Headlines News :
Con tecnología de Blogger.

Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

Colombia: Falsa Democracia

Colombia: Falsa Democracia
Falsa democracia

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

Hey loco, No dispares!

Vamos a Cuentiarnos la Paz

LOS RICOS NO VAN A LA GUERRA

Blog ESTADÍSTICAS

BLOG DESTACADO

Mostrando las entradas con la etiqueta firma Acuerdo Cartagena. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta firma Acuerdo Cartagena. Mostrar todas las entradas

Ganar la guerra cuando se firma la paz?

Allende La Paz, Cambio Total.

No habíamos querido referirnos al torpe episodio del sobrevuelo de los aviones cuando el comandante Timoleón Jiménez, Timochenko, terminaba su intervención en el acto de Firma del Acuerdo Final en Cartagena el 26 de spetiembre 2016.

Conocida la posición de Timochenko, daremos algunas puntadas de análisis.

Queremos señalar que es costumbre de la oligarquía empotrada en el poder y de los militares querer ganar mediante actos mediáticos la guerra ya que no la han podido ganar en el campo de batalla.

Así fue durante 52 años y para ello utilizaron –y utilizan- a los medios de comunicación de su propiedad.

A Marulanda Vélez lo mataron múltiples veces. Así lo publicaban los medios oligárquicos y Marulanda, como el Ave Fénix, les revivía en una toma o una emboscada. Y contra él lanzaron innumerables planes de Guerra. Y no pudieron derrotarlo.

Así fue el episodio de los tres kafir. Innecesario ya que las FARC habían firmado el Acuerdo Final hacía varios días en La Habana. Ridículo porque así sabemos que ciertos miembros de la FAC están en contra del proceso. Pelada de cobre porque están dando a conocer que no obedecen al presidente de la República, su comandante supremo (a menos que todo haya sido preparado con él).

Con ese episodio la FAC le dió al mundo la explicación de por qué Manuel Marulanda no asistió al acto de Inauguración de los Diálogos en el Caguán. Laas informaciones de las FARC-EP era que habría un atentado contra él en ese acto y si tocaba matar al presidente, pues sencillamente lo asesinaban. El ataque podría ser por aire, reforzado por tierra para asesinar la mayor cantidad de personas civiles y  de guerrilleros, a los cuales acusarían de la muerte de los primeros.

Desde luego que lo que han mostrado los responsables del episodio kafir es que están supurando por la herida porque en 52 años no pudieron doblegar la cerviz de los guerrilleros, es decir, su Resistencia.

Recordemos que desde el inicio del ataque de Marquetalia, la FAC jugó un papel de primera línea, mas como les demostró Marulanda que a pesar de contar con mejor y más avanzado armamento y recursos técnicos en la época no pudieron ni matarlo, ni localizarlo, y por el contrario Marulanda se les escabulló.

El torpe episodio podría considerarse, como lo fue, como un acto de provocación y soberbia contra las FARC-EP y un mensaje de que ellos, la FAC y/o los militares, que cuentan con la última tecnología en armas, pueden hacer lo que les dé la gana en Colombia. Y no solamente contra las FARC-EP. También le estaban enviando un mensaje a los generales que participaron en la Mesa de La Habana y quizá al propio poder civil.

Las FARC-EP demostró que el Plan Colombia, en sus versiones Colombia, Patriota y Consolidación no solo fue contenido, sino derrotado. En ese plan invirtieron 10.000 millones de dólares y ni así pudieron derrotar a las FARC-EP.

La FAC demostró que a las FARC-EP no la han vencido porque ellos mismos se encargaron de demostrarlo con el torpe y airado paso del kafir que quiso mostrarse como que habían ganado la guerra, acto totalmente innecesario ya que la Paz, el Acuerdo Final, ya había sido firmado en La Habana. Maniobra extemporánea y ridícula.

Triste drama de papel armaron los medios en poder del Bloque Dominante de Poder que salieron a decir que con esa maniobra se corroboraba que las FARC-EP estaban vencidas, y les sucedió igual que en el Ataque a Marquetalia. Quedaron viendo un chispero.

El comandante Timochenko se tomó hasta con humor el episodio al decir que “vinieron a saludar a la Paz, no a descargar bombas…”, ya que con seguridad episodios como ese había vivido en su vida guerrillera y ya estaba curtido.


Lamentaríamos que ese episodio sea el adelanto de lo que le tienen preparado los militares a las FARC, la venganza por tantas y tantas derrotas y ahora que los futuros ex-guerrilleros estén desarmados sean asesinados como es la constante en la historia de Colombia.

La firma del Acuerdo Final, el avión de Santos y el abrazo de la niña


La soledad de quienes adversan el Acuerdo Final de La Habana quedó de manifiesto. Sus caras largas, sus marchas mendicantes en busca de apoyo inspiraban lástima.

Y se firmó el Acuerdo Final de La Habana, esta vez en serio, sin posibilidad de que alguna de las partes se eche para atrás. Es definitivo, y, por encima de los opositores de todos los calibres, ya nada puede detener los efectos de lo acordado. La lucha armada de las FARC ha terminado, en adelante nuestra única arma será la palabra, sentenció con energía Timo. Y así será.


La única aspiración nostálgica de que se pueda revertir lo firmado consiste en un triunfo del No el 2 de octubre. Pero es evidente que el triunfo del Sí será arrollador. Colombia no tiene vocación suicida, sólo un desquiciado podría pretender que las grandes mayorías del país desprecien semejante oportunidad histórica. La guerra no va más, el entusiasmo generalizado lo confirma.


