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Colombia: Falsa Democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Francia] La bofetada de Arabia Saudita al presidente francés Macron

En su precipitado viaje a Riad, para “rescatar” al primer ministro del Líbano, retenido allí con su familia, el presidente francés Emmanuel Macron sufrió una afrenta pública sin precedente. La prensa de Francia y de Occidente ha hecho todo lo posible por ocultar parte de lo sucedido, pero la opinión pública árabe ha podido comprobar la pérdida vertiginosa de prestigio y de influencia de Francia en el Medio Oriente.
 | DAMASCO (SIRIA)  
Este artículo es continuación del trabajo titulado «Golpe palaciego en Riad», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de noviembre de 2017.
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El presidente Emmanuel Macron (aquí frente al príncipe heredero del trono saudita, Mohamed ben Salman), no es el único responsable de la humillación que le inflingió el rey de Arabia Saudita. Está pagando también por los crímenes que cometieron sus predecesores, además de su propia incapacidad para fijar una nueva política de París para el Medio Oriente.
La renuncia del primer ministro libanés Saad Hariri, desde Riad, y su discurso televisivo anti-persa no han logrado provocar en Líbano el enfrentamiento esperado. Peor aún, su eterno adversario, el dirigente chiita Hassan Nasrallah, secretario general del Hezbollah, se dio el lujo de defenderlo, revelando que Hariri estaba preso en Riad y denunciando la injerencia de Arabia Saudita en la vida política libanesa. En pocas horas, la comunidad religiosa (sunnita) a la que pertenece Hariri comenzó a preocuparse por su jefe.
Por su parte, el presidente del Líbano, Michel Aoun, que es cristiano, denunció un «secuestro» y rechazó la renuncia, evidentemente forzada, hasta que Hariri venga a Beirut a entregársela personalmente. Mientras que algunos líderes de la Corriente del Futuro, el partido de Hariri, afirmaban que su jefe estaba libre y saludable, el conjunto de los libaneses reclamaban en bloque su liberación. Todos comprendieron que el breve viaje de Saad Hariri a los Emiratos Árabes Unidos y sus fugaces apariciones no eran más que una cuestión de imagen ya que su familia se halla retenida en el hotel Ritz-Carlton de Riad, junto a cientos de personalidades sauditas arrestadas. Todos se dieron cuenta también de que al rechazar la dimisión del primer ministro, el presidente Michel Aoun actuaba como un estadista y conservaba el único medio que pudiera permitir la liberación de Saad Hariri.
Francia es la ex potencia colonial que ocupó el Líbano hasta la Segunda Guerra Mundial y por mucho tiempo ha impuesto su voluntad en ese país, al que actualmente utiliza como una especie de sucursal en el Levante y como paraíso fiscal. Personalidades libanesas han estado implicadas en todos los escándalos político-financieros que han sacudido Francia en los 30 últimos años.
Actuando como protector del Líbano, el presidente francés Emmanuel Macron repetía en estos días que era necesario que el primer ministro Saad Hariri regresara a Beirut.
Por un azar de la agenda, el presidente Macron tenía que viajar a Abu Dabi el 9 de noviembre para inaugurar allí el llamado «Louvre de las Arenas», así que no podía dejar pasar la oportunidad de tomar la iniciativa. Durante su campaña electoral, este sucesor de «Chirac el Árabe», «Sarkozy el Qatarí» y «Hollande el Saudita» no se cohibió para decir todo lo malo que pensaba de Doha y Riad y, a pesar de no sentir simpatía por ninguna de las monarquías del Golfo, acabó acercándose, por defecto, a los emiratíes. Ante lo sucedido con Saad Hariri, el equipo de trabajo del presidente de Francia trataba de organizar una escala de Macron en Riad para traer de allí al primer ministro libanés. Pero el rey Salman de Arabia Saudita se negaba a recibir al francesito.
Desde el punto de vista del Consejo de Cooperación del Golfo (o sea, de todos los países árabes de esa región), Francia fue durante los 7 últimos años un aliado seguro contra Libia y contra Siria. Participó militarmente –tanto de manera pública como en secreto– en todos los golpes bajos contra esos dos países y proporcionó el paraguas diplomático así como el discurso justificativo para esas agresiones. Pero ahora, ante una Libia donde reina el caos y una Siria que –contradiciendo todos los planes– está ganando la guerra, Francia permanece totalmente confundida e inerte. El nuevo inquilino del palacio del Elíseo, Emmanuel Macron, no sabe absolutamente nada sobre esta región del mundo, al extremo que un día expresa reconocimiento a la República Árabe Siria y al día siguiente profiere insultos contra su presidente electo. Por otra parte, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos recibieron con extremo desagrado las declaraciones del presidente Macron llamando a la desescalada frente a Qatar. Para Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, conociendo los esfuerzos que han iniciado para romper con los yihadistas, resulta inaceptable tolerar el apoyo que Qatar sigue aportándo a los terroristas.
