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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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Para ver florecer la tierra

Por: Alfredo Molano Bravo.
La emprsa petrolera Hupecol Operating Co. demandó esta semana a la Nación por $83.000 millones en razón del perjuicio que le representa no poder explotar el crudo en la zona de Caño Cristales, Guayabero y Duda. En marzo de 2016 el Gobierno había dado licencia a la compañía, cuando los acuerdos con las Farc, que dominaban la región, ya estaban muy adelantados. La reacción de las comunidades organizadas de La Macarena y un fuerte sector de opinión pública hicieron que el Gobierno se echara para atrás. Algo similar está pasando con la minería de oro en el municipio de La Vega, Cauca, en el macizo colombiano.
En la medida en que avanzaba el acuerdo de La Habana con las Farc, las grandes mineras como Continental Gold, Anglo Gold Ashanti y Carboandes pusieron en marcha un gran plan para entrar a La Vega detrás del oro, utilizando una maraña de maniobras amparadas por las Leyes 685 de 2001 y 1382 de 2010, el Decreto 480 de 2014 y la declaratoria de cinco bloques en áreas estratégicas mineras en La Vega que comprometen resguardos indígenas y reservas campesinas situadas dentro de la Reserva de la Biosfera Constelación del Cinturón Andino, declarada por la Unesco según Acuerdo 56 de 1978.
Las comunidades campesinas han venido enfrentando “a pecho” —como ellas mismas dicen— dos gigantescos proyectos: El Dominical, que comprende 26.000 hectáreas, cuya prospección y exploración superficial fueron realizadas por la empresa Continental Gold, y La Custodia, que comprende 3.625 hectáreas, cuya exploración profunda fue hecha por la empresa Carboandes. Proyectos que en 2014 fueron detenidos por la presencia de la guerrilla, pero que se han comenzado a “implementar” ahora, después de la dejación de armas de las Farc. La “implementación” consiste en presionar a la Agencia Nacional de Minería (ANM) para que formalice la existencia de la pequeña minería, que son en realidad avanzadas de mineros foráneos que explotan pequeñas minas en tierras de campesinos con el propósito de fomentar una cultura minera. Así, la Corporación Autónoma Regional del Cauca (CRC) y el Ministerio de Minas y Energía firmaron el Convenio CGG-149 de caracterización y formalización de la pequeña minería en Cauca, al determinar en La Vega 28 focos de minería ilegal o, como ellos los denominan, Unidades de Producción Minera (UPM). En la realidad, como afirman las organizaciones Proceso Campesino y Popular del Municipio de La Vega (PCPV) y Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (PUPSOC), en este territorio hay unos pocos campesinos que barequean de vez en cuando, pero que no tienen tradición minera.
La estrategia de las empresas consiste en legalizar esas avanzadas por medio de subcontratación a la sombra del Decreto 480 de 2014, que permite que reciban créditos y tecnología las reconocidas como UPM, de manera que estos mineros foráneos son en realidad testaferros de una operación empresarial de gran envergadura. En los sectores de Hueco Hondo, El Ventiadero, El Recreo, Albania, Calixta y La Pampa se explota el oro por medio de socavones, y en algunos también con retroexcavadoras, por gente armada llegada de Chocó, Nariño y Antioquia que ha logrado inducir con la quimera del oro a algunos campesinos a trabajar en minería. El cuadro se completa con el proyecto de construcción de una hidroeléctrica a filo de agua en el río Pancitará, que hace sospechar que su función será alimentar de agua y energía la explotación a gran escala del oro en el Macizo Colombiano y en el Patía.
Las comunidades que vienen organizándose como Reservas Campesinas se han opuesto a la minería desde hace una década y han emprendido acciones de control y protección territorial junto a comunidades indígenas —“para ver florecer la tierra”—, que consisten en el saboteo y la neutralización de los trabajos adelantados por esas UPM y por las mineras para que salgan del territorio y abandonen su actividad. Es una medida defensiva que llaman “legitimidad de puño”.
El PCPV en conjunto con los indígenas y otras organizaciones comunitarias ha optado por hacer realidad la perspectiva abierta por la paz y convocar una consulta popular de iniciativa ciudadana para defender el agua, la cultura campesina e indígena y en general la biosfera —envoltura viva de la tierra— contra la amenaza de los proyectos minero-energéticos en marcha.
Desde hace varios meses han aparecido pintas de AUC y han declarado objetivo militar a “todos los sapos, colaboradores, guerrilleros y promotores de la consulta popular y a todo el proceso campesino”. La amenaza incluye familiares. Más aún, pintas como esas también aparecieron cerca al lugar donde fueron asesinados dos miembros de la SIJÍN adscritos a la unidad que investigaba casos de minería ilegal.

