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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

Hey loco, No dispares!

Vamos a Cuentiarnos la Paz

LOS RICOS NO VAN A LA GUERRA

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Sí, claro que Sí

Me habría alegrado estar en la X Conferencia de las Farc en el Yarí y, desde luego, en Cartagena en la firma del acuerdo de paz.
Por: Alfredo Molano Bravo - El Espectador.

También en las ceremonias del perdón en Bojayá y La Chinita. Sobra decir que votaré a conciencia plena por el Sí, aunque debo confesar, también, que por allá en no sé dónde, amaga una cierta nostalgia. No es necesario invitar a las izquierdas colombianas a votar por el Sí, aunque una parte de ellas nunca haya estado de acuerdo con la lucha armada. A la otra parte, la que apoyó, aunque fuera de corazón, las causas del alzamiento, tampoco habrá que darle razones para ir a votar por el fin de la guerra. 
Con la extrema derecha, que se ha beneficiado política y económicamente con la sangre y el fuego que ha hecho correr por todo el país desde el 9 de abril, no hay nada que hacer. Votará por el No y si llegara a ganar —digo, si llegara a ganar—, empujará el país a un abismo. 
Porque, ¿qué propone Uribe más allá de regocijarse en la soberbia del No? ¿Que las Farc y el Eln acepten ir a la cárcel, juzgados por una justicia que él no acepta y que los suyos evaden? Escribo, pues, para la gente que de buena fe cree que sólo si se hace sufrir a otro en la cárcel se paga el sufrimiento que ese otro haya provocado. 
No creo que el dolor de las víctimas se compense o se borre con el sufrimiento de sus victimarios presos en una cárcel. Lógica que, por lo demás, vale para todas las partes, también para los militares y paramilitares. No creo que la venganza cumplida sea un camino para salir de la guerra. Si así fuera, no tendríamos necesidad de un acuerdo de paz porque el conflicto ya habría terminado en la paz de los sepulcros. La venganza ha sido la gasolina del conflicto. Se tiene la torva idea de que la muerte del enemigo permite desahogar la ira, deshacerse del dolor, cuando en realidad lo que hace es alimentar tanto la una como el otro.
 Y así, la cadena se prolonga. La guerra civil de los Mil Días finalizó no con la ejecución de Uribe Uribe en Ciénaga cuando entregó armas, sino cuando Reyes lo nombró embajador en Chile. 
En cambio, ¿cuánta sangre ha costado vengar los muertos de las Bananeras del año 28, de Gaitán el 9 de abril, de Gachetá en el año 49, de El Líbano en el 52, de Marquetalia en el 64 y de ahí para acá, todas las muertes que se deben cargar en la cuenta del Frente Nacional cuando autorizó al Ejército a repartir armas a los civiles para vengar los muertos causados por la insurgencia? 
¿Acaso las masacres que se desataron con la tolerancia del matrimonio entre las furias del interés privado, el narcotráfico y el paramilitarismo desde los años 80 han debilitado al menos un poquito la guerra? 
¿Acaso la fórmula de apelar a “todas las formas de lucha”, utilizada tanto por las Farc como por los diferentes gobiernos, ha tenido un resultado distinto a fomentar la muerte y alargar sin término el conflicto? 
En vez de un Día D para liquidar la guerra entre el Gobierno y las Farc, lo que la extrema derecha y sus aliados non santos buscan es que ese día vuelva a jugar la bolita hecha de soberbia y plomo. No podemos seguir pensando que un clavo saca otro clavo, que un ojo paga otro ojo, que la sangre baña la sangre.
Punto aparte: Es un gran honor para mí ser editado cada semana por la atinada mano de Jorge Cardona.

Para indecisos

Hoy se vota el plebiscito sobre la paz, que es la principal decisión que tendremos como ciudadanos en décadas, por lo que debemos esforzarnos por participar. Para quienes aún no tienen su voto definido, quisiera compartir el análisis que me llevó al Sí.
Por: Rodrigo Uprimny (*)

