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Colombia: Falsa Democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Yemen] La coalición liderada por Arabia Saudita provoca con sus bombardeos la muerte de decenas de civiles

Insurgente.org

Han sido más de 30 las personas civiles que han muerto como consecuencia de los bombardeos que, durante las pasadas 24 horas, se han registrado en Yemen. Los responsables de los mismos no han sido otros que los jefes de la Coalición liderada por Arabia Saudita y que apoya al presidente Yemení, Abd Rabbuh Mansur Hadi.
Acorde con medios locales favorables al movimiento hutí Ansar Allah, aeronaves de la Coalición atacaron hoy un mercado de la localidad de Al Hamli, en la sureña gobernación de Taiz, causando la muerte de ocho personas y heridas a al menos otros 15.
Otros 11 civiles, entre ellos mujeres y niños, murieron a causa de bombardeos realizados contra varias zonas de la norteña provincia de Saada, controlada por efectivos de Ansar Allah. Los sucesos registraron, además, numerosos herios entre los civiles.
Por otra parte, hoy los efectivos de Ansar Allah perdieron el control que mantenían sobre su última posición en el sur de Yemen en la provincia de Shebua, mientras mantienen su presencia en el noroeste del país.
Desde fines de 2014 Yemen sufre de una guerra civil entre fuerzas del hutí Ansar Allah y efectivos de Hadi, agudizada desde marzo de 2015 cuando una Alianza de naciones árabes e islámicas comenzó a realizar acciones militares en apoyo del Presidente, actualmente exiliado en Riad.
Mientras tanto, como viene siendo habitual, la comunidad internacional mirando para otro lado.

