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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Colombia] FARC, Fuerzas Militares Estatales y Salud Mental

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.

La investigación adelantada por la Universidad Nacional muestra que más de 3.ooo excombatientes de las FARC-EP, ahora miembros del Nuevo Partido, padecen de algún tipo de discapacidad, sobresaliendo entre ellas las discapacidades físicas producidas por la guerra.

Sin poder discernir si son o no problemas mentales, encontramos que ”oir la voz o los sonidos” tiene un 9% y ”Relacionarse o interactuar con las demás personas” un 2%, lo cual podría darnos un 9%. Sería necesario profundizar un poco más para clarificar con una evaluación psicológica si son problemas o alteraciones mentales, o son de otro tipo, físico con manifestaciones que se engloban como de tipo psicológico.

En todo caso, el porcentaje total es pequeño, apenas un 9%. Si tenemos en cuenta que 53 años continuados de lucha guerrillera y la cantidad de guerrilleros –que algunos calcularon en 20.000 en los momentos de mayor auge guerrillero-, la cantidad de guerrilleros que presentaban alteraciones mentales era realmente pequeño y nos muestra el cuidado que tenían los mandos sobre sus unidades.

Hemos sabido por experiencia directa de casos de problemas mentales, tales como el miedo, la angustia, la depresión, etc, producidas quizás ante la inminencia de un combate, y los mandos correspondientes tomaban la medida de remitir esas unidades hacia los enfermeros y médicos con que contaba la guerrilla.

Allí recibían el tratamiento respectivo, psicológico y psiquiátrico, y los guerrilleros –sin diferenciar género ni sexo- eran reintegrados a su unidad una vez superado el impasse. Algunos recibían los medicamentos adecuados para su caso y, además, el tratamiento psicológico con charlas individuales, discusiones grupales, etc.

Igualmente problemas como el alcoholismo y el uso de sustancias psicoactivas no eran relevantes entre los guerrilleros. El uso de sustancias ilícitas –coaína, bazuco, heroina, marihuana, anfetaminas, etc- no eran preocupantes para la guerrilla.

De igual manera, la depresión y los intentos de suicidio no eran parte de la cotidianidad de la vida guerrillera.

Quizás jugaba un papel en la poca incidencia de problemas mentales el hecho de la vida colectiva, la estrechez de las relaciones mando-guerrillleros, la estrechez de las relaciones  entre guerrilleros y guerrilleras, lo cual permitía ”tratar” problemas que sino hubiesen sido muchos más graves en la guerrilla.

Los guerrilleros no vivían el estrés que soporta un soldado, por ejemplo; el guerrillero vivía en condiciones de sana relación con sus mandos y con el resto de guerrilleros una vida alegre, de sano compartir y el estrés se presentaba cuando había una operación militar guerrillera o presencia de enemigos en el área, lo cual con el tiempos se volvía parte de la ”cotidianeidad”.

Las unidades de las fuerzas especiales guerrilleras (Columnas de Combate) se aposentaban sobre el terrero y normalmente se ubicaban a 100 metros del enemigo, al punto de que se veían entre ellos. Famosa era la recomendación del Comandante Caliche de la Columna Jacobo Arenas quien siempre recomendaba a sus guerrilleros ”al enemigo hay que mantenerlo cerca, así evitamos cualquier sorpresa por parte de ellos”.

Esto se explica porque el ser guerrillero es ser combatiente e ir al combate era un motivo de orgullo para los guerrilleros. Hoy, las cosas han cambiado, es inmenso el honor pertenecer al partido FARC y adelantar las tareas que el momento requiera partiendo del principio: “Análisis concreto de la situación concreta”.

Fuerzas militares oficiales y salud mental

Según un “Estudio Salud Mental y Consumo de Sustancias Psicoactivas en las Fuerzas militares de Colombia, realizado el año 1997 por la Universidad Militar Nueva Granada, y con el apoyo de la División de Comportamiento Humano del Ministerio de Salud y el Fondo Nacional de Estupefacientes, los oficiales, sub oficiales y soldados del Ejército Nacional están más propensos a desarrollar problemas mentales que el resto de los colombianos. Los índices de depresión, ansiedad psicosis, e incluso las ideas e intentos de suicidios, son más altos que los del resto de la población. Igualmente tienen más al abuso en el consumo de alcohol y cigarrillos, al igual que de sustancias ilícitas como la cocaína y el bazuco, superando el promedio nacional”.


