).
La candidatura de Pizarro se hizo por todo lo alto, llegó a instalar en un sector de la ciudad (barrio La Florida) una valla en la que aparece él junto al expresidente Álvaro Uribe Vélez, decía conocerlo bien, aunque esto último no se pudo comprobar. Durante la campaña, el entonces candidato del Centro Democrático denunció que las FARC habían puesto restricciones para el proselitismo electoral, aunque en general todos los candidatos pudieron moverse en todas las zonas urbanas y rurales. No se debe olvidar que durante esas fechas las FARC habían declarado un cese del fuego unilateral, pero Pizarro hacía eco del discurso que desde Bogotá había montado el CD, o al menos eso era lo que se podía ver desde afuera de la contienda electoral (Ver foto 2).
Al final todo parece indicar que los problemas de seguridad de Pizarro no se derivaban de su militancia en el CD o de una disputa política por la oposición de este partido al proceso de paz. Más bien se refería a una disputa criminal en la cual Pizarro estaba intentado apoderarse de los esteros para la salida de droga. La organización criminal de alias el Alcalde, al final se quedó con el control del 80 % de la cocaína enviada por la costa pacífica nariñense (ver foto 3). La droga salía mayoritariamente por medio de semisumergibles y lanchas rápidas.
Lo complicado de la historia con Diego Pizarro es que se suma a una larga lista de personas cercanas a la estructura política del CD que han estado vinculadas al narcotraficante. No sólo hago referencia al general Santoyo, quien fue edecán del presidente Uribe, su hombre de confianza durante la gobernación Antioquia, y quien fue extraditado a Estados Unidos por narcotráfico. También hago referencia a la cuñada del expresidente Uribe, Dolly De Jesús Cifuentes Villa, quien fue extraditada y reconoció su relación con el Chapo Guzmán. El Chapo lideró, hasta su captura hace algunos meses, el cartel de Sinaloa, estructura criminal que controlaba casi de forma monopólica el tráfico de drogas por el mar Pacífico. Sólo coincidencias, al fin y al cabo.
Esta es la segunda columna sobre el Pacífico nariñense, la primera se denominó “La tragedia de Tumaco” y aún quedan dos más. Pizarro no fue el único político capturado.

'Fumigación: tres décadas destruyendo a Colombia'

El Tiempo.

Germán Castro Caycedo habla de la incidencia de EE. UU. en el auge de cultivos de droga en el país.

Por:  GERMÁN CASTRO CAYCEDO | 
 11:49 p.m. | 6 de noviembre de 2016
Los medios de prensa han vuelto a registrar en sus titulares, ‘Washington preocupado por aumento de los cultivos de coca’.
No obstante, en el año 2001, Thomas McLarthy, asesor del presidente Bill Clinton, aseguró en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Lima: “Los Estados Unidos, con menos del cinco por ciento de la población mundial, consumen el cincuenta por ciento de la droga que produce el mundo”.

