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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Colombia] Tocaron fondo

Allende La Paz.

La preocupación por la marrullería del Congreso de no aprobar sin modificaciones el Acuerdo de Paz ha hecho pasar por alto que el Congreso colombiano ha tocado fondo.

Con la firma del Acuerdo de Paz y del Cese Bilateral de Fuegos los colombianos se han dado cuenta que el problema de Colombia no era la guerrilla de las FARC-EP y del ELN, sino la corrupción que carcome todo el aparato estatal,  o sea, desde el poder ejecutivo, el legislativo, el poder judicial, y se extende a todos las instituciones estatales y sectores de la sociedad (militar, policía, iglesia católica, evangélicos, etc).

El poder legislativo lleva la bandera de la corrupción. Es una práctica consuetudinaria –diaria- que los congresistas –llamados padres de la patria- no funcionan, no se mueven, si no es por la cantidad de dineros que el ejecutivo coloca en sus cuentas o la de sus amigos.

La corrupción del congreso no es de ahora. Ello es claro. Lo que nos ha llevado a encontrar que la corrupción es consustancial con el capitalismo. Era una práctica constante y recurrente en Colombia que el ejecutivo para garantizar las mayorías para hacer aprobar sus políticas de gobierno repartía los dineros de obras públicas destinadas a las regiones. Los corruptos se llevaban buena parte de los dineros de los colombianos y se presentaban como los salvadores de las regiones, sobre todo esas regiones olvidadas de la mano de Dios y de los gobiernos.

Èsta práctica corrupta tenía la mano corruptora del gobierno de turno y la mano corrompida del legislative que vendía su apoyo a las políticas de gobierno. Ahí no jugaba ningún sentimiento de Paz. Ningún principio ético ni ningún valor moral. Todo se reducía a cuanto valía cada congresista según el tasaje en el palacio presidencial.

Los alumnos tomaron nota y desarrollaron la práctica corrupta. Los actos de corrupción se presentaban en todas las esferas, aún sin la participación del ejecutivo, al punto que uno de ellos prometió “reducir la corrupción a sus justas medidas”.

Hoy día la corrupción engulle 50 billones de pesos al año, una cantidad realmente astronómica. Y los corruptos van desde ministros, viceminitstros, parlamentarios, funcionarios de más baja responsabilidad, militares, prelados de la iglesia, Iglesias evangélicas, alcaldes, gobernadores, diputados, concejos, hasta funcionarios del  nivel local que exigen el pago de la coima para realizar ésta o aquella labor.

El Acuerdo de Paz tiene en el momento mucho puntos a su favor, lo cual hace pensar que los colombianos pobres, el pueblo, lo defenderán con toda suenergía. Entre esos puntos está el de haber destapado el origen de los males de Colombia. El problema de Colombia es la corrupción, no la guerrilla como se decía.

Prueba de ello la tenemos en el Congreso que, queriendo que recuperara su mejor cara, fue llamado por parte del ejecutivo como el ”congreso de la Paz”. No se logró ni lo uno ni lo otro. Jugaron más las corruptas prácticas milenarias que la pretendida recuperación promovida por el ejecutivo Santos.

Uribe trató de recuperar el control sobre la corrupción, no para acabarla, sino para manejarla a su antojo. Ha chocado con el apetito corrupto de su contrincante-amigo Germán “no es el man” Vargas Lleras.

La exigencia de la correspondiente “mermelada” para aprobar el Acuerdo de Paz puso en su sitial al susodicho congreso. Carecen del mínimo valor patrio. Son mercachifles de sus intereses mezquinos. Con la posición asumida por Cambio Radical, Centro Democrático y partido Conservador, el congreso “tocó fondo”.

Tocará a los congresistas honestos y democrátas, a los de izquierda, a los independientes, que amen ésta Patria sin mezquindades, avanzar hacia la concreción de una amplia coalición que con valor de Patria coloque como prioridad primerísima del país la construcción de un Gobierno de Transición que conduzca a Colombia por los senderos de Paz que quiere el pueblo colombiano.

Para ello requiere el concurso de los partidos populares, las organizaciones sociales, las organizaciones campesinas, indígenas, obreras, estudiantiles, de mujeres, que  haciendo suya la construcción de un Gobierno de Transición en vías de la construcción de una Colombia en Paz con justicia social.


Empezemos ya sin sectarismos de ninguna índole.

[Colombia] Acuerdo de Paz, un acuerdo excepcional para una situación excepcional

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.

