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Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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Brasil: el precio del golpe

Por Eric Nepomuceno, La Jornada. |

Hace pocos días Michel Temer, quien ocupa la presidencia de Brasil desde el golpe institucional del año pasado, dijo que la economía empezaba a mostrar resultados excelentes.
Bueno, tratándose de un caballero que al emitir su discurso en el Día Internacional de la Mujer dijo que el papel de ellas era esencial para saber de los aumentos de precios en supermercados, se puede esperar cualquier cosa. Incluso semejante disparate.
La verdad verdadera es bien otra: el país vive la peor recesión de su historia. El año pasado el producto interno bruto (PIB) brasileño sufrió un bajón de 3.6 por ciento, y por primera vez desde 1996 todos los sectores de la economía, sin excepción, retrocedieron. El ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, trató de inyectar algún ánimo en los mercados, diciendo que "lo de 2016 es como mirar por el retrovisor" y que a fines del primer trimestre, "con toda seguridad", la retomada económica será visible y palpable.
Bueno: a menos que Meirelles disponga de información ultra-híper-secreta, no existe razón alguna para creer en lo que dice. Tampoco sirve argumentar que la fuerte caída de la inflación es un indicio de mejora, como dicen Temer y su gente. Se olvidan de lo obvio: la inflación bajó porque el consumo se desplomó.
Por más que el resultado del PIB negativo fuese esperado, la confirmación oficial tuvo el efecto de una ducha de agua fría sobre todos los segmentos económicos. La tan mencionada retomada de la economía será mucho más difícil de alcanzar de lo que preveían las proyecciones del mercado financiero, para no mencionar las del gobierno, que además vive una turbulencia política de proporciones asustadoras.
En 2015, la retracción del PIB ya había sido muy elevada: 3.8 por ciento. Al confirmarse que por ocho trimestres consecutivos la economía encogió, la única comparación posible se da con la recesión observada en 1930 y 1931, como reflejo de la crisis norteamericana de 1929.
En aquellos años, sin embargo, el retroceso del PIB fue de, respectivamente, 2.1 y 3.3 por ciento, muy inferior al de ahora.
Otro dato que hace que el optimismo del gobierno de Temer carezca totalmente de base: en el tercer trimestre de 2016, la caída del PIB había sido de 0.7 por ciento. Fue cuando el hablante Henrique Meirelles aseguró que el cuarto y último trimestre ya mostraría recuperación.
Bien: en lugar de recuperación, lo que hubo ha sido un retroceso aún mayor, de 0.9 por ciento.
Un dato que preocupa al cada vez más fragilizado gobierno es el empobrecimiento de la población. Desde 2014, último año del primer mandato de Dilma Rousseff, el PIB per cápita se desplomó 9.1 por ciento, lo que llevó el consumo familiar a disminuir 4.2 por ciento el año pasado.
El discurso de que la destitución de la presidenta significaría la retomada de la confianza y, como consecuencia, el retorno de las inversiones, fue claramente desmentido.
Los grandes medios de comunicación, por su lado, pilares esenciales del golpe institucional, aseguraban, a lo largo de las últimas semanas, que pese a la gravedad de la situación, había indicios claros de que la economía reaccionaba gracias a Michel Temer y compañía.
Bueno, reaccionó desplomándose de una vez.
Tampoco el argumento de la "herencia maldita" recibida por Temer se mantiene como al principio del golpe. Crece, en la opinión pública, el sentimiento de que desde el primer día de 2015, en el inicio de su segundo mandato presidencial, Dilma Rousseff fue duramente saboteada por la Cámara de Diputados, presidida por el actual prisionero Eduardo Cunha.
Los mismos medios de comunicación que contribuyeron de manera esencial a la destitución de la presidenta se deparan con serias dificultades para justificar cómo medidas propuestas por la entonces mandataria y duramente rechazadas por los diputados ahora son vistas como llaves de la salvación nacional.
Ya no a cada día, pero a cada hora, se hace más y más difícil ocultar que el golpe, armado en 2015 por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), de Michel Temer, y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del senador Aécio Neves y del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, y concluido en 2016, no trajo de regreso ni la confianza del mercado, y menos las inversiones, principalmente del sector privado.