Mi punto de partida fue que los beneficios de la paz negociada son enormes, no sólo por el sufrimiento que ahorra, en especial para quienes más han sufrido la guerra (las poblaciones rurales), sino además porque sin paz no es posible tener nunca una democracia robusta ni un desarrollo económico incluyente.
Estos beneficios son hoy tan claros que los promotores del No dicen que no se oponen a la paz negociada, sino que hay que votar No para lograr un mejor acuerdo. Pero esa renegociación del acuerdo es altamente improbable pues no habría quien la haga: el gobierno Santos y el liderazgo de las Farc quedarían muy débiles políticamente por el rechazo del acuerdo y quienes promueven el No están en la oposición. Y no se sabría qué renegociar, pues distintos ciudadanos se habrían opuesto por diversas razones al acuerdo.
El triunfo del Sí no garantiza la implementación exitosa del acuerdo, que será difícil, pero la facilita enormemente, por la legitimidad democrática que le confiere.
Los ejemplos de Irlanda del Norte y Chipre confirman lo anterior, esto es, que No es No y Sí es Sí. El “Acuerdo de Viernes Santo” fue aprobado en Irlanda del Norte en 1998 por la ciudadanía y, a pesar de las divisiones entre católicos y protestantes, se pudo implementar y hoy hay paz. En cambio, en Chipre el acuerdo mediado por Kofi Annan fue rechazado en voto popular en 2004 y, aunque podía ser renegociado inmediatamente, han pasado 12 años sin un nuevo acuerdo. Y si la guerra no ha vuelto, es porque hay una presencia masiva de fuerzas de la ONU que mantienen separado el país entre el norte turcochipriota y el sur grecochipriota.
Estas premisas me llevan a la siguiente fórmula: debería votar Sí quien estime que el acuerdo globalmente considerado es suficientemente justo que decide apoyarlo, en nombre de una paz altamente probable. Debería votar No quien considere que el acuerdo es tan injusto que lo rechaza, a pesar de que su renegociación sea improbable, por lo que el retorno de la guerra es previsible.
El acuerdo alcanzado, sin ser perfecto (pero ningún pacto de paz lo es), es bueno: permite un desarrollo rural más equitativo, una participación política más robusta y una política de drogas más razonable; además garantiza el desarme de las Farc y diseña una justicia transicional, que pese a tener puntos polémicos, es respetuosa con las víctimas y es difícilmente mejorable.
Por todo eso mi apoyo al Sí es claro. Pero ¿qué pasa si alguien tiene aún dudas sobre las bondades del acuerdo? Creo que debería optar por el Sí, por lo siguiente: la paz negociada es deseable por sus enormes beneficios y el No es inútil para lograr un mejor acuerdo; la duda sobre las bondades del acuerdo debe entonces ser resuelta a favor del Sí, para darle una oportunidad a la paz.
(*) Investigador Dejusticia y profesor Universidad Nacional

Un voto por el futuro

Si triunfa el No, ni siquiera vamos a saber la verdad sobre los horrores que cometieron las Farc, porque el proceso se extinguiría al quedarse sin aliento
Voy a votar Sí en el plebiscito por una razón tan simple como esta: porque lo acordado en La Habana nos da la oportunidad histórica de salir de la barbarie, y nos permite empezar a reconstruir el país desde el respeto, la tolerancia y la inclusión. Esa oportunidad histórica no la quiero perder, así a muchos les parezca muy poco haber terminado una guerra de 52 años con una guerrilla como las Farc.

Sin embargo, mi voto por el Sí no pretende apoyar a Santos, ni a Vargas Lleras, ni al expresidente César Gaviria, ni está inspirado en la mermelada como suele ser la manera burda como los opositores del No nos pordebajean. Voy a votar Sí, porque precisamente este acuerdo es la oportunidad para que el país renueve a todas esas elites políticas corruptas, que se enquistaron en el poder y que se han ido apoderando del sistema político colombiano. Estas mafias han convertido a la política en lo que es hoy: un lugar apto solo para corruptos, en el que las Claudias López están condenadas a ser flor de un día; un lugar en donde el pragmatismo ha desplazado a las ideas y donde no importa que un partido que se llama Liberal tenga entre sus huestes a una senadora como Viviane Morales, que busca hacer política alimentando a su secta en desmedro de las ideas liberales y del bien común. (De la misma forma que tampoco importa que Cambio Radical arrope como lo hizo al combo de Kiko Gomez en La Guajira, pese a su impresentable hoja de vida, y que el Partido de la U tenga como adalid de la lucha contra la corrupción a la gobernadora del Valle, la misma baronesa que hizo de la salud su fortín político). 

El punto dos del acuerdo, que habla de la participación política, abre la oportunidad para que se funden nuevos partidos y movimientos políticos, una posibilidad que estaba prácticamente vedada por los partidos convencionales que se las ingeniaron para mantener sus cuotas de poder nutriéndose de la exclusión. Ese punto de participación también permite la entrada al Congreso de movimientos sociales que hoy no tienen ni voz ni voto, hecho que va a volver a la política más democrática y mucho más real. No se va a necesitar ser millonario, ni corrupto, ni hijo de expresidente para poder labrarse un camino en la política. Por eso, voy a votar por el Sí. Porque este acuerdo, como lo ha dicho el propio Humberto de la Calle, limpia la política y pone en alerta al sistema para que se reforme y deje de considerarse intocable. 

