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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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Así sean vestidos de seda… narco-paramilitares se quedan

Allende La Paz, Cambio Total.
7/5/16 

El ministro de defensa, Luis Carlos Villegas, acaba de lanzar la directiva contra las BACRIM y ordenó al conjunto de la Fuerza Pública atacar las estructuras criminales de ellas.

Mas de soslayo continúa haciendo el quite al quid de la cuestión. Han sido reiterados los intentos de sacarse de encima la responsabilidad del fenómeno del narco-paramilitarismo por parte del Estado.

Cuando el gobierno de Gaviria, Samper, no reconocían la existencia del contubernio impúdico entre las bandas de criminales narco-paramilitares y la Fuerza Pública, lo que permitió acuñar el fenómeno como narco-paramilitarismo, demostrando la utilización de las bandas armadas de los narcotraficantes para adelantar la guerra contra-insurgente por parte de las fuerzas militares, policivas y de organismos políticos de seguridad. En esas épocas ya estaban craneando el cambio de fachada del narco-paramilitarismo.

Posteriormente a raíz de los Diálogos del Caguán entre el gobierno nacional de Andrés Pastrana y las FARC-EP fue precisamente la existencia de tales grupos y la enorme mortandad de colombianos pobres, desarmados (”quitarle el agua al pez”), una de las causas que originó la ruptura de los diálogos ya que el gobierno colombiano no estaba dispuesto a combatir a tales grupos, entre otras cosas, porque estaban adelantando la guerra contrainsurgente no contra las FARC-EP propiamente dichas, sino contra el pueblo llevados de la mano por los militares y porque estaban adelantando la política del desplazamiento forzoso que le permitió a los ”empresarios del campo”, ganaderos, terratenientes, apoderarse de 7,5 millones de hectáreas “civilizadas” por los campesinos.

Siguió su utilización durante el gobierno del sátrapa Uribe Vélez y el intento de la mafia narcotraficante de institucionalizar el narco-paramilitarismo –Santa Fé de Ralito-, intento fallido por el pavoroso miedo de la oligarquía a los narco-paramilitares, monstruo que podría engullirlos a ellos mismos. Ya en la despedida de ese nefasto gobierno se hablaba de las BACRIM y de que el narco-paramilitarismo “ya no existía”. Sin embargo, la política permisiva y de contubernio hacia el narco-paramilitarismo les permitió llegar a todos los sectores sociales, corrompiéndolos.

Se desarrolló, desdde el principio, la cultura del traqueto, las expresiones dantescas y degradantes de llamar a otras personas “gonorrea”, las chicas pre-pago, etc, y militares que tras el retiro engrosaban éstas estructuras ciminales, aunque hay que decirlo ya desde antes eran criminales.

Ahora en el gobierno de JM Santos nuevamente intentan soslayar la responsabilidad estatal. Pretender hacer desaparecer del imaginario colectivo las dantescas figuras de los narco-paramilitares (sicarios en moto, mochacabezas, el asesino de la MotoSierra, etc, etc) y les dan el nombre Grupos Armados Organizados (GAO), como si el simple cambio de nombre fuera a modificar la esencia y las estructuras de las bandas criminales que nacieron, crecieron y se desarrollaron de la mano del Estado.

Si ese cambio de denominación fuera el principio de un cambio en la política del narco-paramilitarismo como engranaje de la guerra contra-insurgente y del Terrorismo de Estado de la DSN, la aplaudiríamos. Pero no. Sabemos que ese instrumento está siendo sostenido –y seguirá estándolo- por empresarios, oligarcas, terratenientes, ganaderos, y que ellos no van a soltar lo que se han robado en la guerra  contra-insurgente y la seguirán utilizando en la Guerra contra el pueblo colombiano.


Así que “así sean vestidos de seda… narco-paramilitares se quedan” !

Uno, dos y tres… decapitados por sus corrupciones

José María Carbonell, Cambio Total.

4/10/13.

La estantería está que se cae. Mejor dicho, van cayendo uno, dos, tres… y parece que la caida en barrena no la para nadie. Y no es que sean funcionarios de Uribhitler. Es que son funcionarios del estado, que sea Uribhitler o Santos es mero accidente.

Hace muchos meses se vio la corrupción del DAS y sus flamantes directores, entre ellos el ”buen muchacho” de Uribhitler, Jorge Noguera Cotes, quien incluso viajó a Costa Rica a tratar de comprar a un médico colombiano para que ”trabajara para ellos” para ubicar a la Comisión Internacional de las FARC. Por estos días al buen muchacho” lo llamaron nuevamente a juicio, y eso que ya está condenado a 25 años de cárcel por ”concierto para delinquir”.

Hace algunitos meses se descubrió que el general Santoyo era un narcotraficante que ”cuidaba las espaldas de Uribhitler, es decir, era su jefe de seguridad. Y los gringos lo pidieron en extradición y allá está pagando cana, cárcel.

Ahora otro ”jefe de seguridad” de Uribhitler, el también general Flavio Buitrago, es puesto preso por lo mesmo, es decir, comprometidos con la escoria social que es el narcotráfico y las violaciones de derechos humanos.

Allende las fronteras vemos que el también general Fredy León Padilla se vio obligado a renunciar porque fue acusado por una organización de derechos humanos de crímenes de Lesa Humanidad.