Venezuela y Estados Unidos: pulseada por el petróleo



Estados Unidos es, por lejos, el país de todo el mundo que consume la mayor cantidad de petróleo. Entre su enorme parque industrial, la inconmensurable cantidad de vehículos particulares y medios masivos de transporte que movilizan a su población y el monumental aparato militar de que dispone (más su reserva estratégica, calculada en 700 millones de barriles), su consumo diario de oro negro ronda los 20 millones de barriles. Quien le sigue, la República Popular China, llega apenas a la mitad de esa cifra: unos 10 millones de barriles diarios.
Esa cantidad monumental de hidrocarburos la produce el mismo país en su subsuelo: aproximadamente el 60% de ese petróleo sale del mismo Estados Unidos. De hecho, es uno de los más grandes productores mundiales de ese producto. Pero tanto es su consumo, que el 40% de lo que quema diariamente proviene de fuentes externas. Contrariamente a lo que la percepción generada por los medios de comunicación puedan hacer creer, de este total de petróleo importado, la mayor parte no viene de Medio Oriente y el Golfo Pérsico (que aporta un 35% de las importaciones) sino del Hemisferio Occidental (65%): Canadá, México, Colombia, Brasil, Ecuador y Venezuela. De hecho, este último provee alrededor de un 12% de lo que se consume en la potencia norteamericana.
El interés prioritario del gobierno de Estados Unidos por mantener bajo control el Medio Oriente, África y Latinoamérica radica en las reservas petrolíferas que allí se encuentran (más otras reservas estratégicas, como gas, agua dulce, determinados minerales, biodiversidad de las pluviselvas tropicales). Venezuela, para su desgracia, posee las más grandes reservas petrolíferas del mundo, al menos de las conocidas hasta ahora.
¿Por qué para su desgracia? Por dos motivos: el primero (que no es el del interés prioritario en el presente análisis, pero que no puede soslayarse), porque durante todo el siglo XX la existencia de esta riqueza llevó a impulsar un capitalismo rentista que impidió un desarrollo armónico, equilibrado y sostenible en el tiempo. De hecho, este recurso natural generó una aristocracia petrolera que vivió parasitariamente por décadas, sin producir ninguna otra cosa que burocracia, al lado de grandes mayorías paupérrimas, quitándole al país la posibilidad de impulsar una industria propia, e incluso un agro autosuficiente.
Esa cultura rentista-urbana ayudó a despoblar las áreas rurales creando ciudades como Caracas, verdaderos monstruos urbanísticos que dieron cobijo a miles y miles de desplazados internos que venían en busca del paraíso de esta supuesta bonanza económica que traía el “dinero fácil”, pero que no sirvió más que para crear un sociedad bastante disfuncional, plagada de Miss Universos y adoración por Miami y el despilfarro, pero sin base de sustentación genuina más allá de los petrodólares, junto a barriadas populares paupérrimas añorando alguna migaja del famoso “derrame”. Esa cultura rentista que se extendió por décadas, hedonista incluso, dio como nefasto resultado no producir más alimentos sino contentarse (¿enorgullecerse?) con importarlos. La seguridad alimentaria es una condición mínima e indispensable para la autonomía de un país; y Venezuela, tierra tropical sumamente fértil, pese al flujo interminable de divisas provenientes del petróleo, nunca la logró. Años de proceso bolivariano no han conseguido terminar con la dependencia del oro negro (aproximadamente la mitad de su ingreso sigue siendo la cuenta petrolera).
Pero el segundo motivo por el que hablar de desgracia para la suerte de los venezolanos es el estar asentados sobre una reserva fabulosa. Por lo pronto, los petróleos bituminosos de la Franja del Orinoco aseguran abastecimiento, al ritmo mundial actual de consumo, por lo menos para 50 años más.
La estrategia imperial de Washington sabe que necesita petróleo para el mantenimiento de su “american way of live” (léase: consumo desenfrenado, que no cesa a pesar de la crisis que se vive desde el 2008). Ese consumo necesita en forma creciente del petróleo. El capitalismo, pese a saber de la catástrofe ecológica que este modelo de desarrollo suscita, no puede parar en su voracidad, dado que en su arquitectura interna necesita del oro negro como savia vital. “Así como los gobiernos de los Estados Unidos [y otras potencias capitalistas] necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, en el informe del Global Policy Forum).
La cultura del petróleo, que no es sino decir “el capitalismo”, se alimenta de este producto de manera imprescindible. Van indisolublemente asociados. El Socialismo del Siglo XXI no pudo (no quiso, no supo) cambiar esa tendencia.
La desgracia para Venezuela es que las reservas de petróleo que no están bajo suelo estadounidense, para Washington es como si estuvieran. Dicho de otra forma: la prosperidad de la principal potencia capitalista necesita esas reservas al costo que sea. Eso explica la volatilidad suprema del Medio Oriente, con un Israel que juega el papel de “sucursal hiper armada” de Estados Unidos (con poder nuclear no declarado oficialmente), las continuas e interminables guerras en África sub-sahariana, y la agresividad sin par demostrada contra Caracas. ¿Por qué? Porque ahí está parte del reaseguro de esa forma de vida (irracional e irresponsable) que generó el capitalismo. Que la degradación ambiental generada por los gases del efecto invernadero negativo producto de la quema de petróleo nos estén ahogando, al capitalismo no le importa. Business are business.
Venezuela, con su Revolución Bolivariana iniciada con Hugo Chávez, no es, en sentido estricto, un país socialista donde terminó de una vez el capitalismo. Así como no lo son –o son procesos complejos, confusos a veces– otros modelos sociales populares y nacionalistas que han tenido o están teniendo lugar en Latinoamérica en estos últimos años, que le hacen alguna cosquilla al capitalismo o al imperialismo: Brasil con el PT, Argentina con Kirchner o Fernández, Bolivia con Evo Morales, Ecuador con Correa. En la Franja del Orinoco, en Venezuela y en el medio de la Revolución Bolivariana, siguen operando compañías multinacionales privadas, que repatrían ganancias a sus casas matrices, como las estadounidenses Chevron/Texaco o la Exxon/Mobil, la británica British Petroleum, la anglo-holandesa Royal Dutch Shell, la francesa Total, la argentina Pérez Companc, la española Repsol. De hecho, el gobierno bolivariano fijó en un 50% de lo facturado las regalías que esas empresas deben pagar al Estado venezolano.
Entonces, si las multinacionales petroleras no han cerrado su negocio en Venezuela, y aún con esa alta carga impositiva continúan operando muy felices, ¿por qué esta agresividad tan grande de Washington hacia la Revolución Bolivariana?
El analista político colombiano-venezolano Ramón Martínez lo dice claramente: “Hay una intención de la derecha internacional de detener cualquier proceso de democratización popular, de avance hacia planteos sociales que le den protagonismo a los trabajadores, por lo que se hace cualquier cosa para detener esos cambios, tal como vemos que se está realizando en Venezuela (…). La idea es sacar de en medio cualquier proceso que se plantee soberanía nacional. Sabemos que ninguno de estos son gobiernos socialistas en sentido estricto; no son marxistas en sentido clásico, pero sí impulsan mejoras para las grandes mayorías populares. No son gobiernos que llegaron a través de una revolución socialista, pero sí están en contra de las políticas imperiales. Esto le duele a la derecha, y aquí en Venezuela, aunque las grandes empresas mantienen sus negocios, han salido de la dirección política del país. Eso es algo que no perdonan, y por eso mismo el imperio también reacciona”.
Si algo le preocupa a esa geoestrategia de la clase dirigente estadounidense es que no tiene totalmente asegurado el manejo de esa gran reserva de Venezuela (como pareciera que lo sí lo tiene en el Golfo Pérsico). No contar con un gobierno dócil, que se arrodilla mansamente ante su dictado, es una bomba de tiempo. De ahí la obsesión por detener la Revolución Bolivariana a toda costa, primero con Chávez en la presidencia, ahora con Nicolás Maduro.
La estrategia de Washington no repara en nada para lograr su objetivo. En Venezuela, salvo la opción militar, ya ha probado de todo: intento de golpe de Estado, sabotaje petrolero, violencia callejera, desabastecimiento y mercado negro, caos social, desinformación mediática. Desde hace un tiempo se está intentando crear una “crisis humanitaria” generalizada. En realidad, el país no vive la situación caótica que la prensa comercial presenta, pero es sabido –siguiendo al ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels– que “una mentira repetida mil veces termina transformándose en una verdad”, por lo que la matriz de opinión lanzada al público hace de Venezuela un “desastre inhabitable”.
Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”, declaró recientemente el Jefe del Comando Sur, Almirante Kurt W. Tidd, en su informe al Comité de Servicios Militares del Senado estadounidense. De ahí que, según la estrategia en marcha, “la creciente crisis humanitaria en Venezuela podría obligar a una respuesta regional”, agregó el funcionario. ¿Habrá que entender eso como “posibilidad de una intervención militar multinacional encabezada por la OEA”? No sería impensable, sabiendo el papel (triste y lamentable) jugado por ese organismo regional, “Ministerio de Colonias de Washington”, como lo llamara el Che Guevara.
Es más que claro que hay un plan trazado en las altas esferas decisorias de Estados Unidos para intervenir en Venezuela, según puede desprenderse de ese largo historial de sabotajes y agresiones, y también según lo que puede leerse en un documento que circula en la red: “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, firmado por su titular, el Almirante Kurt W. Tidd, fechado en febrero de 2016. Perder esas estratégicas reservas petroleras no entra en su lógica de dominación.
El supuesto “caos” y la insoportable y vergonzosa “crisis humanitaria” que viviría el país caribeño, en realidad no son tales. Son producto de esa interesada y artera manipulación mediática que prepara condiciones para acciones políticas (¿o militares?). En ese sentido, y con la más absoluta energía, debe denunciarse el plan en juego y pedirse (exigirse) el total respeto a la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela. 

