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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Colombia] Él

Allende La Paz.

No es el Señor de los cristianos. El Mesías. No. No.

Tampoco es el “padrino” de la Mafia italiana en Estados Unidos.

No.

Es el Innombrable.

Lo es porque todo aquel que ose acusarlo a Él y su entorno familiar, resulta asesinado.

Es el Innombrable No 1.

Que por éstos días detuvieron uno de sus esbirros por orden de la justicia estadounidense después de 25 años. Porque de la colombiana, nanay cucas!

O ese personaje, lo que le faltaba, que una periodista ha osado denunciar –sin mencionarlo por temor a ser asesinada o su familia- que “Él” la violó cuando  Él era su patrón –relación de poder-.

Sin decirlo ya todos sabemos de quién se trata…

El capo de capos.

El narco-paramilitar número 82.

Ese personaje por cuyas manos pasan todas las delincuencias en Colombia.

Ese personaje que quiere hacer trizas el Acuerdo de Paz.


Es Él, a quien todas las maldades le caben en la cabeza…

[Colombia] La otra mafia

Por  | 2017/11/29 

El debate en Colombia por las bebidas gaseosas y azucaradas apenas empieza y ya tiene todos los ingredientes de un film gansteril, según una nota de 'The New York Times' en español.
Las ideas, sin importar la posición política y social de quienes las expresen, ni son sagradas ni mucho menos deben respetarse. “No comparto tus ideas pero las respeto”, suelen decir algunas personas. Pues no. Las ideas son para debatirlas. Los argumentos no son axiomas. Unos tienen la fortaleza de una muralla y otros son tan débiles como un castillo de naipes, ya que no sobrevivirán a un leve viento. 
Hoy sabemos, por ejemplo, que un cigarrillo contiene alrededor de 4.000 sustancias químicas, de las cuales, según el epidemiólogo Richard Doll, unas 400 son productoras de cáncer. La lista elaborada por el científico británico es larga, y la compone un variado pero peligroso coctel de sustancias que van desde el alquitrán, pasando por la nicotina, el fenol, el cresol, el benzopireno, níquel y arsénico, hasta llegar a la acetona, un ingrediente que se utiliza en la fabricación de pinturas, y el ácido acético, un químico que se emplea en la fabricación de tintes para el cabello.
Los estudios en los que Doll dio a conocer el peligro que representaba para el cuerpo humano fumar, fueron publicados en 1954, pero la industria tabacalera, cuyas ganancias por entonces superaban los 500 millones de dólares al año, se inventó una campaña publicitaria que llegó al corazón de casi todos los jóvenes del mundo: la de un atractivo y poderoso vaquero que ascendía montañas y descendía a los abruptos valles en su brioso caballo mientras disfrutaba de un “delicioso” y “refrescante” cigarrillo. Esto, sin importar los aportes hechos por Doll, disparó las ventas del Marlboro en todo el mundo.
La Philip Morris International, cuyas operaciones en la industria superan el 15 por ciento de los cigarrillos que se consumen en el planeta, ha sido la empresa que más demandas judiciales ha tenido en los últimos 40 años por publicidad engañosa y no indicar a los consumidores del daño que producen en el organismo sus productos. Solo hasta bien entrados los noventa, la justicia gringa tomó las riendas de un hecho como este y obligó a las empresas fabricantes de cigarrillos a advertir en las cajetillas sobre el peligro que representaba para la salud de los fumadores (y fumadores pasivos) consumir un “delicioso” y “refrescante” cigarrillo.
Desde entonces, la publicidad del apuesto vaquero montado en su caballo, atravesando ríos, montañas y llanuras, con su cigarro en los labios, desapareció de la pantalla de televisión. Hoy, a nadie se le ocurre tomar una medida similar con las bebidas azucaradas, pues se parte del principio errado de que estas se encuentran en el rango de los refrescos con los que suelen acompañarse las comidas. Lo único cierto de este asunto es que no se necesita de un estudio de seguimiento exhaustivo como el realizado por la Universidad de Harvard a 13.000 personas durante dos décadas para concluir que más del 60 por ciento de la población estadounidense tiene sobrepeso. Tanto así que en 2010, el presidente Obama se vio en necesidad de calificar el problema de la obesidad de sus compatriotas como una epidemia de carácter nacional.