Y como si fuera poco, el embajador colombiano en Rusia se vió obligado a renunciar también por las denuncias de estar ofreciendo becas a los mmuchachos que estudian en ese país a cambio de ”favores sexuales” porque parece que el novio del embajador no lo satisfacía plenamente.

Y hablando de esas desviaciones sexuales, corrupciones, etc, tenemos al cura senador denunciado por la pederastía cometida contra un jovencito al cual primero él y después su hermano –cura también- lo accedían sexualemnte y después los dos le caían al pobre miuchacho. Qué corrupción rodea a la Iglesia Católica en Colombia y en todo el mundo.

Como decíamos no es que el problema sea de tal o cual presidente, sino que todos los presidentes tienen su ”sanbenito”. Gaviria Trujillo tiene su ”apertura de patas”. Samper su proceso 8.000. Pastrana su jiba por los terrenos por los cuales asesinaron unos invasores en Bogotá. Uribhitler es comprobadamente narco-paramilitar y asesino de invasores de una de sus fincas, hecho cometido en compañía de agentes del DAS. Y JMSantos tiene sus ejecuciones extrajudiciales y sus campesinos asesinados en el más reciente paro agrario y popular.

Estos pocos ejemplos nos muestra la radiografía real del estado colombiano. Un estado supercorrompido que quiere dictarle cátedra de moral a las FARC. Habrase visto!

Artículo relacionado:
Por qué nombró Uribe a Jorge Noguera Cotes en el DAS
http://lasillavacia.com/historia/por-que-nombro-uribe-jorge-noguera-en-el-das-27693 

Desplazamiento forzado, política estatal

Allende La Paz, Cambio Total.

Hemos reiterado hasta el agotamiento que el Estado y sus gobiernos la única política que tienen en realidad es el Terrorismo de Estado de la DSN, terrorismo que resume la vision que ellos tienen de la vida nacional. Las estadísticas cada día arrojan resultados dolorosos, que no por lo dolorosos son menos sorprendentes.

Inscrito en las conversaciones de la Mesa de La Habana entre la organización guerrillera de las FARC-EP y el gobierno nacional en representación del Estado, a su vez en representación y ejecución de una oligarquía-terrateniente-ganadera-narcotraficante, vemos a diario requerimientos a las FARC-EP que den muestras de su ”disposición de paz”, en tanto al gobierno nacional (y sus fuerzas narco-paramilitares) no le exigen nada, es más, pareciera que los medios de comunicación –burgueses, aclaro- la responsabilidad estatal en la violación de los derechos humanos son “legales”, responden a “intereses” estatales, y por ello de nada sirve que el Estado sea responsable del 83% y hasta el 100% de las violaciones de derechos humanos (desplazamiento, en éste caso).

Política estatal

Según el último informe presentado por Codhes en 2015 se registraron 225.842 personas que abandonaron sus hogares y llegaron a 961 municipios. Un incremento del 9% con respecto a lo reportado en 2014 (204.832). Son los indígenas, afrodescendientes y las mujeres, los más afectados. Esta modalidad criminal de desplazamiento y el apoderamiento de las tierras de campesinos e indígenas ha sido constante y consuetudinaria, así el propio CODHES quiera lavar la cara del gobierno colombiano al negar su característica constante y permanente.
El número acumulado de desplazados es de 7.345.023, lo que ubicaría al país en el primer lugar del ranking de las naciones con más desplazados, junto a República del Congo, Iraq, Sudán y Sudán del Sur.

Es de resaltar que los máximos de desplazamiento forzoso tuvo sus picos más altos durante las administraciones de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe (519.047 y 739.053 respectivamente), cuando se implementaron el Plan Colombia (2.000-2002) y la Política de Seguridad Democrática (2002-2010). Más el fenómeno persiste y sigue aplicándose ante la mirada de la comunidad internacional y nacional.



El que el desplazamiento forzoso es constante está reflejado por los consolidados. Entre 1985-2009 había un acumulado de 4,7 millones de desplazados, para el 2013 esa cifra había aumentado a 5,9 millones y en 2015 alcanzó la descomunal cifra de 7,4 millones, alrededor del 16,5% de la población.



El desplazamiento forzoso como política estatal obedece al ejercicio del poder por parte de sectores que la única forma de acumulación capitalista que han desarrollado es el despojo de los campesinos, indígenas y pobres de sus tierras, única forma de sustento para éstas familias. Resaltamos que los desplazados engrosan los ejércitos de pobres, indigentes, que tienen que vender en cualquier semáforo de las ciudades baratijas o dulces como única forma de sobrevivencia.

Resaltamos también que si bien podríamos explicar el desplazamiento por la política contrainsurgente aplicada por las fuerzas militares-narcoparamilitares (“secar el agua al pez”), el desplazamiento forzoso tiene una dinámica de despojo y su exacerbación en algunas zonas del país se presenta en la medida en que esas zonas sea objeto del apetito de los empresarios del campo, de las bandas de narco-paramilitares y ganaderos.

Conclusión

El desplazamiento forzoso es una política estatal desarrollada por sectores calificados como “empresarios del campo”, terratenientes, ganaderos, narco-paramilitares que la única forma de acumulación capitalista que conocen es el despojo de las tierras de los campesinos e indígenas, tierras que ante el despojo permantente van corriendo la frontera agrícola y su esfuerzo es robado al colectivo de desplazados.