Voy a votar Sí, porque por primera vez vamos a tener la posibilidad de saber qué nos pasó y por qué. Los responsables de las atrocidades van a tener que decir la verdad y restaurar a las víctimas. Si no lo hacen, si no le cumplen con la verdad a las víctimas, tendrán que ir a la cárcel a pagar penas de 20 años.

Los uribistas dicen que la justicia transicional que se pactó en este acuerdo nos envía al limbo de la impunidad, porque no lleva a la cárcel a Timochenko y que su voto por el No es una actitud ética. En realidad lo que nos va a ocurrir es todo lo contrario: esta justicia que se pactó, es la oportunidad de salir de ella, de la bendita impunidad. La verdad, así cueste decirla, es que la justicia ordinaria, pese a los innegables avances que se han dado en la Fiscalía en materia de investigación, todavía está en deuda con el país: en estos 25 años que lleva de creada ha sido incapaz de saber quiénes fueron los autores intelectuales que terminaron con la vida de Guillermo Cano, de Rodrigo Lara, de Enrique Low Murtra, de Álvaro Gómez, de Jaime Garzón o de los miembros de la UP que fueron exterminados; tampoco ha podido encontrar ni condenar a los autores intelectuales de las miles de masacres de campesinos inocentes que se hicieron en el país. Si esto no es impunidad, no sé cómo se le pueda llamar. Al uribismo, esta falta de justicia, poco les ha importado ni les ha hecho generar ninguna reflexión ética.

Con los tribunales de paz que se crean en la justicia transicional, el país va a tener por primera vez la oportunidad de establecer no solo una memoria de lo que nos pasó, sino que le va a permitir a todos los actores del conflicto coincidir en la verdad para que todos ellos asuman sus responsabilidades ante las víctimas. Si triunfa el No, volveremos a la impunidad de hoy y nos tocará esperar a que la justicia selectiva de una Fiscalía desinstitucionalizada que pasa de un partido a otro, de un dueño a otro, en medio del oportunismo y de la conveniencia política del momento, algún día opere. Si triunfa el No, no sabremos nunca quienes fueron los autores que ordenaron las masacres, ni los que permitieron los falsos positivos, ni quienes fueron los terceros que ayudaron a prender la mecha del paramilitarismo. Y si triunfa el No, ni siquiera vamos a saber la verdad sobre los horrores que cometieron las Farc, porque el proceso se extinguiría, al quedarse sin aliento. El No es volver al vacío de siempre y a la inercia de la guerra. 

Por eso mi voto por el Sí es rotundo, sin vacilaciones. Y si pierdo, que espero no sea el caso, al menos voy a ser consciente de todo lo que perdí. Y los del No, deberían hacer lo mismo en lugar de andar dorando la píldora. 

Santos y Timochenko serían nominados al Nobel de Paz

Así lo asegura la agencia Reuters citando al historiador de los premios Nobel, Asle Sveen, quien aseguró que el premio estaría supeditado al triunfo del Sí en el plebiscito.
Por: Redacción Política - El Espectador

El acuerdo final de paz firmado por el presidente Juan Manuel Santos y el máximo comandante de las Farc, Rodrigo Londoño (“Timochenko”) el pasado 26 de septiembre, además de poner fin al conflicto armado que vive desde hace más de 50 años el país, le traería a Colombia el primer Nobel de Paz. (Vea acá el especial "A construir la paz")
Según la agencia Reuters, el mandatario colombiano y el líder de las Farc podrían ser ganadores y deberían compartir el premio, el cual será entregado este 7 de octubre, en Oslo. (Lea: “Sinceramente, perdón a todas las víctimas del conflicto”: ‘Timoleón Jiménez’)
El medio cita al historiador de Premios Nobel, Asle Sveen, quien asegura que por obvias razones “el acuerdo ... es uno de los candidatos al premio de la paz más obvios que he visto nunca”. (“Les doy la bienvenida a la democracia”: Santos a las Farc)
Sin embargo, aclaró que el triunfo de Colombia en los premios depende de que gane el Sí en el plebiscito por la paz que se votará el próximo 2 de octubre.
Esto pondría a Santos y a Timochenko, en la lista de los 376 candidatos (228 individuos y 148 organizaciones) nominados este año al Nobel de Paz, entre los cuales están el papa Francisco, la canciller alemana Ángela Merkel y una yazidí, Nadia Murad, que logró escapar del Estado Islámico, donde era explotada sexualmente.