Una desorden importante es el Estrés Post-Traumático, el cual desde “la Guerra  del Peloponeso, la Primera Guerra Mundial, en la Guerra Civil, en todas las grandes guerras” ha existido como secuela de la guerra.
Según el diario El Espectador: “En Colombia, por el contrario, no hay un solo estudio publicado que determine la proporción de exsoldados que sufren de TEP. El Hospital Militar se encontraba llevando a cabo uno en soldados heridos en combate justo cuando se firmó el cese al fuego bilateral con las Farc. No obstante, dado que dejaron de llegar soldados heridos, este tuvo que abandonarse. Ese estudio halló una prevalencia parcial de 10,4 %, una cifra alta si se tiene en cuenta que las Fuerzas Armadas cuentan con más 240.000 efectivos. Si el estudio fuera definitivo, implicaría que en este momento más de 24.000 miembros de las Fuerzas Armadas, más de tres veces el número de guerrilleros desmovilizados de las Farc, sufrirían de TEP. Dados diversos estudios sobre comorbilidad entre TEP y otros problemas, esto a su vez significaría que por lo menos 24.000 soldados, más de ocho brigadas, estarían viviendo con insomnio, pesadillas, alucinaciones, problemas para conseguir empleo, propensión a la violencia, mayores probabilidades de suicidio, abuso intrafamiliar, drogadicción y alcoholismo. La cifra puede parecer alta, pero no tiene en cuenta que el conflicto se remonta más de 50 años y que la mayoría de los soldados ingresan a las Fuerzas Armadas sin ninguna clase de problema mental (sic!).


Al no haber estadísticas, no hay forma de cuantificar el problema. Sanidad Militar carece de cuentas exactas de soldados activos o pensionados diagnosticados con TEP (Estrés Post-Traumático), “la entidad solo tiene las cifras del número de consultas específicas relacionadas con éste desorden (en 2016, más de 5.000)”.


El problema apenas empieza a vislumbrarse con el Acuerdo de Paz con las FARC-EP. La carencia del número adecuado de profesionales que diagnostique y trate las enfermedades mentales en las fuerzas militares y el ser un problema económico mayor ya que una vez licenciado el soldado la institución militar no responde por quien arriegó su vida por los intereses del estado agrava estos casos, y los enfermos descargan toda su furia en el Acuerdo de Paz y no realizan acciones sobre los verdaderos responsables de tan caótica y penosa situación.

[Colombia] Santos asevera que Colombia "tiene una enfermedad mental"

TeleSUR.
A la unión llamó el mandatario colombiano luego de coincidir con un psicólogo y un psiquiatra que se refirieron sobre "una enfermedad mental" y un "trauma" que vive el país latinoamericano.

El presidente colombiano Juan Manuel Santos coincidió con un grupo de especialistas médicos al aseverar que Colombia “tiene una enfermedad mental” y “una sociedad traumatizada” que solo ve las noticias malas y no las buenas.
Desde el departamento de Tolima (centro), en una ceremonia de entrega de 100 hectáreas de tierras a familias campesinas de esa zona del país, Santos hizo referencia el miércoles a unas declaraciones del psiquiatra Rodrigo Córdoba.


“¿Qué decía este psiquiatra?, que Colombia tiene una enfermedad, una enfermedad mental que solamente le permite ver las noticias malas y no apreciar las noticias buenas y que había que afrontar esa enfermedad y tratar de combatirla y curarla”, dijo.
Se refirió también a la visita de un psicólogo de la universidad estadounidense de Harvard, quien sostuvo que la nación suramericana tenía traumas legados por los más de 50 años de guerra sufridos, los cuales considera no le permiten apreciar el alcance de hechos tan importantes como la construcción de la paz.
“Este profesor me decía: 'mire presidente su tarea es muy difícil, titánica y va a ser todavía más difícil después de que se firme la paz, porque Colombia es una sociedad traumatizada, sufre un trauma'”, aseguró el jefe de Estado.