En relación con el desempleo, hubo una fuerte expansión, empujando a millones de familias que, con Lula, habían ascendido a la clase media, de regreso a la pobreza. De los 38 países que divulgaron los resultados de su economía en 2016, y que juntos significan 81 por ciento del PIB mundial, Brasil ha sido el único que retrocedió. Hasta la conturbada Grecia logró crecer: 0.3 por ciento.
Si a ese cuadro se suma la única cosa que verdaderamente se expandió muchísimo desde el triunfo del golpe –los escándalos de corrupción–, se entenderá la potencia y el alcance de la turbulencia que sacude a Brasil.
Ese es el precio que el país paga por el golpe institucional y la instalación de un gobierno plagado de bandoleros y descalificados.
Los próximos días prometen nuevas y fuertes emociones. En cualquier momento empezarán a gotear los nombres denunciados por corrupción. Entre los más sonantes están ministros, políticos de todos los partidos aliados y, por si fuera poco, el mismo Michel Temer.
Este es el retrato de un país en descomposición ética, política, moral y, claro, económica. Este el precio, terrible precio, tenebroso precio.

Poder comunal-popular en Venezuela

Por Gilberto López y Rivas / lahaine.org
La orientación de clase de los analistas "de izquierda" contrarios a la ley de comunas y otras que fortalecen el poder popular, es abiertamente anti socialista

En la difícil coyuntura actual que vive Venezuela, corresponde a las fuerzas políticas del chavismo, y a quienes somos solidarios con este proceso revolucionario, hacer los mayores esfuerzos para analizar la mejor estrategia de lucha que corresponda a las necesidades de tan delicada situación.
No es suficiente con identificar las características actuales del factor constante imperialismo/burguesía, en esta renovada ofensiva en marcha contra el proceso bolivariano, sin que al mismo tiempo se ubiquen y asuman las responsabilidades en el interior del movimiento chavista, y en las fuerzas políticas solidarias, tendientes a consolidar y desarrollar una defensa efectiva de las conquistas de la revolución, basadas en el poder popular-comunal, la propiedad social y el socialismo.
En el memorable documento Plan de la patria, más vigente que nunca en condiciones de riego extremo, el comandante Chávez planteó lo siguiente:
“Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de la opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva sociedad desde la vida cotidiana, donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Al presentar este programa, lo hago con el convencimiento de que sólo con la participación protagónica del pueblo, con su más amplia discusión en las bases populares, podremos perfeccionarlo, desatando toda su potencia creadora y liberadora”.
Es así que surge el Estado comunal, que es definido en la Ley orgánica de las comunas como la:
“Forma de organización política social, fundada en el Estado democrático y social de derecho y de justicia establecido en la Constitución de la República, en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social de los venezolanos y venezolanas en la sociedad socialista. La célula fundamental de conformación del estado comunal es la Comuna.” (Ley orgánica de las comunas. Ministerio del Poder Popular Para las Comunas y Protección Social, 2010, Artículo 4.10).
