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Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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La holística y la guerra


 

La Holística y La Guerra

Hernando Vanegas Toloza

Médico Anestesiólogo.

Terapista Neural

 



Interrogantes ante la lectura del Libro El Punto Crucial de Fritjof Capra 1

Todos los días siento que el fracaso
me da una bofetada.
Miro las cosas, frías, siempre iguales,
terriblemente humanas.

La alegría me huye de la vida.
Me doblega la guerra.
El amor triste, mal vestido,
sangrando por la tierra.
 ( Jorge Debravo ) 2

La utilización de la violencia por parte del Sistema (imperio, globalización, neoliberalismo, le llaman algunos),  como forma fundamental de control y dominio del mundo abre interrogantes que son necesarios discutir y resolver a la luz de los planteamientos de la holística.

Es cada vez más frecuente que el imperio y sus aliados pongan en acción su sofisticada máquina de guerra para sojuzgar a los pueblos. Después de la derrota infringida por el heroico pueblo de Vietnam, los teóricos del imperio diseñan año tras año sus políticas para seguir manteniendo el control. Documentos como los de Santa Fé I, II  y IV, han sido dados a la luz. (Nadie sabe por qué no ha salido a la luz pública el III). Y no se han quedado en los planteamientos teóricos, han realizado varios ensayos. Grenada, Panamá, Yugoslavia, la guerra del Golfo.

En la base de las acciones presentes y futuras del imperio está no sólo la disminución del número de reservas de combustibles fósiles en el territorio propio de los Estados Unidos, sino la determinación de apoderarse de todo lo existente en el planeta, y más allá. Las reservas fósiles se encuentran en países que no están bajo el control directo del imperio (países musulmanes) o que estando dentro de su órbita presentan enorme resistencia a los dictados imperiales (Venezuela, Colombia, Brasil). Se considera que las reservas disponibles alcanzarán si acaso para 30 años y los halcones necesitan asegurar unas buenas reservas apropiándose del petróleo de otros pueblos, para continuar su modo de vida desenfrenado (“american way of  life”) que trae como consecuencia el daño irreparable al planeta, como es palpable en el hoyo de ozono, la contaminación de ríos y mares, la extinción de especies animales y el peligro de extinción total de la vida en la Tierra.

Hoy día ello se ve patente en la guerra contra Irak, bajo el pretexto de la destrucción de armas de exterminio masivo en poder de Hussein. Antes fue contra Afganistán, para castigar a Osama Bin Laden y Los Talibanes. Todo con el nuevo caballito de Troya de la Guerra al Terrorismo. Que no son más que las dos caras de la misma moneda. Una es engendro de la otra. Terror de Estado y Terrorismo.

En El punto crucial, Fritjof Capra  considera que “la crisis con la que nos enfrentamos no es una crisis cualquiera sino una de las grandes fases de transición que surgen de forma periódica en la historia de la humanidad” a la par que “tendremos que reconocer y proclamar el hecho de que los cambios sociales actuales son parte de una transformación cultural inevitable mucho más extensa. Sólo entonces seremos capaces de llevar a cabo una transición pacífica y armoniosa como la descrita en uno de los más antiguos libros de la sabiduría humana, el I Ching o Libro de las Transformaciones: “El movimiento es natural y surge con espontaneidad. Por este motivo la transformación de lo viejo se torna fácil. Lo viejo se descarta y lo nuevo se introduce. Ambas medidas concuerdan con el tiempo; por tanto, no causan daño”. (Subrayado nuestro).