Un Sí para la historia

Nací en pleno estado de sitio, ya iban para entonces como doscientos mil muertos por la violencia bipartidista, los locutores gritaban la Vuelta a Colombia y los paveadores probaban puntería disparándoles a campesinos, desde rastrojos y caminos olvidados.
Por: Reinaldo Spitaletta - El Espectador. 

Todavía estaba vivo el Cóndor, uno de los “pájaros” más torvos de la Violencia, la guerrilla liberal del Llano resistía a las operaciones estatales y en los campos incendiados de Colombia se practicaba el “corte de franela” y los chulavitas hacían de las suyas por montes, ríos y cañadas.
Después, aparecieron legendarios (y muy sanguinarios) bandoleros, semilla de la Violencia, como Chispas y el Capitán Veneno y Desquite y Sangrenegra  y Peligro y tantos otros procedentes de los sin tierra, de campechos despojados, con cuna liberal o conservadora, pero sin ideología ninguna, frutos de una Colombia plena de desajustes sociales y también de criminales de “cuello blanco”.
Y llegó el Frente Nacional, un pacto político oligárquico y ya iban como trescientos mil muertos de la violencia liberal-conservadora, pero las causas de esta última, de las desventuras del pueblo, de los desplazamientos, continuaban vivas. Sin reforma agraria, y con las mismas, o tal vez más intensas humillaciones para “los de abajo”.
Y los sesentas advinieron en el mundo con revoluciones sociales y sexuales, luchas de liberación nacional, nuevas músicas, las participaciones juveniles en las movilizaciones contra la guerra de Vietnam, y en Colombia la aparición de guerrillas (aunque ya en 1959, se surgió una de “nuevo cuño”, rural y urbana, dirigida por Antonio Larrota) de corte marxista, unas, y cristianas, otras. Bombardeos con ayuda norteamericana a las zonas campesinas de autodefensa y en el mismo año en que se fundan las Farc (1964), muere uno de los bandoleros de “vieja data” del país: Desquite, que le sirvió a un profeta de juventudes para anunciar que si Colombia, en vez de matar a sus hijos, no los hacía dignos de vivir, el bandido que había tomado las armas “no para matar sino para que no lo mataran” retornaría a llenar de sangre, dolor y lágrimas al país.
Y así fue. Los mandamases del país siguieron llenos de privilegios, al tiempo que la mayoría de gente naufragaba en los caños pútridos de las miserias, olvidados por la fortuna y por el Estado. Al conflicto armado, a la presencia de guerrillas en muchas regiones de Colombia, no se contestó con reformas agrarias ni con maneras efectivas (no demagógicas) de elevar el nivel de vida de los desprotegidos. Y entonces, desde diversas esferas, todas altas, se apoyó la aparición del paramilitarismo, un proyecto político que tenía como divisa publicitaria ir contra la subversión, pero que, en esencia, con todas sus atrocidades, tuvo alcances de una contrarreforma agraria y un premeditado ejercicio de terror.
Y guerrillas y paracos, auspiciados por el narcotráfico (un factor clave en la guerra que ha padecido Colombia en las últimas décadas) sembraron al país de motosierras, secuestros, desplazamientos forzados, ataques a la población civil, muerte y destrucción. Y aunque algunos continúan en la persistente negación del conflicto armado, este puede tener un alivio significativo con el acuerdo de paz entre el Estado y las Farc.
Es un avance para la convivencia democrática que las Farc dejen de hacer la guerra, que se desarmen, que abandonen las prácticas non-sanctas de la extorsión, el secuestro, el narcotráfico, el reclutamiento de niños… Que se lancen a la palestra civil de la política. El acuerdo plantea cambios indispensables en lo agrario y en otros aspectos, cuyo aplazamiento o, mejor, su falta de concreción, han provocado que, grupos como los Farc, se hayan declarado en guerra contra el Estado.
El asunto del plebiscito, del acuerdo de paz, de los debates en torno al “Sí” y al “No” son una oportunidad para conocer aspectos de la historia nacional, de las causas objetivas del conflicto armado, de las desgracias sufridas por miles de personas que han sido “carne de cañón” de unos y otros, entre ellas los jóvenes. A propósito de jóvenes, en Buenaventura, uno de ellos, mientras el senador Álvaro Uribe promovía el apoyo al “no”, lo increpó con altura: “¿quiénes son los soldados del ejército colombiano?: muchachos pobres, porque los hijos de los ricos no van a la guerra”.
Me parece que los de ayer y hoy, los de la generación del estado de sitio, los de los “maravillosos sesentas”, los de la generación “x”, los de ahora, muchos de ellos hijos y nietos de víctimas de la guerra, le dirán Sí al acuerdo de paz.