[Francia] La bofetada de Arabia Saudita al presidente francés Macron

En su precipitado viaje a Riad, para “rescatar” al primer ministro del Líbano, retenido allí con su familia, el presidente francés Emmanuel Macron sufrió una afrenta pública sin precedente. La prensa de Francia y de Occidente ha hecho todo lo posible por ocultar parte de lo sucedido, pero la opinión pública árabe ha podido comprobar la pérdida vertiginosa de prestigio y de influencia de Francia en el Medio Oriente.
 | DAMASCO (SIRIA)  
Este artículo es continuación del trabajo titulado «Golpe palaciego en Riad», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de noviembre de 2017.
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El presidente Emmanuel Macron (aquí frente al príncipe heredero del trono saudita, Mohamed ben Salman), no es el único responsable de la humillación que le inflingió el rey de Arabia Saudita. Está pagando también por los crímenes que cometieron sus predecesores, además de su propia incapacidad para fijar una nueva política de París para el Medio Oriente.
La renuncia del primer ministro libanés Saad Hariri, desde Riad, y su discurso televisivo anti-persa no han logrado provocar en Líbano el enfrentamiento esperado. Peor aún, su eterno adversario, el dirigente chiita Hassan Nasrallah, secretario general del Hezbollah, se dio el lujo de defenderlo, revelando que Hariri estaba preso en Riad y denunciando la injerencia de Arabia Saudita en la vida política libanesa. En pocas horas, la comunidad religiosa (sunnita) a la que pertenece Hariri comenzó a preocuparse por su jefe.
Por su parte, el presidente del Líbano, Michel Aoun, que es cristiano, denunció un «secuestro» y rechazó la renuncia, evidentemente forzada, hasta que Hariri venga a Beirut a entregársela personalmente. Mientras que algunos líderes de la Corriente del Futuro, el partido de Hariri, afirmaban que su jefe estaba libre y saludable, el conjunto de los libaneses reclamaban en bloque su liberación. Todos comprendieron que el breve viaje de Saad Hariri a los Emiratos Árabes Unidos y sus fugaces apariciones no eran más que una cuestión de imagen ya que su familia se halla retenida en el hotel Ritz-Carlton de Riad, junto a cientos de personalidades sauditas arrestadas. Todos se dieron cuenta también de que al rechazar la dimisión del primer ministro, el presidente Michel Aoun actuaba como un estadista y conservaba el único medio que pudiera permitir la liberación de Saad Hariri.
Francia es la ex potencia colonial que ocupó el Líbano hasta la Segunda Guerra Mundial y por mucho tiempo ha impuesto su voluntad en ese país, al que actualmente utiliza como una especie de sucursal en el Levante y como paraíso fiscal. Personalidades libanesas han estado implicadas en todos los escándalos político-financieros que han sacudido Francia en los 30 últimos años.
Actuando como protector del Líbano, el presidente francés Emmanuel Macron repetía en estos días que era necesario que el primer ministro Saad Hariri regresara a Beirut.
Por un azar de la agenda, el presidente Macron tenía que viajar a Abu Dabi el 9 de noviembre para inaugurar allí el llamado «Louvre de las Arenas», así que no podía dejar pasar la oportunidad de tomar la iniciativa. Durante su campaña electoral, este sucesor de «Chirac el Árabe», «Sarkozy el Qatarí» y «Hollande el Saudita» no se cohibió para decir todo lo malo que pensaba de Doha y Riad y, a pesar de no sentir simpatía por ninguna de las monarquías del Golfo, acabó acercándose, por defecto, a los emiratíes. Ante lo sucedido con Saad Hariri, el equipo de trabajo del presidente de Francia trataba de organizar una escala de Macron en Riad para traer de allí al primer ministro libanés. Pero el rey Salman de Arabia Saudita se negaba a recibir al francesito.
Desde el punto de vista del Consejo de Cooperación del Golfo (o sea, de todos los países árabes de esa región), Francia fue durante los 7 últimos años un aliado seguro contra Libia y contra Siria. Participó militarmente –tanto de manera pública como en secreto– en todos los golpes bajos contra esos dos países y proporcionó el paraguas diplomático así como el discurso justificativo para esas agresiones. Pero ahora, ante una Libia donde reina el caos y una Siria que –contradiciendo todos los planes– está ganando la guerra, Francia permanece totalmente confundida e inerte. El nuevo inquilino del palacio del Elíseo, Emmanuel Macron, no sabe absolutamente nada sobre esta región del mundo, al extremo que un día expresa reconocimiento a la República Árabe Siria y al día siguiente profiere insultos contra su presidente electo. Por otra parte, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos recibieron con extremo desagrado las declaraciones del presidente Macron llamando a la desescalada frente a Qatar. Para Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, conociendo los esfuerzos que han iniciado para romper con los yihadistas, resulta inaceptable tolerar el apoyo que Qatar sigue aportándo a los terroristas.
La inauguración del «Louvre de las Arenas» era una buena ocasión para pronunciar un bonito discurso sobre la cultura que nos une, un show que ya venía incluido en el paquete de 1 000 millones de dólares pactado desde hace tiempo entre Francia y los Emiratos. Después de haber llenado esa formalidad, el presidente Macron trató de averiguar con el jeque Mohamed ben Zayed lo que estaba sucediendo en la vecina Arabia Saudita y de informarse sobre la suerte de Saad Hariri.
Los emiratíes, se diferencian de los beduinos de Arabia Saudita en que son un pueblo de pescadores. Los beduinos vivieron siglos moviéndose por el desierto mientras que los ancestros de los emiratíes recorrían los mares. Debido a esa particularidad, los colonizadores británicos pusieron a los emiratíes bajo la autoridad del llamado Imperio de las Indias o «Raj británico», lo cual implica que no dependían de Londres sino de Delhi. Hoy en día, los Emiratos Árabes Unidos han invertido los ingresos provenientes de la venta de su petróleo en la compra de unos 60 puertos en 25 países, entre ellos el puerto de Marsella en Francia, el de Rotterdam en los Países Bajos, así como los de Londres y Southampton en el Reino Unido. Eso permite a los servicios secretos emiratíes meter y sacar lo que quieran de esos países, a pesar de los controles de las aduanas locales, servicio que saben vender muy bien a otros Estados. Gracias a las sanciones de Estados Unidos contra Irán, el puerto de Dubai se ha convertido de hecho en la puerta de Irán, y los emiratíes perciben dividendos enormes por permitir violar el “embargo” estadounidense. Es por eso que Abu Dabi tiene un interés económico vital en estimular la querella arabo-persa, mientras que los propios Emiratos reclaman las islas de Tonb y de Bu-Mussa, que para ellos se hallan «ocupadas» por Irán.
Para nadie es un secreto que el jeque emiratí Mohamed ben Zayed ejerce gran influencia sobre el príncipe heredero del trono saudita, Mohamed ben Salman, lo cual le permitió comunicarse telefónicamente con él, en presencia del presidente Macron, para gestionarle un encuentro en Riad.
En su viaje de regreso a Francia, el presidente Macron, de 39 años, hizo entonces una escala en Riad, donde el príncipe heredero, de 32 años, lo recibió en el aeropuerto y cenó con él en la propia terminal aérea.
En la noche del 4 al 5 de noviembre, el príncipe heredero Mohamed ben Salman ponía fin al gobierno colegial de la dinastía Saud e instauraba en el reino el poder personal de su padre, el rey Salman. Para lograrlo, hizo arrestar o asesinar a todos los líderes de los demás clanes que componen la familia real. Lo mismo hizo con los predicadores e imams vinculados a esos clanes. Estamos hablando, en total, de unas 2 400 personalidades. Varios “comunicadores” israelíes presentan ese golpe palaciego como una operación anticorrupción.
En definitiva, el presidente francés viajó a Riad inútilmente. No pudo traer de regreso a Saad Hariri, quien –a pesar de su dimisión– sigue siendo el primer ministro libanés en funciones. De hecho, ni siquiera pudo verlo. Más grave aún, el príncipe heredero Mohamed ben Salman, diciendo estar consciente de las numerosas y complicadas obligaciones que esperaban al presidente Macron en París, le mostró el camino de regreso a su avión.
El comportamiento saudita parece tan increíblemente grosero que es posible que algunos lectores no perciban la envergadura de la humillación que sufrió Emmanuel Macron. Digámoslo de otra manera: el presidente francés no pudo entrevistarse con el rey de Arabia Saudita, quien en estos días concede audiencias incluso a personalidades de segundo plano.
Esta forma de grosería, característica de la diplomacia árabe [1], no es sólo imputable al príncipe heredero saudita sino también al jeque Mohamed ben Zayed, quien sabía perfectamente lo que iba suceder cuando envió al joven presidente de Francia a Riad.
Conclusión: por no haber sabido adaptarse rápidamente al viraje de Arabia Saudita, iniciado después del discurso antiterrorista que el presidente estadounidense Donald Trump pronunció en mayo durante su visita en Riad, y también por tratar de apostar simultáneamente a dos caballos, Francia se ha excluido a sí misma de la región. A los emiratíes les agradan el museo del Louvre y las corbetas de la marina de guerra francesa… pero ya no toman en serio a los franceses. Los sauditas no han olvidado lo que el candidato Macron dijo de ellos… ni tampoco lo que dijo el presidente Macron a favor de Qatar, el actual padrino de la Hermandad Musulmana. Así que le dieron a entender no debe meterse en los asuntos del Golfo, ni en las disputas de sucesión de los Saud y menos aún en la querella contra Irán o en los conflictos alrededor del Líbano.
Francia ha perdido su influencia en el Medio Oriente.
[1] Y, por favor, no vean ustedes esta observación como una expresión de racismo antiárabe, sino sólo como una referencia a la Historia. Nota del Autor.