Fue lo que se respiró en todos los rincones de la patria la tarde del 26 de septiembre. La soledad de quienes adversan el Acuerdo Final de La Habana quedó de manifiesto. Sus caras largas, sus marchas mendicantes en busca de apoyo inspiraban lástima. Nunca antes en la historia de Colombia la voluntad abrumadora de su pueblo dejó tan aislado a alguien.


Lo palpamos allí, sentados en la novena y décima hileras del público invitado por la Presidencia, un lugar a todas luces inadecuado para la delegación de las FARC, adonde nos fue señalado ubicarnos por los organizadores del evento. Detalle revelador acerca del trato de tercera que el gobierno quiso conferir a las FARC la tarde de la solemne firma. Lo tuvimos claro.


Siempre hemos sabido de qué manera nos mira el Establecimiento, pese a su aparente cordialidad. Sabemos muy bien que nuestra importancia no deriva en ningún caso de la posición en que quieran ubicarnos. Desde que Timo leyó el título de su discurso, la aclamación general del público bastó a nuestros anfitriones para saber quiénes eran las verdaderas figuras.


Me atrevo a asegurar que nadie en este país comprendió tan bien el significado del acto que se cumplía la tarde del 26 en Cartagena, como las guerrilleras y guerrilleros presentes. Lo sé por lo que pasaba por mi mente. Una infinidad de pensamientos y sentimientos encontrados. Para eso era que habían quedado los mejores treinta años de mi vida en las montañas.


Se lo habíamos oído decir tantas veces a Jacobo Arenas, Manuel Marulanda, Alfonso Cano y demás gigantes de nuestra lucha. La solución política al grave conflicto que padece el país fue siempre una de las banderas fundamentales de las FARC. Ahora estaba ante nuestros ojos, que seguían viendo, a diferencia de tantas y tantos que murieron para que esto fuera posible.


Recordé el día en que ingresé a las FARC. El abrazo que di a mi esposa, a quien engañé pretextando un viaje de trabajo, sintiendo que quizás no volveríamos a vernos más. La forma en que abracé a mi niña de año y medio de nacida, y la tristeza que vi en sus ojos capaces de leer que algo trágico se avecinaba. La perplejidad y el dolor que causé a mamá y al resto de mi familia.


Mis primeros pasos en la noche en la Sierra Nevada de Santa Marta, y a Mario, el mando de la compañía en que fui acogido arriba de Mariangola, en el Cesar, quien me enseñó pacientemente cómo se debía marchar cuando los ojos no veían absolutamente nada. Le oí decir una vez que el Ejército no lo mataría nunca, era un viejo lobo guerrillero y sabía bien de lo que era capaz.


Años después me enteré de su caída en una emboscada. Nadie tuvo en filas jamás garantizada su sobrevivencia en medio de la guerra. Los que presenciábamos el acto, vestidos por primera vez en forma elegantísima, los que lo estaban viendo en el Yarí en pantalla gigante, o en todo el país por la televisión, éramos privilegiados que ganamos quizás por qué la apuesta a la muerte.


Sabía que algo extraordinario, un acontecimiento trascendental de repercusiones inimaginables, se estaba desarrollando ante mis ojos. El escenario, con todo y la pompa que quisieron imprimirle, me pareció más del viejo país que comenzaba su agonía. La tarima en que se instaló y clausuró la Décima Conferencia en el Yarí, siendo de las FARC, lo superaba en todo.


De eso puede dar fe la marejada de prensa internacional y nacional que acudió en masa hasta el lejano paraje a las puertas de la selva. Algo, como una bocanada de viento fresco, estaba emergiendo en la política nacional con la potencialidad de transformarlo todo. Habían pretendido impedirlo con 52 años de guerra despiadada. Pero ahora estaba allí, en Cartagena, ante todos.


Reconocido y aplaudido por la comunidad internacional. Conducido por un espectacular montaje de seguridad de la Policía Nacional, cuyos integrantes no pudieron mostrarse más amables y atentos con nosotros. Antes de comenzar el acto, el Presidente Santos ingresó a la sala donde esperábamos y a uno tras otro y otra nos estrechó la mano sonriente. Otra Colombia nacía.


Quizás la palabra que más escuchábamos era bienvenidos. Recuerdo las conversaciones que oí a la gente sentada en la hilera trasera a la nuestra. Mírenlos, son como nosotros, decentes, tratables, nada de lo que nos decían. Alguno exclamaba con asombro, oyendo hablar a nuestro comandante en jefe, escuchen, se expresa como un político, con qué propiedad habla.


Era obvio que se trataba de simpatizantes del gobierno, que acudían como invitados a ejercer de comité de aplausos. Fueron los más aterrados con el paso rasante del Kafir. Una estupidez que dice del magro humor de los asesores que recomendaron incluir ese detalle intimidante, en medio de tal contexto, de niños que cantaban a la paz y con tanto personaje extranjero importante.


Vi en sus rostros el miedo, la tez palpitante de terror en algunas mujeres, mientras preguntaban temblorosas si esos aviones sonaban siempre así. Dijimos sonrientes que sí, y que cuando dejaban caer las bombas eran más ruidosos aún. Un coro de voces emocionadas nos felicitó entonces por nuestra decisión de salir de la selva y de la guerra. Sus ojos delataban la admiración que sentían.