Y continúa más adelante: “En nuestro comentario sobre las transformaciones sociales en el mundo de hoy utilizaremos como modelos de dinámica cultural las ideas de Toynbee sobre el ascenso y decadencia de las civilizaciones; la antigua noción de un ritmo universal fundamental originado por los modelos culturales fluctuantes; el análisis de Sorokin sobre la fluctuación de los sistemas de valores y el ideal de una transformación cultural armoniosa representado por el I Ching.
     La principal alternativa a este modelo, relacionado con él aunque diferente en varios aspectos, es el concepto marxista de la historia conocido con el nombre de materialismo dialéctico o histórico. Según Marx, las raíces de la evolución social no se hallan en los cambios de ideas o valores sino en el desarrollo tecnológico y económico. La dinámica del cambio es el resultado de una interacción <<dialéctica>> de dos opuestos que surge de las contradicciones intrínsecas a todas las cosas. Marx tomó esta idea de la filosofía hegeliana y la adaptó a su análisis del cambio social, afirmando que el desarrollo de las contradicciones internas de una sociedad engendra todos los cambios en su seno. Para él, los principios contradictorios de la organización social se materializan en la existencia de clases sociales; la lucha de clases es una consecuencia de su interacción dialéctica.
    La visión marxista de la dinámica cultural, al estar basada en el concepto hegeliano de un cambio rítmico recurrente, guarda cierta semejanza con los modelos descritos por Sorokin, Toynbee y el I Ching; sin embargo, se diferencia de ellos en el énfasis que da al conflicto y a la lucha. Marx veía la lucha de clases como la fuerza motriz de la historia; para él, el progreso histórico era  resultado del conflicto, de la lucha y de la revolución violenta, y el sacrificio y el sufrimiento eran el precio necesario que se había de pagar por el cambio social.
    La importancia atribuída por Marx a la lucha en la evolución histórica es paralela al énfasis que Darwin le da en su descripción de la evolución biológica. De hecho, se dice que a Marx le gustaba considerarse a sí mismo como <<el Darwin de la sociología>>. El concepto de la vida como una lucha permanente por la existencia, que tanto Marx como Darwin tomaron del economista Thomas Malthus, fue promocionado en el siglo XIX por los darwinistas sociales, grupo que quizá (sic!) haya influido en Marx y que seguramente lo hizo en varios de sus discípulos. En mi opinión, el concepto marxista-darwinista de la evolución social da demasiada importancia al papel desempeñado por la lucha y el conflicto, sin tener en cuenta que toda lucha ocurre dentro de un contexto de cooperación más amplio. Si bien en el pasado los conflictos han generado grandes progresos sociales y es probable que sigan siendo parte esencial de la dinámica del cambio, no por ello se les puede considerar la fuente de esta dinámica. A mi juicio, siguiendo la filosofía del I Ching en vez de la visión marxista, el conflicto ha de minimizarse (sic!) en las épocas de transición social.”  (Cito todo, para no sacar de contexto. El subrayado es nuestro) Pág 34-36

En este planteamiento es necesario resaltar dos cosas: la primera, desconoce o ignora o minimiza el enorme potencial del imperio. Una de las cualidades intrínsecas del imperio es su agresividad y su enorme poderío bélico. Está fuera de toda discusión que es la fuerza la que le permite sojuzgar a los demás pueblos y expoliarlos. La crisis económica que vive el imperio desde hace algunos años solo podía ser resuelta de dos maneras: permitiendo el desarrollo y la democratización de la vida de los pueblos inmersos en su esfera colonial, o implantando el fascismo al más alto nivel, apoderándose mediante el terror desatado por su máquina bélica de todos los recursos existentes en el planeta, es decir, el poder total y absoluto sobre el mundo.

La llegada fraudulenta de Bush, hijo, a la presidencia de los Estados Unidos fue la carta que los Halcones estadounidenses han jugado para continuar dominando el planeta. Según Hinkelammert “se aspira al todo para dominar las partes. Cualquier país del mundo podría ser el objetivo, en tanto es distorsionante para el mercado total. Y se convertirá en objetivo en nombre del anti-terrorismo. (...). La Guerra es total. Lo amenazante es que la nueva alianza contra el terrorismo, tan amplia como la Onu, va a sustituir a ésta. Se trata de la disolución de la democracia a nivel mundial por un gobierno anti-terrorista mundial, cuyo centro es Estados Unidos. Un macartismo mundial, como poder encima de todos los poderes, ejercido por un gobierno representante de la estrategia de la globalización: Estados Unidos como juez de una historia que es juicio final; Estados Unidos como juez del juicio final, del bien frente al mal. La lucha contra el terrorismo da la posibilidad de que un solo poder controle todos los poderes del mundo. Así, aparece el primer totalitarismo a nivel mundial, frente al cual no hay posibilidad de control desde otro poder, al cual no hay posibilidad de enfrentamiento por medio del poder. El imperio está por hacerse omnipotente, pero se le escapa el hecho de que quien más se acerca a la omnipotencia, más debilidades desarrollará.” 3


Por ello, ante los planteamientos de una “transición pacífica y armoniosa” nos preguntamos: ¿Pacífica y armoniosa por parte de quién? ¿Acaso el poder imperial permitirá “pacíficamente” que haya una “transición armoniosa”? O, ¿será que esos son los deseos de los actores del cambio y por ello “el conflicto ha de minimizarse en las épocas de transición social.”? ¿De qué manera podríamos convencer a los halcones estadounidenses de que pretendemos una “transición pacífica y armoniosa”? ¿No son los hechos tozudos? ¿Hemos olvidado el golpe militar en Chile en 1973?4 ¿Nos acordamos de los miles de desaparecidos en Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia y Argentina? ¿Necesitamos, acaso, más muestras que los miles de niños, ancianos, mujeres y hombres muertos en Irak por la decisión imperial de apoderarse del petróleo iraquí? ¿Necesitamos más muestras que los cientos de mutilados, huérfanos y personas sin vivienda dejados por los bombardeos de los aviones inteligentes y los misíles de todo tipo arrojados sobre suelo iraquí, para citar la última guerra imperial?