La inauguración del «Louvre de las Arenas» era una buena ocasión para pronunciar un bonito discurso sobre la cultura que nos une, un show que ya venía incluido en el paquete de 1 000 millones de dólares pactado desde hace tiempo entre Francia y los Emiratos. Después de haber llenado esa formalidad, el presidente Macron trató de averiguar con el jeque Mohamed ben Zayed lo que estaba sucediendo en la vecina Arabia Saudita y de informarse sobre la suerte de Saad Hariri.
Los emiratíes, se diferencian de los beduinos de Arabia Saudita en que son un pueblo de pescadores. Los beduinos vivieron siglos moviéndose por el desierto mientras que los ancestros de los emiratíes recorrían los mares. Debido a esa particularidad, los colonizadores británicos pusieron a los emiratíes bajo la autoridad del llamado Imperio de las Indias o «Raj británico», lo cual implica que no dependían de Londres sino de Delhi. Hoy en día, los Emiratos Árabes Unidos han invertido los ingresos provenientes de la venta de su petróleo en la compra de unos 60 puertos en 25 países, entre ellos el puerto de Marsella en Francia, el de Rotterdam en los Países Bajos, así como los de Londres y Southampton en el Reino Unido. Eso permite a los servicios secretos emiratíes meter y sacar lo que quieran de esos países, a pesar de los controles de las aduanas locales, servicio que saben vender muy bien a otros Estados. Gracias a las sanciones de Estados Unidos contra Irán, el puerto de Dubai se ha convertido de hecho en la puerta de Irán, y los emiratíes perciben dividendos enormes por permitir violar el “embargo” estadounidense. Es por eso que Abu Dabi tiene un interés económico vital en estimular la querella arabo-persa, mientras que los propios Emiratos reclaman las islas de Tonb y de Bu-Mussa, que para ellos se hallan «ocupadas» por Irán.
Para nadie es un secreto que el jeque emiratí Mohamed ben Zayed ejerce gran influencia sobre el príncipe heredero del trono saudita, Mohamed ben Salman, lo cual le permitió comunicarse telefónicamente con él, en presencia del presidente Macron, para gestionarle un encuentro en Riad.
En su viaje de regreso a Francia, el presidente Macron, de 39 años, hizo entonces una escala en Riad, donde el príncipe heredero, de 32 años, lo recibió en el aeropuerto y cenó con él en la propia terminal aérea.
En la noche del 4 al 5 de noviembre, el príncipe heredero Mohamed ben Salman ponía fin al gobierno colegial de la dinastía Saud e instauraba en el reino el poder personal de su padre, el rey Salman. Para lograrlo, hizo arrestar o asesinar a todos los líderes de los demás clanes que componen la familia real. Lo mismo hizo con los predicadores e imams vinculados a esos clanes. Estamos hablando, en total, de unas 2 400 personalidades. Varios “comunicadores” israelíes presentan ese golpe palaciego como una operación anticorrupción.
En definitiva, el presidente francés viajó a Riad inútilmente. No pudo traer de regreso a Saad Hariri, quien –a pesar de su dimisión– sigue siendo el primer ministro libanés en funciones. De hecho, ni siquiera pudo verlo. Más grave aún, el príncipe heredero Mohamed ben Salman, diciendo estar consciente de las numerosas y complicadas obligaciones que esperaban al presidente Macron en París, le mostró el camino de regreso a su avión.
El comportamiento saudita parece tan increíblemente grosero que es posible que algunos lectores no perciban la envergadura de la humillación que sufrió Emmanuel Macron. Digámoslo de otra manera: el presidente francés no pudo entrevistarse con el rey de Arabia Saudita, quien en estos días concede audiencias incluso a personalidades de segundo plano.
Esta forma de grosería, característica de la diplomacia árabe [1], no es sólo imputable al príncipe heredero saudita sino también al jeque Mohamed ben Zayed, quien sabía perfectamente lo que iba suceder cuando envió al joven presidente de Francia a Riad.
Conclusión: por no haber sabido adaptarse rápidamente al viraje de Arabia Saudita, iniciado después del discurso antiterrorista que el presidente estadounidense Donald Trump pronunció en mayo durante su visita en Riad, y también por tratar de apostar simultáneamente a dos caballos, Francia se ha excluido a sí misma de la región. A los emiratíes les agradan el museo del Louvre y las corbetas de la marina de guerra francesa… pero ya no toman en serio a los franceses. Los sauditas no han olvidado lo que el candidato Macron dijo de ellos… ni tampoco lo que dijo el presidente Macron a favor de Qatar, el actual padrino de la Hermandad Musulmana. Así que le dieron a entender no debe meterse en los asuntos del Golfo, ni en las disputas de sucesión de los Saud y menos aún en la querella contra Irán o en los conflictos alrededor del Líbano.
