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Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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El abuso policial como parte del conflicto



La clase dirigente del país ha querido ligar el conflicto principalmente a la existencia de la insurgencia. Sin embargo, el pueblo colombiano ha vivido el conflicto y la violación de DDHH de mano de otros actores, entre ellos la Policía Nacional y su cuerpo antidisturbios -ESMAD-. La discusión sobre las acciones humanitarias que en el marco de una solución política deben realizar tanto la insurgencia como el Establecimiento, deben partir de esta realidad de responsabilidad y superar el abuso policial.

Una institución en caída libre

Cuando salió a la luz el escándalo de corrupción de la Policía, conocido como la comunidad del anillo, no hubo sorpresas para la sociedad colombiana. En el imaginario de las mayorías la Policía Nacional es una institución corrupta, fácilmente sobornable y abusiva con la población. Si bien en los últimos años, se ha tratado de limpiar su imagen, los constantes casos de abuso denunciados por organizaciones de derechos humanos, especialmente del Escuadrón Móvil Antidisturbios- ESMAD- y la corrupción inherente a toda la cadena de mando, no lo han permitido.

El enfoque de seguridad ciudadana que privilegia la vinculación de la ciudadanía a través de redes de informantes y escuelas de policía cívica para niños, así como la existencia de estaciones de Policía de zonas rurales cerca de centros religiosos o educativos, son formas de vincular la población al conflicto. De estas formas de vinculación, la policía también saca réditos, brindando información de la red a los mismos delincuentes, brindando protección y evitando capturas, como lo demuestra el caso del Bronx en Bogotá.

Para la sociedad el abuso policial es diario. Ejemplo son las detenciones masivas de vendedores ambulantes sin devolución de sus mercancías, la corrupción de los policías de tránsito en calles y carreteras, especialmente en las épocas navideñas y las retenciones ilegales callejeras por sospecha. En la Unidad Permanente de Justicia los detenidos son sometidos a requisas desnudos, se presentan agresiones constantes y no se cuenta con equipos médicos.

Al ser el conflicto de carácter social y político, es necesaria la revisión de una institución que está en caída libre como paso fundamental para el respeto de los derechos humanos.

La Policía como actor del conflicto armado

Las organizaciones sociales que en los territorios han luchado contra la consolidación del modelo neoliberal, oponiéndose a la minería transnacional, la explotación petrolera, la privatización y expropiación de tierras y reivindicando los derechos sociales, han tenido que vivir con el estigma de ser insurgentes no solo por parte del Ejército, sino de la Policía Nacional y sus cuerpos de investigación, lo que conlleva a una ruptura cada vez mas notoria del tejido social.

La ONG Human Right Watch señaló la vinculación de 5 militares y policías en ascenso para el 2016 a hechos de ejecuciones extrajudiciales, lo que ejemplifica el accionar conjunto de las Fuerzas Armadas en el desarrollo de actividades delictivas con justificación del conflicto armado. De igual manera sucedió en la Operación Orión donde la policía metropolitana y la policía de Antioquia acompañaron a Fuerzas Militares y paramilitares en la ejecución de Desapariciones Forzadas, Desplazamiento Forzado, Violencia sexual, entre otros delitos.

Por otro lado, El ESMAD ha sido el cuerpo encargado de reprimir las protestas en contra del modelo de desarrollo y en los últimos años ha sido responsable de los asesinatos de lideres sociales, los cuales se encuentran en la actualidad en total impunidad. Solo en el año 2016 fue responsable de asesinato de dos lideres indígenas y un líder campesino en el paro agrario, el asesinato de un estudiante de la Universidad Distrital de Bogotá y las agresiones a cientos de personas en los paros agrario, camionero y minero que se presenciaron en ese mismo año.

La profundización del conflicto social: Código de Policía

Contrario a lo que se esperaría de una decisión propicia para el clima de paz, el Gobierno Nacional se empeña en contradecirse con la aprobación del Código de Policía. Un código que tiene mas de 30 demandas en curso porque profundiza el autoritarismo y la violación de los derechos humanos contra la población colombiana, es necesariamente un obstáculo para la paz.

Las multas por ocupación “ilegal” del espacio público, demuestran una concepción del mismo donde lo que prima es la pulcritud y no el disfrute de la ciudadanía. En ésta no se brindan alternativas viables para quienes ocupan el espacio permanentemente, constituyéndose en una violación del Derecho al trabajo y a los Derechos Humanos en el caso de vendedores ambulantes y habitantes de calle, pues permite profundizar el abuso policial (históricamente demostrado) a estas poblaciones.

La posibilidad de que la Policía Nacional pueda entrar a viviendas y centros educativos sin autorización previa deja en manos de cada miembro de la institución la decisión sobre cuando debe actuar y cual es una conducta contraria a la convivencia que justifica su accionar. La violación de la privacidad y el posible abuso policial es inminente bajo la mínima sospecha o la justificación policial.

Lo mismo sucede en el caso de las protestas sociales, que de nuevo criminalizadas, son propensas a la intervención desmedida de agentes, que bajo el pretexto de un articulo de dicho código que señala que “agredir, irrespetar o desafiar a un policía” es una falta grave, puede no solo generar multas contra quienes se defienden del abuso sino a permitir su continuidad.

En últimas, el nuevo Código de Policía todo lo multa o lo regula. Una sociedad donde el poder y el control policial adquiere mayor discrecionalidad para desarrollar sus funciones, hace aumentar el drama que hoy vive pueblo del miedo a la sanción y las violaciones de derechos humanos. Esta debe ser sin duda una discusión necesaria sobre el significado de los cambios humanitarios que requiere una solución política del conflicto. 