[Oriente Medio] Golpe palaciego en Riad

La guerra contra el Emirato Islámico va llegando a su fin en Irak y en Siria, parece que se ha logrado evitar el conflicto armado contra el seudo Kurdistán y varios Estados del Medio Oriente ampliado comienzan a retomar la iniciativa. Aprovechando la fluidez del momento, el príncipe heredero de Arabia Saudita ha eliminado abruptamente a todos los miembros de la familia real que podían representar algún peligro para su control del poder. La guerra no sólo acaba de modificar la correlación de fuerzas regional sino que uno de los principales actores acaba de cambiar de objetivos.
 | DAMASCO (SIRIA)  
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Al cabo de 7 años de guerra, ciudades enteras han sido arrasadas en Afganistán, Arabia Saudita, Irak, Libia, Siria, Turquía y Yemen, pero ninguna frontera ha sufrido cambios.

Nueva etapa en el Medio Oriente

Dicen que a la naturaleza no le gusta el vacío. El fin del «Emirato Islámico en Irak y Siria» (Daesh, su acrónimo árabe) –que acaba de perder sucesivamente las ciudades de Mosul, ante la ofensiva del ejército iraquí; Raqqa, tomada por el ejército estadounidense; y Deir ez-Zor, liberada por el ejército sirio– cierra una guerra y abre un nuevo periodo. El fracaso de Massud Barzani en su empeño por obtener el reconocimiento internacional de la anexión de Kirkuk por los kurdos del PDK (Partido Democrático del Kurdistán iraquí) descarta el proyecto de creación de un nuevo Estado colonial, el seudo Kurdistán, puesto avanzada del ejército israelí contra Irán.
En momentos en que la devastación reina en el Medio Oriente ampliado, principalmente en Libia, en Siria, en Irak, Yemen y Afganistán, quedan aún en esa región 4 Estados en condiciones de hacer progresar sus intereses: Israel, Arabia Saudita, Turquía e Irán. Para lograrlo, cada uno está obligado a tomar una iniciativa antes del encuentro entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin, que debe producirse durante la cumbre de la APEC (el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) a celebrarse en Danang del 8 al 10 de noviembre.
El 3 de noviembre, Israel se declaró dispuesto a proteger a los drusos del sur de Siria de los yihadistas que acababan de atacar la localidad siria de Hader. Desde principios de 2017, Tel Aviv viene tratando de crear en el sur de Siria un movimiento separatista druso, siguiendo el modelo de lo que logró hacer con los kurdos en el norte de ese mismo país y en Irak. El Mossad reclutó al mayor sirio Khaldoun Zeineddine, quien trató de proclamar un “Drusistán” pero sólo logró sublevar contra Damasco una docena de combatientes.
Ese mismo día, Turquía reagrupaba los diferentes grupos yihadistas de Idlib para crear un «Gobierno de Salvación Nacional», bajo la presidencia de Muhammad al-Sheikh y con Riad al-Asaad como viceprimer ministro. Ankara trata así de aplicar en la gobernación siria de Idlib la idea de su aliado Qatar, que ya en 2012 había fundado un gobierno sirio alternativo bajo la denominación de «Coalición Nacional Siria».
De Teherán no ha llegado ninguna señal, probablemente porque la República Islámica de Irán es el único de los 4 Estados anteriormente mencionados que sale vencedor simultáneamente ante el Emirato Islámico como ante el clan Barzani, y no tiene por ende interés en modificar la nueva coyuntura.
La sorpresa vino de Riad. La familia real de Arabia Saudita no trató de imponer un nuevo orden regional, pero el príncipe heredero Mohammed ben Salman trata de modificar el anquilosado orden de su reino.

