Libia era sinónimo de Gadafi y el mal. Asesinado el Coronel y cientos de personas por los ataques de la OTAN, ya no es titular y lo que ocurre allí no quieren que sea noticia. Pero el caso es que las diferentes bandas conectadas con distintas empresas que quieren el petróleo libio siguen enfrentándose. De hecho al menos 20 muertos y 60 heridos causaron los violentos enfrentamientos de bandas rivales en torno al aeropuerto de Tripoli, Libia.
La Brigada 33, una milicia conducida por Bashir al Baqra, el dirigente de Misurata desde siempre hostil al gobierno de unidad nacional de Fayez al Sarraj, lanzó un ataque sorpresa contra el aeropuerto internacional Mitiga, el único activo en la capital. Los violentos combates obligaron a las autoridades a cerrar la escala aérea y al menos tres aviones de Afriqyiah Airways y otros dos de Buraq Air fueron dañados seriamente.
Entre las víctimas habría algunos empleados del aeropuerto que quedaron atrapados en el fuego cruzado de las milicias, que usaron armas automáticas y ametralladoras.
Afriqyiah anunció la suspensión por tres días de los vuelos y trasladó algunos aviones estacionados en la pista para evitar otros daños.
El ataque fue repelido por la milicia rival de las fuerzas de disuasión especial (Rada), junto con grupos aliados, que controlan el aeropuerto en nombre del gobierno.
El director del hospital de Tripoli, Abdeldayem Al-Rabti, refirió al canal televisivo libio Al Nabaa que entre las víctimas también hay al parecer dos civiles.
El jefe de la aviación civil libia, Nasseraldin Shaeb, anunció que todos los vuelos dirigidos a Tripoli fueron desviados a Misurata. En la noche de este lunes volvió la calma y la Rada anunció que “el aeropuerto está bajo control”.
“El personal italiano fue puesto al seguro y un barco está en el puerto y dispuesto a moverse si es necesario”, declaró en Roma la ministra de Defensa, Roberta Pinotti, confirmando que “la situación parece en vías de mejorar”.
El Consejo de la Presidencia del gobierno de unidad conducido por Sarraj condenó los choques armados, y agregó que habrían sido planeados por militantes del Estado Islámico o de Al Qaeda detenidos en la cárcel que existe en el aeropuerto.
El gobierno disolvió la milicia Baqra acusada del ataque y ordenó la confiscación de armas y municiones.
La histeria estalló en Washington mientras la OTAN montaba todo un dispositivo para acusar a Rusia de continuar la propaganda de la desaparecida Unión Soviética. Los medios dominantes tratan de desacreditar al nuevo presidente de Estados Unidos acusándolo de cualquier cosa y este los acusa a ellos de propagar noticias falsas. Este cruce interminable de acusaciones se ve amplificado por el súbito desarrollo de las redes sociales, que antes sirvieron al Departamento de Estado como herramienta contra los regímenes nacionalistas pero que ahora se convierten en foros populares contra los abusos de las élites… empezando por las de Washington.
Desde el anuncio mismo de su sorpresiva elección y sin esperar a que tomara posesión de la Casa Blanca, la inmensa mayoría de los medios de Estados Unidos y de la OTAN denunciaron al presidente Donald Trump como incapaz, si no mentalmente perturbado. Se inició así entre la clase mediática y el nuevo presidente una batalla donde cada parte acusa a la otra de propagar noticias falsas.
Responsables de casi todos los países de la OTAN –y sólo en esos países– denuncian las «fake news» o “noticias falsas”. Con ello dicen sacar a la luz la supuesta influencia de la propaganda rusa en las «democracias occidentales». El país más afectado por esta campaña es Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, acaba de anunciar la elaboración de una ley destinada especialmente a luchar contra este «atentado contra la democracia»… pero sólo «en periodo electoral».
En realidad, las noticias falsas son un problema tan viejo como el mundo y el hecho que la expresión inglesa «fake news» se repita ahora, exactamente de la misma manera, en todas las lenguas de la OTAN indica el origen anglosajón de esta “nueva” problemática.
La OTAN, fuente de la campaña sobre las «fake news»
En 2009, el presidente Barack Obama anunciaba en la cumbre de la OTAN celebrada en Estrasburgo-Kehl su intención de crear un servicio de «Comunicación Estratégica» para la alianza atlántica [1]. Se necesitaron 6 años para crear ese servicio alrededor de la 77th Brigade de las fuerzas terrestres del Reino Unido y de la 361st Civil Affairs Brigade de las fuerzas terrestres de Estados Unidos (con bases en Alemania e Italia).
La misión inicial era contrarrestar las acusaciones de que el Estado profundo estadounidense había organizado los atentados del 11 de septiembre de 2001 y, posteriormente, las denuncias que señalaban a los anglosajones como los planificadores de las «primaveras árabes» y de la guerra contra Siria. Dichas acusaciones eran calificadas de «complotistas» o «conspiracionistas». Pero, luego se pasó rápidamente a tratar de convencer a los pueblos de los países miembros de la OTAN de que Rusia continúa la propaganda de la desaparecida Unión Soviética y que, por ende, la alianza atlántica todavía sirve para algo.