Pastor había hecho la observación de que el día anterior había habido maniobras de aviones de guerra sobre la ciudad. Pensamos que hacían parte del despliegue de seguridad, cuando en realidad era el ensayo de lo que hicieron. En el momento pensé en una traición de última hora, lo vivimos tantas veces, pero me incliné porque debía tratarse de una torpe exhibición.


Muy propia del viejo país del que hablo. La niña que dejé en casa corrió a Cartagena en cuanto supo de mi presencia. Se consiguió el permiso para entrevistarnos. Y abracé entonces esa hermosa mujer, madre de  la nietita que en sus fotos se parece a ella cuando la dejé. Me proporcionó la dicha esquiva de ver a mi hija planchándome con infinito amor el traje que luciría en el acto.


Tantos años de felicidad perdida se erguían ante mí con asombrosa novedad. Te quiero mucho, papá, me repitió muchas veces. Al despedirse me rogó entre lágrimas cuidarme para que no fueran a matarme. No quería perderme ahora. Le aseguré que eso no sucedería. Un nuevo país nacía ante nuestros ojos. Lo habíamos conquistado con tantos años de dolor y angustias.



Cartagena de Indias, 27 de septiembre de 2016.

Acerca de los aviones Kfir en la ceremonia del 26 de septiembre firma del Acuerdo Final - por Timoleón Jiménez

Como la muerte de nuestro Comandante Alfonso Cano, en medio de los primeros intercambios que condujeron al final exitoso de este proceso, se trata de una más de las tantas provocaciones que tuvimos que enfrentar, con la mayor serenidad y sindéresis, a lo largo de estos años y hasta el último momento.

Por Timoleón Jiménez 

Ya se ha difundido y comentado de manera amplia, la desafortunada presencia de los aviones Kafir el día de la firma del Acuerdo Final de La Habana. Son muchos los que se preguntan a qué obedeció el paso amenazante de los aviones de guerra sobre el escenario en el que estaba terminando su discurso el comandante de las FARC-EP.
En general podríamos concluir que se presentó un consenso en torno al rechazo al hecho. Inoportuno, impertinente, e incluso altamente peligroso. Estaban presentes, entre otras personalidades, el Secretario General de la ONU, el Secretario de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, quince Presidentes en ejercicio y sigan añadiendo ex Presidentes y demás.
Se comenta incluso de posibles reclamos diplomáticos contra el gobierno de Colombia. Eventos de esa naturaleza son supremamente serios, solemnes de tal altura, que una broma de tan pésimo gusto no admite ni siquiera ser pensada. Hubo periodistas extranjeros que alcanzaron a exclamar atónitos golpe de Estado. Y muchas mentes por las que cruzó la idea de una sucia traición.
¿Por qué el Presidente Santos dio el visto bueno a semejante esperpento, en medio del acto oficial que sellaba tras cincuenta y dos años de guerra el fin del conflicto armado? ¿A pocos minutos de que el coro de niños y adultos diera rienda suelta a la portentosa interpretación del Himno de la Alegría, y de que él mismo clamara por no más guerra en Colombia?
No esperamos una explicación pública al respecto, quizás ni privada. Como la muerte de nuestro Comandante Alfonso Cano, en medio de los primeros intercambios que condujeron al final exitoso de este proceso, se trata de una más de las tantas provocaciones que tuvimos que enfrentar, con la mayor serenidad y sindéresis, a lo largo de estos años y hasta el último momento. 
En cambio sí quisiéramos referirnos al tratamiento que algunos comentaristas de la prensa confirieron al hecho. En particular a la nota elaborada al respecto en el diario EL TIEMPO y la que difunde el portal de las 2 orillas por la web. Las dos coinciden en que se trató de una demostración de fuerza de último momento, con la cual el Estado quiso mostrarnos su victoria final.
El tiempo no alcanza para leer todas las columnas de la gran prensa, pero basta con conocer el contenido de las reseñadas, para imaginar cuántas más se habrán elaborado y publicado en el mismo sentido. De hecho, la decisión editorial unánime de los grandes medios fue la de presentar en primer plano el rostro sorprendido de Timoshenko, para hablar de su miedo.
De su miedo al poder aéreo del Ejército de Colombia, de su miedo al ruido de los motores y de las bombas, del pánico a una muerte inesperada e instantánea. Para desde luego, abrir las puertas a la especulación consecuente. Las FARC fueron llevadas vencidas a la Mesa de Conversaciones, derrotadas a punta de bombas. ¿Hay muestra más palpable que la fotografía exhibida?
No parece fácil hallar un adjetivo más apropiado que diabólico, para calificar el modo como el asunto es abordado por los medios en mención. Estamos completamente seguros de que ninguno de los que escriben tales notas ha escuchado nunca un combate, a no ser que haya sido en una película, un documental o un video noticioso elaborado a prudente distancia.
Quien conozca el clásico video que los periodistas franceses elaboraron sobre los tiempos de Marquetalia y Riochiquito, sabe que desde entonces la aviación ha sido usada para bombardear y ametrallar campamentos, unidades guerrilleras y hasta población civil. Si ese hubiera sido el procedimiento adecuado para derrotarnos, la guerra no se hubiera prolongado por medio siglo.
Algo desprende fetidez en ese tipo de notas. Mientras EL TIEMPO resalta que gracias a las bombas perecieron Raúl Reyes, Jorge Briseño y Alfonso Cano, la nota que publica las 2 orillas se explaya en unas FARC acobardadas y temblorosas, firmando el Acuerdo Final impuesto por el gobierno nacional a manera de emplazamiento. La misma matriz de los largos años de la guerra.
No cabe responder a los autores de tales despropósitos. Al fin y al cabo se trata de simples amanuenses que expresan el resentimiento de ciertos círculos de poder absolutamente ofendidos con lo conseguido por las FARC. Sentimos que las grandes mayorías del país nos acompañan en esta victoria del pueblo colombiano, hemos ganado la paz y cómo le duele a algunos.
Debieran recordar al barón von Clausewitz, y a su fundamental texto sobre política y guerra. Esta no es otra cosa que la continuación de la primera por otros medios. Y más que la aniquilación del contendiente, la victoria consiste en imponer la voluntad propia al contrario. Si algo está perfectamente claro en los Acuerdos de La Habana, es que no hubo vencedores ni vencidos.
Las FARC vamos a continuar haciendo política, de manera abierta y legal, sin armas, llevando nuestro mensaje de renovación y cambio por todo el país. Con garantías plenas por parte del Estado. Sentimos salir de la guerra por la puerta grande, con reconocimiento oficial de la ONU, la Unión Europea, los Estados Unidos y prácticamente todos los países del mundo.
Eso no pueden negarlo ni siquiera nuestros más acérrimos detractores, más bien indignados y llorosos con las manifestaciones de felicitación y los augurios de éxito que nos brindan en bloque la comunidad internacional, el gobierno de Colombia, y sobre todo la mar de personalidades y organizaciones sociales, políticas, artísticas y culturales que aplauden el Acuerdo Final.
Alguna alteración mental de grave alcance deben padecer los inspiradores de los articulistas en mención. Eso que aplauden, el supuesto susto que los Kfir dieron a Timoshenko y los suyos el 26 en Cartagena, revela más bien lo fuera de lugar que se hallan hoy en día en Colombia y en el continente, las manifestaciones militares de la fuerza bruta y el terror.
Podríamos escribir un tratado acerca del carácter desproporcionado e inmoral de la guerra aérea contra las guerrillas. Algo que todos los presentes en el acto del 26 percibieron de inmediato. Pero no vale la pena alborotar ahora con eso. Firmamos el fin del conflicto y vamos por la reconciliación, por el perdón, por una Colombia sin odios, en paz y con justicia social. Así sea.
La Habana, 30 de septiembre de 2016.
Timoleón Jiménez, jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Santos, 'Timochenko' y el Nobel de paz