No debemos olvidar que para el capital financiero, en su inmensa voracidad depredadora hasta el ser humano es prescindible, o como lo dijo con aparente jocosidad un humorista: “¿Cuál es el problema, acaso la sangre no es un recurso natural renovable? En cambio, el petróleo no es renovable”. En el Informe Lugano se plantea: “...la prescindibilidad está ascendiendo por la escala social. No se trata sólo de los indios brasileños, los pobres de los Estados Unidos y otras tribus remotas. Usted, su familia, su profesión, su pequeña o mediana empresa, su comunidad, su hábitat natural empiezan a estar también en su punto de mira. Si las empresas transnacionales no responden de sus actos más que ante los propietarios del capital, si los gobiernos no pueden gravar con impuestos un dinero evanescente y móvil y ayudar a sobrevivir a los millones de personas que permanecen inmóviles, entonces hay que eliminar de alguna forma el exceso de esas personas o...” 5

 ¿De que otra manera, si no a través de la lucha, será posible enfrentar al capital financiero y sus transnacionales? Y, ¿acaso está el imperio interesado en “minimizar el conflicto” en ésta época de transición? O, ¿será acaso necesario “sentarnos a esperar” que se produzca la “transformación inevitable”? ¿No será que la mencionada tesis de “minimizar el conflicto en épocas de transición” es una forma más de desarmar los espíritus de los pueblos y permitir que el espíritu armado, bélico y belicoso del imperio actúe, arrojando bombas y misíles, NAPALM y agente naranja y hongos, con la absoluta confianza de que nada ni nadie se les resistirá? ¿No será una tesis más del tipo del “fin de la historia” y demás especies que los ideólogos imperiales propagan para adormecernos? ¿Por qué debemos renunciar a nuestra posibilidad de lucha si el contrario sí adelanta “su lucha” para aplastarnos? ¿Acaso, no es mejor morirse haciendo que esperar la muerte sentado viendo “pasar la historia”?

Ahora, cabe preguntarse, ¿cuáles son los actores que llevarán a cabo la transformación de la nueva cultura? Según se deduce: “La creciente preocupación por la ecología se refleja en los movimientos civiles que se forman en torno a los problemas sociales y ambientales; estos grupos señalan los límites del crecimiento, defienden una nueva ética ecológica y desarrollan tecnologías <<suaves>> adecuadas. En el campo político, el movimiento antinuclear está luchando en contra del resultado más temible de nuestra tecnología de macho autoafirmante y por ello probablemente se convierta en una de las fuerzas políticas más poderosas de esta década. Al mismo tiempo, se comienza a vislumbrar un cambio de valores muy significativo: se pasa de la admiración por grandes empresas e instituciones de gran envergadura a la noción de <<lo pequeño es hermoso>>, del consumo material a la simplicidad voluntaria, del crecimiento económico y tecnológico al crecimiento y evolución interior. Estos nuevos valores son difundidos por el movimiento del potencial humano, el movimiento por la salud holística y por otros movimientos místicos. Además- lo que tal vez sea más importante- el ascenso de la conciencia feminista nacida del movimiento de las mujeres está desafiando y cambiando profundamente el antiguo sistema de valores.
    Estos diferentes movimientos forman parte de lo que el historiador cultural Theodore Roszak llama la <<contracultura>>. Hasta hoy, muchos de esos grupos siguen actuando por separado y no se han dado cuenta de la interrelación existente entre sus distintas metas. Por ello carecen a menudo de una perspectiva social, mientras que a los movimientos místicos les falta una conciencia ecológica: los gurus exhiben ostentosos símbolos de su estatus social y dedican mucho tiempo a construir sus imperios económicos. Sin embargo, recientemente varios movimientos han comenzado a formar coaliciones. Como era de esperar, el movimiento ecologista y el movimiento feminista han aunado sus esfuerzos en varios temas, principalmente en el de la energía nuclear, y los grupos para la defensa del medio ambiente, las asociaciones de consumidores y los movimientos étnicos comienzan a hacer los primeros contactos. Podemos predecir que, una vez que todos hayan reconocido las metas que tienen en común, los distintos movimientos convergirán y formarán una poderosa fuerza de transformación social.
        Llamaré a esta fuerza la nueva cultura (...)  Desde esta amplia perspectiva histórica se deduce que las culturas van y vienen en ciclos rítmicos y que la preservación de las culturas tradicionales no siempre es el objetivo más deseable. Para minimizar la dureza del cambio inevitable es preciso ver con claridad las condiciones cambiantes y transformar nuestras vidas y nuestras instituciones sociales de acuerdo con el. (...).” Pág 49-50-51.