Francia ha perdido su influencia en el Medio Oriente.
[1] Y, por favor, no vean ustedes esta observación como una expresión de racismo antiárabe, sino sólo como una referencia a la Historia. Nota del Autor.

[Investigaciones] ¿Qué dice la televisión rusa del libro de Thierry Meyssan?

En Occidente, los grandes medios presentan al politólogo francés Thierry Meyssan como una especie de idiota. Pero en la mayoría del mundo se le reconoce como uno de los principales pensadores contemporáneos en materia de relaciones internacionales. La principal cadena de televisión rusa acaba de dedicar un reportaje a su último libro en su emisión informativa estelar. Los periodistas rusos, que ya conocen el trabajo de Meyssan sobre la estrategia del Pentágono, han encontrado en ese libro las pruebas de sus nuevas investigaciones.
 | MOSCÚ (RUSIA)  
Después de las «primaveras árabes», el mundo será testigo de las “primaveras latinoamericanas”, o sea de una serie de “revoluciones” y golpes de Estado en Latinoamérica. Esta es una premisa básica del nuevo libro del célebre analista y politólogo Thierry Meyssan: Los crímenes del Estado profundo.
El Estado profundo es un sector muy influyente de la élite estadounidense cuyos miembros han utilizado el Medio Oriente en un experimento geopolítico que consiste en desestabilizar el mundo para obtener ventajas económicas. De hecho ese es el nuevo formato de la política colonial. Se trata de robar a los países débiles, pero de una manera diferente. Por cierto, es de destacar que Donald Trump no está incluido en ese ignominioso sector.
Formalmente, esta nueva política se inició el 11 de septiembre de 2001, después del horrible ataque terrorista de Nueva York –la destrucción de las Torres Gemelas– que dio paso a la adopción de la llamada Patriot Act, legislación que permite una vigilancia omnipresente sobre toda la ciudadanía estadounidense.
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Meyssan escribe sobre el fin de la democracia en Estados Unidos. Pero va incluso más lejos y afirma que la Patriot Actfue concebida mucho antes del 11 de septiembre. Restringir las libertades era parte del plan. Otro aspecto es el control total de los medios de difusión por parte de Washington. La prensa occidental se descompone ante nuestros ojos. En el contexto actual, los periódicos de la era soviética parecen faros de la democracia.
El nuevo libro del escritor y periodista francés Thierry Meyssan está ausente de las librerías parisinas. Se vende solamente por correspondencia. En su país natal, este autor es considerado un personaje poco confiable desde que se atrevió, hace 16 años, a poner en duda públicamente la versión oficial de los atentados terroristas cometidos en Nueva York el 11 de septiembre de 2001.
Durante todos estos años, Meyssan se ha visto obligado a vivir y trabajar en el Medio Oriente, donde ha sido testigo de la aplicación progresiva de la estrategia del nuevo orden mundial, construida sobre las ruinas de las Torres Gemelas.
La edición rusa del libro de Meyssan salió a la venta bajo el título Lo Crímenes del Estado profundo: del 11 de Septiembre a Donald Trump (Преступления глубинного государства. От 11 сентября до Дональда Трампа). Nuestros lectores no se sorprenderán al enterarse de que tras los acontecimientos que se han producido en el mundo durante las dos últimas décadas hay un grupo de personas, de las que sólo algunas son dirigentes oficiales de los países implicados. El hecho es que todo lo que sucede se hace para aplicar la idea de unos pocos, está sujeto a la lógica de unos pocos y a su férrea voluntad. Eso no es nuevo para nosotros.
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Pero el libro de Meyssan nos ofrece la posibilidad de entender los mecanismos reales que mueven las relaciones internacionales modernas con todo su cinismo, sus mentiras y la sangre que hacen derramar.
«Es el resultado de mi trabajo desde hace 7 años, al servicio de diferentes gobiernos. Trabajé con documentos diplomáticos, con funcionarios, con diplomáticos. No es una “teoría del complot” sino una descripción de los métodos de trabajo de ciertos protagonistas. Desgraciadamente, no hay más explicación que la que describí (…) No tengo obligatoriamente razón pero estoy cerca de la verdad. Todo el mundo ve hoy que el mundo se ha vuelto loco, que los acontecimientos son nefastos, pero nadie entiende cómo ni por qué. Eso es lo que yo explico. Explico la reacción de jugadores (…) Yo estoy seguro de la veracidad de esos hechos», asegura el periodista francés Thierry Meyssan.
El Estado profundo tiene, como todo, su propia historia. En la de los Estados Unidos de la época contemporánea, la cuenta regresiva comienza generalmente con el asesinato del presidente Kennedy.
Por otra parte, Meyssan comienza a testimoniar sobre la historia de este «Estado profundo», el del 11 de septiembre de 2001. Según él, ese día hubo en Estados Unidos un golpe de Estado. Ese golpe llevó al poder a un grupo de personas unidas por una idea común.