Ya somos el primer país que produce el mayor número de desplazados en el mundo. 7.345.023, lo que ubica al país en el primer lugar de desplazados forzados.


Razón tienen los que aseveran que ”la dictadura perfecta es la que arropa con el manto de democracia sus acciones dictatoriales”.

El infierno

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.

El infierno queda en Bogotá. Para ser más exactos a unas cuantas cuadras de la Casa de Nariño, el palacio presidencial, y del Parlamento, otro ”Bronx” como les gusta llamar a los periodistas extranjerizantes a esos nidos de ratas.

Hoy vemos las caras sorprendidas de los funcionarios del Estado ante lo que ”descubrieron” en el ”Bronx”. Será que ellos viven en una burbuja que no sabían que cosas sórdidas y aterradores sucedían en el “Bronx”…

La policía -por orden de la Alcaldía de Peña-losa y después que el comandnate de las FARC-EP, Iván Márquez tocara el tema- “desalojó” a los “habitantes de la calle” del “Bronx” y los trasladó a cualquier lugar. Ya tienen un nuevo ”Bronx”. 

No es el tratamiento represivo la solución a éste problema. Éste se inscribe en lo que nosotros llamamos el Conflicto Interno Social y es una parte de éste. Si no hay soluciones de fondo, jamás podrán erradicar los “Bronx”.

Debemos los colombianos de bien luchar por esas soluciones de fondo. Como lo están haciendo los campesinos, que ante el incumplimiento de lo pactado hace 2 años tienen ahora que movilizarse para exigir su cumplimiento. Debemos luchar contra todos los “Bronx”, empezando por los que quedan cerca del llamado “Bronx”. Nido de verdaderos ratas, que cada día se roban las arcas estatales, propiedad de todos los colombianos.


Estado rata. Ejecutivo rata. Parlamento rata. Justicia rata. Militares ratas. El Constituyente Primario se está movilizando y ha echado a andar… 

Paro agrario en Colombia

Paro Agrario: Exigencias de los campesinos

Metáfora viva

ALFREDO MOLANO BRAVO 4 JUN 2016 - 
Doña María Currea de Aya era una mujer que no necesitaba presentación hace ya algunos años. Era para la aristocracia de tierra fría como Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, que murió como una uva pasa hace poco. Pálida y empolvada, doña María tenía tierras no sólo en la Sabana de Bogotá sino en regiones cálidas pero no ardientes. No resistía el calor.
Por: Alfredo Molano Bravo, El Espectador

La Duquesa de Alba era no sólo la latifundista más poderosa del reino, sino también la más escandalosa. Doña María, en cambio, era discreta pese a sus apellidos que le sonaban a la clase media como cascabeles. Un día –quizás una madrugada de desvelo– resolvió vender la hacienda que tenía en Pacho, Cundinamarca. Tanta prestación social a los peones, tanta visita de los alcaldes, tanto hueco en la carretera terminaron por desesperarla. El primer cliente fue el último. Lo había oído nombrar pero, por razones obvias, no le simpatizaba, aunque alguna vez había visto de pasada en el pueblo un establecimiento nuevo con nombre sonoro: Bar Chihuahua. Su propietario era Gonzalo Rodríguez Gacha.
Cuando doña María lo dejó acercar a su hacienda, él también era don y, además, también lo llamaban patrón. Tenía, según detalles que ella dio después, el pelo ensortijado y grasoso, y el hombre, mirándola de frente, le dijo: “Yo le compro todas sus tierras, señora, pero, eso sí –subrayó–, a puerta cerrada”. Es decir, agregó con altanería: “con todo lo que las haciendas tengan adentro”, mientras su compañera, una niña de 14 años, le servía un trago de whisky Royal Salute, 21 años, en una copa de plata. Doña María hervía de rabia al pensar que el piano traído a lomo de indio desde Honda, su poltrona de orejeras donde hacía la siesta, la mesa del comedor y el armario en comino crespo, y el escritorio de cortina desde donde pagaba al mayordomo y a las muchachas de servicio, fueran a terminar siendo la dote que el Mexicano le ofrecería a su doncella. Dijo no, pero cuando don Gonzalo le dio la espalda, le dijo, sí. Y don Gonzalo le dio 24 horas para salir de Pacho en su Packard negro con lo que llevaba puesto. Así fue. En la hora 25, todos los muebles, daguerrotipos, fotos, vajillas y pertenencias menores ardían frente al portón de lo que había sido una de las joyas de la corona de doña María Currea de Aya.
Pasó el tiempo. Don Gonzalo era una fiera para negociar –con sus pistolas de oro– tierras, casas, edificios, caballos y vírgenes. A cambio de matar miembros de la Unión Patriótica, las autoridades lo dejaron trabajar hasta que su poder se hizo un martillo amenazador. Sabía mucho. Lo mataron en una carretera “por allá en tierra caliente”, precisó doña María. Una tropilla de soldados duró varios meses en el sitio donde fue emboscado el Mexicano, por miedo a que no lo hubieran matado suficientemente. Poco a poco cayeron también muchos de sus socios, rivales y enemigos. Sus tierras fueron confiscadas, sus cédulas dadas de baja y regada sal en sus casas.
En manos de notarios, jueces y escribientes duraron las escrituras muchos años. Toneladas de papel sellado, firmadas y etiquetadas, eran trasteadas en carritos de mercado de juzgado en juzgado y de instancia en instancia, hasta que las propiedades –muchas adquiridas de buena fe– pasaron a Estupefacientes y el Incoder fue autorizado a parcelarlas y a distribuirlas entre campesinos desterrados. Se seleccionaron entre millones, algunos pobres, honrados y trabajadores sin tierra para que el presidente de la República fuera a entregarles los papeles de propiedad, y de paso a conocer –de lejos, eso sí– la monumental iglesia de El Divino Niño construida por don Gonzalo y bendecida por el mismísimo obispo de Zipaquirá.
Pasaron otros días y cuando los nuevos títulos fueron registrados y contrarregistrados, otros rancheros –hasta de buena fe, como dice don Pepe Lafaurie– fueron comprando muchas de las parcelas dadas por el Gobierno usando otro recurso de buena fe: promesas de compra-venta a 10 años. El papel todo lo aguanta porque de hecho esas tierras fueron ocupadas por los prometientes compradores, que de paso se comprometieron a enganchar a los prometientes vendedores como peones de las haciendas reconstituidas.