Las empresas de refresco, de embutidos y comidas rápidas sentaron, por supuesto, su voz de protesta. Según un estudio publicado por la prestigiosa revista New England Journal of Medicine en 2008, un vaso de refresco de 500 mililitros contiene un promedio de 60 gramos de azúcar. Lo anterior se vuelve verdaderamente preocupante si se piensa que un perro caliente de 100 gramos contiene lo equivalente a consumir tres veces los 500 mililitros de refresco, es decir, 180 gramos. En un estudio de 2015, la Organización Mundial de la Salud estableció que la ingesta de azúcar para una persona no debe superar el 5 por ciento del total de las calorías consumidas en un día, y un solo refresco azucarado de 330 mililitros contiene 140. En el mismo estudio, la OMS explica lo siguiente: una persona obesa es propensa a padecer de enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2, presión alta, hepatitis, infertilidad, cáncer y, por supuesto, se expone a sufrir de un derrame cerebral.
El debate en Colombia apenas empieza y ya tiene todos los ingredientes de un film gansteril. Según una nota de The New York Times en español, la lucha de un grupo de abogados en Bogotá porque se implemente un impuesto mayor a los refrescos y bebidas azucaradas se ha convertido en una lucha muy parecida a la de los clanes mafiosos que Mario Puzo retrata en sus novelas, aunque el influyente diario neoyorquino lo haya equiparado al Pablo Escobar que amenazaba a muerte a todo aquel que afectaba los intereses del célebre Cartel de Medellín. En una nota de 15 de noviembre de 2017, se cuenta la historia de Esperanza Cerón, directora del grupo de abogados, quien fue perseguida por un motociclista mientras esta conducía su carro por una transitada vía bogotana. El hombre le dio alcance en un semáforo, le tocó el vidrió de la ventanilla y le gritó: “Si no se calla la boca, ya sabe cuáles van a ser las consecuencias”.
En Colombia, nadie desconoce quiénes son los productores de azúcar y bebidas azucaradas. En 2015, la Superintendencia de Industria y Comercio le impuso una cuantiosa multa a 12 ingenios que afectó a 14 directivos de ese sector por poner en práctica conductas anticompetitivas. La sanción superó los 320.000 millones de pesos.
Hoy, los productores de esta superindustria están luchando a brazo partido, utilizando todas las armas legales y no tan legales, para evitar que los colombianos conozcan el gran problema que causa el excesivo consumo de azúcar en el cuerpo humano. Las embotelladoras de refrescos del país, según The New York Times, han amenazado al colectivo de abogados con una multa de 250.000 dólares si continúan en su empeño de denunciar públicamente los riesgos que corre la salud de los ciudadanos por la ingesta de estas bebidas.
Lo anterior, no hay duda, se presenta porque los fabricantes de bebidas azucaradas ven en el aumento de impuestos a sus productos la muerte lenta de su poderosa industria, algo muy parecido a lo sufrido por Philip Morris International hace dos décadas.
Twitter: @joaquinroblesza
E-mail: robleszabala@gmail.com

[Colombia] Sin mafia no habría...

José María Carbonell, Nueva Colombia.

Los escándalos de corrupción –que a nadie conmueven ya y menos los movilizan- son consuetudinarios, es decir, diarios, como diarios son los robos de los dineros estatales.

Hubo un tiempo –así diría Domínico Nadal-, en que no había tantos  escándalos de corrupción. Pero igual había sempiterna la corrupción de la mafia política. El nepotismo, el tráfico de influencias, las sobrefacturaciones, etc, eran los “escándalos” de esa mafia empotrada en el poder desde la guerra de independencia.

Desde la década de los 70-80 un nuevo elemento vendría a hacer más severa la corrupción. El narcotráfico. Fuente de incalculable recursos, el narcotráfico de la marihuana, primero, y de la cocaína, después, les abrió los ojos a la mafia política y cuando vieron que los capos mafiosos podrían ser una seria competencia decidieron tomar cartas en el asunto.