 | 2016/09/29
El sonajero de la paz se vuelve a agitar y los nombres del presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de las FARC, ‘Timochencko‘, se vuelven a oír. Aunque las nominaciones para el Premio Nobel se mantienen en secreto, este jueves el director del instituto de investigación para la paz de Oslo, Kristian Berg Harpviken, incluyó a los dos artífices del proceso de paz colombiano en su pronóstico anual. El premio "sería un factor de consolidación para un futuro pacífico y la resolución final de uno de los conflictos más arraigados", dice el comunicado. La postulación reposa al lado de la defensora de derechos humanos rusa Svetlana Gannushkina; el exanalista de la CIA Edward Snowden; Ernest Moniz, y Ali Akbar Salehi, responsables del desarme nuclear en Irán. La propuesta no es definitiva y los candidatos finales apenas se conocerán el segundo viernes de octubre.

63 Congresistas de EE. UU. apoyan acuerdos con las Farc

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Un grupo de 63 congresistas estadounidenses, entre ellos siete republicanos, enviarán este viernes una carta al presidente Juan Manuel Santos en la que lo felicitan por alcanzar “un histórico acuerdo de paz con las Farc” y se comprometen a mantener el apoyo de Washington cuando llegue la hora de implementar lo pactado.
La carta fue liderada por el congresista demócrata de origen colombiano Rubén Gallego, quien le dijo a EL TIEMPO que impulsó la iniciativa porque quiere mostrarles a los colombianos que en EE. UU. son muchos los que respaldan el acuerdo de paz y que están listos para apoyar su implementación. (Lea también: Vote 'Sí' o 'No', usted tiene derecho a estos beneficios)

“Como sabe, colombianos de todos los estratos han sufrido a lo largo de más de 50 años en una guerra que ha cobrado la vida de unas 220.000 personas.Este acuerdo –el producto de 4 años de negociaciones– ayudará a reintegrar a excombatientes a la sociedad y promueve seguridad y oportunidades económicas en zonas rurales plagadas de violencia”, escriben los legisladores, miembros todos de la Cámara de Representantes.
Los congresistas además felicitan “la persistencia” de líderes y ciudadanos colombianos que hicieron una realidad el acuerdo, al que califican como un hito histórico. “Su progreso no es solo un indicador del compromiso de su Gobierno con la paz, sino de la increíble capacidad del pueblo colombiano para perdonar y sanar”, afirman.