De lo anterior podríamos deducir que en los momentos actuales se conformó una nueva vanguardia, la de los movimientos ecologistas, feministas, étnicos, místicos y de género. ¿Qué hay del obrero que a diario está padeciendo y enfrentando las políticas imperiales? ¿Qué papel juega el campesinado en la lucha por la tierra y en la defensa de la productividad local contra la productividad imperial subsidiada? ¿Cuál será el rol de los otros sectores de la clase media, cada día más paupérrima, precisamente por la voracidad de los centros de poder? ¿Acaso las clases sociales anteriormente descritas, o los partidos políticos, las organizaciones gremiales y sindicales no han desarrollado desde su nacimiento una lucha contra la “cultura” dominante importada? ¿No han planteado estos grupos y clases sociales el peligro que vive el planeta por la carrera armamentista de los países desarrollados desde hace ya más de cuarenta años? ¿Y las clases sociales? ¿Será que ahora ya no hay clases sociales? ¿Qué desaparecieron con el derrumbamiento de los países socialistas de Europa del Este y de la Unión Soviética? O, ¿acaso desaparecieron con la Globalización? Además, tal postura no es excluyente? También cabe preguntarse: ¿ De qué manera, en aras de minimizar la dureza del cambio inevitable, debemos transformar nuestras vidas e instituciones sociales?  Creo necesario clarificar este planteamiento y hacerlo objeto de diálogo y discusión.

Es fundamental recordar aquí que “el nuevo capitalismo ni siquiera quiere llamarse así y escoge presentarse como economía de mercado dentro de una operación de desdramatización lingüística que ya ha afectado a casi todo el lenguaje crítico convencional a lo largo del siglo XX: burguesía, proletariado, capitalismo, imperialismo, clases sociales, lucha de clases son palabras cargadas de gravedad y memoria histórica y por lo tanto suenan a ruidos dentro del canal de comunicación dominante.” (Informe Lugano, Susan George. Pág 8)5. Estas palabras suenan a subversión trasnochada. Nos han penetrado culturalmente de tal manera que hasta el significado de las palabras han querido quitarnos. Y nuestros nombres, nuestra identidad. Al influjo de las compañías trasnacionales que explotan el carbón en El Cerrejón en la Guajira colombiana, los indígenas ya no bautizan a sus hijos con los nombres tradicionales, sino que los nombran Morrison, Kanudsen, Anthony, Peter, incluso hubo uno que le colocó el nombre de Motoniveladora González, pensando que era un nombre adecuado para su hijo.

( Soy hombre, he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan y casa...

Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas. 2 )

Debemos estar claros que es a través de la lucha ( o de nuestro “accionar”) como enfrentaremos los dictados del capital financiero y las transnacionales que dominan el mundo y daremos paso a la “nueva cultura”. Que esa lucha sea pacífica o violenta, que sea sangrienta o no, que sea armada o desarmada, que sea legal o ilegal, dependerá de las condiciones y la historia de cada país, región o continente, y también, lógicamente, de los métodos de lucha que desarrollen los defensores imperiales (del Sistema). Esta lucha es significativa y va tomando connotaciones importantes en Latinoamérica. Miremos la sublevación de los argentinos ante su depauperización, precisamente por aplicar al pie de la letra los dictados del FMI y el Banco Mundial; la elección de Lula y la lucha de los campesinos por la tierra encabezados por el Movimiento de los Sin Tierra, en Brasil; las movilizaciones de los indígenas en Ecuador y Bolivia; la insurgencia armada en Colombia y la resistencia heroica y suicida de los sectores populares “legales” pese a los asesinatos, desapariciones, matanzas y torturas del Terrorismo de Estado allí aplicado; la conformación de un poder popular de democracia participativa que enfrenta las imposiciones del FMI en Venezuela y las tentativas de desestabilización de los corifeos del imperio y del imperio mismo 4; la lucha del pueblo costarricense contra la privatización de empresas estatales; la irrupción de la lucha indígena y los zapatistas en el Sur de México.

Evidentemente, las guerras son algo bárbaro y feroz. Precisamente por ese carácter debemos estudiar cada guerra en particular, sus peculiaridades históricas, los fines que la originan y quiénes la desarrollan. De este análisis debería resultar una postura ante esa guerra. Una declaratoria y un accionar. El capitalismo, o economía de mercado, o neoliberalismo, o globalización, es profundamente reaccionario y recurre a la fuerza para imponer sus designios y apoderarse de los recursos de todo el mundo, sin importarle cuántos “desechables” mueran como efecto del “daño colateral”. A la humanidad no le queda más camino que adelantar su accionar contra la lucha armada de las “grandes potencias” contra el mundo, por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante sus transnacionales y la opresión de las grandes mayorías de “perdedores”, “prescindibles”, “inmóviles” o como quieran llamarlos los ideólogos imperiales, para asegurar la rentabilidad del capital financiero. O luchas..., o pereces... Parece ser la disyuntiva. Y ya hay movilizaciones en todo el Mundo, de estudiantes, campesinos, obreros, mujeres, desplazados, partidos políticos, pacifistas, ecologistas, movimientos sociales, ONG`s, contra la Guerra contra Irak, Por la Paz Mundial. Porque, consideramos, la lucha contra la guerra imperial, es la lucha por la vida de los seres humanos y por la vida del planeta mismo.