Finalmente, en abril de 2015, la Unión Europea también se dotó de un «Grupo de Trabajo para las Comunicaciones Estratégicas Hacia el Este» (East StratCom Task Force). Ese grupo de trabajo envía semanalmente a miles de periodistas un resumen sobre la «propaganda rusa». Por ejemplo, en su última edición (11 de enero de 2018) acusa a Sputnik de haber propalado que el zoológico de Copenhague alimenta sus fieras con animales domésticos abandonados. ¡Gravísima amenaza para las «democracias»! Parece que a los especialistas de la East StratCom Task Force les cuesta trabajo encontrar ejemplos significativos de «injerencia rusa».
En agosto del mismo año 2015, la OTAN inauguró su «Centro de Comunicación Estratégica» en Riga, capital de Letonia. Al año siguiente, el Departamento de Estado se dotó, por su parte, del Global Engagement Center, o Centro de Compromiso Global, que persigue los mismos objetivos.
Facebook, el juguete preferido de Hillary Clinton, acabó volviéndose contra ella
En 2009, la secretaria de Estado Hillary Clinton, estimulada por Jared Cohen –responsable del Buró de Planificación Política – se convenció de que era posible derrocar la República Islámica de Irán manipulando las redes sociales. El resultado no fue el esperado. A pesar de eso, 2 años después, en 2011, el mismo Jared Cohen, convertido en jefe de Google Ideas, logró movilizar a la juventud del Cairo. Aunque la «revolución» de la plaza Tahrir no influyó en la opinión del pueblo egipcio, nacía así el mito de la propagación del modo de vida estadounidense a través de Facebook. Como resultado, el Departamento de Estado financió numerosas asociaciones y congresos para la promoción de Facebook.
La verdadera sorpresa sobrevino durante la elección presidencial estadounidense de 2016. El promotor inmobiliario Donald Trump, un advenedizo para la clase política, eliminó uno por uno a todos sus rivales, incluyendo a la propia Hillary Clinton, y resultó electo para ocupar la Casa Blanca gracias a los consejos de Facebook. Por primera vez, el sueño de la lideresa de los políticos profesionales se convertía en realidad… pero en contra de ella misma. De la noche a la mañana, Facebook pasó a ser demonizado por la prensa dominante.
Se reveló entonces que es posible provocar artificialmente movimientos de opinión y de masas mediante la manipulación de las redes sociales, pero que los usuarios acaban volviendo a la razón al cabo de cierta cantidad de días. Esto es una constante en todos los sistemas de manipulación de la información: sus efectos son efímeros. El único tipo de mentira que permite crear comportamientos prolongados por largo plazo implica haber empujado la ciudadanía a contraer algún tipo de compromiso menor, o sea hacer proselitismo [2].
En todo caso, Facebook entendió eso perfectamente porque creó su propio «Buró de Política Mundial y Sensibilización de los Gobiernos» y lo puso en manos de Katie Harbath. Facebook pretende crear emociones colectivas a favor de tal o más cual cliente, pero no trata de organizar campañas duraderas [3].
Es también por eso que el presidente francés Macron quiere imponer leyes sobre las redes sociales sólo para los periodos electorales. El propio Macron llegó a la presidencia gracias al desorden que Facebook y un semanario sembraron conjuntamente contra su rival Francois Fillon, una operación orquestada por Jean-Pierre Jouyet [4]. En todo caso, el temor de Macron a que la próxima vez las redes sociales sean utilizadas contra él coincide con la voluntad de la OTAN de hacer ver que existe una continuidad entre Rusia y la URSS en materia de propaganda. Así que Macron cita como ejemplos de manipulación una entrevista de Sputnik sobre su vida privada y el hecho que ese medio se hizo eco de una alegación sobre una cuenta bancaria suya en el extranjero.
El informe de Christopher Steele
En Reino Unido, los jóvenes ven en la retórica oficial sobre las «fake news» una voluntad gubernamental de lavarles el cerebro. Así lo demuestra el éxito de la marca de vaqueros Fake News.
Durante la campaña previa a la elección presidencial en Estados Unidos, el equipo de Hillary Clinton encargó al ex agente de los servicios secretos británicos Christopher Steele una investigación sobre el candidato Donald Trump. Ex jefe del «Buró Rusia» del MI6, Christopher Steele es conocido sobre todo por sus alegaciones escandalosas y siempre inverificables. Después de acusar –sin pruebas– a Vladimir Putin de haber ordenado el envenenamiento de Alexander Litvinenko con polonio 210, también lo acusó de haber hecho caer a Donald Trump en una trampa sexual para poder chantajearlo. El Informe Steele fue entregado discretamente a ciertos periodistas, políticos y espías, antes de ser publicado [5].