Los hechos cuentan - Francisco Gutiérrez Sanín

Varios columnistas usaron la liberación de Salud Hernández para golpear el proceso de paz.
Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Palo porque bogas... El argumento subyacente era simple: el mal ejemplo dado por las conversaciones en La Habana cunde. Si se le dice al país que alguien puede secuestrar y disparar y salirse con la suya, ¿no es eso motivo para que mucha gente aproveche la oportunidad? Eso fue lo que dijeron María Isabel Rueda, y otros más. Es el argumento estándar del Centro Democrático. Luis Carlos Vélez, en este diario, agregó que el secuestro de Hernández era un golpe a la legitimidad del proceso con las Farc, sin darse cuenta aparentemente de que quien la tenía era otro grupo.
El argumento podría tener resonancia porque suena bien. ¿Pero casa con los hechos? Revisemos las evidencias. Primero: el secuestro, así como otros delitos, ha caído sustancialmente desde que las Farc declararon el cese al fuego unilateral (ver al respecto los cuidadosos informes del CERAC). Segundo: el Eln se apresuró a liberar a la periodista. Rueda, que se desgarra las vestiduras por la “ineficiencia” del Ministerio de Defensa por los seis días que estuvo Salud en el monte, al parecer no recuerda que los secuestros podían durar años, lustros, hasta décadas. Tercero: hubo una amplia movilización política y de opinión a favor de Salud Hernández, que incluyó a muchos sectores, y que dificultó al máximo mantenerla privada de la libertad. Todo el mundo repudió el hecho. Uno de los efectos de esta movilización podría haber sido el aumento del apoyo de los colombianos al proceso de paz con las Farc, un aumento en todos los frentes como lo reveló la última encuesta de Datexco que regularmente transmite La W.
En síntesis: el proceso de paz en curso ha deslegitimado radicalmente el secuestro. El grupo guerrillero más grande del país ya no está secuestrando. El Eln no tuvo las condiciones para quedarse con Salud más de una semana. El hecho de que el grupo que aún no ha entrado en un proceso protagonizara este episodio ha revelado las grandes ventajas para el país de que el otro grupo sí estuviera ya en una negociación muy adelantada. Y, más importante que todo: el lance demostró que las cosas se solucionan más rápido y mucho mejor a través de la política (en este caso, una gran presión de la opinión) que matando, bombardeando y destruyendo. Sí, sí, a veces esta última opción no debe ser descartada, lo cual es una de las duras realidades de la vida: pero no es la única, ni debe ser la primera. ¿Es tan difícil meterse esta simple idea en la cabeza? ¿De verdad es más divertido el juego de ver más colombianos destripados y rotos, todos los días, porque ese es el método que gusta por estos lares aunque durante cinco décadas o más haya demostrado sistemáticamente su brutalidad e ineficiencia?
No es solamente en el frente antipaz que se respeta poco a los hechos. La respuesta del Gobierno a la movilización campesina en curso es bastante confusa y desmemoriada. Cierto: del alineamiento total de las políticas agrarias con los despojadores, que se vivió en el gobierno de Uribe, a hoy hay un buen trecho. A la vez, el carácter errático de la agenda gubernamental para el campo, lleno de exclusiones, iniciativas cuestionables o malsanas, incumplimientos e iniciativas participativas sin seguimiento alguno (¿alguien se acuerda del flamante pacto agrario?), y la incapacidad de construir junto con las organizaciones sociales una iniciativa redistributiva seria y real, ofrecen muchos motivos reales para la movilización. Esta cuenta con amplia simpatía entre la opinión; las organizaciones sociales deben preservarla a toda costa. El Gobierno está frente a la alternativa de dirigirse a un suicidio político, o de contribuir a perfilar una agenda consistente que pueda ser acompañada por los campesinos colombianos.

Las FARC y la política

Allende La Paz, Cambio Total.

En respuesta al ataque de Marquetalia los campesinos deciden transformar un movimiento de autodefensa en movimiento guerrillero, a fin de salvaguardar sus vidas. En tal acción política muestra el cáracter profundamente revolucionario de enfrentar al enemigo de clase de acuerdo como ese enemigo planteé la lucha política.
Desde entonces las FARC, a golpes de fusil, han estado en la vida política del país. 