Caquetá y Putumayo en la mira de las petroleras: comienza la guerra del agua y crudo

Aunque Ecopetrol se retiró de El Paujil, la cuenca Caguán- Putumayo está en la mira de otras empresas extractoras. Los campesinos resisten

Por: Selva.com.co* septiembre 01, 2016
Con unas reservas de 6.000 millones de barriles, en su mayoría crudo pesado, según un supuesto estudio del Profesor de Geociencias de La Universidad Nacional, Carlos Vargas, publicado por Portafolio y la Universidad EAFIT, la cuenca Caguán-Putumayo está en la mira de las petroleras y mientras tanto, la resistencia civil campesina en los municipios de Valparaíso, Morelia, Belén, El Paujil, Doncello, Puerto Rico, Milán y Solano, con disturbios, toques de queda, heridos y detenidos, nos muestra que la guerra del petróleo y el agua ya comenzó en El Caquetá: la paz era necesaria para poder saquear con más tranquilidad los recursos naturales de los dos departamentos, dicen los líderes campesinos en sus protestas. 
Si las anteriores afirmaciones son ciertas, si La Agencia Nacional de Hidrocarburos conoció los resultados de esos estudios en el 2012 como lo afirma la publicación, si están próximos a adjudicarse 68 bloques petroleros en un área de 72.092 kilómetros cuadrados en los departamentos de Putumayo y Caquetá que tienen un área total de 133.850 kilómetros cuadrados, con un potencial de 6.000 millones de barriles de crudo, el doble de las actuales reservas del país, eso explicaría el inusitado afán del gobierno nacional y Ecopetrol de comprobar por medio de la sísmica esos anuncios, sin socializar de antemano con los campesinos de los dos departamentos esas actividades y eso explicaría el por qué los campesinos del Caquetá se declararon en resistencia civil contra las petroleras; la guerra del agua y el petróleo ya comenzó en El Caquetá, como lo afirmamos en una publicación anterior.
 En el municipio de Valparaíso los campesinos ya saben qué son los gases lacrimógenos, qué son las bombas de aturdimiento y cómo trabaja la fuerza pública protegiendo los intereses de las multinacionales, y saben también que donde hay explotación petrolera el agua, la fauna y la flora se acaba como ya sucedió en otros departamentos, incluso en otros países; por eso se enfrentaron a la fuerza pública en el que llamaron El Puente de La Resistencia.
 Y por eso hubo disturbios en El Doncello y por eso hubo disturbios y toque de queda anoche en El Paujil; los campesinos están decididos  a proteger el agua y su territorio y el gobierno está decidido a proteger las multinacionales del petróleo para poder llenar los huecos fiscales que tiene argumentando que donde se explota petróleo hay progreso, cuando los líderes regionales demuestran con hechos que es todo lo contrario: el petróleo acaba con la naturaleza, trae corrupción, obras convertidas en elefantes blancos, degradación de las costumbres regionales y pobreza generalizada, de ahí la oposición a la entrada de las petroleras y sus empresas sísmicas.
Acabamos de publicar una nota en la cual el Director Nacional de Ecopetrol Juan Carlos Echeverry se comprometió con la alcaldesa de El Paujil y los dos parlamentarios caqueteños en retirar a Ecopetrol de El Paujil en 72 horas, noticia que generó muchas dudas, porque la gente se pregunta si Petroseismic ya completó sus trabajos o si se está esperando que pasen las elecciones, que pase el plebiscito para comenzar la arremetida final, para comenzar a licitar y adjudicar bloques a diestra y siniestra en los dos departamentos; las dudas son muchas y las comunidades tienen sus razones para dudar.
Anoche y hoy los vecinos de El Paujil estaban aterrados sin saber para dónde coger con los niños y los ancianos huyendo de los gases lacrimógenos y las bombas de aturdimiento  del ESMAD, lo mismo que de las bombas incendiarias de los vándalos que se infiltran en las protestas porque los campesinos ante todo son gente de paz; tal parece que salieron de una guerra para caer en otra, tal parece que al Caquetá, que ha sido explotado inmisericordemente desde tiempos inmemoriales por sus recursos naturales como el caucho y la quina y que ha puesto la mayor parte de los muertos y las víctimas de la guerra con Las Farc, esta vez le tocó  otra guerra que tampoco es suya: La guerra del agua y el petróleo.
*Portal regional, en alianza con Las2Orillas