( Yo no quiero un cuchillo en manos de la patria.
ni un cuchillo ni un rifle para nadie:
la tierra es para todos,
como el aire.

Me gustaría tener manos enormes,
violentas y salvajes,
para arrancar fronteras una a una
y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra
como se tiene traje:
que todos tengan tierra
como tienen el aire.

Cogería las guerras de la punta
y no dejaría una en el paisaje
y abriría la tierra para todos
como si fuera el aire...

Que el aire no es de nadie, nadie, nadie...
Y todos tienen su parcela de aire. 2 )








Volver a la guerra, otra exclusión


Por culpa de la imposición politiquera del presidente JM Santos del Plebiscito, por tratar de vencer a su amigo-enemigo politiquero Uribe Vélez, o por tratar de satisfacer su megalomanía, el país está sumido en la incertidumbre, el salto al vacío, o lo que es lo mismo, en el limbo de la Patria Boba.

Desde luego que también es parte de culpa de los fanáticos que votaron el No y también de los que no entendieron el momento crucial que vivía Colombia y se quedaron en casa por comodidad o porque el discurso gubernamental no los conmovió. Esto hay que señalarlo claramente.

Nuevamente el país ”político” no lee al país ”nacional”. Se excluyen a las grandes mayorías y se defiende el statu quo, base del caudillismo, personalismo y megalomanía de la élite que dirige el país a quienes les importa un bledo lo que opine el país “nacional” porque éste no se moviliza en defensa de sus más sentidas reivindicaciones.

Colombia pareciera que va para atrás. Ya lo dicen algunos analistas. Vivimos en el medioevo. E iremos más para trás si dejamos que Uribe Vélez y JM Santos tracen la senda a seguir en la vida nacional.

Las fuerzas sociales y políticas que propenden por hacer avanzar al país para salir de esa época oscurantista son excluídos de la vida nacional. Las FARC-EP, las víctimas, las organizaciones sociales, todos han sido excluídos por decisión del país ”politiquero” y, también hay que decirlo, por la indolencia de las mayorías que creen que la Paz es maná que baja del cielo.

No. La Paz hay que construirla y para ello hay que lucharla contra los sectores que quieren echar al país a la época de las cavernas. Es imprescindible movilizarse para defender el Acuerdo Final, acuerdo catalogado por la Comunidad Internacional como modelo para futuras negociaciones de paz en el mundo.

Ver: El acuerdo es inmodificable para el derecho internacional: Enrique Santiago

Hay que organizarse, leer y analizar lo leído, hay que oír y discernir lo que se oye, y movilizarse, movilizarse, movilizarse, para sacudir el moho que impide el movimiento. La ausencia de movimiento es la muerte en vida. La vida es la lucha por hacer realidad nuestros más caros anhelos.

Aún tenemos un casi un mes para darle el timonazo que requiere la Paz en Colombia. Defendamos el Acuerdo Final de las multiples maneras que sabe el pueblo. Atesoremos las opiniones de reconocidos juristas internacionales que conceptúan que un Acuerdo Especial como el Acuerdo Final está acordado, firmado y entregado en custodia a Suiza.

Nada puede cambiar ese Acuerdo Final, a no ser que querramos quedar como un paria a nivel internacional y ante los ojos del mundo como un país carente de toda seriedad, que manejan al país como un circo.  


El futuro está en nuestras manos si defendemos con la movilización lo más Preciado y ansiado por los colombianos, la Paz.

Marcha por la Paz hoy en Bogotá. Otras movilizaciones

¡Todos y todas a las calles este miércoles! Somos más quienes anhelamos la paz y defendemos la vida