Video Institucional 1er Foro Nacional Financiero por la Paz

Video SÍ a la Paz

Respeto a la dignidad de la persona, primer logro de la firma del Acuerdo Final

Allende La Paz, Cambio Total.

“Si la gente no ha salido masivamente a las plazas a celebrar con palomas blancas y pañuelos al viento, no es porque no esté contenta, sino porque las nuevas plazas del mundo son las redes sociales y porque Colombia ha tenido tantas desilusiones y los enemigos de la paz están tan llenos de odio, que más vale manifestar nuestra alegría con serenidad, discretamente, sin humillar con tanta felicidad a los que piensan que el país ha caído de rodillas ante el comunismo”, dice Héctor Abad Facciolince.

Yo creo que la gente sí ha salido masivamente. Basta ver los miles de videos montados en las redes sociales. Expresiones de alegría, de esperanza, de amor se han visto en videos y noticias de los principales periódicos burgueses. Y los que todavía no han salido poco a poco lo irán hacienda cuando los hechos los convenzan de que la Paz es una realidad.

Una realidad que se ha expresado en que desde que las FARC-EP decretó el Cese Unilateral de Fuegos las dolorosas estadísticas del Conflicto Armado han caído a sus más bajas cifras. Las víctimas mortales han caído en un 90%. Ese es un logro del Proceso de Paz y ahí SÍ es culpa de las FARC-EP.

Comienza a producirse en el país una forma diferente de mirar al otro, al excluído, al diferente, al ”raro”. Si bien los ”enemigos de la Paz”, es decir, Uribhitler, JOG, Ordóñez, Lafaurie, y unos pocos etc, persisten en su campaña difamatoria para sembrar la guerra, el pueblo colombiano está demostrando que a pesar de haberla sufrido por más de 60 años, tiene una capacidad de recuperación, de perdón y de mirarnos a los ojos sin odios, y el odio no anida en su alma, y hay que decirlo, también SÍ es culpa de las FARC-EP.

Hemos visto como los artistas se han volcado a apoyar la Paz. Esas personas de espíritu tan sensible están demostrando de qué estamos hechos los colombianos. Nuestro corazón y nuestra mente es tan grande que los artistas han sido de los primeros en expresar, a través de canciones, videos, sketch, etc, la importancia de unos acuerdos que nos llevarán a la Paz estable y duradera y que es más importante el respeto de la dignidad del ”otro” para transitar en un país en donde quepamos todos. Y hay que decirlo, también SÍ es culpa de las FARC-EP.

El respeto a la dignidad manifestado a las opiniones del otro ha sido una constante. Se intenta mostrar las ventajas de vivir en Paz y no en una guerra fratricida que solo siembra el odio y la muerte en las mentes de los colombianos afectados. Una de las ventajas es que el Acuerdo Final de la Mesa de La Habana nos muestra que producir la muerte de otra persona no será necesario, o sea, los colombianos comenzamos a desarmar nuestros espíritus, incluso nosotros que también hemos sido víctimas del Terrorismo de Estado. Esto, desde luego, también SÍ es culpa de las FARC-EP.

Las víctimas estamos demostrando la capacidad de perdón que poseemos y nos enorgullecemos de ello. Sin perdón no hay reconciliación y reconciliar con el “otro” y con nosotros mismos es la base de ésta Paz que también SÍ es culpa de las FARC-EP.


Asi, podríamos ir enumerando las ventajas de SÍ vivir en Paz y NO en guerra. Con el transcurrir del tiempo iremos mostrándolas. Lo que SÍ tenemos que señalar es que ese ambiente de esperanza que se respira nosh ace reafirmar en la necesidad imperiosa de decirle SÍ a la Paz, NO a la Guerra. Ni un muerto más por ésta Guerra fratricida que no es nuestra.

Allende La Paz.

¡Ahora SI Colombia, Vamos por la PAZ!

Comunicado del Movimiento Político y Social Marcha Patriótica ante el anuncio del Acuerdo Final en La Habana