A pesar de esto, hoy para Washington la causa de que los cultivos se hayan duplicado entre los años 2014 y 2015 es la suspensión de las fumigaciones aéreas con glifosato, prohibido en los mismos Estados Unidos para ser aplicado mediante el sistema que ellos implantaron en Colombia.
Analizando los millones de dólares invertidos en la guerra contra las drogas en este país, los herbicidas de la firma estadounidense Monsanto son los únicos ganadores de una destrucción de treinta años.
Hoy, a pesar de que el Presidente de la República ha reiterado que el comienzo de la sustitución de cultivos ilícitos por otros medios está siendo exitoso, la insistencia de funcionarios menores ajenos al problema continúa siendo la devastación con herbicidas de sistemas vitales para la humanidad como la Amazonia, uno de los medios generadores de vida más importantes de la Tierra.
Sin embargo, a la vez que aquellas voces de segundo plano insisten en que Colombia debe regresar a las fumigaciones aéreas, omiten que Ecuador condenó a Colombia a suspenderlas a lo largo de su frontera.
En marzo del año 2008, Quito nos demandó ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya “por los graves daños genéticos causados a la población fronteriza expuesta por Colombia a los potentes herbicidas Paraquat y Glifosato”.
La base de la denuncia fueron estudios académicos realizados por cuatro universidades ecuatorianas, según los cuales “por la incidencia de herbicidas, un diez por ciento de la población afectada está en riesgo de daños genitales que pueden ser irreversibles (riesgo de contraer cáncer y procrear hijos con malformaciones congénitas)… Además de destruir el ambiente, el suelo, las plantas y los animales”.
Luego, en el año 2013, tras aceptar su culpabilidad, Colombia fue condenada a pagar una indemnización de quince millones de dólares y se le ordenó en forma perentoria “abstenerse de fumigar a menos de diez kilómetros de la línea fronteriza”.
Historia acallada
Para trabajar en este tema investigué en Vietnam –Hanoi, My Lai-4, Ciudad Ho–, posteriormente en Washington, Nueva York y Buenos Aires, donde el Centro de Militantes para la Democracia Argentina (Cemida) posee valiosa información sobre el agua dulce en Suramérica, la más abundante de la Tierra.
¿Por qué en Vietnam? Porque nosotros somos una víctima directa de la invasión a ese país.
Allí conté con la ayuda de estudiosos que hablan un español perfecto porque, siendo muy jóvenes, fueron traídos a Cuba.
La historia es que Vietnam respondió a la invasión estadounidense con dos estrategias de defensa: la guerra de guerrillas y el suministro de toneladas, inicialmente de marihuana, a los soldados estadounidenses –como dicen aquellos–, para enviciarlos “y minar el futuro del imperio”.
Y Vietnam significó matanzas impulsadas por una mezcla de racismo, miedo a las guerrillas y nubes de marihuana.
La más conocida en América fue la de My Lai-4, aldea de cultivadores de arroz en el poblado Song May. Allí los soldados estadounidenses asesinaron a 504 bebés, niños, mujeres embarazadas y ancianos. Desde luego, en My Lai-4 no quedó vivo un solo testigo.
Sin embargo, posteriormente Paul Meadlo, uno de los soldados, luego de enviar una confesión escrita a funcionarios del gobierno en Washington, a miembros claves en el Congreso y a diferentes medios de prensa, finalmente logró ser acogido por Walter Cronkite en su influyente programa de televisión de la CBS ‘Costa a costa’, ante lo cual el ejército ordenó una investigación exhaustiva –como las de Colombia– sobre lo que ya sabían.
El Comando de Investigación Criminal del Ejército llamó a declarar a los miembros de la Compañía Charlie, quienes confesaron sus crímenes, cometidos entre otros factores por el estímulo de la marihuana, cuyo humo aflora en cada testimonio.
Pero allí declararon soldados y suboficiales, y solamente un teniente y un capitán. Los oficiales de alta graduación no fueron siquiera mencionados.
La televisión emitió solo un par de las impresionantes gráficas de aquella matanza de marzo de 1968, tomadas por el fotógrafo militar Ronald L.Haeberle. Desde luego, fueron omitidas aquellas que, por ejemplo, muestran a un soldado con un bebé atravesado por la bayoneta de su fusil mientras aspira el porro de marihuana que sostiene en sus labios. Tras las confesiones, nadie fue sancionado.
Vietnam
Tras guerra de Vietnam se disparó el consumo de droga en EE. UU.
Santa Marta Golden
Bien: la invasión empezaba y desde el regreso del primer contingente de relevo a los Estados Unidos, los excombatientes comenzaron a buscar marihuana y la encontraron “en un país llamado Columbia”.
Efectivamente, en la década de los años treinta fue importada para obtener cáñamo, pero aquello no prosperó y ahora existían algunas cantidades en la Sierra Nevada de Santa Marta, que pocos consumían.
Enterados de aquello, los viciosos en las universidades de los Estados Unidos lograron contactos con estudiantes del Caribe y les pidieron que la llevaran.
Para los estadounidenses, la calidad resultó tan buena que la bautizaron Santa Marta Golden.
Para este trabajo hablé con tres de aquellos en el Club Santa Marta. Gente de clase económica alta muy conocida en esa región… Sí, el negocio era magnífico. Comenzaron por llevar dos maletas con yerba, cubierta con camisetas. Cero problemas en la aduana. Luego tres maletas. Más tarde cuatro…
Pronto los estadounidenses empezaron a comprar aviones Douglas DC-4 y DC-3, naves magníficas que comenzaban a ser retiradas de las aerolíneas comerciales, y se vinieron con sus aviones, sus pilotos y sus dólares.
Por cualquier falla, estos aviones –matrícula N, Estados Unidos– eran abandonados y la marihuana, rescatada y embarcada en otros similares.
Recuerdo haber visto dos en el aeropuerto de Valledupar, dos en el de Santa Marta, uno en el de Riohacha y otro despanzurrado en el desierto de La Guajira luego de un aterrizaje forzado.
Fueron los estadounidenses quienes estimularon el crecimiento de los cultivos y por su iniciativa surgieron el nacimiento, la organización y el florecimiento del tráfico de narcóticos en nuestro país.
Su contacto con trabajadores en aeropuertos y hoteles produjo el ingreso de esta clase social al narcotráfico: a partir de allí, los de arriba y los de abajo bailaron al son de los dólares que llegaban en grandes cantidades. ‘Remember’: Lucho Barranquilla, El Gavilán Mayor…
Luego, el primer parte de esta fase de la derrota en Vietnam fue declarado en 1969, a través de un festival de música rock en Woodstock.
Allí, el mundo presenció cómo alrededor de medio millón de jóvenes estadounidenses se retorcían bajo el toque de la marihuana mientras balbuceaban, “haga el amor y no la guerra”.
Este primer parte de la derrota fue registrado en el famoso documental ‘Tres días de paz & música’ que vio parte del mundo, tras el cual la crítica norteamericana conceptuó que gracias a la descomunal traba con marihuana que duró tres días y el amanecer del cuarto —15, 16, 17 y 18 de agosto—, “Woodstock ha sido uno de los mejores festivales de música y arte de la historia de los Estados Unidos”.
Luego en aquella Asamblea General de la OEA en Lima, en el año 2001, vino el parte definitivo de los vencidos.
La máscara
Transcurrió el tiempo. Los Estados Unidos diseñaron la Ofensiva al Sur o Estrategia Andina que nos vendieron con el nombre folclórico de ‘Plan Colombia’: el pretexto, la lucha antinarcóticos para establecer una cabeza de playa en nuestro país, mirando hacia el agua de Suramérica. Hoy quien controle el agua dulce controla la vida y controla el mundo.
Ofensiva al Sur: dieciséis compañías de mercenarios actuando en Colombia, sin visas, sin el control del Estado. Cinco potentes radares en la costa de la selva amazónica vigilando a Suramérica, pagados con dinero de los colombianos y operados por estadounidenses que les entregan solo algunas informaciones de segunda mano a las autoridades locales... Fumigaciones con veneno como están prohibidas en los Estados Unidos y destrucción de una parte de la reserva biológica más rica de la Tierra. Ochenta y cinco por ciento de los millones de dólares aportados por Colombia.
Hoy, nuevamente es necesario preguntar: ¿por qué quien insiste en la destrucción del país con fumigaciones aéreas oculta que, en el año 2013, la Corte Internacional de Justicia de La Haya nos condenó a alejarnos de las fronteras con Ecuador y a pagarle tres millones de dólares de indemnización, como culpables de que –según estudios científicos– la población ecuatoriana sometida a la agresión del Estado colombiano estuviera sufriendo “daños genéticos que pueden ser irreversibles (riesgo de contraer cáncer e hijos con malformaciones congénitas) en un diez por ciento de la población sometida a las fumigaciones con herbicidas… Además de la destrucción de los suelos, las plantas, las aguas y los animales, en el territorio fronterizo?”.
GERMÁN CASTRO CAYCEDO
Especial para EL TIEMPO