Las raíces de esa idea pueden encontrarse a principios de los años 1990 en la Defense Policy Guidance redactada por Paul Wolfowitz: el concepto de liderazgo mundial y la supresión de posibilidad de competencia en ese aspecto.
«Hasta el año 2002 suponían que los recursos energéticos estaban agotándose, tenían que controlar todas las fuentes de energía fósil. Es por eso que invadieron Irak. Pero ahora entienden que el petróleo y el gas van a durar 2 o 3 siglos, quizás mucho más tiempo. Por consiguiente, la política de Occidente está cambiando. Ideas inaceptables para una persona normal conforman el núcleo de esta política. El ejército de Estados Unidos está convencido de que hay que extorsionar a todos los grandes Estados, dividir el mundo en dos y explotar la segunda parte del mundo. Comenzaron destruyendo el Medio Oriente, en Libia, en Siria, en Irak, en Yemen, Afganistán, Turquía, en Arabia Saudita, y eso no es un efecto colateral. Es su objetivo: destruir las instituciones de los Estados para que nadie pueda rivalizar con ellos», explica Thierry Meyssan.
Meyssan llama la atención del lector sobre el hecho que ninguna de las guerras desatadas por Washington ha terminado, a pesar del cambio de administración y de la alternancia de los partidos políticos en el poder. Eso significa que «el Estado profundo» no tiene como objetivo el derrocamiento de gobiernos, ni apropiarse de los recursos o controlar el paso del petróleo o del gas en determinada región. Su objetivo es la destrucción total de los países mismos.
«Naturalmente, yo no sé exactamente quién dirige ese proyecto. Pero he identificado a algunos responsables, por ejemplo, Hillary Clinton, el general Petraeus, Jeffrey Feltman –ex número 2 del Departamento de Estado (…) Ese sistema en sí mismo evoluciona con el tiempo. En 2001 lo dirigía el vicepresidente Cheney, quien hoy ya no ejerce en él ningún papel (…) Esa organización está vinculada a los gobiernos del Reino Unido y de Israel. Tenemos pruebas documentales de su existencia pero todavía no sabemos cómo está organizada», prosigue Thierry Meyssan.
Esta estrategia, que contradice por completo el concepto actual del imperialismo moderno, fue propuesta por el profesor Thomas Barnett, investigador principal en el Departamento de Estudios Estratégicos del Centro de Estudios Navales de Estados Unidos. Y fue anunciada públicamente en marzo de 2003, justo antes del ataque contra Irak.
Según esta estrategia, habría que dividir el mundo en dos partes: una zona estable, favorecida por el Sistema, y una zona de caos, donde la gente no podrá ni siquiera concebir la posibilidad de resistir sino sólo tratar de sobrevivir. Las empresas transnacionales podrán explotar libremente los recursos naturales y humanos, sin obligaciones que respetar ni responsabilidades que asumir ante alguien. Este Nuevo Mapa del Pentágono parece algo tan cruel que nadie pensaba que algo así pudiese llegar a ponerse en práctica.
«En 2004, un “alertador” del ministerio británico de Exteriores [Derek Pasquill] reveló documentos internos clasificados y, por supuesto, fue encarcelado de inmediato. Según aquellos documentos, el Reino Unido ya estaba preparando las primaveras árabes en 2004 (…) Otro documento es un tratado secreto entre Francia y Turquía, planificando los acontecimientos en Libia y en parte los de Siria (…) un tercer documento es un documento de la administración de la ONU y el gobierno alemán: el plan completo de capitulación de Siria, un plan tan cruel para ese país que habría tenido que sufrir condiciones que nadie se atrevió a exigir de Japón después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que Japón tenía una responsabilidad en la guerra, lo que no es el caso de Siria», explica Thierry Meyssan.
Casi toda África, Centroamérica y Latinoamérica, exceptuando Brasil y Argentina, caen en la zona de los «Estados no integrables» condenados al caos. En esa zona aparece todo el Medio Oriente con Turquía, el Golfo Pérsico, Irán y Pakistán, así como el centro de Asia, el sudeste asiático y los Balcanes, con excepción de Grecia.
Ya están creadas todas las herramientas necesarias para lograr eso. Pero hay un problema: la red de estructuras internacionales no gubernamentales, el imperio subversivo de George Soros, el conglomerado de cadenas de televisión mundiales –como CNNBBCSky NewsFrance24 y, por supuesto, Al-Jazeera– que resultó tan eficaz en los acontecimientos del Medio Oriente, están ahora movilizados en función de neutralizar a Trump.