En su visita al caserío El Neme, en el municipio del Valle de San Juan, Santos añadió algunas de las palabras esbozadas por el experto: “'le va a costar a usted muchísimo porque la gente no va a apreciar, inclusive algo que parecería ilógico, que la gente no va apreciar que es mejor estar en paz que estar en guerra'”.
En la ocasión insistió en la necesidad de “unirnos, dejar de pelear, dejar de odiarnos, dejar de matarnos”, en la misma línea de pensamiento de su mensaje de Navidad, en el que instó a desactivar los odios en el país.

[Colombia] Plan Colombia: Consecuencias en el ser humano

Por Joselito Mamatoco
31 de marzo del 2004

El Plan Colombia diseñado por el Pentágono y el Departamento de Estado Estadounidenses, al igual que ell Plan LASO en la década de los sesenta del siglo XX, no puede sino traer como consecuencia la violentación del ser humano. No podía ser de otra manera, la guerra perjudica, en últimas, siempre y por siempre, a la población civil no inmersa en el conflicto. Y deja enormes secuelas en la psicología de los pueblos. Ejemplos hemos tenido a montones a nivel mundial y especialmente en Colombia.

Durante la llamada primera violencia -de los años cincuenta del siglo XX- desarrollada desde el aparato estatal para lograr la hegemonía de un partido político, la primera víctima fue la población civil. Son ya conocidas las escalofriantes cifras de más de 300.000 muertos y más de un millón de campesinos desplazados. Ello produjo la emergencia de "nuevos ricos", en la muestra elocuente y palpable de que la violencia ejercida desde el aparato estatal es una forma de acumulación capitalista en Colombia.

El desarrollo del Plan LASO (Latin American Security Operation) se inicia con ell ataque a casi cincuenta campesinos en la vereda Marquetalia (Departamento del Tolima, centro del país) en el año 1964, lo cual significó el arranque de lo que los historiadores llaman el 2º período de violencia en Colombia, período que se extiende hasta nuestros días.

Los ideólogos gringos han diseñado variados planes para mantener su injerencia en Colombia. Y todos los Presidentes colombianos los han llevado a la práctica. Citemos algunos:
Laureano Gómez (1.950-1951): Asesinato de Gaitán. Guerra al comunismo. Primera violencia.

Guillermo León Valencia Muñoz (1962-1966) : Plan LASO Julio César Turbay Ayala (1978- 1982): Estatuto de Seguridad.

César Gaviria Trujillo (1990- 1994): Guerra Integral.

Andrés Pastrana Arango (1998- 2.002): Plan Colombia.

Álvaro Uribe Vélez (2.002- 2.006): Plan Colombia, Plan Seguridad Democrática.
Es precisamente durante la administración AUV (extraña similitud con AUC, cierto?) que se desarrolla el grueso del Plan Colombia, complementándolo con su Plan de Seguridad Democrática que no es más que el terror estatal total, la fascistización absoluta de la vida de los colombianos, y cuya aplicación es palpable en el Arauca, Putumayo, Nariño, Santa Marta, etc.

La inversión gringa de más de 2.500 millones de dólares y los 7.500 millones que debe aportar el gobierno colombiano ha traído como consecuencia un incremento en el presupuesto de guerra en un 38 %, a expensas del rubro del sector social:

Educación, Salud, proyectos sociales. Ello ha llevado a cierre de hospitales en todo el país (como la Hortúa en Bogotá, otrora orgullo de los sectores populares), merma en la educación (por ejemplo, en el Departamento del Magdalena según informa el periódico Hoy Diario del Magdalena casi 250 mil niños no pueden asistir a las escuelas), inversión menguada en la generación de empleo: 21% de la PEA desempleada, más de 30 millones en la pobreza, más de 8 millones de colombianos en la pobreza absoluta.

Impacto del Plan Colombia en la mente de los colombianos 

El estudio de Salud Mental y Estilos de Vida, entregado por el Ministerio de Protección Social y reseñado por el diario El Tiempo de Bogotá, el 27 de marzo de 2004, nos muestra la situación preocupante en materia de salud mental de los colombianos, la cual dicho sea de paso, no es nada nuevo.