Cada acción militar respondía a criterios estrictamente político-militares, y acción militar que no tuviera ganancia política pues sencillamente no la realizaban. Al mismo tiempo, cada escuadra guerrillera funcionaba –y funciona- como célula de partido en donde se discutía –y se discute- de todo, desde el análisis político de las acciones militares, políticas, hasta los errores cometidos con un profundo sentido crítico y autocrítico.

Hablar hoy del “debut” de las FARC-EP en “política” es como negarle la razón de ser del día. Siempre habrá un nuevo día, por oscura que haya sido la noche, y a cada día esplendoroso le sucederá una noche, indefectiblemente.

Es que el ejercicio de la política es la razón de ser de las FARC-EP. Las FARC-EP han estado en el centro de la política colombiana. Prueba de ello es la cantidad de dinero –dólares bien habidos y mal habidos (narcotráfico)- que han malgastado para vencer a las FARC. Y no pudieron. Les queda ahora la esperanza de poder hacerlo desde la legalidad y la trapisonda de la mal llamada ”política” colombiana y sus politiqueros corruptos y asesinos.

Siempre el ejercicio político de las FARC ha estado –y está- presente en su política de Paz. Desde el primer día de respuesta a la agresión militar-política del Estado ha estado presente en los llamamientos farianos. Hay que ser ciego y sordo –a veces lo son funcionales- para no encontrar ese sentimiento en los documentos de las FARC.

Siempre luchando por sentar en la Mesa de Diálogos al gobierno representante del Estado. Ninguno feliz totalmente hasta el momento, medianamente felices algunos intentos (les dió aire y avanzaron en sus propuestas), fracasados los más. Hasta llegar a la Mesa de La Habana. Lo cual no significa que el Estado haya renunciado a su pretensión de acabar las FARC. No. Ahí vemos los medios de comunicación jalándose lo que sabemos inventando una y mil historias -y tergiversando siempre las otras-, en tanto esconden la responsabilidad del Estado con el más del 85% de las víctimas que ha dejado el conflicto interno.


Las FARC es –y será- perseguida por el Estado siempre y por siempre. Nunca perdonarán su ideología (Marxista-Leninista) ni perdonarán su irreductible posición de estar apoyando siempre y por siempre al pueblo, a los desclasados, a los diferentes, a los “raros”. Será perseguida –en la legalidad o en la ilegalidad- porque las FARC-EP es la antítesis del Estado. Es su enemigo de clase. Porque la oligarquía-terrateniente-ganadera-narcotraficante sabe que en la esencia política e ideológica de las FARC-EP está implicita la semilla de la destrucción del Estado burgués que crearon ellos mismos para pelechar a su sombra y vivir a sus anchas.

Irracionales - Mario Morales

MARIO MORALES 31 MAYO 2016 - 
El país de las maravillas
Ya se ven venir otra vez los discursos humanistas hipócritas para justificar el comportamiento irracional, rayano en el salvajismo, que hoy impera en las decisiones sobre lo que alguna vez fue “lo público” y hoy es apenas un concepto desueto y anacrónico.
Por: Mario Morales, El Espectador.

Y a punta de carreta tratarán de convencernos de que vender la ETB no es capitalismo salvaje, sino financiación de la tal equidad social de la que todos hablan y nadie conoce…
Y anunciarán obras de ciencia ficción para paliar el efecto de la violenta segregación ciudadana implícita en la odiosa medida de dejarles libres las calles a quienes pueden pagar peajes o exención de pico y placa, mientras los más necesitados, aun con vehículo particular de trabajo, se muerden las uñas viendo cómo se abre la brecha…
Y seguirán con su vocinglería para hacer parecer como inaplazable, la brutal intervención en el Bronx, sin que los seres humanos —aun en condiciones de inframundo— aparezcan más allá del molde mediático de peligro inminente para el resto social civilizado… cuatro meses para planear el asalto y toda una vida para devolverlos a su hábitat de olvido y pestilencia.
¿O no fueron salvajes hasta para nombrarlos y compararlos, como si el Catatumbo y el Bronx y todas las zonas de abandono no fueran un efecto del bienestar de esta sociedad ilustrada y decente? Muy bonito les quedará el enladrillado como cuando había un solo Cartucho y el mismo “administrador” de hoy los convirtió en siete, sin contar itinerantes…
Y repetirán hasta el cansancio que las marchas campesinas son aceptables si son pacíficas y ojalá pasajeras e intrascendentes, dejándoles esa carga de profundidad, que lo es de responsabilidad, por si hay desmanes, mientras terminan de echarles tierrita a esos ocho puntos acordados tres años ha, de los cuales hay tres incumplidos y el resto apenas enunciados…
Y así… Siempre habrá tiempo para un discurso, para una disquisición que nos devuelva simulado el vejado honor de nación civilizada.