El movimiento Político y Social Marcha Patriótica felicita a todo el pueblo colombiano por la más importante de sus victorias en la historia reciente: el logro de un Acuerdo de Paz entre el Gobierno Colombiano y las FARC-EP. De igual manera saludamos a las FARC-EP por la valiente decisión de seguir haciendo política sin el recurso de las armas, y al Gobierno Nacional por su disposición para alcanzar un acuerdo final cuya implementación, sin duda, estará acompañada de toda la sociedad colombiana como fiel garante y constructora de Paz.
El anuncio de hoy es un hecho fundamental para el continente americano y para el mundo entero, situación corroborada por el amplio respaldo de la Comunidad Internacional, de los países garantes y, en general, de las distintas voces que durante años se han manifestado en favor de la Paz desde distintos rincones del planeta.
Ratificamos que como organización política y social respaldamos la totalidad de los acuerdos alcanzados porque representan la posibilidad de producir los cambios políticos, sociales y económicos que necesita el país, y que, beneficiarán sin distingo alguno a todos los colombianos y colombianas.
Este es el momento más importante para la sociedad colombiana porque abraza la Paz como el mejor legado para las futuras generaciones; por ello estamos seguros que todos los ciudadanos acudiremos a las urnas de forma masiva para VOTAR SI AL PLEBISCITO que refrendará los acuerdos alcanzados y que abrirá la senda de una Colombia en Paz y con Justicia Social.
Está trazado el camino para reconstruir nuestro país llenándolo de esperanza, y por ello es el momento de consolidar entre todos el nuevo pacto político de reconciliación y democracia emanado de la efectiva implementación de todo lo acordado en este camino de conversaciones.
¡VIVA COLOMBIA!
¡VIVA LA PAZ!
Movimiento Político y Social Marcha Patriótica

La CUT se la juega por el Sí en el plebiscito por la Paz

Semanario Voz.
La principal central de trabajadores del país le apuesta a la paz, pero también a la confrontación al modelo económico del presidente Juan Manuel Santos.
En desarrollo de las conclusiones del VI Congreso y de su última junta nacional, conducente a refrendar el compromiso con la solución al conflicto armado, en una campaña independiente y autónoma de vote sí a la paz en el plebiscito refrendatorio, la dirección nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, (CUT), solicitó a sus sindicatos afiliados y subdirectivas tener en cuenta las siguientes orientaciones:
  1. Dar inicio formal a la campaña a partir del próximo 17 de agosto, en el marco de la campaña aprobada en la junta nacional, de la sensibilización por el sí a la paz en el plebiscito.
  2. El 17 de agosto se publicará un aviso en la prensa nacional, señalando el compromiso de la CUT con el sí a la paz y expresando su inconformidad y oposición a la política económica y social del gobierno de Santos.
  3. Ese mismo día se deben realizar mítines a la entrada de los sitios de trabajo y asambleas, llamando a los trabajadores a acompañar la campaña de vote sí a la paz. En el mitin se deben repartir volantes y acompañarlos de eventos culturales que permita sensibilizar la campaña.
  4. Asimismo, se deben realizar foros en cada una de las ciudades, sedes de las subdirectivas de la CUT, donde se desarrollarán dos aspectos centrales, uno, explicativo de la campaña vote sí a la paz y, dos, la constitución de comités de esta campaña. Comités que deben encargarse de realizar toda una programación, de aquí hasta el día del plebiscito y hasta el día del cierre de campaña, donde se pueda hacer visible tanto a la CUT como a nuestros compromisos al respecto.
  5. Desde la CUT nacional se inició una campaña publicitaria de medios que tendrá en cuenta: un boletín virtual nacional, cuñas de radio, cuñas de apoyo al plebiscito en la redes sociales; video promocional, edición extraordinaria del periódico, marketing, digital de promoción de piezas en redes sociales; afiche nacional, ruedas de prensa, comunicados de prensa, más sus iniciativas, que se espera ayuden a divulgar.

NO al No

Curioso que apenas el Centro Democrático anuncia que le hará campaña al no por el plebiscito, por arte de magia aparece una encuesta que coincidencialmente vaticina que el Gobierno será derrotado.
Por: Ramiro Bejarano Guzmán - El Espectador