De ahí procede la tesis actual de que, tratando de que su títere ganara las elecciones y de impedir la elección de Hillary Clinton, el amo del Kremlin ordenó a «sus» medios la compra de publicidad en Facebook y la divulgación por esa vía de calumnias contra la ex secretaria de Estado, hipótesis que ahora vendría a confirmarse por una conversación del embajador de Australia en Londres con un consejero de Donald Trump [6]. Aunque se ha comprobado que Russia Today y Sputnikno gastaron más que unos pocos miles de dólares en publicidad, que además tenía poco que ver con la señora Clinton, la clase dirigente estadounidense dice estar convencida de que eso bastó para invertir el apoyo del que había gozado la candidata demócrata, que gastó en su campaña 1 200 millones de dólares. En Washington se sigue creyendo que los inventos tecnológicos permiten tal grado de manipulación de los seres humanos.
Ya no se trata de observar que si Donald Trump y sus partidarios hicieron campaña a través de Facebook fue porque toda la prensa escrita y audiovisual les era hostil, sino de afirmar que Rusia manipuló Facebook para impedir la elección de la favorita de Washington.
Jared Cohen, ex colaborador de Condoleezza Rice y más tarde de Hillary Clinton, comparte la filosofía de los dirigentes de Google: el transhumanismo. Según Jared Cohen, es posible derrocar gobiernos si se utilizan los algoritmos correctos en las redes sociales.
El privilegio jurídico de Google, Facebook y Twitter
En sus esfuerzos por demostrar la injerencia de Moscú, la prensa estadounidense ha resaltado el enorme privilegio que gozan Google, Facebook y Twitter. Esas 3 empresas no son consideradas responsables de los contenidos que difunden. Desde el punto de vista del derecho estadounidense son sólo “transportadores” de información (common carrier).
Los experimentos realizados por Facebook han demostrado, por un lado, que es posible crear emociones colectivas. Pero esa empresa no es considerada jurídicamente responsable de los contenidos que vehicula, contradicción que pone de relieve la existencia de una anomalía en el sistema.
Sobre todo teniendo en cuenta que el privilegio de Google, Facebook y Twitter es claramente indebido. En efecto, esas 3 empresas actúan al menos de dos maneras para modificar los contenidos que “transportan”. En primer lugar, censuran unilateralmente ciertos mensajes, ya sea por intervención directa de su personal o mediante el uso disimulado de algoritmos. Pero además promueven su propia versión de la verdad en detrimento de los demás puntos de vista (fact-checking).
Por ejemplo, en 2012, Qatar encargó a Google Ideas, ya bajo el mando de Jared Cohen, la creación de un programa informático capaz de seguir las deserciones en el Ejército Árabe Sirio. ¿Objetivo? Mostrar que Siria era una dictadura y que el pueblo había iniciado una “revolución”. Pero rápidamente resultó que esa visión de las cosas era falsa. La cantidad de deserciones nunca pasó de 25 000, en un ejército que cuenta 450 000 hombres. Es por eso que, luego de haber promocionado ese software, Google acabó retirándolo discretamente.
Por otro lado, Google promociona, desde hace 7 años, los artículos que se hacen eco de los comunicados del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH). Esos comunicados dan, día tras día, la cantidad exacta de víctimas de ambos bandos. Pero son cifras imaginarias porque es materialmente imposible determinar esa cifra diariamente. Nunca se ha visto, en tiempo de guerra, un Estado capaz de determinar diariamente la cantidad exacta de soldados muertos en combate y de víctimas civiles. Pero el OSDH sabe, desde el Reino Unido, algo que nadie es capaz de determinar con precisión en la propia Siria.
Lejos de ser “transportadores” de información, Google, Facebook y Twitter son en realidad sus creadores y por tanto deberían ser jurídicamente responsables de sus contenidos.
Las reglas de la libertad de expresión
Aún considerando que los esfuerzos de la OTAN y del presidente Macron contra Rusia en el plano audiovisual y de internet están condenados al fracaso, no es menos cierto que lo más conveniente es que los nuevos medios estén incluidos en el derecho general.
Los principios que rigen la libertad de expresión son legítimos sólo si son los mismos para todos los ciudadanos y para todos los medios. Esto último no es así en este momento. Si bien existe una aplicación del derecho general, no existen, en cambio, reglas precisas, como el derecho de respuesta o en materia de desmentido, para los mensajes que se difunden a través de internet y de las redes sociales.
Sobre la Red Voltaire, “Le Décodex” del diario francés {Le Monde} dice: «Sitio web de Thierry Meyssan, conspiracionista ligado al gobierno sirio. Afirma, sin prueba, que la matanza de Charlie-Hebdo es un atentado orquestado por Washington» (sic).