El Doctor

Hubo un tiempo en que a los bachilleres –esos señores de veintitantos años que alcanzaban a culminarlos- los llamaban “doctores”. Era un reconocimiento al esfuerzo de éstos colombianos que culminaban sus estudios secundarios y pocos, muy pocos, llegaban a la Universidad, casi siempre los “hijos de papi y mami”, es decir de los ricos.
Después, pasados algunos años, se convirtió en moda llamar “doctor” a todo aquel que vistiera de vestido entero y corbata. Entonces escuchábamos en el interior del país decir “cómo le va mi doctors” a cualquier pelagato que en su trabajo lo obligaban a ir de vestido entero y corbata.
Hoy día en Colombia se le dice “doctor” a cualquier H.P., perdón, a cualquier pelagato. El “doctor” Peñalosa es una prueba, así su doctorado haya sido un fraude a los colombianos y una muestra de cuán corrompida está Colombia que a pesar de haber develado su fraude aún sigue en su cargo el “doctors” Peñalosa…
Qué horrors…

Retozos de un diplomado - Alfredo Molano Bravo

ALFREDO MOLANO BRAVO 27 MAYO 2016 - 

Alfredo Molano Bravo
Peñalosa les prometió a los bogotanos el oro y el moro. Todo lo anterior para él era oscuridad, corrupción, chambonadas. Los colegios públicos se caían a pedazos; los hospitales se cerraban; las calles eran charcos, huecos llenos de basura. Era necesaria una verdadera transformación.
Por: Alfredo Molano Bravo
Comenzó echando para atrás el proyecto del metro que mal que bien había comenzado a encontrar rumbo, y declarando que Bogotá debía acabar de comerse la Sabana. Canal Capital era un nido de la izquierda que se debía poner al servicio de su apellido. El Transmilenio, según sus estudios –e intereses– era el mejor sistema del mundo, y la reserva Van der Hammen, un capricho de los ambientalistas. Y como todo estaba en ruinas, lo urgente era conseguir plata porque los torcidos de Petro habían dejado el Distrito en ruinas.
El Plan de Desarrollo que está negociando con el Concejo a punta de desayunos y otras “facilities” es un chamizo lleno de micos, que comienza con la venta de la ETB y terminará imponiendo impuestos a la movilidad, a los parqueaderos, al alumbrado público. Necesita aceitar su maquinaria política con miras a suceder en la Presidencia de la República a su mentor Vargas Lleras.
Dentro de los planes que manosea el doctor –es un decir– Peñalosa está el de acabar con los mercados campesinos que desde hace más de una década se celebran en Bogotá. De las regiones andinas centrales –Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Santander– los pequeños campesinos traían sus cosechas y se sentaban en la Plaza de Bolívar, a donde llegaban los ciudadanos a comprarlas. Los productores se brincaban a los intermediarios, y los compradores ahorraban así el 30%. Ganancia por los dos lados. Pero pérdida para los especuladores de las centrales de abastos que tienen un gran músculo, sobre todo en el dedo índice.
En el país funcionan muchos mercados campesinos que mueven miles de millones de pesos y que contribuyen a frenar la ruina de esa frágil y arrinconada economía familiar. Los intereses económicos de los comerciantes y de los políticos son los enemigos declarados de esta modalidad, cooperativa en muchos casos, que podría a la larga mermar el terrible efecto que sobre los campesinos tienen los TLC: ¡El 70% de la producción campesina es de autoconsumo y se están importando 10 millones de toneladas de alimentos! El doctor Peñalosa les ha declarado la guerra y quiere transformar los mercados campesinos en una feria gourmet de alimentos a donde vayan sus vecinos de barrio y conmilitones a catar frutos raros y curiosos, preparaciones exóticas y platillos decorados con flores de calabaza. Se daría cita allí la crême de la crême de la alta sociedad bogotana. La idea es borrar el campesinado del panorama nacional, arruinarlo, taparle toda salida democrática y transformarlo en un humilde y dócil labriego.
La maniobra resultaría un mero embeleco de niño bien que echa mano de una gris entidad llamada Región Administrativa y de Planificación Especial (RAPE) –tan brumosa como los títulos académicos del alcalde–, respaldada paradójicamente ni más ni menos que por la FAO, cuyo principio vital es “mitigar la pobreza y reducir el hambre promoviendo el desarrollo agrícola”. Pero lleva escondido un taco de dinamita. El verdadero propósito de liquidar los mercados campesinos en Bogotá está relacionado con el polémico artículo 87 del Plan de Desarrollo, introducido por el Centro Democrático, que dice: “Si los eventuales acuerdos de paz establecen o implican alguna clase de destinación o uso especial del territorio de la capital, se requerirá la aprobación del Concejo de Bogotá”. En dos palabras: la maniobra contra los mercados campesinos es el primer paso para atravesársele a la paz en la capital de la República. ¿Se tratará acaso de un despunte primaveral de la triple alianza Uribe-Vargas Lleras-Peñalosa?
A pesar de la decisión del alcalde, los campesinos resisten y van a estar en la plaza de Bolívar el 17 de junio.