«Trump es la única personalidad que, en Estados Unidos, el día mismo de los hechos del 11 de septiembre, denunció el engaño. Aún sin ser un político profesional, Trump entiende muy bien el funcionamiento de su país. No es un imperialista sino un republicano. Prometió poner fin a esta política exterior imperialista, detener las actividades de los terroristas internacionales, parar de alimentar el terrorismo en el mundo entero (…) En Irak, Barzani organizó un referéndum de independencia, no sólo en su territorio sino en los que había colonizado. Ahora se ve solo y se ha visto obligado a dimitir. Lo mismo sucedió en Cataluña, donde Puigdemont declaró la independencia, fue aislado de inmediato y se decidió a pedir ayuda aBruselas (…) Por eso siguen gritando que Trump es un presidente débil y que casi toda su administración está contra él. Pero eso quedará atrás. Todo cambiará y todo está cambiando», dice Meyssan.
Realmente, el tiempo cambia todo. Y lo que parecía ser una teoría “conspirativa” marginal, hoy es una explicación completamente sensata de lo que está sucediendo en el planeta. Además, la demagogia oficial no tiene otra explicación y cada día aporta algo nuevo.
Esto es lo más reciente: el primer ministro húngaro, Viktor Orban, llamó la comunidad internacional a prestar atención a los documentos publicados en Internet que demuestran que la Fundación Soros (Open Society) influye directamente en las decisiones tomadas por la Unión Europea. 226 miembros del Parlamento Europeo están vinculadas al multimillonario [Soros]. Eso es más de la tercera parte de los miembros del Parlamento Europeo. Hasta hace sólo unos días, afirmar el multimillonario y filántropo George Soros se inmiscuyó activamente en la política mundial y trató de controlar países enteros habría sido visto como una teoría barata del complot.
Sobre la estrategia del Pentágono, ver:
- The Pentagon’s New Map, Thomas P. M. Barnett, Putnam Publishing Group, 2004.
- «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Haïti Liberté (Haití) , Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.
- «La “gran estrategia” de Estados Unidos», por Mijaíl Leontiev, 1tv(Rusia) , Red Voltaire, 8 de octubre de 2017.
Sobre el cabildeo de la Fundación Soros en el Parlamento Europeo, ver:
- Reliable allies in the European Parliament (2014 – 2019)[Aliados de confianza en el Parlamento Europeo], Kumquat Consult. Esta galería de personajes, realizada por cuenta de Open Society, identifica a los 226 miembros del Parlamento Europeo –de un total de 751– que han aceptado promover posiciones de esa fundación de George Soros.

Según el presidente francés Macron, la época de la soberanía popular ha quedado atrás

En un discurso fundacional ante la cúpula de la diplomacia francesa, el presidente Emmanuel Macron expuso su concepción del mundo y cómo piensa utilizar las herramientas a su disposición. Según Macron, ya no existe la soberanía popular, ni en Francia, ni en Europa, así que no hay democracias nacionales ni democracia supranacional. Tampoco existe el interés colectivo, el interés de la República, sino un catálogo heteróclito de cosas e ideas que constituyen bienes comunes. Al describir a los embajadores el trabajo que habrán de hacer, les informó que ya no defenderán los valores de su país sino que buscarán oportunidades de actuar en nombre del Leviatán europeo. Al abordar los detalles de varios conflictos, lo que describió fue un programa de colonización económica del Levante y África.
 | DAMASCO (SIRIA)  
En la tradicional Semana de los Embajadores, Emmanuel Macron pronunció su primer discurso sobre política exterior desde su llegada a la presidencia [1]. Todas las citaciones entre comillas que aparecen en este artículo provienen de ese discurso. El presidente no pasó en revista las relaciones internacionales actuales ni explicó cómo concibe el papel que Francia debe desempeñar en el mundo sino cómo piensa él utilizar esa herramienta.
Según el presidente Macron, Francia debe ser capaz de adaptarse a los cambios que se han producido en el mundo desde 1989: caída del muro de Berlín, disolución de la Unión Soviética y triunfo de la globalización estadounidense. Estima que para reconstruir el país sería absurdo volver al antiguo concepto de soberanía nacional. Al contrario, hay que avanzar utilizando los medios disponibles. Es por eso que hoy «Nuestra soberanía es Europa».
Es cierto que la Unión Europea es un monstruo, «un Leviatán» [2]. Carece de legitimidad popular, pero la adquiere cuando protege a sus ciudadanos. En su actual formato se halla bajo el dominio del tándem franco-alemán. Así que él mismo, Emmanuel Macron, y la canciller Angela Merkel pueden gobernarla juntos. Eso le permitió viajar a Polonia, como presidente de Francia, y, de acuerdo con su socia alemana –que, por razones históricas, no podía darse el lujo de tratar duramente a Polonia–, hablar allí como implícito representante de la Unión Europea, insultar a la primer ministro polaca, recordarle que no es soberana e intimarla a hacer lo que decide la UE.
También con la bendición de la canciller alemana, él –Macron– ha decidido actuar en 4 sectores:
- la protección de los trabajadores;
- la reforma del derecho de asilo y la cooperación europea en el tema migratorio;
- la definición de una política comercial y de instrumentos de control de las inversiones estratégicas;
- el desarrollo de la Europa de la defensa.