Dicho informe señala que "el 40,1 % de los colombianos, entre 18 y 65 años de edad, ha sufrido algún tipo de trastorno mental" y que "al menos el cincuenta por ciento de los casos tiene relación con los problemas de violencia que padece el país y con la situación económica." Tamaño descubrimiento debe haber dejado ardiendo el cerebro de los investigadores y del flamante ministro de Protección, Diego Palacio.

No se necesita ser un erudito siquiatra para saber que la violencia deja una marca indeleble, como una cicatriz, en el cerebro de quien la padece. Eso lo vivimos a diario los colombianos. El esperar ser asesinado, desaparecido, arrestado sin fórmula de juicio, torturado, vejado, etc, forma parte de los fundados temores diarios y permanentes de la inmensa mayoría de los colombianos. Tampoco se necesita ser un erudito para saber que esa violencia va produciendo cambios en la actividad cerebral de la población, grabando en el cerebro una historia de violencia, que tarde o temprano se manifiesta en forma violenta.

Pero lo que no investiga el estudio en mención es de dónde viene esa violencia. A los colombianos nos enseñaron la violencia los detentadores del poder. Desde siempre en la historia colombiana los detentadores del poder han ejercido la violencia como forma de ejercer ese poder. Para mantenerse en él, como forma de generar acumulación capitalista y como forma de tenencia de la tierra (la propiedad privada). Es desde el Estado desde donde se le ha enseñado al colombiano lo que es la violencia, y es precisamente ese colombiano común y corriente la víctima de esa violencia.

Recordemos no más apenas en los albores de la naciente república las guerras civiles desarrolladas en disputa del poder. Recordemos en 1.948 el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, ordenado por Laureano Gómez y los gringos, y la violencia subsiguiente desarrollada por los militares y los paramilitares de entonces -la chulavita-. Y ya más recientemente, la violencia que desencadenó el Plan LASO hasta el día de hoy.

Igualmente el estudio señala que "los trastornos de salud y enfermedad mental en un 42 por ciento están determinados por factores medioambientales." Nos preguntamos: ¿Cuáles son esos factores? ¿Serán acaso la falta de oportunidades de estudio, de acceso a la salud, de empleo, de tener una vida digna? ¿Será por las masacres, las desapariciones, las torturas, las violaciones? Además, ¿cuáles son las manifestaciones psicológicas de la falta de oportunidades? Lo que sí queda claro del estudio de marras es que casi la mitad de la población padece trastornos mentales por factores medioambientales, es decir, que la situación de guerra total que desarrolla el Presidente Alvaro Uribe Vélez, a través del Plan Colombia y su Seguridad Democrática, está volviendo "LOCOS" a más de 20 millones de colombianos. Y, ¿esos 20 millones de colombianos, no son los mismos sumidos en la pobreza y el abandono oficial? Qué enorme coincidencia!!! 

Qué más quisiera AUV. Sus contendientes políticos, es decir, los líderes de partidos de izquierda, los sindicalistas, los maestros, los defensores de derechos humanos, los líderes populares y comunales, todos están siendo eliminados de manera sistemática por sus militares y paramilitares, y además, como consecuencia de esa guerra preventiva psicológica, a la mitad de la población la está volviendo loca. Y como si fuera poco "el 4,9 por ciento de los colombianos", o sea, 2 millones de colombianos, piensan en el suicidio como una solución a sus problemas.

Lo que no analiza el estudio es el impacto psicológico del desplazamiento en más de 3 millones de colombianos. Lo que no analiza es el impacto psiquiátrico en un joven cuya familia es asesinada, desaparecida, torturada... ¿Qué pensará un joven, o cualquier persona, ante la masacre de su familia? ¿Qué huellas deja en su cerebro? ¿Podrá realmente ese joven o persona, racionalizar la falta de sus seres queridos? Un joven cuya familia es masacrada pensará en primera instancia en: ¿Para qué la vida? ¿Para qué vivir si toda tu familia ha sido asesinada? ¿Cuál es el objetivo de vivir? ¿Cuál es la razón para vivir? Ninguna!!! 