Petroleras, listas a retomar zonas afectadas por la guerra

La actividad petrolera se reactivará en zonas de violencia. / AP
Los atentados contra la infraestructura de transporte de Ecopetrol han ocasionado el derrame de más de 4 millones de barriles de hidrocarburos.
Por: Redacción Negocios y Economía - El Espectadór. 
Después de años de sufrir los ataques de los grupos al margen de la ley y de los reclamos de las comunidades y grupos étnicos, la industria petrolera empieza a ver un nuevo horizonte con la firma de la paz anunciada por el gobierno del presidente Santos y las Farc. Una cifra aterra a los petroleros: en los últimos 30 años la infraestructura de transporte de hidrocarburos fue dinamitada en más de 2.500 oportunidades.
Con la puesta en marcha del programa Estrategia Territorial del Sector Hidrocarburos, las autoridades apuestan por el progreso territorial en las zonas con activa presencia exploratoria.
Multinacionales, medianas y pequeñas petroleras manifestaron que se quedan en el país. “Si estuvimos en Colombia en los momentos más conflictivos en materia de orden público, ahora mejor cuando vemos la luz al final del túnel”, manifestaron los representantes empresariales, según el presidente encargado de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Orlando Velandia. “La mejor noticia para el sector petrolero es la firma de los acuerdos de paz”.
En los últimos tres años, el país ha invertido más de $20.000 millones en el desarrollo de la estrategia territorial, considerada un modelo de paz. Con este programa se han impedido por lo menos 150 vías de hecho en contra de la actividad de los hidrocarburos, que le hubieran significado pérdidas al país por más de $200.000 millones. “La guerra había impedido evaluar” la prospectiva geológica de muchas regiones que ahora empiezan a ser liberadas para la exploración petrolera, señaló el presidente de la estatal Agencia Nacional de Hidrocarburos.
Costos de ataques
Los atentados contra la infraestructura de transporte de Ecopetrol han ocasionado el derrame de más de 4 millones de barriles de hidrocarburos, precisa un informe de la petrolera colombiana. El oleoducto Caño Limón-Coveñas ha sido la estructura más afectada, con más de 1.300 atentados. El segundo lugar lo ocupa el oleoducto San Miguel-Orito (OSO), con 598. En 2013 fue el que registró más ataques dinamiteros, con 635. En 1987 se registraron 10. Ese fue el período de menores acciones terroristas contra el sistema de transporte. Octubre de 2013 ha sido el mes con más atentados, cuando la infraestructura fue atacada 150 veces, con un promedio de tres atentados diarios. En 2015 se registraron 80 atentados contra la infraestructura de Ecopetrol y los costos de reparación llegaron a cerca de $60.000 millones.
Voceros de Ecopetrol señalan que el dinero invertido en las reparaciones del oleoducto supera los $500.000 millones. Estos recursos habrían servido para construir 50 megacolegios o cerca de 5.800 viviendas de interés social.
“El principal reto que se desprende del acuerdo de paz es lograr el entendimiento con estas fuerzas que van a pasar de los fusiles a la política, para que entiendan que nosotros podemos hacer nuestra actividad con los mejores estándares en beneficio de todos los colombianos”, dijo el presidente de la compañía petrolera colombiana, Juan Carlos Echeverry. Ecopetrol ha operado con dificultad en zonas como el Catatumbo, Arauca, Caquetá y Putumayo, donde tradicionalmente hay presencia de guerrilla.
El sector de hidrocarburos ha generado desarrollo en las regiones productoras y los recursos necesarios para los programas sociales que necesita el país. “Sólo en 2015 logramos aportar alrededor de $10 billones entre impuestos y regalías”, recordó el ministro de Minas y Energía, Germán Arce.
La nueva estrategia se realizará en la región Caribe (La Guajira, Córdoba y Sucre), Norte de Santander, Arauca, Casanare, Meta, Magdalena Medio, Putumayo, Huila, Tolima y Caquetá, atendiendo de igual forma las diferentes regiones del país.

Sólo 90 compañías, responsables del 60 % del cambio climático

El geógrafo Richard Heede puso en aprietos a las principales empresas del mundo al contabilizar sus emisiones de gases de efecto invernadero. Sector de hidrocarburos, principal culpable 
Por: Redacción Medio Ambiente - El Espectador.

Richard Heede es un tipo metódico. Alguien a quien le gusta “poner atención a los detalles”. Era una cualidad necesaria a la hora de calcular las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las principales compañías del mundo. Durante años, con pocos recursos, Heede se dedicó a escarbar en archivos y reportes desde la era industrial hasta hoy. Cuando terminó la tarea, concluyó que tan sólo 90 compañías originaron dos terceras partes de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Y, por lo tanto, son responsables del cambio climático.
Heede nació en Noruega pero se crio en Estados Unidos. Cuando estudiaba geografía en la Universidad de Colorado, como lo contó el periodista Douglas Starr en la revista Science, comenzó a interesarse por los subsidios que el gobierno de Ronald Reagan concedía a la industria de combustibles fósiles y la eliminación de apoyo para las energías renovables. Así comenzaba a sumergirse en uno de los mayores desafíos que enfrenta el planeta: el cambio climático.
En 2003, el gobierno municipal de Aspen, Colorado, lo contrató para que calculara todas las emisiones de CO2 de esa localidad. Heede diseñó una metodología y comenzó a recopilar los datos. Calculó el número de emisiones generadas por todos los viajes en avión realizados por los habitantes de la ciudad. También las toneladas de CO2 correspondientes a todos los desplazamientos de los cerca de 13.000 vehículos de Aspen.
Ese trabajo llamó la atención de Peter Roderick, del programa de Justicia Climática de Greenpeace. Roderick le pidió que calculara las emisiones de CO2 generadas en toda su historia por la compañía Exxon. Después de quince meses, en los que escarbó en archivos desde 1870 en dos continentes, concluyó que la compañía petrolera, directa e indirectamente, era responsable de 4,7 % a 5,3 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de la humanidad.
Sus datos comenzaron a incomodar. Para una parte de los expertos, su enfoque es equivocado. No se puede culpar a las empresas por una responsabilidad que recae en todas las personas. Otros creen que cuando la responsabilidad es de todos, no es de nadie. Heede ha dicho que la mayor parte de los ciudadanos simplemente no tienen la opción de elegir. Sus decisiones ya están determinadas por esas industrias y el sistema económico.
Como lo contó Starr en su reportaje, la siguiente tarea que Greenpeace le comisionó a Heede fue calcular las emisiones de las compañías de hidrocarburos más grandes. En 2013 publicó sus resultados en una revista científica y alborotó el debate sobre la justicia climática. Entre 1791 y 2011, 90 compañías eran responsables por el 63 % de las emisiones globales. Tan sólo las ocho más grandes daban cuenta del 20 %.
Hace un mes, Heede fue citado a la Cámara de Representantes de EE.UU., porque algunos de sus miembros creen que hace parte de una conspiración para afectar la imagen de esas empresas. “Se trata de una campaña para intimidar y detener la investigación científica”, le contó Heede a Science.