Con toda razón, los opositores anti-chavistas dentro de la academia de la Universidad Central de Venezuela, afirman que la construcción del poder del pueblo, desde las comunas, es inconstitucional y pretende vaciar de contenido a las instancias que se fundamentan en la democracia representativa, como el municipio; la orientación de clase de estos analistas que se pronuncian contra la ley de comunas y contra otras que van encaminadas al fortalecimiento de este poder, se asumen abiertamente como anti socialistas y tachan a los gobiernos chavistas como totalitarios. (Allan R. Brewer-Carías. 'Sobre el poder popular y el estado comunal en Venezuela , o de cómo se impone a los venezolanos un Estado Socialista, violando la Constitución, y en fraude a la voluntad popular'. Noviembre 6, 2012)
Otro de estos académicos considera que:
“La propuesta del Estado Comunal, desarrollada principalmente en un conjunto de Leyes dictadas a finales del año 2010, es el mayor intento de transformación jurídica del Estado venezolano realizada en los últimos doscientos años. La afirmación puede parecer exagerada, pero el análisis detenido de esas Leyes y sus antecedentes, permite corroborar tal conclusión” […]De esa manera, el Estado Comunal pretende modificar drásticamente la forma republicana de nuestro Estado reconocida en la Constitución, lo que demuestra la inconstitucionalidad sustantiva de las Leyes del Poder Popular, que menoscaban además el pluralismo político, al imponer al socialismo como modelo único, exclusivo y excluyente, lo que es más propio de regímenes totalitaristas que del Estado social y democrático de Derecho, que es la forma adoptada por la Constitución de 1999. (José Ignacio Hernández G. El Estado Comunal, http://www.ulpiano.org.ve/revistas/bases/artic/texto/ADPUB-MONTEAVILA/4/ADPUB_2011_4_99-133.pdf)
Por este tipo de razonamientos, anclados en la democracia tutelada por el capitalismo, Chávez consideró al pueblo trabajador como la fuerza política motriz de este proceso liberador y también como la única posible en la cual confiar para una alianza estratégica en la conformación de ese estado comunal. Esta verdad meridiana se probó en el golpe de Estado de 2002, y se está probando en estos días en que se ha llamado, desde la Asamblea golpista, a la rebelión contra los poderes constituidos. Ya Sandino había sentenciado: “sólo los obreros y campesinos irán hasta el fin”. Cualquier otro pacto estará mediado por el interés de clase, y más temprano que tarde, éste prevalecerá sobre cualquier otro en juego, por más nacional o patriótico que se autodefina el empresariado o sector productivo con el que se pretenda hacer alianzas, por ejemplo, para el abastecimiento interno o el diálogo propuesto en curso.
En otro documento fundamental, Golpe de timón, Chávez hizo un ferviente llamado a fortalecer el poder comunal, como un medio fundamental de la construcción del socialismo democrático, de un nuevo tipo de hegemonía democrática, que convenciera a través de un cambio cultural, por medio de la autocrítica, a la que consideraba necesaria para actuar y rectificar, no para seguirla haciéndola en el vacío, o lanzándola como al vacío. El comandante Chávez recuerda que el gobierno que presidía tenía un carácter revolucionario y había sido ratificado por el pueblo (como lo ha sido en 18 de 20 ocasiones, incluyendo al actual gobierno del presidente Nicolás Maduro), pero –acotaba– también muy criticado por un pueblo y con razones, y entre algunas de las razones, destacaba la falta de eficiencia.
Víctor Álvarez R. plantea que “una revolución autentica está llamada a crear todas las condiciones necesarias para abrirle paso a una sociedad gobernada por sus trabajadores y por la comunidad, y no por la burocracia y la nomenclatura” (Del Estado burocrático al Estado comunal, la transición al socialismo de la Revolución Bolivariana, Caracas: Centro Internacional Miranda, 2011, p. 57)
Golpe de timón es un texto histórico, en el que en su estilo coloquial tan peculiar, Chávez inquiere a sus propios ministros, sus “queridos compañeros”, sobre si han ido a dormir tres días en un barrio o “a ver cómo está el proyecto de los indios cuiba y quedarse tres días allá, o sembrarse allí en Sarria, un ministro, el viceministro… Bueno, la comuna, el poder popular, no es desde [el Palacio de] Miraflores ni es desde la sede del ministerio tal o cual desde los que vamos a solucionar los problemas… Cuidado, si no nos damos cuenta de esto, estamos liquidados, y no sólo estamos liquidados, seríamos nosotros los liquidadores de este proyecto. Nos cabe una gran responsabilidad ante la historia a los que aquí estamos”.