52 años de lucha por la paz en Colombia

Las FARC-EP cumplimos este 27 de mayo el 52 aniversario de existencia como fuerza político militar revolucionaria. Y lo hacemos en un  momento trascendental para la vida de nuestra nación, cuando nos hallamos a las puertas de alcanzar un acuerdo definitivo de paz con el gobierno nacional. Al cumplirse cinco décadas y un par de años de iniciada la guerra, la cordura parece por fin imponerse sobre los belicosos ánimos que desencadenaron la tragedia.
Los colonos que integraban el movimiento agrario de Marquetalia, al sur del departamento del Tolima, enterados de antemano de la gigantesca operación militar que se avecinaba contra ellos, escribieron decenas de cartas al Congreso de la República, las Iglesias, los partidos políticos, los gremios, personalidades nacionales y extranjeras, clamando porque se detuviera la decisión que los condenaría a la pérdida de su tranquilidad, sus familias, sus bienes, sus trabajos y sus vidas.
Pedían que en vez de balas y bombas, en lugar de tropas y aviones, el gobierno de Colombia les suministrara apoyo, carreteras, créditos, escuelas, puestos de salud, garantías para hacer política. No se trataba de sumas escandalosas de dinero, ni de derechos que no estuvieran reconocidos en la Constitución y las leyes. Pero primó la voz de quienes los llamaban bandidos y exigían su exterminio, acusándolos de haber construido una República Independiente.
Tras la asamblea general de la comunidad en la que se definió que las familias asentadas en la región la abandonarían con lo poco que pudieran llevarse, en un éxodo doloroso que volvía a repetirse tras largos años de violencia, cuarenta y ocho colonos, hombres y mujeres, decidieron permanecer allí, mal armados y solos contra el mundo, para esperar a los agresores y enfrentarlos en una desigual resistencia que juraron terminaría por cambiar el rostro de Colombia.
El Ejército Nacional ocupó e izó la bandera en el lugar donde existió, antes de ser destruido por las bombas, el pequeño caserío de Marquetalia. Pero aquel puñado de hombres y mujeres sobrevivió y se transformó en una guerrilla invencible que fue extendiendo su influencia por toda la geografía de Colombia. La justicia de la causa que representaban sus armas halló eco en miles y miles de colombianos que día tras día fueron sumándose en su apoyo y a sus filas.
Las fuerzas armadas colombianas, asesoradas permanentemente por el Pentágono, habrían de poner en práctica todas las tácticas de guerra en un desesperado esfuerzo por aniquilar la lucha creciente. Animadas por la doctrina de seguridad nacional que inspiraba su accionar, y aleccionadas por Escuela de las Américas, optaron por considerar enemigos internos a todos los inconformes que reclamaban sus derechos en los escenarios de la lucha política y social.
El  conflicto se convirtió en el mejor pretexto del régimen para la persecución contra los movimientos sindical, agrario, indígena, de negritudes, obrero, popular, social, democrático y de oposición, hundiendo al país en una guerra sucia masiva, que comprendió el crimen selectivo y la masacre, las desapariciones, las torturas, los desplazamientos forzados, el paramilitarismo, el destierro, las amenazas, los montajes judiciales, la cárcel y el terror.
La muerte, el dolor, el llanto y el miedo se apoderaron del país durante décadas, contrariando el clamor guerrillero por una salida política que pusiera fin a la confrontación por vías civilizadas. Miles de hijos de la patria y el pueblo vieron truncadas sus vidas o cercenados sus miembros, fueron devorados por la enfermedad o el hambre en las selvas, o perecieron a manos de agentes oficiales o grupos paramilitares en una tragedia incesante.
Millonarias recompensas se ofrecieron por las cabezas de los jefes rebeldes y se mató a muchos de ellos de modo salvaje, siempre con el aplauso de los grandes medios y las voces que invocaban el terror como única salida. Pese a ello cada día jóvenes de ambos sexos, sonrientes y dispuestos, llegaban a las filas guerrilleras en reemplazo de los caídos, a templar sus espíritus al calor de la lucha. Se agigantó inútilmente al Ejército, la Policía y sus presupuestos en una loca carrera.
Hubiera sido más humano y barato conversar para poner fin al doloroso drama de la nación. Pero siempre se atravesaron intereses y ánimos para impedirlo o sabotearlo. Pese a que tras medio siglo de horrores, el Estado colombiano y las FARC-EP porfían en La Habana por una Acuerdo Final de Paz, aún persisten en el país liderazgos y prosélitos que apuestan a la muerte, que llaman a los bombardeos e incitan a la población a persistir en una guerra sin futuro.
Las FARC-EP, con la autoridad que deriva de nuestra larga resistencia y del hecho de sobrevivir para defender nuestras verdades, creemos firmemente que a estas alturas Colombia entera debe sumarse al hermoso sueño de la paz y la reconciliación. Nunca antes hemos estado gobierno y guerrilla tan cerca de firmar un cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo como ahora. Eso significa que la sonrisa feliz de las próximas generaciones se halla en nuestras manos.
Tenemos el reto y el compromiso de construir entre todos un país distinto, en el que el bienestar de los seres humanos se halle por encima del afán de lucro, en el que la naturaleza y los recursos comunes sean puestos al servicio del desarrollo general, cuidando de no hacerle daño a la vida. En el que las oportunidades para los más desfavorecidos sean ciertas. En el que la gente vuelva a morirse por obra de la vejez y no de la violencia. En el que imperen la ley y la justicia.
Los acuerdos alcanzados hasta hoy en la Mesa de Conversaciones son las llaves de un porvenir mejor para Colombia. El campo debe ser transformado en motor económico importante que asegure soberanamente la alimentación de la nación. Los cultivos de uso ilícito y la necesidad de acudir a ellos deben pasar a la historia. Las víctimas tendrán satisfacción y habrá verdad y justicia tras la oscura noche de la guerra. La democracia plena debe ser un hecho en el suelo patrio.
Con esos propósitos hemos discutido durante cinco años de diálogos y están listas las fórmulas para asegurarlos. Es cierto que restan algunos aspectos importantes por pactar, pero soñamos optimistas en que con cada día más compatriotas sumados al esfuerzo por la paz, ambas partes terminaremos prontamente por conciliar posiciones. La definición final se halla en el cercano horizonte de unas cuantas semanas o meses. Ningún poder humano puede impedirlo.
Tras cincuenta y dos años de confrontación,  las FARC pasaremos a convertirnos en un movimiento político legal y desarmado, en un país en el que la tolerancia y las garantías para el adversario político deben ser plenas. La siniestra figura de la discriminación política será cuestión del pasado. Uniremos nuestras voces y esfuerzos a todos los que sueñan con una patria justa y soberana, a fin de conformar el torrente imparable que haga de Colombia un ejemplo para América y el mundo.
¡Hemos jurado vencer… Y venceremos!
SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
27 de mayo de 2016.