Ucrania: laboratorio neonazi, gas y petróleo

Tomado de Agropolis.se

“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.”
Martin Niemoeller
Pastor protestante, 1892-1984

“Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional”… “San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev la madre”.
Vladimir Putin
Discurso sobre Crimea, 2014

Por: Víctor Wilches
Agropolis

Los tambores que anuncian el inicio de una gran guerra mundial continúan repicando en Ucrania. La injerencia a fondo por parte de EE.UU./UE/OTAN en la desestabilización de Ucrania entraña unas connotaciones geopolíticas que van más allá del golpe de estado inducido para instalar un régimen/laboratorio neonazi a las puertas de Europa. Los acontecimientos conducen a conjeturar que con esta agresión se busca alterarle el rumbo al orden internacional multipolar gestado en la última década e impedir su consolidación, y en su lugar imponer un orden internacional hegemónico, opresor, militar/mercenarizado y violento capitaneado por la plutocracia de EE.UU.

La agresión político-militar desplegada por EE.UU./UE/OTAN para forzar un nuevo orden internacional que responda a los intereses de EE.UU. está develando que inevitablemente todos los caminos conducen finalmente a una guerra frontal con China. Para llevar a cabo este arriesgado sueño imperial, Washington y Bruselas tienen que controlar/derrotar tres lugares emblemáticos: La Plaza Maidan, la Plaza Roja, y la Plaza Tiananmen. Tarea no fácil, pero el desespero puede llevar a cualquier demencial aventura, así ésta sea una pugna intercapitalista.

Esta peligrosa jugada por parte de EE.UU./UE/OTAN es producto de la pérdida de influencia y de poder global de EE.UU., cuyo declive acelerado viene acompañado de una profunda crisis económica y energética sin retorno. El modelo capitalista de producción depredó, destruyó y agotó los recursos naturales y energéticos, y contaminó todos los ecosistemas del planeta en su afán de acumulación. El crecimiento económico es cosa del pasado. Sin energía es imposible crecer. Para crecer económicamente se requiere aumentar el consumo de energía, y a la inversa, sin aumento del consumo de energía es imposible crecer económicamente. Por lo tanto, si un sistema basado en el crecimiento económico infinito no puede crecer está abocado a un colapso societal. El modelo capitalista ha llegado a su punto límite y ha comenzado su implosión arrastrado por una crisis multidimensional inherente al propio modelo. “La decadencia y caída del imperio global de Estados Unidos es el hecho más importante de la geopolítica en el mundo de hoy” (1), el colapso está en camino y su impacto es de grandes proporciones telúricas a nivel global. Ucrania acusa ser un revelador síntoma para evitar que el sistema colapse. Esta encrucijada hace que los apetitos imperiales de Estados Unidos en su huida hacia adelante por el control de territorios y de los recursos que quedan conduzcan a una guerra mundial nuclear.

El sistema capitalista estocado de muerte en el alma hegemónica imperial ha entrado de lleno en un giro geopolítico de eje geográfico/Asia/ acelerado. Los acontecimientos internacionales están testificando que la transición de paradigma post imperial-USAmericano se precipita a empellones, dejando a su paso profundas y graves crisis económicas, sociales, ecológicas, políticas, culturales, éticas y humanitarias. Ninguna transición y disolución imperial hegemónica puede ocurrir sin crisis, violencia, ni guerras, así ese escenario sea el menos deseado por la mayoría de la humanidad. Lo ideal sería que ésta fuera pacífica, pero un poder hegemónico erigido a base de violencia y de destrucción no va dar el paso al lado de manera pacífica para que otros llenen este vacío.

La actual ofensiva geopolítico puesta en marcha en Ucrania por EE.UU./UE/OTAN para remodelar el orden internacional -aparte de sus peligros, costos y desenlace final- ha dejado al descubierto dos líneas relevantes interrelacionadas que deben ser analizadas con atención: instauración de un régimen/laboratorio neonazi en Kiev; y una gran crisis energética en especial gas y el petróleo.

¿Por qué Ucrania es centro de rivalidad?

Ucrania juega un rol estratégico en los intereses y en las aspiraciones hegemónicas de EE.UU. desde siempre en su afán por controlar el mundo. Estas tendencias vienen desde tiempo atrás. A inicios del siglo XX la teoría del “Heartland” de Halford Mackinder sostiene que “Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo.” Y más concretamente quien domina el “Heartland”, domina el mundo, especialmente si controla Ucrania.

La particular situación geopolítica de comienzos del siglo XXI revive y da un nuevo impulso y valor funcional a la región euroasiática como segmento espacial a controlar para dominar el mundo, lo cual choca frontalmente con las visiones geopolíticas del euroasianismo ruso y de la alianza sino-rusa de revivir la Ruta de la Seda. Este nuevo impulso en “occidente” vendrá de las pretensiones imperiales delineadas por el estratega de seguridad de EE.UU. Zbigniew Brzezinski, quien enfatiza la doctrina que el Estado que domine este vasto continente, el cual constituye un eje geopolítico, de hecho controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. En Eurasia, vive el 75% de la población mundial y están depositadas 3/4 de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo. Y más en concreto afirma que “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”. Estos parámetros expuestos muestran por qué EE.UU./UE/OTAN están dispuestos a jugar sus últimas cartas en una aventura bélica en Ucrania; y además, por qué en sus propósitos de alcanzar sus metas de dominio y control de Eurasia no existe parámetros de ninguna especie que les impida acudir a los métodos y alianzas execrables, como el apoyo a grupos neonazis y extremistas violentos de derecha.

En el complot dirigido y patrocinado por EE.UU./UE/OTAN para derribar el gobierno de Viktor Yanukóvich y empotrar un régimen neonazi en Kiev, hace gala de la combinación de una serie de elementos entrelazados que deben ser analizados.

Laboratorio neonazi en Kiev

En Ucrania no se empleó el típico golpe de estado blando sustentado en el modelo “revolución de colores” del Albert Einstein Institution, de Gene Sharp, en este caso se recurrió a la aplicación de diferentes instrumentos para llevar a cabo el golpe de estado. Estos van desde la utilización de la protesta social pacífica hasta métodos abiertamente radicales, en los que prevalecen formas de violencia extrema apuntaladas con grupos neonazis y extremistas nacionalistas y mercenarios-francotiradores.