La dimisión del primer ministro libanés Saad Hariri

El 4 de noviembre, hacia las 11 horas TU, el primer ministro libanés anunció su renuncia, compareciendo en vivo a través del canal saudita de televisión Al-Arabiya, desde el hotel Ritz de Riad y en presencia del príncipe heredero de Arabia Saudita.
Al leer, al pie de la letra, el texto que evidentemente le habían entregado, Saad Hariri se olvidó inesperadamente de que presidía un gobierno que contaba entre sus ministros varios miembros del Hezbollah. Y se expresó en los siguientes términos:
«Allí donde Irán está presente, siembra la división y la destrucción. Prueba de ello es su injerencia en los países árabes, sin mencionar su profundo rencor contra la nación árabe (…) Irán confisca el destino de los países de la región (…) El Hezbollah es el brazo de Irán, no sólo en Líbano sino también en los demás países árabes (…) Desgraciadamente, comprendí que ciertos compatriotas marchan de la mano con Irán, que trata de sacar al Líbano de su entorno árabe. Glorioso Pueblo del Líbano, el Hezbollah ha logrado, gracias a sus armas, imponer una situación de facto (…) Quiero decir a Irán y sus acólitos que salen perdiendo. Las manos que se levantan contra los Estados árabes serán cortadas. Y el Mal se volverá contra quienes lo ejercen.»
Ese texto dramático entierra el conflicto religioso entre sunnitas y chiitas para reactivar el conflicto racista de los árabes contra los persas. A pesar de las apariencias, eso es una forma de progreso ya que las posibilidades de guerra se vuelven así más limitadas, dado el hecho que sunnitas y chiitas habitan territorios donde se hallan mezclados mientras que los árabes y los persas viven en territorios diferentes. En el caso concreto del Líbano, ese cambio de lenguaje no modifica gran cosa. Pero ese texto no indica qué motivó la dimisión del primer ministro.
Saad Hariri agregó que teme por su vida. Al-Arabiya afirmó después que Hariri escapó hace días a un intento de asesinato. Pero la policía y la Seguridad General libanesas desmintieron sucesivamente precisando que no han tenido conocimiento de tal cosa. Al-Arabiya aseguró que el padre de Saad, Rafic Hariri, fue asesinado en 2005… por Irán, después de haber atribuido ese crimen durante años al entonces presidente del Líbano Emile Lahoud y al presidente sirio Bachar al-Assad.
Después de pronunciar su alocución, Saad Hariri telefoneó al presidente libanés, Michel Aoun, para comunicarle oficialmente su dimisión. La conversión fue muy breve y tampoco aclaró las causas de la renuncia.
El ministro saudita de Asuntos del Golfo aseguró, contrariamente a lo que podía pensarse a primera vista, que Arabia Saudita no tiene preso a Saad Hariri y que el ahora dimitente primer ministro libanés puede volver al Líbano cuando quiera. Ante la persistencia de los rumores de que Hariri estaba detenido en Arabia Saudita, se difundió a través de su cuenta de Twitter una foto de este en ropa casual junto al embajador de Arabia Saudita en Líbano.
Cuando Saad Hariri ni siquiera había terminado su alocución, su rival, el ex director central la policía libanesa (FSI) y posteriormente ministro de Justicia Achraf Rifi, regresaba a Beirut de su exilio italiano. No está de más recordar que Saad Hariri es uno de los individuos más endeudados del mundo –tiene una deuda personal que ronda los 4 000 millones de dólares con Arabia Saudita– y no parece por tanto en condiciones de tomar decisiones contrarias a los intereses de su acreedor.
Hacia las 23 horas y 45 minutos TU, los rebeldes huthis disparaban desde Yemen un misil balístico hacia el aeropuerto internacional Rey Khaled de Riad, misil que fue interceptado por los misiles antimisiles Patriot instalados en Arabia Saudita. Dado el hecho que el armamento moderno de los huthis proviene de Irán, los observadores vincularon el incidente del misil con la dimisión de Hariri y concuerdan en ver el disparo de ese artefacto como una respuesta al discurso anti-iraní de Saad Hariri.
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En sólo horas, el príncipe heredero Mohamed Ben Salman eliminó a todo los demás posibles aspirantes al trono saudita y sus principales aliados.