El mundo feliz del Código de Policía

Hay varias razones por las que usted debería estar preocupado con los nuevos poderes de la Policía para vigilarlo y castigarlo.
Por: César Rodríguez Garavito*

Con el fin loable de reemplazar una vieja ley autoritaria de 1970 y promover la convivencia ciudadana, el nuevo Código de Policía termina haciendo lo contrario: dándole a la Policía poderes más amplios sin controles claros y estirando la idea de “convivencia ciudadana” hasta el punto de sancionar conductas inofensivas y legítimas, por supuestamente ir contra ella.
Los problemas son muchos. Como han explicado en otras columnas los colegas Sebastián Lalinde, Mauricio Albarracín y Carolina Gutiérrez, van desde el poder discrecional de la Policía para detener a los ciudadanos en la calle y retenerlos hasta por 12 horas por razones gaseosas, hasta sancionarlos por conductas como llevar una cerveza en la mano o realizar actos sexuales “molestos”, pasando por la facultad de expulsar a vendedores ambulantes y artistas de buses sin ofrecer ninguna opción de reubicación como lo ha exigido la Corte Constitucional.
Me detengo en dos riesgos que han sido menos discutidos y llevaron a Dejusticia a demandar artículos del Código por inconstitucionales. Son las dos caras complementarias del tipo de ciudadano, vigilado y conforme, al que parece aspirar el Código. Vigilado, porque la nueva ley le permite a la Policía recoger y circular información personal, como las imágenes y datos que sean captados por todas las cámaras privadas y públicas de la ciudad. El Código reduce inexplicablemente la privacidad y la intimidad a lo que pase de puertas para adentro y, por tanto, vuelve pública toda esa información sin exigir que medien órdenes judiciales o existan procedimientos de manejo de los datos para impedir que las autoridades, o incluso particulares, accedan a ellos. No hace falta haber visto la película Snowden para adivinar los abusos a los que se prestan semejantes poderes de monitoreo continuo de nuestras vidas personales.
Desde Orwell hasta Huxley y Foucault, el otro rasgo del ciudadano vigilado en las sociedades distópicas es su incapacidad para protestar. A eso apunta el Código. Se puede marchar en la calle sólo si se busca un “fin legítimo”, cuya definición queda en manos de las autoridades de policía. Se permite protestar solo con previo aviso de tres días y una petición firmada por tres personas, en un país donde protestar sigue siendo riesgoso. Y la Policía puede disolver cualquier movilización cuando afecte la convivencia. En la práctica quedan proscritas las manifestaciones espontáneas y el factor sorpresa de las protestas, sin las cuales pierden su esencia en una democracia. Serían inviables las movilizaciones relámpago convocadas por redes sociales, o marchas súbitas como las de sectores que salieron a las calles para criticar o apoyar el acuerdo de paz después del plebiscito de octubre.
El rasgo final del Mundo Feliz de Huxley es el contento de sus ciudadanos con todo lo anterior. Si yo fuera usted, no estaría tan feliz.
* Director de Dejusticia. @CesaRodriGaravi

Código de policía para seguir en guerra y no para convivencia de todos en Paz


El nuevo Código de Policía entró en vigencia y remplazó al antiguo que fue sancionado en 1971. A pesar de haber sido aprobado a mediados del año pasado, su socialización ha sido casi nula. La mayoría de la población colombiana lo desconoce. Así quedó en evidencia en su primer día de vigencia.

Una perspectiva positivista sobre las normas es la que demuestra este Código, donde se debe cumplir tal cual está escrito, sin tener en cuenta la causa. Por tal razón se ataca la acción, pero no se mira el contexto ni el porqué ocurrió. Críticos del código como la representante Ángela María Robledo han manifestado que estas normas ponen “énfasis en punibilidad, esto cierra oportunidad de cultura ciudadana. Represión antes que educación”. El abogado Ramiro Bejarano también se expresó diciendo que el “Código Policía da miedo. Tanto poder a una policía que no supera sus graves problemas de corrupción es peligroso”.

Por su parte el representante Alirio Uribe ha manifestado que el nuevo Código de Policía trata como a delincuentes a los vendedores ambulantes, a quienes les pueden decomisar y destruir la mercancía. Lo que iría en contra del derecho al trabajo caso que la corte constitucional ya ha abordado.

El articulado también contempla otras normas que han sido criticadas, en cuanto son pérdidas de derechos fundamentales, como por el ejemplo el allanamiento sin orden escrita, el derecho a la protesta, la ocupación indebida del espacio público y el trato a los habitantes de calle. Por estas razones desde el año pasado cursan varias demandas contra esta normatividad.

En sondeos realizados por diversos medios de comunicación sobre el Código de Policía, éste no es aprobado por la mayoría de personas consultadas. Así las cosas, la percepción es que aplica multas y no arregla los problemas de fondo, además no hay pie de fuerza en la Policía que pueda controlar la normatividad de 254 artículos.

Los primeros seis meses de vigencia el Código tendrán multas de carácter pedagógico; el primer día de vigencia se impusieron 800 comparendos a nivel nacional, 537 de estos fueron impuestos por tratar de colarse en buses de servicio público. La mayoría de las sanciones fueron en la capital del país. Al respecto, en Bogotá, algunas personas argumentaban que no les alcanza el salario mínimo o los ingresos para poder acceder a Transmilenio que tiene un costo elevado para sus necesidades.

Entonces el nuevo código de policía sanciona y se vale de su normatividad para callar al que piense diferente, lo que no soluciona los problemas de fondo que son la educación, el buen vivir y la convivencia. Parece que este Código de Policía fue planteado para seguir en guerra y no para convivir todos.
 

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