Cambios y variantes al modelo de Gene Sharp ya se habían visto en Egipto, Libia, Siria. Allí se acude abiertamente a yihadistas islámicos como complemento central. En el actual complot en Ucrania por su importancia geoestratégica se sincronizan, se actualizaron y se ejecutan nuevos mecanismos. Por un lado tenemos el modelo de “golpe de estado blando” con toda su parafernalia: la mass media corporativa de “occidente” acusando de lo peor y demonizando hasta el paroxismo al gobierno de Yanukóvich, a Rusia y en especial a Putin (Nota: aquí el autor de ninguna manera está afirmando que Yanukóvich y Putin sean unos santos, se está es analizando el desarrollo de los acontecimientos de rivalidad intercapitalista); las ONGs actuando a tope para velar por los “derechos humanos” y las “libertades civiles y democráticas”. Además, ahora encontramos que las cancillerías, embajadas, parlamentos e instituciones de EE.UU., Unión Europea, Canadá, OTAN, OSCE, tienen una nueva misión diplomática participar abiertamente y en masa en las revueltas de la Plaza Maidan de Kiev, abrazados de partidarios de la neonazi Svoboda de Stepan Bandera y del Sector Derecho.
Por otro lado, esto va acompañado con la participación de multinacionales como Chevron orientadas a la apropiación del gas esquisto de región oriental de Ucrania –en cualquier análisis con relación a Ucrania es básico ver el papel que juegan las multinacionales en la crisis-. La firma de un acuerdo de 10 mil millones de dólares para la producción compartida de gas esquisto entre el gobierno ucraniano y Chevron, es tomado desde Washington como un paso en dirección de la independencia energética de Rusia, y en la tradición de unir los intereses de las corporaciones multinacionales bajo el paraguas y pretexto de la seguridad nacional de EE.UU. Al respecto el International Business Times afirmó que “el acuerdo de Chevron con Ucrania fue apoyado por USA como parte de su estrategia de seguridad nacional para ayudar a reducir la dependencia energética de Europa y de Kiev de Rusia.”  A la par de esto, la multinacional Cargill apunta al control de la producción de los alimentos fortaleciendo la posición comercial de la corporación en uno de los negocios al invertir más de 200 millones de dólares en las acciones de UkrLandFarming (Financial Times, enero 12, 2014). Esta empresa ucraniana que posee 500 mil hectáreas de tierra, es la octava cultivadora de tierra más grande del mundo y el segundo mayor productor de huevos. Cargill también tiene en Ucrania negocios en plantas de procesamiento y terminales de exportación en el Mar Negro. Seguramente necesitaba un puerto para aumentar el grado de control sobre el mercado. No se debe olvidar la importancia mundial agrícola de Ucrania y de la franja de tierra de gran fértil que abarca la mayor parte de las llamadas “tierras negras” o chernozem, al centro y oeste del país. Y para completar el cuadro, Monsanto, la empresa de semillas transgénicas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. Jugada comercial de control agrícola que busca cerrarle espacio a China en el mercado ucraniano. Lo cual se puede inscribir dentro de las guerras por las tierras fértiles y la alimentación desatada a nivel mundial.

Esto se complementa con las medidas que el gobierno neonazi títere de Kiev ha comenzado a tomar para preparar al país para “que afronte las dolorosas pero necesarias reformas sociales y económicas” impuestas por la medicina del FMI. Una de los primeros requerimientos del FMI es que los subsidios al gas de los hogares se reduzcan en un 50%. Otros requisitos onerosos del IMF incluyen recortes a las pensiones, en el empleo estatal y la privatización de los activos y propiedad del gobierno (traducción: que las corporaciones occidentales puedan comprar a precio de regalo los bienes públicos); así como otras reducciones en los programas de gastos sociales en Ucrania (Voice of Russia: Ukraine’s economic crisis: Who benefits? Who pays?).

El laboratorio neonazi/neofascista de Kiev no es un mero hecho coyuntural para Ucrania o para ciudadanos de tercera o cuarta clase. Ese es el modelo que UU.EE., la Unión Europea, Canadá y en los países del autoproclamado “occidente” vienen adecuando y refinando para implantar en sus propios países. La pérdida y la restricción continuada de las libertades civiles, políticas, sociales y derechos democráticos avanzan a pasos agigantados. Las demandas sociales y políticas son acalladas. Nada de esto existe mientras no esté en la falsimedia corporativa. La protesta ciudadana es criminalizada y penada severamente. El desmonte del estado de bienestar es a marchas forzadas y a golpe de decreto. Todo lo público y los bienes comunes son saqueados. El control e interceptación de todas las fuentes de información y a todos los ciudadanos, pese a ser uno de los más aberrantes ataques a la libertad, no es otra cosa que el miedo de estas plutocracias y sus amos. Las legislaciones nacionales del autoproclamado occidente se están ajustando a un modelo neofascista en ciernes para ser aplicado a sus ciudadanos. Por ello, EE.UU./Obama, el gobierno de Canadá y los gobiernos de Europa salieron presurosos a afirmar y ratificar que el gobierno títere neonazi montado en Kiev tras el golpe de estado es un “gobierno legítimo”. Ese experimento puesto en escena en Kiev es todo un laboratorio neonazi/neofascista que esperan trasladar depurado a sus propias naciones. Un ejemplo palmario de lo que puede pasar en inmediato futuro es la destitución del periodista finlandés Jari Sarasvuo (ver: http://rawnata.blogspot.se, Känd finsk programledare Jari Sarasvuo fick sparken; y en Helsingin Sanomat www.hs.fi/) y el cierre fulminante de su programa por entrevistar al catedrático de la Universidad de Helsinki, Johan Beckman, quien exigió la liberación de Europa de la “junta fascista” ucraniana y acusó al canciller de Finlandia de apoyo a los nazis.

Que nadie se llame a engaño. Alguien puede imaginarse a EE.UU., la Unión Europea, Canadá, la OTAN, entregándole 5000 millones de dólares a unos grupos ucranianos sin saber quiénes eran éstos (dinero confirmado por la misma la Secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland). Ni quiénes son los que conforman esos grupos, y mucho menos darse por enterados quiénes son sus líderes. Naturalmente que todos sabían que sus pupilos/marioneta encargados del golpe eran miembros de grupos neonazis y de extrema derecha. Este monto económico aportado no es una bicoca, ni tampoco gratis. Ante la magnitud de los objetivos occidentales se podría pensar que es mucho más dinero. La infraestructura y los niveles de coordinación entre los interesados en el caos y el complot contra el gobierno de Yanukóvich y el control de Ucrania pueden ser mucho más oscuros de lo que cualquier mente pueda imaginar. La apuesta de EE.UU./UE/OTAN es una jugada geopolítica temeraria, pero ante la crisis multidimensional por la que están atravesando los conduce inevitablemente a esa aventura.