Álvarez es claro en cuanto a la importancia de la Comuna:
La Comuna es una expresión concreta del poder popular a través del autogobierno comunal, la administración y gestión de competencias y servicios e, incluso, de la organización económica-productiva. El autogobierno comunal es la democracia directa. A través de las asambleas de ciudadanos, las comunidades que lo integran ejercen el autogobierno y asumen la planificación, coordinación y ejecución del gobierno comunal. El poder de decisión, antes representado en el burocratismo de las gobernaciones y alcaldías, es trasferido a la comunidad. Las direcciones y decisiones colectivas se convierten así en una verdadera descentralización. (Del Estado burocrático al Estado comunal, ob. Cit., pp. 154-155)
Es significativo que en octubre de 2016, un letrero de un opositor en la calle asentara “Estamos hartos de patria y rebolución” (Sic), ya que precisamente fue el presidente Chávez quien restituyó el sentimiento y la conciencia de patria, tan aberrante para la derecha entreguista y pro-imperialista. Comprendió a cabalidad lo que los marxistas denominamos cuestión nacional, a partir del rescate de los próceres independentistas, especialmente Bolívar, y transmitió esta conciencia patriótica a sectores mayoritarios del pueblo. Antes de Chávez, la palabra patria no era más que un recurso retórico en efemérides oficialistas de las democracias tuteladas. Hoy en Venezuela la nación-pueblo ha recobrado la idea de patria, en un contexto planetario de transnacionalización neoliberal, que destruye patrias y soberanías. Durante estos años se han fortalecido la dignidad nacional y el sentido de pertenencia incluso a la Patria Grande, esa Nuestra América de José Martí. Por ello, una derrota de la revolución significaría un retroceso estratégico en el ámbito continental.
Que la alianza imperialismo/burguesía mida bien las condiciones reales de la actual situación política venezolana, antes de provocar una aventura sin retorno, similar a las que ha llevado a cabo en otras latitudes, como las de Medio Oriente. Más de tres lustros de iniciado el proceso del chavismo, éste ha calado en extensión y profun­didad en sectores importantes de la sociedad de ese país hermano, entre los que se cuentan las propias fuerzas armadas venezolanas. En una situación iné­dita, se ha logrado mantener, e incluso profundizar, la unidad cívico-militar, que incluye la conformación de guardias rurales, que están armados y han logrado disminuir la criminalidad en el campo, instigada por el sicariato contratado (que incluye a los paras colombianos) por las federaciones agrícolas acomodadas. También miles de hombres y mujeres se han integrado a las Milicias Bolivarianas, con tareas preventivas y de inteligencia en las áreas urbanas, que podrían ser movilizadas y armadas, en caso de un ataque externo o complot militar interno, como se ha observado en los múltiples simulacros de defensa realizados desde 2003 a la fecha, en los que han participado confraternizando miles de ciudadanos y soldados.
A partir de la base nacional, el comandante Chávez rescata también el concepto de socialismo. Esto es, le imprime una perspectiva de clase a un movimiento nacionalitario que se desarrolla a pesar de la crisis de los paradigmas e imaginarios en torno al socialismo, por la debacle y desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista. Con estas dos perspectivas teórico-ideológicas, patriotismo y socialismo, se fortalece el antimperialismo, que, en su interrelación, constituyen los factores claves de la sobrevivencia y el desarrollo de la Revolución Bolivariana, no puede haber el uno sin los otros, es el sustrato mismo de esta gesta revolucionaria, y uno de los legados más importantes de Chávez, junto con su propuesta de construir el poder comunal.
En lo interno, el comandante busca la unidad de los revolucionarios, pero para lograrla utiliza dos mecanismos fundamentales de una efectiva opción emancipatoria: la crítica y la autocrítica que, si se pierden, podría abrirse el camino de la derrota del campo popular. Documentos como Golpe de timón deberían ser estudiados todos los días, porque constituyen las grandes enseñanzas de Chávez. Él hace una crítica a la corrupción, al burocratismo, al arribismo, a la arrogancia y prepotencia de quienes en los aparatos de Estado piensan que son únicos y predestinados. Recuerdo al comandante Tomás Borge diciendo “nos creímos dioses”, en referencia a la derrota electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1990. Hay quienes de pronto se marean en un tabiquito, y no se dan cuenta de que están en posiciones de gobierno porque se ha producido una revolución popular.