El príncipe heredero Mohamed ben Salman toma el poder

Los acontecimientos se aceleran entonces. Minutos más tarde, el rey Salman firmó dos decretos. El primero pronunciaba la jubilación anticipada del jefe del estado mayor de la marina de guerra y revocaba al ministro de Economía y al jefe de la Guardia Real, el poderosísimo príncipe Muteb, hijo del ex rey Abdallah. El segundo decreto instauraba una Comisión de Lucha Contra la Corrupción… bajo la presidencia del príncipe Mohamed ben Salman. Mientras tanto, la prensa anunciaba también la entrada en vigor de la nueva ley antiterrorista, que incluye disposiciones que permiten pronunciar condenas de 5 a 10 años de cárcel por difamación o por ultraje público a la autoridad del rey o del príncipe heredero.
En el transcurso de la siguiente hora, la Comisión de Lucha Contra la Corrupción se reunía y adoptaba una serie de medidas preparadas desde hace mucho tiempo, acusando de malversación de fondos a 11 príncipes, 4 ministros en funciones y decenas de ex ministros. Los acusados fueron puestos de inmediato bajo arresto por el nuevo comandante de la Guardia Real y a varios de ellos incluso se les abría expedientes en virtud de la nueva ley antiterrorista. En la carreta de los condenados figuraban 3 personalidades anteriormente destituidas por el rey, como el ex comandante de la Guardia Real, el príncipe Muteb. En el transcurso del día se supo que las cuentas bancarias de los sospechosos fueron confiscadas y que de ser declarados culpables –lo cual es sólo una formalidad– sus bienes pasarán al Tesoro nacional.
Según la agencia de prensa del reino, los sospechosos malversaron fondos durante las inundaciones de 2009 y la crisis del coronavirus (el llamado Middle East Respiratory Syndromeo MERS), acusación posiblemente fundada pero que no los distingue en nada de los demás caciques de la monarquía saudita.
Aunque no se ha publicado ninguna lista de nombres, se sabe que el príncipe Walid ben Talal figura entre los sospechosos. Considerado uno de los hombres más ricos del mundo, el príncipe Walid ben Talal era el embajador secreto del reino ante Israel. La Kingdom Holding Company, propiedad de este príncipe y poseedora de acciones en el Citygroup, Apple, Twitter y Euro-Disney, perdió inmediatamente 10% de su valor al abrirse las operaciones de la Bolsa de Riad, en la mañana del domingo, y finalmente se decretó la suspensión de cotización.
A pesar de las apariencias, nada indica que las víctimas de la purga hayan sido seleccionadas debido a sus funciones o sus ideas, lo cual parece corroborar el discurso oficial sobre la lucha contra la corrupción.
En la tarde del domingo, un helicóptero se estrella cerca de Abha. Se anuncia entonces que varios dignatarios sauditas murieron en el siniestro, entre ellos un príncipe llamado Mansur.
El éxito del príncipe heredero, que acaba de derrocar la oligarquía para instaurar su propia autocracia, nada dice sobre su capacidad para gobernar el reino. Con 32 años, este hijo de súper rico no ha tenido la oportunidad de entrar en contacto con su pueblo y comenzó a ocuparse de política hace sólo 2 años. Sus primeras decisiones –la decapitación del jefe de la oposición y el inicio de la guerra contra Yemen– fueron catastróficas. Después de haber neutralizado a todos los que podían oponerse a él dentro de la familia real, el príncipe Mohamed ben Salman tendrá ahora que asegurarse un respaldo popular para ejercer el poder. Por el momento, ya ha tomado algunas medidas a favor de los jóvenes (que constituyen el 70% de la población saudita) y de las mujeres (51% de la población). Por ejemplo, abriendo cines y organizando conciertos –hasta ahora prohibidos– y autorizando las mujeres a conducir automóviles, a partir de 2018.
Y próximamente tendría que abolir la siniestra policía religiosa y la obligación de tutelaje masculino que se impone a las mujeres sauditas. Esta última medida tendría la ventaja de complacer a las mujeres y de liberar al mismo tiempo a los hombres de esa carga para poder reactivar la economía. Lo más importante es que el príncipe heredero ha proclamado no sólo su intención de modernizar la práctica religiosa sino también de “limpiar” los hadiz –la leyenda dorada de Mahoma– de pasajes violentos o contradictorios, un proyecto laico que entra en conflicto con la práctica de toda la comunidad musulmana de los últimos siglos.
Esta estrategia impide al príncipe Mohamed ben Salman entrar en guerra contra Irán y el Hezbollah y desmiente el discurso oficial actual. Explicación: no es posible plantearse una guerra contra Irán sabiendo que, desde que los Guardianes de la Revolución iraníes acudieron en ayuda de los huthis, Arabia Saudita ha sufrido una derrota tras otra en Yemen. También resulta imposible movilizar a los sauditas para enviarlos a la guerra mientras que el príncipe heredero reforma radicalmente la sociedad.
Retrospectivamente, resulta que este golpe palaciego había sido anunciado hace días. El príncipe heredero había declarado que había que estar listo para el cambio que tendría lugar en la noche de sábado a domingo. Es imposible que la caída del gobierno libanés y la decapitación de la familia real saudita se hayan organizado sin aprobación de Washington. Se concluyó discretamente con el príncipe un acuerdo que prevé que la oferta pública de compra en efectivo de Aramco [1] no será en Riad sino en la Bolsa de Nueva York. Por otra parte, el discurso anti-iraní de Saad Hariri se produce después de toda una campaña de Washington en el mismo sentido. Desde el 10 de octubre, la administración Trump ha prometido recompensas por la captura de dos comandantes de la resistencia libanesa y presentó un plan contra las actividades financieras de los Guardianes de la Revolución iraníes, mientras que el Congreso estadounidense ha votado no menos de 5 leyes contra el Hezbollah.