Y más raro, que esa encuesta se haya hecho por Datexco, firma uribista, que en el pasado ha incurrido en garrafales errores de medición, mientras las demás encuestadoras arrojan resultados radicalmente opuestos.
No sería la primera vez que el uribismo hace conveniente uso de las encuestas. No todos hemos olvidado que en 2002, cuando Álvaro Uribe apenas figuraba con una escaso 3% de opinión favorable para acceder a la Presidencia, de pronto una encuestadora soltó la noticia de que su nombre estaba escalando, y de allí en adelante la historia ya la conocemos. En efecto, siguió la manipulación mediática, las volteadas de varios políticos, nuevas encuestas, y lo que era una caricatura de postulación se volvió verdad y, para vergüenza de la Nación, Uribe terminó ganando holgadamente en la primera vuelta. Fue evidente para muchos observadores de la política nacional que esa encuesta milagrosa e intempestiva de 2002 cambió, no sólo el curso de esas elecciones, sino el de nuestra historia.
El Centro Democrático ha notificado al país que acudirá a todo, inclusive a procedimientos lícitos, con tal de sacar avante el no, y ya sabemos lo que ocurre cuando desde esa tribuna de intolerantes se trazan metas electoreras. No hay quien los pare, porque para ellos el fin sí justifica los medios, no importa lo que haya que hacer. El Gobierno y las autoridades electorales tienen que estar con los ojos bien abiertos, porque es inocultable que ya a alguien en el uribismo se le ocurrió la perversa estrategia de promover una manipulación grosera de las encuestas invocando la autoridad de una firma que ninguna credibilidad puede merecer de los colombianos.
El uribismo ha perdido la razón con ocasión de su visceral campaña contra el plebiscito y la paz. Censuran el plebiscito dizque por tramposo, pero, eso sí, quieren ganarlo, porque en su enrevesada dialéctica, el triunfo del no volvería legítimo lo que hoy les parece espurio. En otras palabras, si gana el sí, el uribismo seguirá ranchado en que el plebiscito es ilegítimo, pero si ganara el no, entonces todo quedaría saneado. Semejante disparate solamente puede suscitarse en el alma siempre envenenada de los líderes del Centro Democrático. Ya José Obdulio no tuvo inconveniente en vaticinar un supuesto fraude; lo que no aclaró fue si se estaba refiriendo a las artimañas propias de las que ellos son capaces.
Pero lo peor de todo es que el uribismo, que ahora quiere sepultar el plebiscito, ni siquiera sabe qué haría de obtener el favor de los colombianos en las urnas. Es decir, no saben qué hacer si llegan a ganar. Tratando de camuflar el propósito que los anima de que la guerra se incremente, que es lo que ocurriría de ganar el no, sostienen que una vez victoriosos ellos, esas mansas palomitas encauzarían los diálogos de paz. Nos creen bobos. ¿A quién se le ocurre que a una guerrilla como las Farc le quedarían ganas de adelantar conversaciones con quienes siempre han pregonado la bala venteada para solucionar las diferencias, y más después de que hayan logrado derrotar el plebiscito? A nadie, por supuesto. Eso lo saben los uribistas, pero a la usanza de los culebreros, sus líderes, sin excepción, se empeñan en que les creamos que derrotado el plebiscito, la paz llegará de las manos de quienes las tienen untadas de violencia e intolerancia.
Adenda No 1. En la madrugada del jueves el marrullero y clientelista procurador Ordóñez obligó a los conservadores a que excluyeran de la terna que inicialmente habían conciliado para proponerle al presidente el candidato a sucederlo, a la única mujer que quiso participar en esa preselección, para en su lugar incluir a uno de sus más cercanos alfiles. Qué inmoralidad y qué abuso.
Adenda No 2. El Ministerio de Agricultura durante 2015 contrató directamente personal que le costó $ 1.731.104.041.517, y al 4 de mayo de este año ha gastado $ 1.050.2587. 339. 859 en nóminas paralelas. ¿Eso es austeridad? Y hay más datos del despilfarro.
notasdebuhardilla@hotmail.com