Chávez fue un gran estratega de la lucha de clases. Ante cada ofensiva de la derecha, incluyendo las huelgas petroleras, el golpe de Estado, el uso de la violencia y la subversión, él respondió con una radicalización de la revolución. Esto es fundamental. Hay quien piensa que, al conciliar con la derecha y el imperialismo, se logra la estabilización del gobierno revolucionario; ¡todo lo contrario!, es la manera de desestabilizarlo. A cada golpe del imperialismo y la oligarquía –siempre hermanos siameses–, la reacción de una dirigencia revolucionaria debe ir hacia adelante, hacia la radicalización del poder comunal-popular. Porque la única fuerza capaz de derrotar al imperialismo –lo probó Vietnam y lo ha probado Cuba– es un pueblo políticamente consciente, un pueblo que asume esa perspectiva indisoluble de patriotismo-socialismo-antimperialismo y construcción de poder popular.
Recordar el legado de Chávez es luchar contra el burocratismo y la corrupción. El revolucionario no se prueba en la lucha armada, en la clandestinidad, ahí se prueba un combatiente; el revolucionario se prueba en el ejercicio del poder público. De aquí, el principio zapatista de para todos, todo, para nosotros, nada. La verdadera izquierda es la que coadyuva a construir poder popular sin esperar ni pedir nada a cambio.
Por cierto, otro de los legados de Chávez es la unidad cívico-militar: la ruptura de la relación fuerzas armadas-poder oligárquico, el seguimiento de la estrategia de guerra de todo el pueblo, de creación de milicias; ya que una oligarquía que pierde el poder político va a buscar recobrarlo a toda costa y, sobre todo, hacerse de un brazo armado que defienda sus intereses de clase; lo va a buscar dentro o fuera del país: mercenarios colombianos, militares desafectos, fuerzas especiales de EEUU, crimen organizado, y sus propios reclutas entre sectores populares cooptados y desclasados. Las oligarquías no pueden existir sin su aparato represivo, brutal, parafascista. Chávez comprendió que no hay reconciliación posible con la derecha recalcitrante, a la cual debe aplicarse toda la fuerza de la ley, cuanto más en un estado de derecho revolucionario.
La dirección político-militar bolivariana, por su parte, ha comprendido que la unidad de los diferentes sectores del polo revolucionario en torno al legado de Chávez, debe consolidarse en la radicalización del proceso de construcción del socialismo del siglo XXI, en la extensión del territorio, a través del desarrollo y fortalecimiento del poder comunal, así como por la participación activa de todos los sectores sociales organizados en los distintos niveles del gobierno y toma de decisiones. La revolución en la revolución que señaló Maduro en su toma de protesta, la lucha contra la corrupción y el burocratismo, deben expresarse en el ejercicio efectivo y creciente del poder popular desde las comunas, los sindicatos, las organizaciones populares de trabajadores, de productores, de los pueblos indígenas y de la acción consciente y permanente de la intelectualidad –en el sentido más amplio y democrático de este concepto–, en el debate de las ideas y en los campos de la lucha ideológica, la difusión del pensamiento progresista y la cultura revolucionaria.
Para Rosa Luxemburgo, así como para los movimientos sociales de nuestra época, “es la participación de los de abajo de la que proviene la esperanza de cambiar el mundo…Cualquier cambio radical, en el sentido de un proyecto emancipador, solo puede resultar de la presión social de abajo a arriba”.
Para esta revolucionaria, la transformación socialista deja de ser pensada exclusivamente como un “día decisivo”, y pasa a ser un proceso que puede comenzar aquí y ahora, por el cambio en la correlación de fuerzas, en las estructuras de poder y de propiedad, en la innovación institucional. El socialismo –señalaba Luxemburgo– no puede ser realizado por decretos ni es un cambio de gobierno llevada a cabo por una minoría, sino una trasformación radical de la antigua sociedad, en todos los planos, por la acción autónoma de las masas. Advirtió y critico los procesos de burocratización de la socialdemocracia partidaria y los sindicatos. En este sentido, Rosa Luxemburgo se opone a la idea del socialismo como estatización de los medios de producción sin control de los trabajadores, camino para una inevitable burocratización.