De ahí a tomar una decisión drástica solo hay un paso. O tiene Ideación Suicida. O piensa en la venganza. De continuar el actual estado de cosas y se mantiene la actual tendencia en los trastornos psiquiátricos de los colombianos, no está lejano el día en que veamos a víctimas de la violencia ejercida por el Plan Colombia, a quien los paramilitares o los militares, que es lo mismo, han asesinado toda su familia, ejerciendo la venganza al estilo Hamas. Qué más salida le queda a un joven, sin oportunidades de ninguna clase, a quien le asesinan toda su familia sino "explotarse", "inmolarse", "vengarse", llevándose a más de un representante del régimen... De esta manera cumpliría un doble propósito: se quita la vida -se suicida- y al mismo tiempo ejerce venganza.

Los cuervos sanguinarios

En desarrollo de sus planes imperiales y su estrategia violenta, los diferentes regímenes colombianos han creado sus cuervos sanguinarios. Los han criado y después de utilizarlos, los asesinan por miedo.

Durante la primera violencia (década de los cincuenta del siglo XX) crearon la chulavita -policías de civil que atacaban a sus contendientes-. Es escalofriante la descripción de las violaciones de mujeres y niñas, el asesinato mediante el "corte de franela" (machetazo que cercenaba la cabeza del cuerpo a nivel de la parte inferior del cuello) y la sevicia con que mataban estos "representantes de la ley" que salvaguardaban "la libertad y el orden" de la "amenaza comunista".

Son también célebres los llamados "bandoleros" -antiguos guerrilleros liberales que se acogieron a la paz de Rojas Pinilla (1953-1958) y fueron utilizados contra los guerrilleros comunistas- y sus acciones contra la población civil. Son de ingrata recordación los nombres de Efraín Gonzáles, Sangre negra y otros.

En la segunda violencia, los gobernantes colombianos y sus militares han imbuido a soldados, suboficiales y oficiales de las Fuerzas Militares de la Doctrina de Seguridad Nacional, esperpento diseñado por el Pentágono, que vuelve su mente paranoica y ven como enemigos a campesinos, obreros, estudiantes, sindicalistas, periodistas, etc, es decir, los enemigos según su mente distorsionada son su propia gente.

También han creado los paramilitares, aliándose impúdicamente con los narcotraficantes, ganaderos y terratenientes, verdadero ejemplo de hasta dónde llega la deformación mental y la falta de moral y ética de estos señores. Masacran no una o dos personas, si no que asesinan veinte, treinta, cincuenta, cien personas en una sola misión. Y no contentos con ello, con sevicia impúdica, los van matando por pedacitos, con motosierras, desmembrando sus cuerpos y arrojándolos a los ríos para que no los encuentren, en una deformación psiquiátrica que es sevicia y odio para con la víctima y, a la vez, temor de que la aparición de su cuerpo genere repudio en el resto de la población y temor a la perdurabilidad de las ideas del muerto. Los ejemplares de esta especie más conocidos son Carlos Castaño -quien tuvo la impudicia de publicar un libro en que narraba sus "proezas"- Salvatore Mancuso, Hernán Giraldo.

De igual manera, dudamos de la salud mental del presidente AUV, así su psiquiatra, el Doctor Ternura, diga lo contrario. Una persona que resuma odio en todas y cada una de sus intervenciones, perturbado por el recuerdo de la muerte violenta de su padre, solo piensa en venganza. No hay magnanimidad en su pensar, que sería lo menos que le podríamos exigir a un Presidente de la República. Los colombianos debemos convencernos que el nombre del presidente está inscrito en el 42 % de los colombianos que padecen trastornos y alteraciones psiquiátricas. No de otra manera se explica que crea que el Doctor Ternura, por su condición de psiquiatra, está capacitado para ser Comisionado de Paz. Proyección, le llaman los psicólogos, a esta figura psicológica de ver en los demás mis problemas psiquiátricos.

Definitivamente, Álvaro Uribe Vélez no tiene nada de que enorgullecerse como presidente de los colombianos.
 

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