Esos objetivos determinan, evidentemente, las políticas nacionales de cada uno de los Estados miembros de la Unión Europea, incluyendo la de Francia.
Por ejemplo, las ordenanzas que su gobierno acaba de emitir sobre la reforma del Código Laboral imponen límites mínimos en materia de protección de los trabajadores, conforme a las instrucciones ya impartidas desde hace tiempo por los funcionarios de la Unión Europea. La cooperación en el tema migratorio impondrá la cantidad de migrantes que habrá que recibir para que funcione la industria alemana [3], mientras que la reforma del derecho de asilo fijará la capacidad de acogida de Francia dentro del espacio Schengen. Finalmente, la Europa de la defensa permitirá unir los ejércitos de la Unión Europea e integrarlos colectivamente a las ambiciones de la OTAN.
Francia y Alemania organizarán sistemas de cooperación reforzada sobre diferentes temas para acelerar el avance de la Unión Europea, seleccionando cuidadosamente a sus socios. Se conservará entonces el principio de adopción de decisiones por unanimidad, pero sólo entre los Estados preseleccionados, que ya estarán de acuerdo entre sí.
La cohesión de ese conjunto se mantendrá alrededor de 4 valores comunes:
- «la democracia electiva y representativa,
- el respeto de la persona humana,
- la tolerancia en materia de religión y la libertad de expresión,
- y la creencia en el progreso
».
«La democracia electiva y representativa» se aplicará sólo a nivel local (grupos de comunas y regiones administrativas ya que las comunas y los departamentos están llamados a desaparecer) puesto que ya no hay soberanía nacional.
«El respeto de la persona humana, la tolerancia en materia de religión y la libertad» habrá que entenderlas en el sentido del Convenio Europeo para la Protección) de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, no en el sentido de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, a pesar de que esta última se menciona como referencia en el preámbulo de la actual Constitución de la República.
«La creencia en el progreso» permitirá movilizar a los ciudadanos europeos en un momento en que todos están viendo como países del Medio Oriente que antes vivían holgadamente son abruptamente arrasados y prácticamente devueltos a la Edad de Piedra.

El sistema Macron

Francia tendrá que utilizar la herramienta europea para adaptarse al «mundo multipolar e inestable». Dando por sentado que no se trata de restablecer la alianza franco-rusa de los tiempos del presidente Sadi Carnot y el emperador Alejandro III porque la Unión Europea es la expresión civil de la OTAN, de nada sirve basar la diplomacia francesa en la Historia ni en valores.
Al contrario, lo conveniente es hacer el papel de «contrapeso» para mantener «los vínculos con las grandes potencias cuyos intereses estratégicos divergen». Pero, tenemos que entiender bien que el presidente de Francia no está hablando de los intereses divergentes entre, de un lado, Estados Unidos y, del otro, Rusia y China sino de mantener las relaciones que estas dos últimas superpotencias tienen que mantener con Estados Unidos.
«Para eso tenemos (…) que inscribirnos en la tradición de las alianzas existentes y, de manera oportunista, construir alianzas circunstanciales que nos permitan ser más eficaces». El papel de los diplomáticos ya no será defender a largo plazo los valores de Francia sino rastrear a corto plazo las oportunidades que el país pueda explotar.

«La estabilidad del mundo»

Ya planteados ese marco de trabajo europeo y ese método, la función de la diplomacia francesa será al mismo tiempo garantizar la seguridad de los franceses participando en «la estabilidad del mundo» y ganar en influencia defendiendo «los bienes comunes universales».
Dado el hecho que desde la caída del muro de Berlín y el fin de la soberanía nacional ya no hay enemigo convencional, Francia ya no necesita un ejército para defender su territorio. Pero tiene que enfrentar un enemigo no convencional, el «terrorismo islámico», que exige de ella a la vez una policía omnipresente y un ejército de proyección capaz de intervenir en los focos de terrorismo en el extranjero: Siria e Irak por un lado, Libia y el Sahel por el otro. Es evidentemente ese cambio de objetivo, no una cuestión de presupuesto, lo que llevó al presidente Macron a destituir el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas de Francia. Ahora le falta reformar la policía.
Francia seguirá protegiendo a sus ciudadanos musulmanes, aunque manteniendo un discurso que vincula la ideología política islamista a la religión musulmana. Así podrá mantener la vigilancia sobre la práctica del culto musulmán, moldearlo y, de hecho, influenciar a quienes lo practican.