Con la revolución alemana en marcha, la democracia socialista pasa a significar concretamente, para Rosa Luxemburgo, un gobierno concejista . Los concejos, organismos de base electos por los obreros y soldados, de acuerdo al programa de la Liga Espartaco, serían la nueva forma de poder estatal para sustituir los órganos heredados de la dominación burguesa; democracia socialista significaba en aquel contexto el autogobierno de los productores.
Que no se equivoquen los golpistas locales y foráneos en cuanto a desdeñar los cambios experimentados en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en estos años de gobierno chavista y, en subestimar el protagonismo de los militares en la contradicción revolución versus contrarrevolución.
Si en 2002 la unión cívica militar y la presencia de millones de venezolanos en las calles fueron el factor esencial que revirtió el golpe de oficiales traidores, hoy en día la incorporación de agrupamientos armados de distintos tipos de milicia y la puesta en práctica de la estrategia de guerra de todo el pueblo, junto al trabajo ideológico y político en favor del socialismo, vuelven prácticamente imposible que se hagan realidad los sueños golpistas de la democrática derecha venezolana y sus mentores yanquis.
En la República Bolivariana de Venezuela tiene lugar un proceso masivo de debates, talleres, reflexiones, conversatorios, campañas y tomas de conciencia individuales y grupales encaminado a fortalecer y construir poder popular y forjar una ciudadanía que vaya más allá de las elecciones y contrarreste el manejo infame de los medios masivos de comunicación nacionales e internacionales.
Precisamente, en estas condiciones de incertidumbre y permanente acción desestabilizadora de una derecha que, como se ha demostrado, no tiene escrúpulos en utilizar la violencia extrema, que incluye su apoyo a la intervención militar directa de EEUU y a todas las variantes subversivas y terroristas inherentes a la estrategia oligárquica-imperialista actual, el factor determinante que garantice la continuación y el desarrollo de revolución bolivariana sea precisamente el blindaje que representa que en todos los espacios territoriales y sectoriales se establezca el poder popular democrático, autónomo y crítico, que signifique, a la vez, un ejercicio pleno de la ciudadanía que supere la interpretación limitada y heterónoma de la democracia neoliberal.
La batalla de ideas en la actual situación incluye un espíritu de irreverencia que permite discutir cualquier tema, como los peligros de la burocratización, la corrupción, el estatismo exacerbado que secuestre el protagonismo del pueblo, las carencias político-ideológicas en temas como la cuestión indígena, el sexismo, el extractivismo, etcétera, con la conciencia de que tomados los acuerdos y consensos, éstos serán acatados lealmente en la acción, coordinación y unidad revolucionarias, rumbo a la construcción del socialismo y el poder comunal.
Esta confrontación ideológica, que en la derecha venezolana se expresa en un contumaz odio al chavismo y a las masas populares que lo encarnan, cargado de anti-patriotismo, racismo y clasismo, tiene un sustrato material visible en el combate a la pobreza a través de la ejecución de diferentes programas y proyectos impulsados por el gobierno nacional; en todas las fábricas y empresas socialistas ocupadas y controladas por los trabajadores y en la integración del llamado ejército socio-productivo que aglutina a las brigadas socialistas de trabajo en distintos frentes de producción dentro de los ámbitos de construcción, agrícola, industria, textil y servicios; en los miles de departamentos construidos --muchos en lotes expropiados por utilidad pública--, y entregados completamente equipados a los sectores más humildes; en las impresionantes micro ciudades que se están levantando en toda la geografía del hermano país, concebidas para alojar a miles de familias y que cuentan con todos los servicios necesarios para vivir y trabajar dignamente; en los centros de atención para la salud de Barrio Adentro, pensados de manera integral y preventiva, con los miles de doctores graduados con la solidaridad cubana, e incorporados al programa tanto en la ciudad como en las zonas rurales, con espacios dedicados a actividades culturales, bibliotecas, centros de cómputo, aulas, guarderías; en los parques y áreas recuperados, donde ahora se llevan a cabo todo tipo de actividades intergeneracionales; y en los numerosos micro negocios de café, alimentos y ventas de comestibles que dan certidumbre a la vida cotidiana de millones de familias venezolanas que antes de la revolución se encontraban en el abandono y la miseria extrema.