En el narcotráfico estuvieron comprometidos desde presidentes, Turbay Ayala, López Michelsen, Senadores, Representantes, gobernadores, alcaldes, concejales, diputados, etc, hasta los estamentos más bajos de la cadena criminal. O sea, la mafia política se involucró en la mafia narcotraficante. Y ahí fue tu tía, loco.

El resultado está a la vista. El contubernio impúdico entre la mafia política y la mafia narcotraficante alcanzó niveles inusitados, hasta llegar a los cuarteles y brigadas de las fuerzas militares para adelantar la guerra sucia contra-insurgente. La contratación de Yair Klein fue apenas uno de sus actos.

Mientras estallaban los otros escándalos. 60 narco-parapolíticos del proceso 8.000, llegada del capo Pablo Escobar, primo de JOG y patron de Uribe Vélez, que hacia prever la “toma del nrcotráfico del templo de la mafia politiquera, el Parlamento”.

Vinieron épocas recientes –Uribe Vélez- los escándalos de la Narco-para-política y sus 69 parlamentarios comprometidos en esta conducta criminal; los de la Yidis-política y el cohecho de reforma del  articulito que le permitió re-elegirse; los contactos de Uribe Vélez con las bandas narco-paramilitares para que les aseguraran una alta votación en zonas dominadas –por el miedo a ser asesinados- por las bandas criminales del Magdalena Medio y de Jorge 40, en San Ángel, en donde hasta participó de una parranda vallenata con Diomedes Díaz, ya que no encontraron al preferido de Uribe, Poncho Zuleta.

Evidentemente que la mafia narcotraficante entendió que la mafia política jamás permitiría que ocuparan las curules “reservadas para ellos”. Tampoco que la mafia narcotraficante comenzara a arañar el botín de las arcas oficiales –dineros- reservada a la mafia política. Hoy los escándalos muestran una clase política profundamente involucrada en ésta política criminal.

Son los políticos del establecimiento los comprometidos con escándalos como Reficar, Odebrecht, Coopsalud, FonColpensiones, etc, y ya han perdido la más minima vergüenza. “Todo vale” con tal que después del escándalo les queden 1-2-4-9 billones de pesos para vivir “como se merecen”. Mas como “puerca pollera no pierde el vicio” seguirán per secula seculorum con sus aberrantes prácticas.  

Ahí estamos viendo como los politiqueros usan al estado para catapultarse en sus aspiraciones. Uribe Vélez tiene a Zuluaga comprometido en hechos de corrupción Odebrecht. Vargas Lleras tuvo en las arcas de la vice-presidencia su caja menor para su campaña electoral. Diariamente son detenidos politiqueros acusados de corrupción. Hasta la más baja forma de corrupción, practicada por el CD, de exigir una parte del sueldo a los contratados por ese partido en el congreso.

Por ello, estoy de acuerdo cuando se plantea que de lo que se trata no es ponerle “ladrillos nuevos” al viejo y vetusto edificio estatal, sino remover hasta sus cimientos si es del caso y de allí construir un Nuevo edificio estatal en donde quepamos todos los colombianos sin distingo de ninguna especie. O sea, una nueva institucionalidad en paz con justicia social.


Definitivamente, sin mafias no habrían UribeVélez…

La “Cosa Nostra” de la política nacional

Regres
ar a las balas, como lo añoran unos pocos, no puede ser el destino fatal de casi 50 millones de colombianos.

Vuelve y juega. José Obdulio Gaviria Vélez, el ‘consigliere’ del gobierno Uribe y hoy senador de la República gracias a una lista cerrada del Centro Democrático, el primo hermano del narcotraficante más poderoso que ha tenido Colombia, acaba de recordarnos en declaraciones a un medio de comunicación lo que su jefe aseguró antes del plebiscito pasado: que si en el 2018 uno de sus candidatos llega a la Casa de Nariño, echarán por tierra lo acordado entre el gobierno Santos y las FARC.