Crisis energética: Gas y petróleo

La crisis económica mundial galopante desde 2007/2008, y en especial, en los países desarrollados (mal-desarrollados es la mejor definición), se debe a la escasez y el declive de los hidrocarburos. Al no poder disponer de ingentes cantidades de energía en el mercado, fundamentalmente de petróleo, hace que el complejo sistema industrial y tecnológico, sustentado en esta fuente de energía, no pueda funcionar y mucho menos crecer. Por consiguientemente, el sistema al no poder continuar con su crecimiento y su consumo sin límites entra en crisis. El sistema ha chocado con un mundo que es finito, realidad física de la cual no se puede escapar: el cenit del petróleo.

El cenit del petróleo que ya hemos pasado, y que la propia Agencia Internacional de la Energía en su informe anual de 2010 (World Energy Outlook 2010) finalmente reconoce, y afirma que éste tuvo lugar en 2006. Además, muchos expertos y estudios señalan que el cenit de los hidrocarburos más el uranio tendrá lugar en 2018, de ser así estamos ante un problema muy grueso. Estas gráficas de diferentes reportes lo ratifican: el de la izquierda es de Energy Watch Group: Fossil and Nuclear Fuels, the Supply Outlook 2013. Y el otro tomado de The Future.

uno

dos

Esto cambia el panorama y le da un vuelco total a las políticas de seguridad y a relaciones internacionales de los países de las economías (mal)desarrolladas, pues en su afán de garantizar el acceso, disposición, transporte y control de los recursos energéticos chocan frontalmente con los intereses de otros países y poderes que también están compitiendo por los mismos escasos recursos. Por ello, EE.UU./UE/OTAN han estado involucrados en la última década en cantidad de agresiones e invasiones a países que cuentan todavía con recursos como gas y petróleo, o con abundante agua dulce y tierras fértiles.

En la actual situación internacional de crisis, Ucrania es una puerta crucial en la búsqueda del control de los hidrocarburos de Rusia y de las regiones del Mar Caspio y de Asia Central. Ucrania es una zona geoestratégica que juega un papel central en la estrategia de EE.UU. en sus ansias de hegemonía global. Con esta arremetida Washington, en primer lugar, busca sacar a Rusia de Ucrania y a su vez, quitarle la posibilidad de acceso al Mar Negro y a las aguas del Mediterráneo. Segundo, correr las fronteras de la OTAN si es posible al centro de la Plaza Roja. Tercero, desmembrar a Rusia para controlar sus hidrocarburos y su vasto territorio. Cuarto, tratar de estrangular a China por sus flancos norte y occidental como refuerzo de la llamada política del “pivote Asia-Pacífico” de Obama, para entrar a asestarle de golpe de gracia.

Por lo tanto, nadie se puede auto-engañar o dejarse engañar. Aquí todo tiene que ver con petróleo y gas: energía. Petróleo es casi sinónimo de poder. La trama ucraniana de EE.UU./UE/OTAN obedece al acceso y control del petróleo y el gas de Rusia, Mar Caspio y Asia Central. Sin energía y sin petróleo no hay posibilidad de sostener la máquina de dominio y es imposible parar la caída del imperio. Sin petróleo el dólar chatarra es eso chatarra, pues no hay fuerzas armadas, ni misiles amenazantes que lo impongan como moneda global.

La “aparente sensación de empate” que se presenta en la crisis ucraniana encierra muchos peligros escondidos. Esto no para ahí. Por un lado, porque EE.UU. y sus aliados europeos aunque estén contentos con su gobierno-títere neonazi en Kiev, no se van a quedar satisfechos con lo logrado. Y por el otro lado, Rusia no duerme tranquila pese a la rápida adhesión de Crimea tras el masivo referendo autodeterminación.
El forzoso alto en la marcha al que se vio obligado EE.UU./UE/OTAN, tras la rápida jugada del Kremlin al consolidar su posición en Crimea y de un control seguro de la base militar de Sebastopol, es un simple interregno para preparar los siguientes pasos. Mientras tanto, la obscura realidad es maquillada con sanciones y expulsiones de organismos que ya no juegan un papel preponderante en el contexto internacional.

La pregunta que surge es ¿qué obligó a EE.UU./UE/OTAN a hacer este alto en la marcha de conquista? Respuesta, la carencia y garantía de insumos energéticos (gas y petróleo) suficientes y seguros que permitan seguir a delante con la agresión.

Por tal motivo, petróleo y gas y su garantía de abastecimiento es el tema recurrente en actual la crisis ucraniana por parte de las élites gobernantes europeas y de EE.UU., asunto que contiene dos vertientes centrales: 1) que los países de Europa no disponen de gas y petróleo, y 2) que Europa en gran parte depende las importaciones de gas y de petróleo de Rusia.

Esta baza a favor de Rusia y el hecho de que Moscú pueda cortar el suministro de energía hace que las agresiones se detengan un momento, mientras se resuelve cómo garantizar el abastecimiento para que la economía europea no se vea comprometida y paralizada. Ante esta circunstancia han surgido las más variadas soluciones y respuestas. Estas van desde acudir a la supuesta abundancia e independencia energética de EE.UU. para usarla como arma energética estratégica contra Rusia, hasta llegar a plantearse el supuesto abastecimiento energético con gas del norte de África.

Ninguna de estas alternativas son reales, ni tampoco fáciles de concretar, por más que sus líderes las den como ciertas. En cuanto al gas procedente del norte África, surge una inquietud, si esa vía puede abastecer con tanto gas a Europa por qué no se ha puesto en marcha de tiempo atrás. Y súmele a esto que Europa no cuenta con gasoductos, ni con plantas de licuefacción de gas en Europa. Ni con plantas de almacenamiento de grandes cantidades. Por lo tanto, esto para tranquilizar a los ciudadanos puede estar bien, pero con  meros deseos no basta para garantizar la seguridad energética de un continente que no cuenta con petróleo y gas.


Con relación a la abundancia de gas y de petróleo de EE.UU. encontramos argumentaciones de que Washington podría suplir las necesidades de gas de Europa o, como afirma Angela Merkel que “El gas estadounidense podría ser una opción”. Sabrá Merkel lo que esconde la historia del gas esquisto, que no existe tal abundancia que permite exportar, y que esto no es más que una gran burbuja energética más parecida a una pirámide Ponzi. Que el decline del gas esquisto de Estados Unidos ya está en camino como lo señala este artículo de Oil Price.com Shale Bust: North America Natural Gas Production set to Seriously Decline”. Además, Ella debería saber que los inversores están huyendo del negocio por la baja rentabilidad y la oposición de los habitantes de los lugares afectados por el fracking, por los graves problemas de contaminación medioambiental. Ella y los gobernantes europeos podrían consultar el completo estudio sobre el tema: “Baby, Drill, Baby” de David Hughes, para que no especulen con el gas pizarra de EE.UU., ni de Polonia.