Como siempre en la historia de la información, los medios ya establecidos tratan de sabotear a los nuevos. Recuerdo, por ejemplo, el virulento editorial que el diario francés Le Monde, dedicó en 2002 a mi trabajo, publicado en internet, sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Lo que le desagrada a Le Monde, tanto como mis conclusiones sobre esos acontecimientos, es que la Red Voltaire no esté sometida a una serie de obligaciones financieras de las que ese cotidiano se sentía prisionero [7]. Quince años más tarde, Le Mondemuestra la misma actitud de defensor de un clan con la creación de lo que llama Le Décodex. Más que criticar los artículos y videos de los nuevos medios de información, Le Monde pretende medir el grado de confiabilidad de los sitios web que rivalizan con el suyo. Por supuesto, sólo le parecen confiables los sitios web de los diarios que se publican en papel, como el propio Le Monde, mientras que a todos los demás los clasifica como poco confiables.
Miembro eminente de la masonería, el político socialista Gerard Collomb, es seguidor del sansimonismo. Vinculado al varias veces ministro socialista y ex director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, Gerard Collomb se puso del lado de Emmanuel Macron desde el inicio de su campaña electoral. Sempiterno secretario general de la Fundación Jean-Jaures, desde su creación en 1992, hizo que esta publicara un estudio que calificaba a sus opositores políticos de “conspiracionistas” y, muy recientemente, un falso sondeo de opinión que los acusa de ser crédulos. Gerard Collomb es el actual ministro del Interior de Francia.
Para justificar la campaña contra las redes sociales, la Fundación Jean-Jaures –fundación del Partido Socialista francés vinculada a la NED (National Endowment for Democracy) estadounidense– acaba de publicar un sondeo imaginario [8]. Ese sondeo trata de demostrar, exponiendo una serie de cifras, que las personas frustradas, las clases trabajadoras y los partidarios del Frente Nacional [9] son gente crédula. Según ese sondeo, el 79% de los franceses creen en alguna teoría de la conspiración. Como prueba de su ingenuidad, el sondeo precisa que 9% de los franceses están convencidos de que la Tierra es plana.
Realmente, ni yo ni ninguno de mis amigos franceses consultados a través de internet nos hemos encontrado nunca con un compatriota que creyera que la Tierra es plana. Se trata simplemente de una cifra inventada, suficiente para que cualquiera pueda dudar de todo el estudio. Lo que sí es cierto es que, a pesar de estar vinculada al Partido Socialista de Francia, la Fundación Jean-Jaures ha tenido desde siempre como secretario general a Gerard Collomb, ahora convertido en ministro del Interior por el actual presidente francés Emmanuel Macron. Esta misma fundación ya había publicado, hace 2 años, un estudio tendiente a desacreditar a los opositores políticos del sistema, tildándolos de «conspiracionistas» [10].
[4] Personalidad central del cuerpo de Inspectores de Finanzas, Jean-Pierre Jouyet fue abogado del gabinete Jeantet (vinculadísimo al fallecido presidente francés Francois Mitterrand), director adjunto del equipo de trabajo del ex primer ministro francés Lionel Jospin, secretario de Estado de Asuntos Europeos bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, secretario general de la presidencia de República bajo el presidente Francois Hollande y mentor de Emmanuel Macron, quien después de ser electo presidente lo nombró de inmediato embajador de Francia en Londres.
[9] El Frente Nacional, cuya candidata a la elección presidencial, Marine Le Pen, disputó la presidencia a Emmanuel Macron durante la segunda vuelta de esa consulta electoral, es un partido francés clasificado como ultranacionalista y de extrema derecha. Nota del Traductor.
Hasta un 80% tiene previsto España aumentar su gasto militar dedicado a la OTAN hasta 2024, según publica el diario del Grupo Prisa. En los próximos siete años, España se gastará 18.000 millones de euros.
El compromiso figura en una carta remitida al secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg. En la actualidad, Estados Unidos, Reino Unido, Grecia, Estonia y Polonia, gastan al menos el 2% del PIB. España está a la cola (0,92% de previsión en 2017), solo por delante de Bélgica y Luxemburgo.
Desde la organización del golpe de Estado en Ucrania, la instalación de nazis en Kiev y el regreso de Crimea a la Federación Rusa, la OTAN se empeña en alimentar la paranoia de sus miembros en el este de Europa. Según Bruselas, lo que hizo Moscú no fue proteger a los pueblos de Crimea de un gobierno plagado de nazis sino conquistar por la fuerza y anexar ese territorio históricamente ruso. Apoyándose en esa narrativa, Washington ha logrado ocupar militarmente el este de Europa, sin que protesten los pueblos sometidos a esa ocupación. Al contrario, ahora se alarman ante cada maniobra militar rusa.
Durante las semanas anteriores a la realización de los ejercicios ruso-bielorrusos «Zapad 2017», y durante el desarrollo de estos, a mediados de septiembre de 2017, la prensa occidental se hizo eco de todo tipo de hipótesis inquietantes, según las cuales «Zapad 2017» era para Rusia una oportunidad para invadir los países del flanco oriental de la OTAN. Nadie se tomó el trabajo de estudiar el escenario de esos ejercicios, y nadie cuenta con la formación necesaria para analizarlo. Veamos, por tanto, de qué se trata.