Así de claro y pelao, como dicen los abuelos en la costa norte colombiana. Así de aterrador, pero con una convicción mucho más espantosa, como si se tratara de dar cacería al felino que entró al corral y atacó el ganado. Esa “Cosa Nostra” de la política nacional, esa familia ideológica de la corruptela cuya farola alumbra un océano de porquería, está representada por las mentes maestras que lideran los intereses de sus partidos. Es, en palabras de Mario Puzo, el “capo di tutti capi”, el jefe de los jefes, el más violento de todos, el que más muertes ha producido y al que todos temen, pero que revisten con un aura de respeto. Así son los partidos políticos en Colombia: mafias con licencia para robar, pero ninguno tan peligroso para el bienestar del país como el que dirige el expresidente y senador, que le apuesta a la guerra como política, como si se tratara de la defensa de la democracia y la inversión social.
El problema no es que un personaje siniestro como José Obdulio Gaviria, de quien Roberto Escobar, alias el Osito, aseguró en su libro Mi hermano Pablo, que “él solía visitarnos en la Catedral y Pablo le regalaba 10 o 15 millones de pesos para sus gastos personales y políticos en Medellín”; el problema no es que este otro mafiosito de la política colombiana afirme que su partido, si alcanza la Casa de Nariño en el 2018, hará soplar sobre Colombia los vientos de guerra que en los últimos años se ha luchado por apaciguar; el problema es que hay cientos de colombianos oprimidos cuyas EPS les “bailan el indio” para darle una cita con el especialista, que piensen que es mejor una guerra perfecta que una paz coja.
Se necesita “tener sangre en el ojo” para afirmar semejante barbaridad. Se necesita ser un desquiciado mental, o un “padrino criollo”, para asegurar que es mejor desatar los ríos de sangre del pasado que aceptar que los miembros de la guerrilla participen en política, o devolverles a los campesinos las tierras que los paras les arrebataron a la fuerza. Es claro que nada de lo que salga de la boca de este señor, o de cualquier miembro de la colectividad política que representa, nos debería sorprender. No olvidemos que en el 2008, cuando desde Naciones Unidas se cuestionó el aumento del desplazamiento de nacionales por motivos de la violencia alimentada por el paramilitarismo en el campo, el entonces ‘consigliere’ del Gobierno aseguró que en Colombia no había desplazamiento sino migraciones.

Fue este mismo señor quien, desde su sillón del Senado, insultó a la ministra de educación, Gina Parody, al llamarla “lagarta rica y gay”. Esto, por supuesto, no sólo dejó en evidencia la altura cultural de este aspirante a estadista, sino que nos permitió ver su definición de ética y su posición profundamente homofóbica. No conforme con lo anterior, amenazó con llevar a cabo un juicio político contra la funcionaria por llamar “mafioso” al jefe natural del CD. De la misma manera, el “honorable senador” fue quien, desde su posición de poder en la Comisión Instructora, propuso ante la plenaria del Senado la nulidad de la investigación que el Legislativo debía hacer o no sobre el futuro del magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt, acusado de pedir coimas para beneficiar un fallo de la firma Fidupetrol.
Cuando hace unos meses José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas de Human Rights Watch, en su paso por Colombia aseguró que el exmandatario, líder de la ultraderecha colombiana, era el menos indicado de los expresidentes para hablar de paz, no sólo hacía referencia a las afirmaciones hechas por José Obdulio Gaviria de echar atrás las negociaciones del gobierno con las FARC, sino que también se refería a las investigaciones que la Fiscalía lleva a cabo contra su hermano Santiago Uribe Vélez, señalado de ser uno de los creadores de la temible banda paramilitar los "Doce apóstoles”. No sólo se refería a los más de 4.000 casos de los llamados “falsos positivos”, sino también a los múltiples asuntos de corrupción administrativa que se dieron durante su gobierno. No sólo hacía referencia al vil asesinato del alcalde de El Roble, Tito Díaz, sino también a los cientos de crímenes de sindicalistas, defensores de Derechos Humanos y profesores abatidos por las balas de los sicarios. No sólo hablaba de las interceptaciones telefónicas ilegales a magistrados y periodistas, sino también a la modificación del “articulito” de la Constitución.