Los miembros del Congreso de EE.UU. aprovechan para pedirle al Gobierno y a las partes involucradas en el acuerdo que su implementación promueva los derechos de las víctimas de todos los actores armados, se conozca la verdad y se haga justicia. Así mismo, destacan que el acuerdo promueve los derechos de los indígenas y afrocolombianos. (Además: OEA ayudará a monitorear zonas que dejan las Farc tras acuerdo de paz)
“Es por estas razones, y reconociendo los retos que enfrentará Colombia a la hora de implementar los acuerdos, que apoyamos Paz Colombia, la iniciativa que se anunció en febrero, cuando usted visitó Washington. Y creemos que este compromiso debe ser honrado por la próxima administración (que saldrá electa de los comicios del 8 de noviembre)”.
Y agregan: “Hemos estado con Colombia durante décadas de guerra, y ahora debemos continuar respaldando a los colombianos mientras se construye una paz justa y duradera”.
Cabe recordar que el presidente Barack Obama solicitó al Congreso de su país un paquete de asistencia por unos 450 millones de dólares que está pendiente de su aprobación por las plenarias de Cámara y Senado. En el trámite de esta última corporación se incluyeron casi 100 millones de dólares adicionales. De aprobarse el paquete de asistencia los recursos estarían disponibles desde este primero de octubre. (También: Colombia y el mundo registraron la firma de la paz en Cartagena)
Los congresistas firmantes de la carta
Los republicanos: Byrne, Poe, Rooney, Issa, Gosar, Carter; los demócratas: Gallego, Engel, Lowey, Farr, Smith, Conyers, McGovern, Johnson, Cicilline, Pocan, McDermott, Keating, Torres, Wasserman Schultz, Dingell, Crowley, Serrano, Beyer, Van Hollen, Price, Ruppersberger, Takano, Honda, DeFazio, Norton, DeSaulnier, Castor, Yarmuth, Schakowsky, Lee, Hastings, Lowenthal, Polis, Cárdenas, Castro, Frankel, Cartwright, Edwards, Meeks, Garamendi, Capuano, Titus, Waters, Deutch, Gutiérrez, Watson Coleman, Grayson, Himes, Sánchez, Doggett, Welch, Pingree, Ellison, Grijalva, Rush y O’Rourke.
SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Twitter: @sergom68

Santos y Timochenko serían nominados al Nobel de Paz

Así lo asegura la agencia Reuters citando al historiador de los premios Nobel, Asle Sveen, quien aseguró que el premio estaría supeditado al triunfo del Sí en el plebiscito.
Por: Redacción Política - El Espectador

El acuerdo final de paz firmado por el presidente Juan Manuel Santos y el máximo comandante de las Farc, Rodrigo Londoño (“Timochenko”) el pasado 26 de septiembre, además de poner fin al conflicto armado que vive desde hace más de 50 años el país, le traería a Colombia el primer Nobel de Paz. (Vea acá el especial "A construir la paz")
Según la agencia Reuters, el mandatario colombiano y el líder de las Farc podrían ser ganadores y deberían compartir el premio, el cual será entregado este 7 de octubre, en Oslo. (Lea: “Sinceramente, perdón a todas las víctimas del conflicto”: ‘Timoleón Jiménez’)
El medio cita al historiador de Premios Nobel, Asle Sveen, quien asegura que por obvias razones “el acuerdo ... es uno de los candidatos al premio de la paz más obvios que he visto nunca”. (“Les doy la bienvenida a la democracia”: Santos a las Farc)
Sin embargo, aclaró que el triunfo de Colombia en los premios depende de que gane el Sí en el plebiscito por la paz que se votará el próximo 2 de octubre.
Esto pondría a Santos y a Timochenko, en la lista de los 376 candidatos (228 individuos y 148 organizaciones) nominados este año al Nobel de Paz, entre los cuales están el papa Francisco, la canciller alemana Ángela Merkel y una yazidí, Nadia Murad, que logró escapar del Estado Islámico, donde era explotada sexualmente.

En nombre del Señor…

… llaman a la Guerra !

Domínico Nadal, El Cuento de la Semana.

Por éstos días anda rodando un cuento en las Iglesias de todo tipo que hay en Colombia.

Resulta pasa y acontece que miembros de comunidades evangélicas dicen que “Estamos dispuestos a soltar las Biblias y a tomar las armas” si las cosas las sigue manejando el gobierno de manera que a ellos no les gusta.

Ajá y para cuando es la cosa? Me gustaría ver a esos fanáticos enfundados de religiosos cogiendo las armas. Será que sí saben usarlas? No sea que se vayan a meter un tiro ellos mismos y después se presenten como “heridos en combate por la guerrilla” (porque la verdad será que no tuvieron perrenque para soportar los sacrificios que implica tomar las armas, no por un capricho, sino porque lo agreda la maquinaria estatal, por ejemplo. Se imaginan los mosquitos que pullulan en el Magdalena Medio dándose tremendo banquete con la sangre "bendita" de esos neófitos que ni siquiera saben que plantas usar para espantar esos animalitos?).

Mas como ya sabemos, el Imperio ha usado desde siempre a la religion (Catolicismo y Evangélicos) para sus propósitos ya que los financia, los unifica, etc, a lo mejor esos fanáticos ya recibieron el entrenamiento militar en Cayo Biscayne. O es que no recuerdan el uso que hicieron de ellos en Vietnam (claro que allá como que no les fue bien a los gringos, cierto?).

Mas sabemos que en esas comunidades religiosas se camuflan una cantidad de bandidos que han cometido toda clase de delitos y buscan el perdón de Dios porque sus conciencias no los deja vivir en paz. Y por ello atacan a todo aquel que pretenda vivir en paz.

