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[Colombia] "No me escudaré en el fuero que nos han extendido a los expresidentes en los Acuerdos de Paz" Ernesto Samper

Bogotá, Noviembre 23 del 2017 

Doctora PATRICIA LINARES 
Tribunal para la Paz, de la Jurisdicción Especial para la Paz Presidente 

Padre FRANCISCO DE ROUX 
Comisión de la Verdad Presidente 

Estimados presidentes, 

Son de público conocimiento los cambios introducidos por el Senado de la República y la H. Corte Constitucional a los Acuerdos de la Habana en los numerales 5.1.2 del acuerdo, en relación con la aplicación del esquema de justicia transicional liderado por el Tribunal que usted preside. Les asiste la razón a los voceros de las FARC cuando consideran estas modificaciones un incumplimiento en materia grave de lo convenido en dichos Acuerdos, de obligatorio cumplimiento internacional por parte del Estado colombiano. En particular, lo que tiene que ver con los alcances de la nueva jurisdicción respecto a la responsabilidad de terceros civiles y aforados especiales en el conflicto. 

La justicia transicional se diseñó para permitir que países que hubieran incurrido en periodos de graves violaciones de derechos humanos, como ocurrió en el caso del conflicto colombiano, pudieran hacer una transición pacífica hacia una nueva época a partir de la visibilización y reparación del dolor de víctimas afectadas. Esto explica por qué el tema de la verdad con el de la justicia restaurativa sean los pilares de la jurisdicción recién creada. Excluir de la obligación los civiles que, en su condición de ciudadanos o funcionarios, apoyaron de manera activa cualquiera de las partes en conflicto, de contribuir con su verdad a la reparación de las víctimas y asumir sus propias responsabilidades, es una decisión inmoral y vergonzosa que tendrá profundas repercusiones internacionales al cobijar con una garantía de impunidad a estos colombianos que contribuyeron de manera activa durante la guerra. 

Aceptar que los únicos llamados a responder ante las ocho millones de víctimas ocasionadas por el conflicto de cincuenta años sean los actores militares involucrados, es desconocer los orígenes del enfrentamiento armado, sus profundas causas sociales e impedir que, al enterrar una parte importante de la verdad de lo ocurrido, la sociedad colombiana pueda reconciliarse de manera definitivamente. 

Por lo que a mí respecta, señores Presidentes, en mi condición de Expresidente de la República, estoy dispuesto a atender todos los requerimientos del Tribunal y la Comisión de la Verdad para contribuir al esclarecimiento de los hechos de guerra ocurridos durante mi gobierno. No me escudaré en el fuero que nos han extendido a los expresidentes en los Acuerdos de Paz para excusar mi participación y responsabilidad en la búsqueda de la verdad de las víctimas que es la razón de ser de la Justicia con Verdad que ustedes presiden y la que necesita este país para recuperar la paz de su conciencia. Invito a mis colegas expresidentes a que hagan lo propio: sería un acto de transparencia histórica que agradecerán las nuevas generaciones de Colombia. 

Atentamente, 

Ernesto Samper Pizano Expresidente de la República

La Comisión de la Verdad, un tesoro en potencia

Por: Gustavo Gallón*
Son tres retos enormes, pero muy valiosos, los que debe enfrentar la “Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición” prevista en el Acuerdo de Paz. Conocer los daños inferidos durante el conflicto armado y reconocer las responsabilidades, las víctimas y las fragilidades de la sociedad son los dos primeros de ellos. El tercero consiste en promover, a partir de dicho conocimiento y reconocimiento, unas condiciones respetuosas de vida en común basadas en la cooperación y la solidaridad entre los sujetos sociales.
Esos retos son enormes porque implican hurgar heridas y, además, el tercer propósito es muy ambicioso para una sociedad donde el abuso ha sido una exitosa fórmula de progreso. Pero son muy valiosos y necesarios, como en una buena terapia, para sanar tales heridas y para identificar y poner en práctica entendimientos sociales en donde todo el cuerpo social se cure.
Entre muchas condiciones para que ello ocurra, cabe destacar dos: una robusta capacidad de comunicación de la Comisión, y un diálogo franco entre los actores locales. La primera está prevista en las funciones que el Acuerdo asigna a la Comisión. De una parte, deberá “implementar una estrategia de difusión, pedagogía y relacionamiento activo con los medios de comunicación”. En consecuencia, el Gobierno garantizará lo necesario para el efecto, y el Informe Final tendrá la más amplia difusión y será incluido en el pénsum educativo. De otra parte, la Comisión deberá “rendir cuentas a la sociedad (…) al menos semestralmente”.
Eso está bien. Pero es importante que la Comisión no lo asuma como una tarea burocrática, sino como un elemento de singular importancia. Si algo tuvieron de positivo la Comisión de la Verdad de Sudáfrica y la de Perú, según todos los analistas, fue la amplísima difusión de sus actividades por radio, prensa y televisión, empezando por las declaraciones rendidas ante ella. Es necesario que la gente conozca a fondo lo que ha pasado y que ello genere una catarsis en la sociedad, y una apertura mental y vital, para salir totalmente de la guerra y construir la paz.
La otra condición también está prevista en el Acuerdo. La Comisión deberá celebrar audiencias públicas y “promover la participación de los diferentes sectores de la sociedad para contribuir a una reflexión conjunta sobre lo ocurrido y las causas y efectos de la grave violencia vivida por Colombia” para “asumir compromisos de no repetición y de construcción de la paz”. Un criterio que debe observar la Comisión es el de coordinarse “con los planes y programas de construcción de paz que se pongan en marcha en los territorios”. Es decir, se trata de hacer el mayor esfuerzo posible para lograr concertaciones que, basadas en el conocimiento y reconocimiento de los motivos y los daños del conflicto a nivel local, permitan construir un país que deje atrás los criterios de exclusión que han prevalecido y opte por la convergencia de las variadas energías sociales.
En realidad no son retos exclusivamente de la Comisión de la Verdad. Son retos que tenemos todas las personas que habitamos este país, y la Comisión nos ofrece una oportunidad extraordinaria para asumirlos. Ojalá no la desperdiciemos.
*Director de la Comisión Colombiana de Juristas (www.coljuristas.org)
 

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