Una crónica del SÍ por la Paz y la salud mental

“La mejor fórmula para vencer los embates de la guerra es el perdón”. Una historia desde Barranquilla
julio 29, 2016
Cada vez que alguien dice un NO contra los acuerdos del proceso de paz, suele ser por dos cosas: la primera por ignorancia a la más básica lectura de los acuerdos hasta ahora conciliados entre el Gobierno y la guerrilla, y la segunda por mera repetición del partido Centro Democrático, que de centro no tiene nada y de democrático mucho menos.
No todos lo que están en desacuerdo son uribistas, pero esos tampoco hacen mucho por no seguir repitiendo frases de que estamos en curso a un Estado “castrochavista”, así como también no todos los que nos declaramos a favor de los acuerdos de La Habana salimos a proclamarnos santistas.
Como hijo, como ciudadano, como oriundo de un departamento azotado por la guerra, desde pequeño fui acostumbrarme a mirar los periódicos con titulares sangrientos. Crecí con el fervor de que alguien con poder político y militar lograra comandar y poder destruir a quienes se encargaron de robar, asesinar y masacrar campesinos, ciudadanos y ganaderos. Crecí con el fervor de la rabia que provoca ver gente inocente sufrir. Una cosa era ver los llantos en la gente, pero fue muy distinto presenciar cómo mi hermanita de crianza, realmente mi primita de menos de dos años, se quedó sin padre por culpa de los miserables que lo asesinaron por el simple hecho de transportar profesores al corregimiento de Caracol, municipio de Colosó, en el departamento de Sucre. Eso solo fue una muy pequeña parte de todo el horror que se pasó en esa época.
Cuánta infamia, cuánta rabia, cuánto estrés en plena adolescencia. Obviamente todo eso encajaba en el presidente de la época y fue ahí cuando coincidí con sus ideales con la voz de comando, con la plena autoridad que ejercía sobre todo aquel que atreviera a desafiar su autoridad como jefe de estado. Incluso, en el 2003 lleve a mi abuelita y tías a ir a recibir a la plaza municipal a recibir las manillas y la información completa del referéndum de ese momento y a su vez el día de la votación juiciosamente les explicaba cómo votar por sí de ese entonces.
Todo ese “patriotismo”, esa fuerza en los discursos y el fervor era contagioso, hasta cuando en 11 grado, recién saqué la balota verde que indicaba que iba para la fuerza pública, alcancé a ser consciente de que quienes éramos egresados de colegios públicos íbamos a la guerra, y quienes terminaban en los colegios privados en Sincelejo iban a las universidades locales y de Barranquilla. Yo quería ir a la universidad pero las posibilidades en números eran solo restas en vez de sumas. Fue ahí donde comprendí que en Colombia existía un desbordado presupuesto para municiones, indemnizaciones a soldados muertos en combate y que la mayoría de ellos eran de pelaos como yo.
El ver sufrir a quienes amas, y ver crecer a niños sin sus progenitores  por culpa de la guerra, te crea una sensación de rabia. Pero la mejor fórmula es el perdón, algo que parece tan abstracto pero a la vez tan simple, algo que solo se puede dar desde la autoestima propia, algo que casi sublime que supera ilimitadamente la rabia y el inútil fervor de que exista una fuerza militar de venganza. Una querida profesora me enseñó que la libertad está en los libros. Primeramente leía periódicos, ahí entendí que la realidad social en nuestro país se deterioraba mientras inversamente el presupuesto nacional se volcaba a la guerra. Mi resumen solo fue pelaos como yo sirviéndole al país para ir al monte, luchar contra otros pelaos que posiblemente los reclutaron hace años para repetir las acciones del único mundo que han conocido. En pocas palabras, la universidad del crimen.
La salud mental se entiende como un estado dinámico que se expresa en la vida cotidiana a través del comportamiento, y la interacción de manera tal que permite a los sujetos individuales y colectivos desplegar sus recursos emocionales, cognitivos y mentales para transitar por la vida cotidiana, para trabajar, para establecer relaciones significativas y para contribuir a la comunidad”.  (Ley 1616 de 2003).
Bajo el punto de vista de ese concepto cabe una serie de preguntas que debes hacerte como colombiano, independientemente si has visto la guerra desde los noticieros privados o si la has visto en tus amigos o vecinos o familiares o si has vivido la crudeza y el rostro horrendo de la guerra.
  1. ¿Cómo puedes desplegar tus recursos emocionales sí aun te desgastas en discusiones pragmáticas e ideologizadas en apoyar la perpetuación de la guerra en vez de construir un futuro diferente al resentimiento?
  2. ¿Cómo puedes establecer relaciones significativas para los tuyos sí posees el deseo de venganza sangrienta a quienes marcaron con dolor la vida de personas inocentes?
  3. ¿Cómo puedes decir que eres “normal” cuando deseas ver a cada miembro de las fuerzas insurgentes bajo tierra, aún sin saber que alguno de ellos fueron reclutados siendo menores de edad?
  4. ¿Cómo se puede tener salud mental comentando desde las redes sociales con palabras soeces para quienes muestran su opinión frente al proceso de paz?
  5. ¿Cómo puedes pedir la guerra si le temes a ser el primero en fila en un escuadrón de soldados?
  6. ¿Cómo no puedes estar de acuerdo con el dialogo en vez que del conflicto?
Si bien es cierto no es un proceso de paz perfecto, pero realmente no existe, pero lo que sí se puede dar evidencia es que es el proceso de paz hasta ahora más completo, construido a pulso, acuerdo tras acuerdo, paciencia tras paciencia, en donde se otorga derechos políticos a quienes han sido desde ese lado los verdugos durante años. Pero solo será esta única oportunidad para que cumplan o la ley se los demandará.
El primer proceso de paz que debe iniciarse es con uno mismo: ser capaz de pasar la página, ser capaz de comprender que, por salud mental, debemos aceptar que los sentimientos de rabia o dolor deben ser dejados en el pasado y construir los cimientos personales en la reconciliación con nuestros sueños, metas y expectativas sin necesidad de recurrir al odio o al rencor colectivo con el cual hemos crecido. Por esa y por mil razones más vale leer, vale saber que un Sí por la Paz es un Sí por nuestra Salud Mental.
@DiegoVitola7
 

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