Sucede, entonces, que los “pastores” resultan una catajarria de vividores que a punta de exprimir a sus feligreses –primicia y diezmo- se dan la gran vida en sus espaciosas mansiones en Colombia –porque ninguno vive humildemente, tienen casas, carros y hasta servidumbre, chofer incluído- y también en los Estados Unidos como es el caso de la Piraquive.


En este cuento vemos que las pasiones irracionales y el fanatismo se ha tomado algunos sectores de la sociedad, poquitos afortunadamnente. Debemos que alguien dijo: “Los peores crímenes de la humanidad se han cometido en nombre de Dios, la democracia y la libertad”.

Esto apenas comienza

Sí, conmovidos: así hemos estado estos días a lo largo y ancho del país con la firma del acuerdo de paz con las Farc. Simbólica esa bandera de los cuatro colores que se vio en Cartagena, con el blanco añadido, con el blanco atravesado, con el blanco incrustado; todo un discurso ondeante.
Por: Mario Morales - El Espaectador.

Generosos los colombianos digitales con esos millones de tuits, posts e interacciones en las redes sociales. Contagiosos los compatriotas en las calles, en las fachadas, en los cantos patrióticos del himno y en las lágrimas derramadas porque sí se pudo, por los que ya no están y por los que vendrán.
Sí. Una maravilla. Pero nada de eso será importante si no salimos a votar masivamente el domingo por el Sí, para derrotar de una vez por todas, más que al uribismo decadente, a la indiferencia, la falta de compromiso y la proverbial tibieza de espíritu, que —dicen que como la violencia— forma parte de nuestro ADN, y que se conforma con los símbolos, las intenciones, likes, suspiros y buenos deseos.
Pero ni así será suficiente. Refrendado el acuerdo con fuerza mayoritaria será menester exigir el cumplimento a la letra de los acuerdos, la extensión indefinida de la tregua por parte del Eln y que se siente a la mesa con el Gobierno hasta que se acabe esa otra guerra.
Pero no basta con gritar la reconciliación de los otros. Votar Sí es también un mandato por un compromiso ciudadano, como pidió el expresidente uruguayo Pepe Mujica. Que se vea.
Porque, luego, o al tiempo, hay que permitir que la materia de la que está hecha la reconciliación que pregonamos baje a nuestra cotidianidad, a las calles, al vecindario y a los hogares. Será una paz mendaz e hipócrita si se silencian los fusiles pero no disminuyen los homicidios, las riñas y las agresiones, tan inútiles y absurdas como la guerra que estamos terminando. Esto apenas comienza…
Moraleja: Dice con acierto The Guardian: “Si Colombia se diera cuenta de su potencia, su gente votaría por la paz”. El Sí del domingo es otro gran paso.
www.mariomorales.info y @marioemorales