La lucha contra el terrorismo incluye eliminar sus fuentes de financiamiento, trabajo que Francia prosigue a través de numerosas instituciones internacionales, aunque se sabe que debido a «crisis regionales y divisiones, a divisiones en África y divisiones en el mundo musulmán» algunos Estados participan secretamente en ese financiamiento. Pero, en primer lugar, como el terrorismo no es un grupo de personas sino una forma de combate; y, en segundo lugar, como las acciones terroristas están mucho mejor financiadas desde que su financiamiento está supuestamente prohibido, es evidente que ese dispositivo ha sido montado por Washington, pero no contra la Hermandad Musulmana sino contra Irán. Aunque no tiene aparentemente nada que ver con el financiamiento del terrorismo, el presidente Macron aborda entonces el tema del antagonismo entre Arabia Saudita e Irán, poniéndose del lado de Arabia Saudita y condenando Irán.
Desde los ataques de Daesh [el Emirato Islámico] contra «nuestros intereses, nuestras vidas, nuestro pueblo», la paz en Irak y en Siria constituye «una prioridad vital para Francia». Lo cual explica el cambio de método iniciado desde mayo. Claro, París «había sido dejado al margen» de las negociaciones de Astaná, pero ahora hace «avanzar concretamente la situación» discutiendo, uno a uno, con los participantes de las reuniones de Astaná. Los ha convencido para que adopten los objetivos trazados desde hace tiempo por el presidente Obama: prohibición de las armas químicas y acceso de la ayuda humanitaria a las zonas de conflicto. En fin, Francia ha creado un «grupo internacional de contacto» que se reunirá en ocasión de la Asamblea General de la ONU alrededor de ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian. El regreso de Siria al Estado de derecho «tendrá que ir acompañado de justicia por los crímenes cometidos, principalmente por los dirigentes de ese país».
El presidente Macron retrocede así en relación con sus declaraciones anteriores. Ya no se trata, como había dado a entender en una entrevista concedida al Journal du Dimanche, de aceptar la República Árabe Siria y apoyarla en contra de Daesh sino, por el contrario, de continuar el doble juego anterior: utilizar el pretexto humanitario para armar a los yihadistas en contra del gobierno sirio. El anuncio del juicio contra los dirigentes sirios equivale a anunciar la derrota de la República Árabe Siria ya que nunca, absolutamente nunca, ningún Estado ha juzgado por crímenes de guerra a generales victoriosos. El presidente Macron no precisa qué tribunal juzgaría a esos dirigentes, pero su formulación remite al plan del director de Asuntos Políticos de la ONU, el estadounidense Jeffrey Feltman, quien ya en 2012 –o sea antes de que se generalizara la guerra– tenía prevista la «condena» de 120 dirigentes sirios en el marco de un plan redactado bajo la dirección de un funcionario de la señora Merkel, el señor Volker Perthes [4].
En cuanto a Libia y el Sahel, el presidente Macron recordó su iniciativa de La-Celle-Saint-Cloud, durante la cual acercó al «primer ministro libio» Fayez Sarraj y al «jefe del ejército nacional libio» Khalifa Haftar; cumbre donde el propio Macron garantizó a estos últimos el respaldo de la Unión Europea… con la condición de que den por perdidos los 100 000 millones de dólares que desaparecieron del tesoro nacional libio [5].
La primera consecuencia del derrocamiento de la Yamahiriya Árabe Libia fue la desestabilización de Mali, país cuya economía Trípoli subvencionaba ampliamente [6]. Mali se dividió entonces en dos: de un lado, los sedentarios bantúes; del otro, los nómadas tuaregs. La intervención militar francesa comprobó ese hecho y detuvo sus consecuencias más inmediatas para los civiles. Francia creó el G5-Sahel para detener las consecuencias de la guerra contra Libia y prevenir el enfrentamiento entre negros y árabes, lo que sólo Muammar el-Kadhafi había logrado evitar.
La alianza por el desarrollo del Sahel apunta, con medios mucho menos importantes que los que garantizaba Kadhafi, a reemplazar el programa de desarrollo que Libia había aplicado en esa región. Esas medidas estabilizarán esa parte de África hasta que, en una decena de años, el Pentágono inicie la aplicación de su programa de extensión del caos al llamado continente negro.
El presidente Macron mencionó ante los embajadores franceses la declaración común que él mismo acaba de adoptar con socios de África y de Europa instituyendo en suelo africano oficinas europeas de inmigración. El objetivo es seleccionar desde el punto de partida los migrantes que la Unión Europea quiere aceptar y acabar con las actuales rutas del éxodo. «Las rutas de la necesidad deben convertirse en caminos de libertad». Esa fórmula resume claramente el pensamiento del presidente francés: África es la necesidad, Europa es la libertad.
Para Emmanuel Macron, «restablecer la seguridad» en África exige las 3 D: «Defensa, Desarrollo y Diplomacia», o sea la presencia del ejército francés de proyección, de inversiones francesas y de la administración francesa… el programa clásico de la colonización económica.