“Se acabó la guerra en Colombia, ojalá que nunca vuelva”, por Enrique Santiago


LA HABANA – La firma de los acuerdos sobre “Cese bilateral  y definitivo del fuego y de hostilidades”, “Dejación de armas” y “Garantías de seguridad y desmantelamiento del paramilitarismo” suscritos el jueves 23 de junio en La Habana, suponen el fin de la guerra que desde hace más de 52 años ha enfrentado en Colombia a la guerrilla campesina de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC–EP) y al Estado colombiano.
Tras tres intentos de paz fallidos, en 1984, 1992 y 1998, el actual proceso de conversaciones de paz iniciado en Oslo y en La Habana en noviembre de 2012 se acerca a su fin y al inicio del llamado “post conflicto”, sin duda más difícil aún que las conversaciones de paz, fase que consiste en la reincorporación a la vida civil de los antiguos combatientes guerrilleros y en la implementación de los distintos acuerdos parciales alcanzados para acabar con las causas estructurales de esta cruenta y prolongada guerra que ha provocado más de 250.000 muertos, medio millón de exiliados  y 7 millones de desplazados internos.
A pesar del discurso abonado por los enemigos de la paz, el actual proceso de conversaciones  ha avanzado rápidamente, habiendo sido el segundo proceso de paz más corto en el tiempo de los habidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El proceso de paz de El Salvador duró 10 años, 11 años el de Guatemala, más de 10 años el de Irlanda del Norte, 14 años el de Angola, y así podríamos seguir con los procesos de Sudáfrica, Burundi, Tayikistán, Sierra Leona… Todos ellos duraron en torno a los 10 años.  Únicamente el proceso de paz de Nepal ha durado algo menos que el actual proceso de paz en Colombia, 4 años exactos. Sin duda no es lo más importante la duración de un proceso de paz sino que este llegue a buen término, pero desgraciadamente la Mesa de Conversaciones de La Habana ha trabajado desde hace más de dos años con la espada de Damocles del tiempo pendiendo sobre sus cabezas, falaz argumento esgrimido por los distintos sectores económicos y políticos que pierden su razón de ser, o sus beneficios, con la llegada de la paz, argumento que el Gobierno de Colombia –siempre pendiente de las encuestas de opinión política– ha utilizado en más de una ocasión para presionar a su contraparte en la mesa de conversaciones.  Pero hoy estamos de enhorabuena, porque la firma del Acuerdo Final de paz es algo ya cercano –quizás un mes, dos como mucho– y sobre todo es irreversible.
Esto no significa que los problemas en Colombia, las desigualdades entre el campo y la ciudad, entre los más ricos y los más pobres, entre las mujeres y los hombres, entre los criollos y los indígenas o los afro descendientes –es el país más desigual de América Latina y uno de los más desiguales del mundo, según el coeficiente de Gini–, desigualdades que ocasionaron este último  conflicto armado y los muchos que lo precedieron, vayan a desaparecer por la firma del Acuerdo de Paz. En Colombia el 53% de la tierra aprovechable está en manos de 2.300 personas y el 58% de los depósitos bancarios en manos de 2.681 clientes.
El post conflicto será una intensa batalla contra esas desigualdades y del éxito de la implementación de los acuerdos parciales alcanzados, dependerá que Colombia entre irreversiblemente en la senda de la paz, la consolidación democrática  y el progreso o que este acuerdo pase a la historia como uno más de las decenas de acuerdos de paz fallidos para poner fin a conflictos internos que, de forma sucesiva, ha habido en Colombia desde su independencia del dominio español el 7 de agosto de 1819. La principal responsabilidad  recaerá en los poderes públicos y las instituciones colombianas, quienes con el apoyo de la comunidad internacional –un apoyo ojalá que irrestricto– deberá garantizar la implementación de los acuerdos, eludiendo la maldición que ha asolado a la inmensa mayoría de los procesos de paz habidos en el mundo en los últimos sesenta años, en los cuales el cumplimiento de las medidas de desarrollo social y económicos plasmados en los acuerdos finales ha sido más que deficiente, como acreditan la mayoría de las evaluaciones de cada uno de esos procesos de paz realizadas a fecha de hoy.
Desde noviembre de 2012 en La Habana se han alcanzado acuerdos sobre “Reforma Rural Integral” –el abandono por el Estado del campo y de los pequeños campesinos  y la negación del derecho de propiedad de la tierra a estos, es el origen del actual conflicto armado–; “Participación Política” –en Colombia los partidos tradicionales, el llamado “establecimiento”, ha acostumbrado a exterminar físicamente a cualquier alternativa política organizada que amenazara la continuidad de la alternancia entre liberales y conservadores–; “Sustitución de cultivos de uso ilícito” –los cultivos ilícitos han sido en la practica el único medio que para sobrevivir han tenido los pequeños campesinos y las comunidades rurales, los únicos productos que podían comercializar–; “Descontaminación de Restos Explosivos de Guerra, Municiones sin explotar y minas antipersonas” –Colombia es uno de los países del mundo más contaminado por estos explosivos, obviamente en las zonas rurales–;  “Victimas. Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No repetición” –el único acuerdo sobre justicia transicional alcanzado en un mesa de conversaciones que respeta estrictamente los contenidos del derecho internacional en vigor y que supone el sometimiento de ambas partes a una justicia especial para la paz–; “Búsqueda de personas desaparecidas” –según datos oficiales, en Colombia existen más de 50.000 desaparecidos por motivos relacionados con el conflicto interno, solamente desde los años 80 hasta hoy–; y ahora los acuerdos sobre  “Cese bilateral  y definitivo del fuego y de hostilidades”, “Dejación de armas” y “Garantías de seguridad y desmantelamiento del paramilitarismo” .