Nuestra única arma será la palabra

Mis primeras palabras, tras la firma de este Acuerdo Final, van dirigidas al pueblo de Colombia, pueblo bondadoso que siempre soñó con este día, pueblo bendito que nunca abandonó la esperanza de poder construir la patria del futuro, donde las nuevas generaciones, es decir, nuestros hijos y nuestros nietos, nuestras mujeres y hombres, puedan vivir en paz, democracia y dignidad, por los siglos de los siglos.
Pienso también en los marginados que pueblan los cinturones de miseria de esta Cartagena, la Ciudad Heroica, que deseando estar aquí en esta celebración, no pudieron hacerlo. A ellos y ellas les extiendo mi mano de hermano y los abrazo con el corazón. Ustedes, junto al resto de la sociedad colombiana, también serán artífices de la siembra de la paz que apenas empieza.
Se dice que esta legendaria ciudad de mar, de playas preciosas, de brisa, de murallas antiguas, de historia valerosa y gente extraordinaria, logró enamorar a nuestro nobel Gabriel García Márquez, quien llegó a decir: “me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”. Pues así estamos hoy seguramente quienes asistimos a este ocaso del día en que renacemos para echar a andar una nueva era de reconciliación y de construcción de paz.
Compatriotas: esta lucha por la paz, que hoy empieza a dar sus frutos, viene desde Marquetalia impulsada por el sueño de concordia y de justicia de nuestros padres fundadores, Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, y más recientemente por la perseverancia del inolvidable comandante Alfonso Cano. A ellos, y a todos caídos en esta gesta por la paz, nuestro eterno reconocimiento.
Como ustedes saben, la X Conferencia Nacional de Guerrilleros de las FARC-EP ha refrendado de manera unánime los Acuerdos de la Habana y ha mandatado la creación del nuevo partido o movimiento político, lo cual configura el paso definitivo de la forma de lucha clandestina y alzamiento armado, a la forma de lucha abierta, legal, hacia la expansión de la democracia.
Que nadie dude que vamos hacia la política sin armas. Preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones.
En adelante, la clave está en la implementación de los acuerdos, de tal manera que lo escrito en el papel cobre vida en la realidad. Y para que ello sea posible, además de la verificación internacional, el pueblo colombiano deberá convertirse en el principal garante de la materialización de todo lo pactado.
Nosotros vamos a cumplir, y esperamos que el gobierno cumpla.
Nuestra satisfacción es enorme al constatar que el proceso de paz de Colombia es ya un referente para la solución de conflictos en el mundo.
Cuánto deseamos que la autoridad palestina e Israel encuentren la senda de la reconciliación. Cómo anhelamos de corazón que en Siria se silencien las bombas y el horror de una guerra que victimiza a un pueblo, que lo destierra y lo obliga a lanzarse al mar en barcazas inseguras para buscar refugio en países que también los rechazan, y los reprimen, sin ningún sentimiento de humanidad. ¡Paz negociada para Siria, pedimos desde ultramar, desde Cartagena de Indias!
Paz para el mundo entero; no más conflictos bélicos con sus terribles dramas humanos, en los que mujeres, niñas y niños conmueven con sus lágrimas y tristezas.
Con el Acuerdo que hoy suscribimos, aspiramos poner punto final en Colombia a la larga historia de luchas y enfrentamientos continuos que han desangrado nuestra patria, como destino cruel y fatal desde tempranas épocas. Sólo un pueblo que ha vivido entre el espanto y los padecimientos de una y otra guerra, durante tantas décadas, podía tejer pacientemente los sueños de paz y justicia social, sin perder nunca la esperanza de verlas coronadas por sendas distintas a la confrontación armada, mediante la reconciliación y el perdón. Un pueblo que anhela que la persecución, la represión y la muerte y el accionar paramilitar, que aún persisten, así como múltiples causas del conflicto y la confrontación, puedan ser superadas en forma definitiva.
La más reciente cumbre de la CELAC determinó, con el consenso de todos los países de la América Latina y el Caribe, que esta parte del mundo debe ser un territorio de paz. El Acuerdo Final de La Habana llega a ratificar ese propósito poniendo fin al más largo conflicto del continente. La Tierra entera debería ser declarada territorio de paz, sin cabida alguna a las guerras, para que todos los hombres y mujeres del orbe podamos llamarnos y actuar como efectivamente somos, hermanos y hermanas bajo la luz del sol y la luna, dejando atrás cualquier destello de miseria y desigualdad.
El tratado de paz que suscribimos hoy en Cartagena, no sólo pone fin a un conflicto nacido en Marquetalia en el año de 1964, sino que aspira a sellar para siempre la vía de las armas, tan largamente transitada en nuestra patria. Quién sabe qué vandálico sino tomó puesto en amplios sectores de la clase dirigente colombiana, desde el mismo grito de la independencia de España, pues las incontables guerras civiles del siglo XIX proporcionan el lúcido testimonio de la odiosa manía de pretender solucionar todas las diferencias a tiros, eliminando físicamente al contradictor político y no derrotando sus ideas con apoyo popular; encubriendo de esa forma, propósitos oscuros para la preservación y prolongación de un régimen de privilegios y de enriquecimiento en beneficio propio.
En nuestro parecer, toda forma de violencia es en sentido filosófico y moral un atentado contra la humanidad entera, pero dolorosamente constituye a la vez un dramático testimonio de la historia humana.
Si alguna cosa ha demostrado la historia, es que no hay pueblo que soporte indefinidamente la brutalidad del poder, aunque después lo llamen con los apelativos que quieran. Del mismo modo, los pueblos, víctimas iniciales y finales de todas las violencias, son a la vez los primeros en soñar y desear la paz y la convivencia arrebatadas. Todo pueblo ama sus niños y niñas y sueña con esperanza un futuro feliz para ellos. Esa ha sido nuestra incesante búsqueda.
Convinimos en La Habana la realización de rigurosas investigaciones sobre el esclarecimiento de la verdad histórica del conflicto colombiano. Dejemos por tanto a ellas las conclusiones finales. Pero que se reconozca que las FARC-EP siempre intentamos, por todos los medios, evitarle a Colombia las desgracias de un prolongado enfrentamiento interno. Otros intereses, demasiado poderosos en el plano internacional y en los centros urbanos y los campos del país, se encargarían de inclinar la balanza en el sentido contrario a través múltiples medios y de una intensa acción comunicativa en la que la manipulación mediática y la mentira han hecho parte del pan de cada día.
No obstante, jamás podrá borrarse de la historia que, durante más de treinta años, cada proceso de paz significó un logro de la insurgencia y los sectores populares que lo exigían. Y que por tanto tenemos pleno derecho a declarar como una victoria de éstos la suscripción de este Acuerdo Final por el Presidente Juan Manuel Santos y la comandancia de las FARC-EP. Siendo igualmente justos, hay que decir que este tratado de paz es también una victoria de la sociedad colombiana en su conjunto y de la comunidad internacional.