Los ejercicios Zapad 2016 se desarrollaron del 14 al 20 de septiembre de 2017. Tenían como objetivo:
«Mejorar la formación y el uso de los grupos de fuerzas armadas para garantizar la seguridad militar de una posición avanzada estratégica para la defensa colectiva de Rusia y Bielorrusia.»
El escenario de esos ejercicios planteaba que el territorio de Bielorrusia y el enclave ruso de Kaliningrado enfrentaban una infiltración masiva de fuerzas especiales que actuaban como terroristas. Según el escenario planteado, esas fuerzas venían de 3 países ficticios: Vajsnorya, Vesbaria y Lubenia. En los mapas, Vesbaria se situaba en territorios de Lituania y Letonia mientras que Lubenia incluía parte de Lituania y Polonia, países que en la vida real son todos miembros de la OTAN. Los terroristas infiltrados habían tomado el control de Vajsnorya, una zona situada en el noroeste de Bielorrusia.
La primera etapa consistía en aislar Vajsnorya del resto de Bielorrusia, para evitar los actos de sabotaje tendientes a afectar la situación socioeconómica del país y a facilitar la ejecución de un golpe de Estado en Minsk, ya que el objetivo final de los agresores sería utilizar el territorio de Bielorrusia como trampolín para iniciar una invasión militar contra Rusia.
La concepción de los ejercicios Zapad 2017 se basaba en la adopción de medidas militares capaces de impedir que Bielorrusia fuese desestabilizada y garantizar la liberación de la región ocupada, designada como Vajsnorya. Es por eso que la primera etapa de esos ejercicios buscaba verificar la capacidad de las fuerzas terrestres y aéreas rusas y bielorrusas para conservar la supremacía aérea y bloquear el corredor de infiltración inicial y el aprovisionamiento de los terroristas en armas y municiones.
La segunda etapa tenía como objetivo verificar la capacidad de las unidades aerotransportadas para intervenir a gran distancia de sus bases y para aislar y cercar después los grupos terroristas infiltrados. Esa operación suponía la realización de una maniobra con fuerzas de apoyo terrestres y aéreas para bloquear la retirada de los terroristas hacia el Mar Báltico.
La última etapa de los ejercicios consistía en cercar a los terroristas y terminaba con su eliminación física.
¿Qué conclusiones pueden sacarse de Zapad 2017?
Zapad 2017 tenía un carácter estrictamente defensivo. Se circunscribió al oeste de Bielorrusia y de Rusia. En Bielorrusia, se desarrolló estrictamente dentro de 7 polígonos terrestres, y otros 3 en Rusia, donde observadores militares de todos los países miembros de la OTAN tuvieron la oportunidad de asistir como invitados. Participaron 12 700 soldados (7 200 en Bielorrusia y 5 500 en Rusia), 680 vehículos, incluyendo 370 blindados (entre los que se contaban 250 tanques), 200 piezas de artillería, 70 helicópteros y aviones y 10 navíos de guerra [1].
La necesidad de realizar esos ejercicios viene de que los rusos temen que se produzca una invasión de fuerzas de la OTAN desde los países bálticos y Polonia. Para reforzar la seguridad en esos países, la OTAN desplegó allí recientemente la 10ª brigada de la fuerza aérea de Estados Unidos –con más de 60 aviones– y la 3ª brigada blindada estadounidense. Además, en los 3 países bálticos los miembros de la OTAN están efectuando un sistema de rotación con una escuadrilla de aviones de caza. La OTAN ha creado también una fuerza de intervención ultra-rápida alimentada por 7 países miembros con 10 000 soldados especialmente entrenados y destinados a actuar en la costa báltica y la del Mar Negro.
Los temores de Rusia son razonables ya que, según la doctrina de la OTAN, Moscú se halla en el eje estratégico bielorruso del «teatro de operaciones europeo». Ese eje comienza en Berlín, pasa por el territorio de Polonia, el enclave de Kaliningrado y Bielorrusia, atraviesa Moscú y se prolonga hasta Samara (la antigua Kubischev). Los blindados pueden avanzar rápidamente sobre esa amplia llanura. Ese recorrido está claramente concebido para invadir Moscú. Los objetivos estratégicos son concentraciones económicas y políticas vitales –incluyendo complejos económicos, fuentes de energía, de materias primas, redes de transporte de energía, etc.– cuya conquista o control, incluso temporal, se traduce automáticamente en una modificación de la correlación de fuerzas en cualquier teatro de operaciones.
Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, en la Operación Barbarroja, iniciada el 22 de junio de 1941, el Grupo de Ejércitos del Centro desplegó su ofensiva sobre el eje estratégico bielorruso, con 50 divisiones alemanas concentradas en Polonia, para conquistar el objetivo estratégico por excelencia: Moscú.