Este último acuerdo sobre desmantelamiento del paramilitarismo es de una especial importancia. El fenómeno de los ejércitos privados en Colombia, habitualmente creados y al servicio de los terratenientes y ganaderos, los denominados “paramilitares”, hace tiempo que escapó del control del Estado, a pesar de haber sido utilizados en especial por la Fuerza Publica en su combate contra las distintas insurgencias guerrilleras. Según los datos de la “Unidad de victimas” del Ministerio de Interior de Colombia, entre 1980 y 2012 se produjeron 1.166 masacres ejecutadas por grupos paramilitares, 1 cada 10 días. En muchos casos las masacres duraban días, hasta semanas, y se producían en la cercanía de bases militares. En ninguna de esa masacres la Fuerza Pública llego a intervenir, ya fuera para impedirlas o para detenerlas, nunca hubo enfrentamientos entre Ejército y paramilitares.  Hoy día, las denominadas “bandas criminales” u “organizaciones sucesoras del paramilitarismo” controlan en monopolio las rutas de exportación de cocaína a Europa y a los Estados Unidos, así como innumerables fenómenos de delincuencia organizada común. Tras el proceso de paz de Casa Verde, iniciado en 1984 entre las FARC EP y el Gobierno de Belisario Betancur, grupos paramilitares en connivencia con agentes del Estado asesinaron a más de 5.000 militantes de la Unión Patriótica, la fuerza política de izquierdas nacida en el seno de dicho proceso de paz. Ese riesgo, muy cierto hoy día, es el que el Gobierno colombiano, con el apoyo de toda la comunidad internacional, debe conjurar, dando un combate frontal hasta el desmantelamiento total de los ejércitos privados, objetivo alcanzable con la estricta implementación del acuerdo alcanzado en la Mesa de Conversaciones sobre “Garantías de Seguridad”, garantías no solamente para los guerrilleros que van a dejar las armas, sino necesariamente extensivas a las comunidades campesinas, fuerzas políticas, grupos étnicos, defensores de derechos humanos, sindicalistas, periodistas, y tantos otros y otras ciudadanos colombianos en permanente amenaza o riesgo a su integridad por trabajar por un país más justo y equitativo.
La Unión Europea ha venido acompañando este proceso en los últimos años, de forma activa en los últimos meses. El Enviado Especial de la UE para el proceso de paz, el ex ministro irlandés Sr. Eamon Gilmore, ha acudido a La Habana en varias ocasiones, reuniéndose con ambas partes y ofreciendo ayuda económica para la construcción de la paz, si bien se trata de una ayuda aún insuficiente: el apoyo financiero de la UE será distribuido en tres etapas,  la primera pondrá a disposición recursos inmediatos para atender 24 requerimientos que ya fueron acordados con el ministro para el post conflicto, Rafael Pardo. La segunda etapa girará en torno al denominado Fondo Fiduciario de la Unión Europea, que actualmente alcanza la muy limitada cifra de 90 millones de euros, y su uso principal será apoyo al desarrollo rural. La última fase será la financiación de proyectos de infraestructura para el post conflicto, a través del desembolso de créditos hasta por 400 millones de euros que saldrán de la Banca de Inversión Europea. Créditos reembolsables, es decir, no se trata estrictamente de cooperación. Habremos de estar atentos a las condiciones de reembolso que se impondrán a dichos créditos para que realmente ayuden y no lleguen a dificultar la construcción de la paz.
Alemania ha sido el país de la UE que más activo se ha mostrado en el apoyo al proceso de paz en Colombia, con la designación hace más de un año del Diputado Tom Koenigs como Comisionado del Ministro de Relaciones Exteriores para el proceso de paz, mientras que el Banco de Crédito para la Reconstrucción y el Desarrollo, entidad pública alemana, ha comprometido a fecha de hoy 75 millones de euros para el post conflicto  y la construcción  de paz.
El enviado especial Koenigs se ha mostrado especialmente comprometido con la paz, ayudando a la buena marcha del proceso con pronunciamientos sobre los problemas concretos que enfrenta el post conflicto: “Los sucesores del paramilitarismo contradicen claramente a todos los protagonistas (guerrilla, gobierno, sociedad civil, víctimas, etc.) y contenidos (reforma agraria, reparación a víctimas, devolución de tierras, fin del narcotráfico, justicia, no repetición, etc.) de los acuerdos de paz, y son una grave amenaza para su realización” o “Resulta sorprendente que las víctimas de todas las partes y sus asociaciones correspondientes, con unas pocas excepciones, apoyan el acuerdo (de Justicia Transicional y Victimas) y están dispuestas a adjudicar una mayor importancia a los elementos de verdad, reparación y no repetición que a la severidad de las penas judiciales, mientras que los políticos de la derecha quieren ver restablecida la dignidad de las víctimas únicamente por penas de prisión” (2º Informe al Bundestag de T. Koenigs, 30 abril 2016).