Funciona también un programa de comedores populares que se asienta en los barrios más pobres de las ciudades. En uno de ellos, en Barquisimeto, una de las activistas de este proyecto al reflexionar sobre el carácter de éste, mencionó un término que está en boga en el movimiento bolivariano: "desarrollo endógeno". Evitar el asistencialismo, contar con las propias fuerzas, construir el poder popular. No hay duda, en Venezuela hay una revolución en marcha.
Una adolecente que entrevisté en la nueva ciudad en las afueras de Caracas, instalada en una consola de los aparatos de trasmisión de la radio del poder popular comunitario, exclamó, esbozando una amplia sonrisa, lo que para ella significaba su nuevo entorno: “para mí ha sido como volver a nacer, vivíamos hacinados y rodeados de delincuencia y consumo de droga, ahora tenemos una vivienda digna, educación, salud y una revolución por la cual vivir.”
La Jornada
Texto completo en: http://www.lahaine.org/poder-comunal-popular-en-venezuela

Republicanos, los más peligrosos de la historia: Chomsky

LaJornada/Notimex.
Nueva York. El Partido Republicano se ha convertido en la organización más peligrosa en la historia de la humanidad por su negación del cambio climático y su postura ante las armas nucleares, señaló hoy el lingüista estadunidense Noam Chomsky.
En una entrevista publicada esta semana en la revista digital TruthOut (Salga la verdad), Chomsky recordó que los comicios del pasado 8 de noviembre en Estados Unidos no sólo resultaron en un nuevo presidente electo, Donald Trump, sino en la redefinición del Congreso y la Suprema Corte.
“El resultado otorgó el control total del gobierno, del Ejecutivo, Congreso y la Suprema Corte, a las manos del Partido Republicano, que se ha convertido en la organización más peligrosa en la historia mundial”, afirmó el lingüista y crítico social.
Chomsky precisó que ese partido está dedicado a “apresurar tan rápidamente como sea posible la destrucción de la vida humana organizada. No hay precedente histórico para esa posición”.
Recordó que Trump ha llamado a aumentar rápidamente el uso de combustibles fósiles, incluyendo el carbón, así como a desmantelar regulaciones ambientales y a retirar la ayuda a países en desarrollo que busquen crear energía sustentable.
Trump, como candidato, expresó que el cambio climático era “un fraude” creado por China, y prometió en diversos foros reactivar la industria del carbón en Estados Unidos.
En ese sentido, Chomsky aseguró que Trump ya ha tomado pasos para desmantelar la Agencia de Protección Ambiental (EPA) al colocar como su director a un “notorio y orgulloso” impugnador del cambio climático, Myron Ebell.
Asimismo, el principal asesor de Trump en temas energéticos es el multimillonarios Harold Hamm, quien ha anunciado sus expectativas de que el nuevo gobierno elimine regulaciones e implemente recortes fiscales para el sector energético, y que reavive la producción de hidrocarburos.
El politólogo señaló que las acciones de las empresas del sector energético han repuntado notablemente desde la elección de Trump, en especial aquellas vinculadas al carbón.
“Es difícil encontrar palabras para capturar el hecho de que los humanos están enfrentando la pregunta más importante en su historia: si la vida humana organizada sobrevivirá como algo parecido a lo que conocemos, cuando la respuesta es acelerar la carrera al desastre”, lamentó Chomsky.
El académico sostuvo que “observaciones similares” se pueden hacer de otros de los grandes temas concernientes a la supervivencia humana: la amenaza de la aniquilación nuclear, que ha estado presente desde hace 70 años.
“No es menos difícil encontrar palabras para capturar el muy sorprendente hecho de que en la masiva cobertura de la extravagancia electoral, nada de esto recibió más que menciones pasajeras. Al menos yo no puedo encontrar las palabras adecuadas”, insistió Chomsky.
La ONU ha expresado que el cambio climático es probablemente la mayor amenaza que enfrenta la humanidad. En un informe publicado en octubre pasado asentó que en los pasados 20 años, cuatro mil 200 millones de personas han sido afectadas por desastres relacionados con el clima.
 

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