La periodista de los narco-paramilitares

Allende La Paz, Cambio Total.

Una nueva ”desaparición” de Salud Hernández, más conocida como ”Enfermedad” Hernández ya que está enferma de “derechitis” crónica.

Ahora “desapareció” en el Catatumbo. De seguro, igual que en ocasiones anteriores, vendrá con un libro o con las crónicas de los días que pasó en “cautiverio” de sus amigos narco-paramilitares o, quizá, en poder del ELN. Porque ya está claro que no fueron las FARC-EP.

Recordemos que Salud Hernandez, franquista española a morir y admiradora del sátrapa Álvaro Uribe Vélez y del narco-paramilitarismo –que desgracia tiene Colombia que la peor ralea venga a posar sus nalgas en nuestro país-, “escribió” un libro sobre Carlos Castaño, entonces comandante de los narco-paramilitares, llevado de la mano por las fuerzas militares, en el cual quería mostrar la "esencia" política de los narco-paramilitares.

Digo “escribió” porque de todos es sabido que Carlos Castaño no permitía la publicación de nada si él no le daba el visto Bueno.

La “enfermedad” de la Hernández se llama distorsión mental de derecha, qué digo!, de extremísima derecha. ”Periodista”que pretende darle cátedra a los colombianos sobre cómo resolver los problemas de los colombianos, en la lógica posición del “conquistador” europeo que todavía a éstas Alturas sueña con latinoamérica sometidaa los designios del conquistador.


En todo caso, deseamos que la “enferma” Salud Hernández aparezca sana y salva. No convirtamos los colombianos en mártir una bezofia de persona.
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Ver para más ilustración: 

Píldoras para la memoria colectiva (sobre Israel, Carlos Castaño y Salud Hernández-Mora)


El ”Israel” de Latinoamérica.


Que el Estado colombiano le importa un bledo el sufrimiento de sus conciudadanos es una verdad –axioma- que, desde luego, no necesita demostración.

En la Guerra desatada en 1964 –que ya venía de antes- por el gobernante de turno, Guillermo León Valencia, conservador, por órdenes de los estadounidenses, se comenzó a experimentar el laboratorio de guerra contra-insurgente y hoy Colombia recoge la ”cosecha”.

La Guerra interna, Conflicto Armado, ha arrojado más de 1.000.000 de muertos, innumerables heridos y más de 6,5 millones de desplazados internos, a quienes les robaron más de 7,5 millones de hectáreas civilizadas por el arduo trabajo de los campesinos pobres.

Producto de esa agresión a 48 campesinos con toda una parte del poder militar (16.000 soldados, aviación y armas biológicas (peste negra)), las fuerzas estatales, vale decir, ejecutivo, legislativo, judicial y militar, no pudieron vencer las fuerzas populares y éstas fueron creciendo y desarrollándose, hasta haber obligado a los gobiernos a sentarse en la Mesa de Negociación.

Ejemplo de ello, es la actual Mesa de Conversaciones de La Habana, la cual está ad portas de alcanzar un Acuerdo que sentará las bases para una Paz verdadera, si es que los sectores empotrados en el poder así lo quieren.

Pues bien, las hipertrofiadas fuerzas militares-narcoparamilitares del Estado Colombiano, mal usando el presupuesto nacional y con la dirección gringa y de los gobernantes nativos, se dieron a la tarea no solo de aumentar el pié de fuerza -500.000 militares-, sino también a crecer en ramas como la industria military y la fabricación de su propio arsenal (bombas, menaje, etc).

Hoy, los sátrapas asesinos, quieren incursionar en ser parte activa de los conflictos en el mundo, no sólo enviando soldados a ciertas partes como ”fuerzas de paz”, soldados que solo saben hacer la guerra, sino también vendiéndoles armas a otros países (Emiratos Árabes y Arabia Saudita), con la excusa –como la usada en el conflicto interno- de “combater el terrorismo”.

En realidad, no hay el tal “combate al terrorismo”, sino por el contrario, sabemos que éstos países son unos de los financiadores y apoyadores logísticamente de los verdaderos “terroristas” del Estado Islámico, con la orden de los gobiernos de los gobiernos estadounidenses.

Al involucrarse en una Guerra que no es propia, es de esperar que Colombia y su pueblo pase de sufrir un conflicto armado interno al ataque de las bandas de terroristas del Estado Islámico, las cuales utilizarán las bombas vendidas por el Estado colombiano a través de Indumil.

Se cumpliría así el sueño de la oligarquía –Santos, Uribe, Vargas Lleras- de convertir a Colombia en el “Israel” de Latinoamérica.


Dios nos libre !!! 
 

Dossier Álvaro Uribe Vélez

Colombia Invisible - Unai Aranzadi

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Basta de Terrorismo de Estado

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