Parece que una parte de la sociedad colombiano ha olvidado que vivimos una situación excepcional de guerra durante más de 60 años. La guerra no es la normalidad de la vida de una república. En años recientes quien quiere vivir en guerra –y las provocan- es el imperialismo por su mismo carácter agresivo. Lo normal para una sociedad es vivir en paz, con tranquilidad para poder construir sus sueños.

De otra parte, olvidan algunos funcionarios y analistas burgueses –no sé si consciente o inconscientemente- que el Acuerdo de Paz es un Acuerdo de carácter excepcional que busca resolver el problema de la existencia de unas guerrillas durante 53 años –producto de una agresión estatal reiterada cada 4 años por el presidente de turno-.
Si fue excepcional el Ataque a Marquetalia -16.000 soldados, utilización de la aviación (bombardeos) y uso de armas biológicas (peste negra)- su solución debía ser un Acuerdo de carácter excepcional. Como siempre insistió el Comadante Alfonso en ”buscarle una salida política al conflicto interno”.

De allí que es importantísimo resaltar que lo que los colombianos debemos agradecer, especialmente a las FARC-EP, y al presidente JM Santos, claro está, es haber logrado construir el Acuerdo de Paz que cesó la confrontación fratricida entre los colombianos. Y sentó las bases para resarcir –en el papel con la firma del Acuerdo de Paz del Teatro Colón- a los colombianos por todos los vacíos que el estado no ha previsto, o nunca quiso resolver, especialmente en lo relativo a Reforma Rural Integral, reforma política, etc, etc.

Ese Acuerdo excepcional preveé, entre otras, la participación política de la FARC. Una participación excepcional. El hecho de que los miembros de la FARC puedan acceder a cargos de representación -ya tienen asegurados 5 en senado y 5 en cámara producto del Acuerdo- es quizás la muestra más contundente que se pensó en la reincorporación a la sociedad de los guerrileros y se reconoce el carácter emientemente político del Nuevo partido FARC.

Como muchos funcionarios estatales están por torpedear el Acuerdo de Paz –producto de la legalidad de guerra imperante y del odio que experimentan algunos- ahora salen que necesitan “certificado de buena conducta” como si alguien que hubiera estado involucrado en una guerra durante 53 pudiera mostrar un certificado de tal tipo.

No, señores. No pueden a la FARC aplicarle la “normal” Constitución ya que ella no preveé éstas situaciones excepcionales. Por y para ello fue posible y necesario el Acuerdo de Paz, un Acuerdo de naturaleza política con efectos económicos y políticos. Por ello, tiene el gobierno de JM Santos que garantizar la excepcional participación de la FARC en el debate electoral.

Es de resaltar que la FARC tiene en estos momentos suspendidas las órdenes de captura que pesan sobre su dirección política, a la espera de la JEP a la cual se someterán algunos de sus comandantes, entonces no se entiende que un “inteligente” registrador esgrima la necesidad de un certificado de buena conducta y lo esgrima para impedir la participación de FARC en la campaña electoral.

Al estar suspendidas las órdenes de captura significa y se entiende que no hay ningún impedimento por el cual se puede negar la participación política de la FARC. Ninguno. Además, esa participación está contemplada en el Acuerdo de Paz.

Sabemos que muchos funcionarios estatales transpiran copiosamente odio hacia la FARC, mas ello no debe ser óbice para no cumplir con su deber. Ese deber es expedir los certificados de buena conducta a fin de que por fin los colombianos, todos, podamos vivir en paz.

Ahora bien, entenderíamos mucho menos que en el estado colombiano haya una conducta diferenciada hacia ciertos ciudadanos. Los miembros de FARC pueden movilizarse “libremente” por todo el país, protegidos por los escoltas estatales encargados de su seguridad, participando en eventos de todo tipo, y ahora ante la participación en política se les restringe ese derecho “normal” de todos los colombianos.

Es como si para unas cosas no se exige certificado de “buena conducta” para, por ejemplo, asistir a una conferencia en una Universidad, y para otras, participación política, se exigiera esa certificado. Ante ello estaríamos ante una conducta fascistoide de ciertos funcionarios estatales.

Nunca se debería olvidar que estamos inmersos en una situación excepcional, de construcción de la paz, de implementación del Acuerdo de Paz, y siempre deberíamos privilegiar el bien supremo de la sociedad, la Paz. No hacerlo sería ir en contravía de los deseos de los colombianos.


Y por ahí no es la cosa.
 

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