La defensa de los bienes comunes

Lejos de pasar por alto la carta de triunfo que constituyen la francofonía y el turismo, el presidente Macron le dedicó largas parrafadas. Se pronunció a favor de aprovechar el sistema jurídico francés para extender la influencia de Francia. Con ello adopta la «doctrina Korbel», la cual estipula que la manera de redactar un tratado amplía la influencia del país que ha concebido los conceptos de ese documento. Esa doctrina fue aplicada por la hija de Korbel, Madeleine Albright, y también por su hija adoptiva, Condoleezza Rice, para transcribir en derecho anglosajón los tratados internacionales.
El primer bien común es el planeta
El presidente francés Emmanuel Macron pronunció este discurso en el marco de la «Semana de los Embajadores», durante la cual el ministro de Exteriores había explicado a los diplomáticos franceses que, en lo adelante, su primera función es la diplomacia económica. Laurent Fabius, predecesor del actual ministro francés de Exteriores, había tenido la idea de movilizar la red diplomática francesa para desarrollar las exportaciones. Con ese objetivo creó Business France, un establecimiento público que puso bajo las órdenes de la señora Muriel Penicaud, quien utilizó los fondos públicos a su disposición para dar inicio a la campaña electoral de Macron en el extranjero, lo cual está trayéndole ahora problemas con la justicia. Muriel Penicaud es actualmente ministro del Trabajo y como tal ha redactado las ordenanzas que fijan los niveles de «protección de los trabajadores». Laurent Fabius se convirtió en presidente del Consejo Constitucional y, desde ese cargo y en violación del papel que le atribuye la Constitución de la República– redactó un Pacto por el Medioambiente que el presidente Macron presentará a la ONU.
El segundo bien común es la paz.
A través de la «Europa de la Defensa», el presidente Macron pretende «dar un nuevo aliento» a la OTAN. Esa alianza militar apunta, en efecto, a la promoción de «la paz»… como podemos comprobarlo en Afganistán, Irak, Libia, Siria y Ucrania.
El tercer bien común se compone de la justicia y las libertades.
El presidente Macron, que ya había mencionado anteriormente los valores comunes de la Unión Europea –«el respeto de la persona humana, la tolerancia en materia de religión y la libertad de expresión»–, dice ahora que «el lugar de las mujeres, las libertades de la prensa, el respeto de los derechos civiles y políticos» son valores universales. Aunque se las da de filósofo desde que se reunió con Paul Ricoeur, el presidente francés no parece haber reflexionado sobre la filosofía política y confunde en su discurso el Derecho Humanitario con los Derechos Humanos, y también confunde la significación que esos derechos tienen para los anglosajones (protección del individuo ante los abusos del Estado) y su significado francés (responsabilidad de las personas, de los ciudadanos y de la Nación).
El cuarto bien común es la cultura.
El presidente Macron dijo durante su campaña electoral que no hay una cultura francesa sino cultura en Francia. Además, Macron no concibe la cultura en general como una forma de desarrollo de la mente sino como un conjunto de bienes mercantiles. Debido a ello, proseguirá la acción de su predecesor a favor de la protección de los bienes culturales, no de la gente, en los lugares donde se desarrollan guerras.

Conclusión

Será necesario mucho tiempo para sacar en claro todo lo que debemos saber sobre la visión del mundo del presidente francés Emmanuel Macron.
Pero lo más importante es que, según él, la época de la soberanía popular ha quedado atrás, tanto para los franceses como para los europeos en general. El ideal democrático puede mantenerse como meta… a nivel local, pero no tiene sentido a nivel nacional.
Lo segundo es que la concepción del Bien Común (res publica), que abrazaron todos los regímenes políticos –monarquía, imperio o República– también le parece obsoleta. En la óptica de esos regímenes, se trataba de servir un interés colectivo –o de hacer como si sirviesen un interés colectivo. Macron habla, por supuesto, de la justicia y las libertades, pero de inmediato pone esos nobles ideales al mismo nivel que objetos, como la Tierra y los productos culturales de carácter mercantil, y propone algo que constituye un deshonor: rendir vasallaje a la OTAN. Parece que también ha muerto la República.
Al término de su exposición, el auditorio lo aplaudió calurosamente. La prensa francesa y los líderes de la oposición no han emitido ningún tipo de objeción.
[1] «Discours d’Emmanuel Macron à la semaine des ambassadeurs de France», Emmanuel Macron, Réseau Voltaire, 29 de agosto de 2017.
[2Leviatán, Thomas Hobbes, 1651.
[3] «Cómo la Unión Europea manipula a los refugiados sirios», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 2 de mayo de 2016.
[4] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-Watan(Siria), Red Voltaire, 28 de enero de 2016.
[5] «Macron y Libia: la Rothschild Connection», Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia), Red Voltaire, 2 de agosto de 2017.
[6] «La guerra contra Libia es una catástrofe económica para África y para Europa», entrevista al ministro de Cooperación de Libia, Thierry Meyssan, Red Voltaire, 9 de julio de 2011.

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