Hipótesis de interpretación

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Saad Hariri, quien ostenta la doble nacionalidad saudita y libanesa, es un bastardo real y pertenece al clan Abdallah.
Ningún medio de prensa relaciona la dimisión del primer ministro libanés Saad Hariri con la purga efectuada en la familia real saudita. Los medios se limitan, además, a tomar nota del golpe palaciego pero sin interrogarse sobre la identidad de los sospechosos arrestados, olvidando así cómo funcionan las monarquías absolutas.
Yo propongo una hipótesis diferente para interpretar los hechos. Recordemos, primero que todo, que cuando muere el rey Abdallah –antecesor del actual rey Salman– el príncipe heredero era su amigo el príncipe Mukrin. La familia real estaba dividida en tres clanes: el del hijo de Abdallah, el príncipe Muteb; el del hijo del ministro del Interior Nayef; y el del hijo del rey Salman, el príncipe Mohamed ben Salman. Recordemos también otro secreto a voces: Saad Hariri no es hijo biológico de su padre legal sino un bastardo de la familia Saud y miembro del clan Abdallah.
En abril de 2015, el príncipe heredero Mukrin fue apartado de sus funciones y reemplazado por Mohamed ben Nayef mientras que el príncipe Mohamed ben Salman aparecía en la escena política convirtiéndose inesperadamente en segundo heredero. Pero en junio de 2017 Mohamed ben Salman lograba destituir a Nayef y lo ponía bajo detención domiciliaria. Para no ser solamente primer heredero sino quedar como único candidato al trono, Mohamed ben Salman tenía entonces que deshacerse del clan Abdallah. Y para eso tenía que destituir al príncipe Muteb, que controlaba la Guardia Real, pero no podía olvidar a Saad Hariri ya que, como primer ministro del Líbano, este último tenía posibilidades de ayudar a los miembros de su clan.
Si Saad Hariri todavía no es arrestado en ese momento es porque, aunque ya dimitió, sigue provisionalmente en funciones como primer ministro del Líbano hasta la designación e investidura de un sucesor. Pero Achraf Rifi, que regresó a Beirut para ocupar ese cargo, necesita un poco de tiempo para ser designado legalmente, sobre todo porque el presidente libanés Michel Aoun no quiere precipitarse y desea aclarar primero todo este enredo, lo cual puede llevar bastante tiempo si se tiene en cuenta que el secretario general del Hezbollah, Hassan Nasrallah, no dudó en defender a Saad Hariri en un discurso transmitido en la noche del domingo, donde estima que el primer ministro dimitió obligado por el príncipe heredero Mohamed ben Salman y que eso constituye una nueva injerencia saudita en Líbano. Finalmente, como resultado de una intervención de Francia, el primer ministro libanés es autorizado a salir de Arabia Saudita hacia los Emiratos Árabes Unidos.
La mayoría de las personalidades arrestadas fueron trasladadas al hotel Ritz de Riad, donde ya estaba Saad Hariri, para ser mantenidas bajo arresto “domiciliario”.
Como había que garantizar que nadie pudiese rivalizar con el príncipe Mohamed ben Salman, también era necesario cortar la rama del ex príncipe heredero Mukrin. Eso explica el accidente de helicóptero que costó la vida a su hijo, el príncipe Mansur. En dos días, son arrestadas más de 1 300 personalidades.
Ni el propio Saad Hariri, ni tampoco Irán, habían previsto los acontecimientos de los días 4 y 5 de noviembre. El Guía de la Revolución iraní, Alí Khamenei, había enviado al ex ministro de Exteriores Alí Akbar Velayati de visita en Líbano. Durante su estancia, Velayati se reunió con todos los líderes libaneses, incluyendo al primer ministro. Todos los encuentros transcurrieron satisfactoriamente y el que sostuvo con Hariri concluyó con felicitaciones recíprocas. Pero, minutos después, Hariri fue llamado a presentarse urgentemente en Riad.
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Moscú y Washington, únicos ganadores del golpe palaciego