Rusia ha declarado repetidamente que los 5 000 millones de dólares de financiamiento estadounidense al Euromaidán de Kiev –cifra mencionada por la entonces secretaria de Estado adjunta de Estados Unidos, Victoria Nuland [2])– condujeron a un golpe de Estado mediante el cual Ucrania pasó a la categoría de enemigo de Rusia, situación que permite a Estados Unidos plantearse en el futuro la posibilidad de invadir Rusia con tropas de la OTAN. Esa hipótesis no carece de fundamentos ya que la invasión podría realizarse siguiendo el eje ucraniano, que es ciertamente la mejor ruta del teatro de operaciones europeo. Ese eje estratégico comienza en Munich (Alemania), atraviesa Polonia, Ucrania, el suroeste de Rusia, pasa a Volgogrado (la antigua Stalingrado) y continúa a lo largo del Volga hasta su desembocadura en el Mar Caspio.
El plan Barbarroja de invasión de la URSS, durante la Segunda Guerra Mundial, confió la conquista de Ucrania al Grupo de Ejércitos del Sur, que se componía de 57 divisiones alemanas, italianas, húngaras y rumanas. Parte de esas fuerzas, que totalizaban 330 000 soldados, fue cercada alrededor de Stalingrado, destruida u obligada a rendirse a los soviéticos, el 26 de enero de 1943. Elegir Ucrania como base de partida para la ofensiva de la OTAN, daría a la alianza atlántica la ventaja de poder evitar los combates en las montañas de los Cárpatos, que alcanzan los 2 061 metros de altitud.
[1] Zapad 2017 no tuvo en realidad una dimensión importante ya que estuvo por debajo del límite de los 13 000 hombres, más allá del cual los Estados miembros de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) –entre los que se hallan Bielorrusia y Rusia– se comprometen a invitar como observadores a todos los demás miembros de esa organización.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, realizó este lunes una visita a la base aérea siria de Jmeimim, donde ordenó la salida de "una parte considerable" de las tropas rusas del país árabe.
La operación rusa para liberar a Siria de los terroristas se ha completado, por lo que ya no es necesario tener allí grandes capacidades militares, ha afirmado este martes el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov.
"La operación para salvar Siria y liberar el territorio de Siria de los terroristas de hecho se ha completado, y ya no es necesario utilizar un potencial de combate a gran escala", ha declarado el vocero presidencial, detallando que es por eso por lo que "el comandante supremo tomó la decisión sobre la retirada" de las tropas.
Al mismo tiempo, Peskov ha recordado que se mantendrán las bases rusas situadas en Jmeimim (gobernación de Latakia) y Tartus (una ciudad portuaria, capital de la gobernación homónima).
"El presidente enfatizó que en Siria los terroristas pueden tratar de levantar la cabeza, pero en si se diera el caso, se enfrentarán a ataques aplastantes de un alcance y una fuerza como no han visto antes", ha recordado Peskov las palabras del presidente ruso.
Los primeros aviones rusos vuelven desde Siria
Entretanto, los primeros aviones rusos están volviendo a territorio nacional desde Siria después de completar con éxito sus tareas en el país árabe:
Dos aviones con la Policía militar rusa han aterrizado en Majachkalá (capital de la república de Daguestán);
Los bombarderos Tu-22M3, que participaron en los ataques contra los terroristas en Siria, han llegado a la región de Kaluga;
El avión ruso de alerta temprana y control aerotransportado A-50 ha regresado al aeródromo en la región de Ivánovo.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, realizó este lunes una visita a la base aérea siria de Jmeimim, donde ordenó la salida de "una parte considerable" de las tropas rusas del país árabe. Allí se reunió en la instalación con su homólogo sirio, Bashar al Assad, el ministro ruso de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, y el comandante de las Fuerzas rusas en el país árabe, el coronel general Serguéi Surovikin. Tras la reunión, Putin partió rumbo a Egipto.
Los manifestantes enfatizaron los riesgos ambientales y para la seguridad que supone la presencia de un gran número de submarinos, buques y equipo militar en la isla.
'Fuera la OTAN', una manifestación en Cagliari
Alessandro Rota / Sputnik
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Al menos 150 activistas antimilitaristas se han reunido cerca del Consejo regional y frente a la base naval de Cagliari, en Cerdeña, para protestar contra "la ocupación militar" de la isla italiana con pancartas con el lema '¡Fuera la OTANde Cerdeña!'
En los próximos días el puerto de Cagliari "será invadido" por el personal militar, buques y submarinos de varios países de la alianza atlántica, explicó la organización. Desembarcarán con el fin de protagonizar "un acto inminente de guerra", recoge la agencia ANSA.
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Los buques de propulsión nuclear serán amarrados junto a barcos de pasajeros, algo que preocupa a la población local. Mientras tanto, el alcalde no se ha pronunciado, y tampoco ha elaborado ningún plan de evacuación para una eventual emergencia.
"Abogamos contra el uso de nuestra tierra para fines militares", explicó en declaraciones a RIA Novosti uno de los activistas, Cristiano Sabino. "Formalmente, somos una región italiana, pero en realidad Cerdeña es una base militar de la OTAN y del Estado italiano con un cielo abierto".