Cuando el exconsigliere de la Seguridad Democrática afirma que echarán atrás lo pactado en La Habana si uno de los suyos llega a la Presidencia de República, en realidad lo que nos está diciendo es que harán todo lo posible por regresar el país a unos de los períodos más violentos de su historia: los tiempos de Castaño y Mancuso. Que eso pase o no está en manos de los colombianos. Regresar a las balas, como lo añoran unos pocos, no puede ser el destino fatal de casi 50 millones de nacionales.

Twitter: @joaquinroblesza
Email: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.

La sangre de la guerra

Dice el diccionario de Etimología que la palabra mafia es de origen italiano.
Por: Beatriz Vanegas Athías - El Espectador. 

Nada de raro tiene esta derivación pues gran parte de los vocablos de nuestro idioma español tienen sus antecedentes en el latín. Así pues que, la palabra, de acuerdo a esta raíz significa: Muerte a Francia, Italia Añora. Este era un lema italiano que usaban contra los invasores franceses del siglo  XIII. En esa diacronía que es el estudio o análisis de la lengua o de los fenómenos lingüísticos desde el punto de vista de su evolución en el tiempo; en esa belleza de nuestro idioma que evoluciona con la avalancha de hechos y de ideas y reclama nuevos nombres para ellos, la palabra mafia llegó al siglo XX para nombrar a las familias organizadas alrededor del crimen. Famosas son las mafias sicilianas reunidas en torno al tráfico del alcohol y del tabaco. Después de legalizados éstos, sobrevienen los estupefacientes y las mafias de pedófilos, y las tratas de mujeres y de animales y quizás la que más ganancias y dolor trae porque incluye a todas las anteriores: las mafias que negocian con armas. Todas han sido y son una suerte de pulpos que con tentáculos envenenados atrapan al Estado, a la Policía, a los medios de comunicación.
En la Colombia del siglo XX los partidos políticos tradicionales-liberal y conservador- han actuado como mafias. Son alrededor de diez familias agrupadas en torno a la tenencia de la tierra y de los dineros del Estado y para ello se han asociado desde la década de los sesenta con las familias o mafias del narcotráfico y con las familias o mafias que trafican con armas. Un coctel explosivo que nos ha tenido en un conflicto de casi sesenta años y que hace que las víctimas estén cómo estamos: escindidos, enfrentados, defendiendo con belicosidad una forma de vida civilizada e incluyente que nos conviene a todos los colombianos, pero no a las mafias que se hacen llamar partidos políticos.
Y estas mafias se han llevado en la infame defensa de sus poderes a través de la inequidad, la miseria como fatalidad; el desplazamiento forzado; el homicidio, las mutilaciones por minas, el secuestro y la tortura; el reclutamiento de menores; el despojo de tierras; la agresión sexual, las amenazas y atentados; la desaparición forzada y el robo de bienes, a más de 9,5  millones de personas, desde 1985, según la Unidad de Víctimas.
Daredevill, es una serie de Marvel,  es la historia de un abogado ciego que ha desarrollado a punta de dolor y ausencias, otras formas de ver: a través del tacto, de los oídos, del gusto, del olfato, y las usa para limpiar su ciudad. Los enemigos de este héroe mortal que sufre, sangra y ama, son cuatro bandas que, juntas, son la encarnación de las mafias que dominan el mundo y que tienen su sede en la ciudad de New York, son dos rusos pedófilos y comerciantes de mujeres; una china y un japonés narcotraficantes; un americano político que legaliza con sus contratos todo el dinero; y el líder de todos los anteriores: Wilson Fisk, comerciante de armas que es magistralmente interpretado por el gran Vincent D'Onofrio.
"Vamos a honrarte hermano mío, con la sangre de la guerra." Dice Vladimir, uno de los rusos, ante el cadáver de su hermano asesinado por su mismo socio, Wilson Fisk.
Entiende uno -aunque ya El Padrino y esta Colombia nos lo había enseñado- las razones de los políticos mafiosos colombianos, a quienes no interesa la paz de los otros. La guerra, es una forma de honor para ellos. Entiende uno, que aquí no hay concepciones políticas ni ideológicas, sino simples retaliaciones entre el patrón mayor -que todos sabemos quién es-  y los otros grupos que integran la mafia.
 

Dossier Álvaro Uribe Vélez

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