Atenta a lo que venía preparándose, Rusia acompañó el movimiento extendiendo su propia influencia. El rey Salman viajó a Moscú el 5 de octubre. Aunque es aliado de Estados Unidos, el rey Salman, al igual que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, compró armamento ruso –incluyendo los ya célebres sistemas de misiles antiaéreos S-400. Como abandonó el apoyo al terrorismo, desde el discurso del presidente Trump en Riad, el monarca saudita pudo pactar con Rusia un plan para el intercambio de información en materia de antiterrorismo. Lo fundamental es que, después de firmar numerosos contratos, acordó mantener las limitaciones de la producción de petróleo aún después de que se haya concretado la oferta pública de compra en efectivo de Aramco, lo cual debería favorecer la especulación y, por consiguiente, el alza de precios. Este último acuerdo terminó de negociarse y se firmó en los últimos dias, con la mayor discreción, en Taskent.
Seguidamente, el presidente Vladimir Putin viajó a Teherán, el 1º de noviembre. Allí aseguró a su homólogo iraní, el jeque Hassan Rohani, que las declaraciones del presidente de Estados Unidos que cuestionan el acuerdo 5+1 sobre el programa nuclear iraní no pasarán de ahí. El presidente Putin reiteró al Guía de la Revolución, Alí Khamenei, la exigencia de los israelíes de que no haya Guardianes de la Revolución iraníes ni fuerzas del Hezbollah libanés en el sur de Siria. Lo más relevante es que se acordó con Khamenei un plan para la futura Siria basado en la idea de que Arabia Saudita renuncia a seguir desempeñando un papel destructivo.
En definitiva, para el Medio Oriente ampliado sería muy ventajoso que Arabia Saudita pase de una dictadura oscurantista a un despotismo ilustrado. En todo caso, el cambio de modo de funcionamiento, de dirigentes y de objetivos en Riad abre numerosas oportunidades. Cada actor regional va a tratar de adaptarse lo más rápidamente para promover sus propios intereses antes de que la situación vuelva a bloquearse.
[1] Aramco es la empresa estatal de petróleo y gas de Arabia Saudita. Nota de la Red Voltaire.