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Opinan que los sardos se han convertido en "conejillos de Indias de los militares italianos y de la OTAN". Según sus datos, la transformación de grandes terrenos en polígonos "causa daños ambientales a las personas y la naturaleza".
Además, durante los ejercicios de la alianza los corredores para la aviación civil sobre Cerdeña se reducen a una estrecha franja en forma de 'Y'. Sabino personalmente experimentó algunos aplazamientos de vuelos civiles y tuvo que esperar en el aeropuerto a causa de las maniobras de la Fuerza Aérea, mientras que los pescadores en ocasiones no pueden zarpar al mar durante los ejercicios navales.
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"No creemos en una economía militar", dijo el activista. "El puerto de Cagliari puede acoger submarinos nucleares, pero tiene más capacidad si es utilizado para el turismo y la navegación civil. A su juicio, la militarización es incorrecta tanto desde el punto de vista económico como moral. "Protestamos en contra de que nos traten como una colonia", agregó.
"No nos interesan los juegos militares de la OTAN ni sus intenciones imperialistas", señaló otro participante en la concentración, Nicolo Piras. "No queremos formar parte de las actividades bélicas de la alianza en el exterior, no queremos que Cerdeña tenga ninguna relación con ellas".
Mientras que la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron ya se han puesto de acuerdo para gobernar juntos la Unión Europea, el tanque pensante oficial de Alemania Federal aconseja que Berlín asuma el mando militar de la UE y la OTAN. Viendo la posición del presidente Trump, que limita la influencia de Estados Unidos en la alianza atlántica, los expertos gubernamentales consideran que Berlín puede ponerse a la cabeza de la OTAN ante Rusia invirtiendo masivamente en el desarrollo de las fuerzas armadas alemanas y en la creación de fuerzas multinacionales.
Alemania debe dar muestras de un «liderazgo decidido» en el seno de la OTAN y llevar esa alianza militar de «Occidente» a adoptar un nuevo concepto estratégico. Eso piden varios consejeros del gobierno alemán y expertos en política exterior. El contexto es la reorientación de la política mundial alemana que, desde que Rusia recuperó Crimea, ya no busca sólo intervenciones militares en el mundo entero para garantizar intereses estratégicos y económicos sino también luchar contra «proyectos concurrentes de concepción» de la política internacional. Con ese fin, Alemania está desempeñando un papel de primer plano en la instalación de la presencia de la OTAN en el este de Europa –en contra de Rusia.
Berlín es líder, en particular, en la creación de divisiones multinacionales, que están destinadas a completar las tropas de la OTAN estacionadas en los países bálticos y en Polonia y llamadas a convertirse en la «punta de lanza» de la alianza atlántica. Como subraya la Fundación para la Ciencia y la Política (Stiftung für Wissenschaft und Politik, SWP), la Unión Europea puede enviarlas en cualquier momento y participar en operaciones, de manera que esas divisiones multinacionales «tienen una importancia y un alcance que va más allá de la alianza», según la SWP.
Proyectos concurrentes de concepción del orden político
El origen de la demanda de un «liderazgo» alemán más fuerte en el seno de la OTAN está en la reorientación estratégica de la política mundial de Berlín posterior a la recuperación de Crimea por parte de Rusia. Hasta entonces el gobierno alemán tenía en miras, en términos de operaciones militares, sobre todo guerras en países lejanos –intervenciones para instalar o estabilizar gobiernos pro-occidentales, como en Afganistán o en Mali, así como medidas tendientes a «mantener el libre intercambio y el acceso sin impedimentos a los mercados y las materias primas en todo el mundo», como ya se había enunciado en las Líneas Directrices de la Política de Defensa de 1992 [1].
Pero la situación ha cambiado desde aquella época. Dado el hecho que países como China y Rusia «adquieren una influencia creciente en el plano económico, político y militar», se está formando un «orden multipolar», lo cual podría hacer surgir «concepciones concurrentes de estructuración del orden político internacional», según el reciente Libro Blanco de las Bundeswehr (las fuerzas armadas de la República Federal de Alemania). O sea, Rusia «se presenta como un centro de gravitación independiente con ambición global» [2]. Según los estrategas alemanes, eso está demostrado claramente y sin ambigüedad por la recuperación de Crimea. Mientras que Moscú insista en actuar «independientemente» en materia de política exterior, será un «desafío para la seguridad en nuestro continente», indica el Libro Blanco.
Tres olas
El gobierno alemán respondió a la «concepción del orden» independiente rusa con una estrecha cooperación militar con la OTAN. En la aplicación de las etapas pertinentes decididas en las cumbres de la alianza atlántica realizadas en Newport (septiembre de 2014) y en Varsovia (julio de 2016), Berlín «asumió un papel de líder», como señala un reciente análisis de la Fundación Konrad Adenauer (CDU) [3].