En comparación, la diplomacia española, dependiente de su trabajo en América Latina para mantener su peso específico en el panorama diplomático internacional, ha estado ausente de este proceso de conversaciones, especialmente si se compara con su activa participación en los tres anteriores procesos de paz, fallidos, habidos entre las FARC EP y el Gobierno de Colombia. Este desentendimiento probablemente tiene que ver con el papel muy activo que la diplomacia española –tanto en los gobiernos de Aznar, de Rodríguez Zapatero como en el de Mariano Rajoy– desempeñó en el apoyo a la llamada “doctrina de la seguridad democrática” en Colombia, implementada por el Presidente Álvaro Uribe entre los años 2002 y 2010, y que lejos de acabar militarmente con la guerrilla –como se proponía– provocó pavorosas situaciones de violaciones a los derechos humanos, como los llamados “falsos positivos” –más de 4.000 ejecuciones extrajudiciales de jóvenes colombianos desempleados o marginales a los que el Ejército hacía pasar por guerrilleros abatidos en combate con el fin de mostrar resultados–  o las denominadas “chuzadas del DAS”,  espionaje a defensores de derechos humanos, jueces, políticos opositores y periodistas, que acabó con la disolución del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) –servicio de inteligencia dependiente directamente de la Presidencia de la República–  y el procesamiento de la mitad de su plantilla, tras ser calificado por los tribunales colombianos como una “organización criminal”.
El proceso de paz está llegando a buen término gracias al acompañamiento internacional, especialmente de los países de la América Latina que han visto en la paz de Colombia la paz de todo el continente. Junto al activo papel desempeñado como país garante por Noruega –sin duda la diplomacia con mayor especialización y eficacia en procesos de paz de cuantas existen hoy día–, Cuba  ha sido el otro país garante, que además de poner a disposición su territorio y las debidas condiciones de seguridad para que avanzara el proceso, ha sabido garantizar el apoyo político de la región al proceso, a la vez que –conjuntamente con Noruega– ha desplegado un imprescindible pragmatismo diplomático que ha permitido sortear los muchos desencuentros que entre las partes ha habido durante las conversaciones. El papel de países acompañantes desempeñado por Venezuela y Chile han ayudado a destrabar problemas y a sumar más apoyos a la causa de la paz. Finalmente, a partir de enero de 2015 la Administración estadounidense del Presidente Obama, con la designación del diplomático Sr. Bernard Aronson como enviado especial para el proceso de paz, también ha desempeñado un papel constructivo en las conversaciones, quizás no todo lo comprometido que pudiera haber sido a la vista de la influencia internacional de los EEUU, pero sin duda un apoyo a la paz en Colombia que nunca antes de forma tan explícita comprometió una administración estadounidense. La reunión celebrada el pasado mes de marzo entre el Secretario de Estado Sr. Kerry y la comandancia de las FARC EP en La Habana, supuso un evidente reconocimiento político a esta organización guerrillera, a pesar de que, inexplicablemente, aún sigue incluida en las arbitrarias listas de organizaciones “terroristas” de la Unión Europea, del Reino Unido y de los propios Estados Unidos.
Aún quedan acuerdos imprescindibles de alcanzar para la firma del Acuerdo Final de Paz. Los más importantes, los relacionados con la reincorporación de los antiguos combatientes a la vida civil, las zonas donde se producirá dicha reincorporación, la imprescindible y urgente  amnistía –prevista expresamente en las Convenciones de Ginebra a la finalización de un conflicto armado interno–, las necesarias Garantías de No repetición –revisión de la doctrina de seguridad y militar de Colombia y su adaptación a una sociedad en paz donde la población civil nunca más sea considerada un enemigo– y la puesta en marcha de la Jurisdicción Especial para la Paz, entre otras cuestiones de índole menor. Pero la firma este jueves en La Habana de los tres acuerdos que de facto ponen fin a la guerra, es la mejor garantía para alcanzar los acuerdos parciales restantes, de forma irreversible, en unas pocas semanas.
A partir de la firma del Acuerdo Final de Paz, será la comunidad internacional la que deba coger el relevo de la Mesa de Conversaciones de La Habana. Sin un acompañamiento firme e imparcial de la comunidad internacional, en especial de los países de América Latina y el Caribe y de las Naciones Unidas, será muy difícil verificar el cumplimiento de los acuerdos y acabar con las causas del conflicto. Es imprescindible garantizar un periodo de post acuerdo eficaz, donde la implementación de lo firmado sea una realidad y no se defrauden las expectativas de los colombianos y colombianas, en especial de aquellos que han vivido en primera persona la guerra, generación tras generación, en las zonas rurales del país. Una Colombia en paz abrirá la puerta a la solución de varios problemas mundiales, entre ellos el los cultivos susceptibles de unos ilícito y el narcotráfico o el desplazamiento de población. Colombia es un país dotado de inmensas potencialidades, sin duda la más importante reside en las personas que habitan en él, gente trabajadora y cordial, culta y emprendedora, con una envidiable formación académica y científica. El compromiso  de la comunidad internacional con esta paz que viene, tan difícil y generosamente construida entre todas, se verá cumplido cuando portar un pasaporte colombiano sea definitivamente motivo de orgullo y dignidad, nunca más un estigma.
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** Abogado. Asesor jurídico de la Mesa de Conversaciones de La Habana. Hasta noviembre de 2006 secretario general de la CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). Actualmente es miembro de la dirección federal de Izquierda Unida.
 

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