Narcotraficantes manejan 149 pandillas en Bogotá


Cuatro de cada 10 adolescentes reincide en el porte de estupefacientes. En Bogotá, 507 colegios y sedes educativas han sido identificados como centros de distribución y de consumo de estupefacientes. Las cifras son de la Fiscalía.
Siete localidades de Bogotá han sido elegidas por los narcotraficantes para la expansión de las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas. 147 pandillas funcionan en Bogotá y viven y se mantienen de la distribución de drogas
Se han dedicado a reclutar niños y niñas entre los 9 y los 17 años de edad para la distribución de estupefacientes. En eso se concentra hoy su negocio. Así se mueve la fabricación y distribución de drogas para el resto de la ciudad.
Camilo es un joven de 13 años y medio. Se mueve, mira rápido, desconfía de todo y de todos. Dice que no se puede confiar en nadie. Camina entre las localidades de Rafael Uribe Uribe y Ciudad Bolívar donde tiene ‘un parche’ o ‘parceros’ que lo conocen.
Trabaja para una olla conocida como ‘Los Angelitos’, que lo reclutaron y lo enseñaron a ‘trabajar’, como él dice. Es parte de la estructura. Él vende y se carga con cantidades de droga que expende con otros niños y niñas, en sitios cercanos a establecimientos educativos y lugares de formación académica, parques, y deja en algunas residencias que sirven como olla para la reventa.
‘Los Paisas’, ‘los Rottwailler’ y ‘los Angelitos’ también sirven como reclutadores de otros pequeños en las localidades de Kennedy, Rafael Uribe Uribe, Ciudad Bolívar y Bosa. Estas bandas dedicadas al narcotráfico utilizan a los menores como carritos, traficantes, consumidores y delincuentes especializados en hurtos, atracos con armas blancas, y en algunos casos utilizan perros de razas peligrosas para amedrentar a sus víctimas.
Según Camilo “nos obligan, primero nos dan dinero, comida, luego droga, y después toca hacer lo que digan y lo que sea, o si no, se muere”.
En este recorrido que realicé con algunos de estos pequeños comprobé que las bandas concentran sus operaciones delictivas en siete localidades y 34 barrios, donde manipulan la fabricación de estupefacientes, químicos y materia prima para la elaboración casera, en cocinas, donde se rebaja la ‘mercancía’, como ellas la llaman.
Allí en aquellos lugares elaboran bazuco, cocaína, en circunstancias artesanales y con un alto peligro para la vida humana.
Consultado el CTI de la Fiscalía sobre esta situación de las mafias no hay una sola localidad según ellos donde no haya un expendio clandestino de estupefacientes.
Para el Cuerpo Técnico de Investigaciones los jóvenes hacen parte de una estructura criminal en la que el poper, el dick y disolventes para inhalar son productos prioritarios para distribución junto con la cocaína, la marihuana y el bazuco. En bicicletas recorren barrios, colegios, donde distribuyen entre 30 y 200 gramos de estupefacientes a diario.
Lo más grave en toda esta cadena es que obligan a estudiantes a la comercialización de los alcaloides y alucinógenos dentro de los planteles educativos, con la amenaza de asesinarlos si no lo hacen.
@JoseLRamirezM
 

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