Esto está confirmado por un estudio de la Fundación (alemana) para la Ciencia y la Política (SWP), que examina la eventual escalada del conflicto entre la OTAN y Rusia en las fronteras orientales de la alianza.
«La primera» ola «en un eventual conflicto» alcanzaría en particular, junto a los ejércitos de los países del este de la OTAN, la nueva EFP (enhanced forward presence) de la alianza, según el estudio de la SWP [4]. La EFP incluye los 4 batallones multinacionales de la OTAN en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, batallones de los que Alemania dirige uno [5].
La «segunda ola» del conflicto tendrá que enfrentar en particular la nueva «punta de lanza» de la OTAN, la VJTF (Very High Readiness Joint Task Force), declara la SWP. Las Bundeswehr han sido uno de los responsables de la creación y puesta en marcha de la VJTF, que puede ser desplegada en muy poco tiempo [6].
La «tercera ola» es la única que «no tiene todavía una unidad designada», resume el tanque pensante de Berlín. Las divisiones multinacionales que Berlín ha creado desde 2013 podrían servir para ello particularmente bien –debido a la integración de las tropas extranjeras en unidades del Bundeswehr [7]).
Predominio alemán
Como señalan los autores del artículo de la SWP, las divisiones multinacionales cuya constitución se desarrolla actualmente no están concebidas sólo para operaciones en el este. Pero su estructura –con vista a esas operaciones– lleva el sello de los planes operacionales de la OTAN. En esa medida, las actividades actuales de las Bundeswehr en materia de armamento también están determinadas en gran parte por las normas de la alianza atlántica. Dos de las 3 divisiones multinacionales deben constituirse ahora «con hasta 5 brigadas pesadas… con personal y estructuras de las divisiones alemanas» reporta la SWP [8]. Además, la Luftwaffe-Einsatzverband (la alianza operativa de la aviación militar alemana) prevista en el marco de la OTAN «se basa en más del 75% en las capacidades de la República Federal». Es por tanto «un marco esencial para la planificación de la gestión de la aviación militar alemana». Los planes de la OTAN para la marina se traducen «ante todo en especificaciones para la zona de mando y en un mando naval dominado por Alemania para el Mar Báltico». La SWP resume:
«El papel de Alemania en esas alianzas y estructuras sería significativo en tierra, mar y aire.»
Los autores dudan que las medidas de rearme necesarias puedan limitarse a unos 130 000 millones de euros hasta 2030, como anunció la ministra (alemana) de Defensa Ursula von der Leyen. Pero no hay que dejarse asustar por los costos: «El liderazgo militar tiene su precio.»
«Moldear la OTAN»
En el contexto de una dirección alemana en la construcción de las divisiones multinacionales, también designadas como «pilar europeo de la OTAN», la Fundación Konrad Adenauer reclama ahora la elaboración de un nuevo concepto estratégico para la alianza militar occidental. El concepto estratégico actual data en realidad de 2010 y por tanto no tiene en cuenta la reciente evolución de la guerra antiterrorista –la guerra contra el Emirato Islámico (Daesh)– ni el creciente conflicto con Rusia. Según un artículo reciente de la Fundación Adenauer, la OTAN ha descrito suficientemente sus actividades en los comunicados de las cumbres de Newport y de Varsovia. Pero el trabajo sobre un nuevo concepto ofrecería la oportunidad para focalizar las fuerzas en la alianza, que no está exenta de crisis. Actualmente, Estados Unidos no está asumiendo enteramente «su papel tradicional como líder en la alianza o al menos no lo hace de manera confiable». Alemania, sin embargo, sí está «presente» con la posición de líder en la construcción de las divisiones multinacionales. El autor de ese trabajo, Patrick Keller, coordinador de la Fundación Adenauer para la política exterior y de seguridad, recomienda que Alemania utilice «el capital político que se ha ganado al asumir responsabilidades adicionales para consolidar la OTAN y modelar su futuro» [9].
Por la OTAN y la Unión Europea
Pero las nuevas divisiones multinacionales no se limitan a las intervenciones en el marco de la OTAN. Formalmente, participan «sólo las fuerzas armadas de los Estados miembros» y son estos quienes pueden decidir libremente su despliegue, reafirma la SWP. Se estima que esas fuerzas actualmente participarían ante todo en intervenciones de la alianza, pero «en principio» las formaciones de combate podrían utilizarse también «en operaciones de la Unión Europea» [10]. «Ante los choques que se han producido en la relación transatlántica», las divisiones multinacionales «tienen una importancia que va más allá de la alianza».
A parte de eso, al seguir esta trayectoria, las Bundeswehr se convertirían en «uno de los ejércitos más importantes del continente». Los autores de la SWP concluyen:
«Ahora parece más urgente aún que el debate sobre la creciente importancia de Alemania en la OTAN y en Europa cobre más espacio en Berlín.»
En fin, el proyecto extremadamente ambicioso de creación de divisiones multinacionales exige un «liderazgo decidido» –y «de parte de Alemania».