Mohammed ben Salman toma el poder en Arabia Saudita

  
El rey Salman ben Abdelaziz Al-Saud, de 81 años, depuso de todas sus funciones al príncipe Mohammed ben Nayef Al-Saud, de 57 años, quien hasta ahora ostentaba el título de príncipe heredero así como los cargos de viceprimer ministro y ministro del Interior de Arabia Saudita.
De esta manera, el propio hijo del rey, o sea el príncipe Mohammed ben Salman Al-Saud, de 31 años, se convierte, de hecho, en el nuevo príncipe heredero.
El príncipe Mohammed ben Nayef Al-Saud, quien hizo sus estudios en Oregón (Estados Unidos) y posteriormente se formó en el FBI y en Scotland Yard, estaba considerado como el hombre de Estados Unidos en Arabia Saudita y había obtenido resultados en la lucha contra algunos disidentes de al-Qaeda. Su marginación pone fin a las esperanzas de la rama de los Nayef de alcanzar el trono.
Por su parte, el príncipe Mohammed ben Salman carece de formación académica. Detenta, cuando más, un título de bachiller obtenido en una escuela local pero se ignora si ese título realmente corresponde a la realización de verdaderos estudios. Hizo su debut en política como asistente de su padre, el actual rey, cuando este último fue gobernador de Riad y posteriormente ministro de Defensa.
En 2015, cuando el rey Salman accedió al trono, fue su hijo, el príncipe Mohammed ben-Salman, quien se convirtió en ministro de Defensa e implicó al ejército de Arabia Saudita en la agresión contra Yemen, que está resultando desastrosa para las tropas sauditas. Disponiendo del poder real por procuración, el hijo del rey presentó Visión 2015, un amplio proyecto de reforma política que prevé la privatización de ARAMCO –única fuente de divisas de Arabia Saudita– y desarrollar el reino sin contar para ello con la industria del petróleo.
A pesar de lo anterior, el hijo del rey Salman es conocido sobre todo debido a su trayectoria como miembro de la jet set y por la compra del enorme yate Serene (ver foto) en 500 millones de euros.
Todo indica que el rey Salman tendría que abdicar próximamente dejando a su hijo en el poder. Eso resolvería temporalmente la difícil cuestión de la sucesión en Arabia Saudita, donde hasta ahora el trono pasaba a manos del mayor de los hijos del fundador de la dinastía Saud. El actual rey Salman es el 25º de los 53 hijos de Abdelaziz ben Abderrahman Al-Saud, el primer rey de Arabia Saudita.
En enero de 2015, al morir el rey Abdallah, su medio hermano el príncipe Mukrin ben Abdelaziz Al Saud fue nombrado príncipe heredero. Pero 3 meses después, en abril de 2015, fue separado abruptamente del orden de sucesión –algo que nunca había sucedido antes– y reemplazado por el príncipe Mohammed ben Nayef, que ahora acaba de correr la misma suerte.
Como premio de consolación, la rama de los Nayef obtuvo que sea un yerno del príncipe Mohammed ben Nayef quien reemplace a este último como ministro del Interior. Y si se decidió recurrir a un yerno es porque Mohammed ben Nayef no tiene ningún hijo varón.
El nuevo príncipe heredero, de 31 años, podría reinar alrededor de 50 años. Pero si muriera relativamente joven, su sucesor sería su hijo, incluso si aún fuese menor de edad.
La solución adoptada para resolver el problema de la sucesión en Arabia Saudita recibió la aprobación de Estados Unidos y fue adoptada por 31 de los 34 miembros del Consejo de Fidelidad, que en realidad es un consejo de familia de los Saud.
Con esa solución, la sucesión se salta 2 generaciones. De hecho, el príncipe Mohammed ben Salman está poniendo jóvenes a la cabeza de las diferentes administraciones de Arabia Saudita, país donde la edad media de la población es de 27 años.

Al cabo de 39 años, Riad reconoce los acuerdos de Camp David

  
Egipto finalmente entregó a Arabia Saudita las islas Tiran y Sanafir, en cumplimiento a lo pactado el 11 de abril de 2016 [1].
En el marco de ese arreglo, Riad se compromete a respetar los acuerdos de Camp David, que precisan que el propietario de ambos islotes no debe obstaculizar la circulación a través del estrecho de Tiran y permitir el paso a los barcos israelíes.
Numerosos egipcios habían expresado su oposición a la decisión del presidente al-Sissi de transferir a Arabia Saudita la soberanía sobre las islas de Tiran y Sanafir. El gobierno egipcio justificó su decisión afirmando que esos territorios nunca pertenecieron realmente a Egipto. Pero los hechos son indiscutibles ya que ambas islas eran propiedad de Egipto desde la Convención de Londres de 1840.
Para obligar a Egipto a entregarle las dos islas, Arabia Saudita comenzó por interrumpir sus entregas de petróleo al Cairo y bloqueó un préstamo de 12 000 millones de dólares, ante lo cual el parlamento egipcio acabó apresurándose a conceder su aval al arreglo.
Este reconocimiento de facto de los acuerdos de Camp David, firmados en 1978, que estipulan una paz separada entre Egipto e Israel, debería servir de justificación a una distensión entre Arabia Saudita e Israel. En este sitio web ya habíamos anunciado anteriormente el acuerdo secreto que Tel Aviv y Riad concluyeron en junio de 2015 [2], el papel de las fuerzas armadas de Israel en la Fuerza «Árabe» de Defensa Común contra Yemen [3] y la compra de bombas atómicas israelíes realizada por la familia Saud [4]. Y también tendrá ciertamente importantes consecuencias para la cuestión palestina.
[2] «Exclusivo: Los planes secretos de Israel y Arabia Saudita», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de junio de 2015.
[3] «La Fuerza «Árabe» de Defensa Común », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 20 de abril de 2015.
[4] «¡El Medio Oriente está nuclearizado!», par Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de marzo de 2016.
 

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