Veamos cómo quedan las pretensiones de inundar a Europa con gas estadounidense, escuchemos que dicen al respecto los militares y expertos que se reunieron en la última cumbre de diciembre del Dialogo Transatlántico de Seguridad Energética. Afirma el coronel US Army Daniel Davis: “La producción del gas pizarra de USA ha soportado una meseta en el último año que es poco probable que consiga mantener la sostenibilidad a largo plazo debido al modo impresionante de las altas tasas de declive, y debido a que gran parte de la producción proviene sólo de dos o tres campos.”

Y qué hablar de crear una “unión energética europea”, esto parece más un pomposo discurso para el oído de los ciudadanos europeos. Es algo así como no hace falta el gas ruso, no lo necesitamos. No se preocupen que si vamos a la guerra les garantizamos que no pasarán frio en el invierno. La pregunta es dónde están los hidrocarburos, quizá la UE cuenta con los recursos de otros países.

Asimismo el petróleo esquisto de EE.UU. tampoco inundará a Europa. La abundancia e independencia procedente del boom petróleo esquisto ha tocado las cumbres del pico y comienza su declive acelerado. Contemplemos la relación que presenta BP para el año 2012 con relación a importación/exportación de EE.UU., para ver si de verdad puede enviar petróleo a los sedientos países europeos. EE.UU. produjo 8.9 millones de barriles diarios, consumió 18.5 Mbd e importó 10.5 Mbd. Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), en enero de 2014 el consumo fue de 18.89 Mbd y su producción de 8.39 Mbd, lo cual indica que tiene un déficit de 10.5 Mbd, que deben importar. Por lo tanto, en dónde está el petróleo para enviar a Europa y evitar la dependencia de las importaciones europeas procedentes de Rusia.
Al mismo tiempo, encontramos información que corrobora cuál será el devenir del boom energético de EE.UU. en el corto tiempo, y existen muchas preguntas sobre qué va a pasar cuando la burbuja procedente del gas y petróleo pizarra se desinfle. Le Monde de Francia se pregunta Según Washington, el boom del petróleo de esquisto estadounidense alcanza el pico en 2016. ¿Después qué?” Por su parte Christian Science Monitor, enero 21 de 2014, preguntaQué pasará cuando el boom del shale finalice?” Mientras que  Bloomberg, feb. 27 de 2014, se refiere a que El sueño de la independencia del petróleo de USA le tira la puerta por la cara contra los costos del petróleo pizarra. Y Wall Street Journal, enero 28 de 2014, preocupado por los negocios se refiere a que “Las grandes compañías petroleras luchan para justificar los crecientes costos de los proyectos. Y a manera de remate tomemos lo que dice el experto Arthur Berman en una entrevista el 5 de marzo de 2014: Seamos honestos, después de todo. La producción de combustibles pizarra no es una revolución, es una fiesta de jubilación. (Oilprice.com y en Produktionen från Skiffer är inte en Revolution utan ett Pensionärsparty!).

Lo anterior completa el cuadro. Esto sugiere y reitera que la aparente “calma que se presenta” en la crisis ucraniana, post-adhesión de Crimea a Rusia, es un periodo de preparación mientras EE.UU./UE/OTAN resuelven de manara expedita y “segura” el problema central: los energéticos, para poder seguir con los planes de copar a Ucrania, desmembrar a Rusia y continuar la marcha a Pekín.

Aquí en este momento del análisis es que aparece de forma diáfana la pieza del puzle energético que hace falta en toda esta aventura bélica: Venezuela. Los hidrocarburos de Venezuela son los que van a garantizar que EE.UU./UE/OTAN puedan continuar con sus pretensiones de imponer un nuevo orden internacional hegemónico. La desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro es parte de la obra geoestratégica. Por lo tanto, lo que viene para Venezuela es un ataque con la combinación de todos los instrumentos posible de parte de Washington para derrocar al gobierno bolivariano, pues ese petróleo es requerido con urgencia. Ese petróleo para EE.UU. es la garantía de que no desaparezca de la escena internacional como imperio. Aquellos países que cuentan con recursos energéticos suficientes y que pueden ser apropiados para los intereses de EE.UU., deben esperar la misma medicina. País que cuente con gas o petróleo será agasajado con “bombardeos humanitarios” y la democracia le llegará con drones.

A manera de conclusión hay que resaltar el selecto gambito Sebastopol Севастóпoль de Putin, de la profiláctica defensa Crimea que acusa extenderse por el flanco oriental, y  que su vez, amenaza por rayos X con su poderosa pareja de alfiles: gasífero y petrolífero, el corazón de la industria y de la economía jadeante europea que no vislumbra signos de recuperación. El Zar prepara enroque corto, mientras se introducirse en las complejas estrategias del weiqi围棋(Go), juego de los eruditos chinos. Todo acontece bajo la atenta mirada de los bric+s, jugadores de un moderno chaturanga. Pero a pesar de tan rápidos movimientos y de las obligadas alianzas defensivas para detener el monstruo, en el tablero global danza amenazantemente una guerra mundial nuclear. En el escenario global, el orden mundial que más probable se percibe es el de un darwinismo social militar-mercenarizado regido bajo dictámenes de un neofascismo social, capitaneado por la plutocracia de EE.UU. y secundado por la Unión Europea e Israel. Si esta seria amenaza a la humanidad no logra ser contenida por los poderes que han venido consolidando el orden internacional multipolar actual, el futuro será demasiado aciago. Y si a la par de esto, los pueblos del mundo y sus luchas no cuentan con la suficiente unidad y fortaleza el futuro de las nuevas generaciones será sombrío. Por ello, todos los esfuerzos y las luchas que se emprendan para detener a la barbarie puesta en marcha son una conquista. Cada segundo que se gane para evitar que el leviatán avance es un tiempo valioso para la humanidad. El aleteo de la mariposa puede desencadenar olas de emancipación social y política a nivel global y la sed de libertad de los pueblos puede derribar imperios.
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Notas:
1. John Michael Greer: Decline and Fall. The end of empire and the future of democracy in 21 century America. Ed. New Society, 2014.
 

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