Sin ese amplio respaldo social y popular que fue creciendo a lo largo y ancho de la patria durante los estos últimos años, no estaríamos frente a este magnífico acontecimiento de la historia política del país. Hoy debemos agradecer por su contribución en el logro de este propósito colectivo, a las mujeres y hombres de esta bella tierra colombiana, a los campesinos, indígenas y afrodescendientes, a los jóvenes, a la clase trabajadora en general, a los artistas y trabajadores el arte y la cultura, a los ambientalistas, a la comunidad LGBI, a los partidos políticos y los movimientos sociales, a las diferentes comunidades religiosas, a importantes sectores empresariales, y sobre todo, a las víctimas del conflicto. Nuestros niños y niñas, los más beneficiados, pues ellos son la semilla de las generaciones futuras, nos han conmovido con sus grandiosas expresiones de dulzura y esperanza. 
Debemos admitir que nuestro propósito de búsqueda de una salida política al desangre fratricida de la Nación, encontró en el Presidente Juan Manuel Santos un valeroso interlocutor, capaz de sortear con entereza las presiones y provocaciones de los sectores belicistas. A él le reconocemos su probada voluntad por construir el Acuerdo que hoy se firma en nuestra Cartagena heroica.
Por primera vez en más de un siglo, se lograron por fin aunar suficientes voluntades para decir no a los amigos de la guerra, que durante tanto tiempo se apoderaron del acontecer nacional para sumirlo en un caos interminable y doloroso.
Toda esta construcción social y colectiva pudo rendir frutos gracias al incansable apoyo de los países garantes. Nuestro agradecimiento a Cuba, al Comandante de esa gloriosa Revolución, Fidel Castro Ruz, al General de Ejércitos y Presidente Raúl Castro Ruz y al pueblo cubano en general. Igualmente al Reino de Noruega y a todo el pueblo noruego por decidido apoyo al proceso.
Reconocimiento especial, merece el Comandante Hugo Chávez, sin cuyos trabajos, pacientes como discretos, este final feliz no hubiera tenido comienzo. A Nicolás Maduro, continuador de ese generoso esfuerzo de paz, en su condición de Presidente de la República Bolivariana Venezuela, país acompañante, y desde luego al pueblo de la hermana república. Nuestro agradecimiento a Chile, en su calidad de país acompañante, a su pueblo, a su presidenta Michelle Bachellet. También a la Organización de Naciones Unidas. La paz de Colombia es la paz de Nuestra América y de todos los pueblos del mundo.
Con el Acuerdo Final se ha dado un trascendental paso adelante en la búsqueda de un país diferente, comprometiéndose a una Reforma Rural Integral, para contribuir a la transformación estructural del campo. Promoverá una Participación política denominada Apertura democrática para construir la paz, con la que se busca ampliar y profundizar la democracia. Las FARC-EP dejamos las armas al tiempo que el Estado se compromete a proscribir la violencia como método de acción política. Esto es, a poner fin definitivo a la persecución y el crimen contra el opositor político, a dotarlo de plenas garantías para su actividad legal y pacífica. Junto con el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de Armas, con los cuales termina para siempre la confrontación militar, fue pactada la Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil en lo económico, lo social y lo político de acuerdo con nuestros intereses, y se suscribió el acuerdo sobre Garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales o paramilitares que desangran y amenazan a Colombia.
Especial atención merece la previsión del Pacto Político Nacional, por medio del cual el gobierno y el nuevo movimiento político surgido de nuestro tránsito a la actividad legal, promoveremos un gran acuerdo nacional y desde las regiones con todas las fuerzas vivas de la Nación, a fin de hacer efectivo el compromiso de todos los colombianos y colombianas, para que nunca más sean utilizadas las armas en la política, ni se promuevan organizaciones violentas como el paramilitarismo. De materializarse este propósito común, Colombia habrá logrado dar un gigantesco paso adelante en el camino de la civilización y el humanismo.
De algo estamos bien seguros, si este Acuerdo Final no deja satisfechos a sectores de las clases pudientes del país, en cambio representa una bocanada de aire fresco para los más pobres de Colombia, invisibles durante siglos, y para los y las jóvenes en cuyas manos se encuentra el futuro de la patria, los cuales serán la primera generación de nacionales que crece en medio de la paz.
Son casi tres centenares de páginas las contentivas del Acuerdo Final que suscribimos aquí, difíciles de resumir en tan breve espacio. Su firma no significa que capitalismo y socialismo comenzaron a sollozar reconciliados en brazos el uno del otro. Aquí nadie ha renunciado a sus ideas, ni arreado sus banderas derrotadas. Hemos acordado que seguiremos confrontándolas abiertamente en la arena política, sin violencia, en un apoteósico esfuerzo por la reconciliación y el perdón; por la convivencia pacífica, el respeto y la tolerancia; y sobre todo por la paz con justicia social y democracia verdadera.
Recordando a San Francisco de Asís, debemos repetirnos que cuando se nos llene la boca hablando de paz, debemos cuidar primero de tener nuestros corazones llenos de ella.
En todos los escenarios posibles continuará retumbando nuestra voz contra las injusticias inherentes al capitalismo, denunciando la guerra como el instrumento favorito de los poderosos para imponer su voluntad a los débiles por medio de la fuerza y el miedo, clamando por la salvación y la conservación de la vida y la naturaleza, exigiendo el fin de cualquier forma de patriarcado y discriminación, proponiendo salidas verdaderamente humanas y democráticas a todos los conflictos, seguros de que la inmensa mayoría de los pueblos prefieren la paz y la hermandad sobre los odios, y merecen por tanto ocupar un lugar de privilegio en la adopción de las decisiones que envuelven el futuro de todos.
Colombia requiere de transformaciones profundas para hacer realmente verdaderos los sueños de la justicia social y el progreso. La paz es sin duda alguna el elemento esencial para los grandes destinos que nos esperan como nación, que deberán caracterizarse más por sus luces que por su poderío, como diría el Libertador.
Para hacerlo posible, nuestra patria requiere, además de un renacimiento ético, de la restauración moral que predicaba Jorge Eliécer Gaitán antes de ser asesinado aquel fatídico 9 de abril de 1948. El enriquecimiento fácil y el descarado engaño, la cizaña sembrada en las mentes de los ciudadanos por la mentira mediática habitual, la farsa de la educación fundada en el ánimo de lucro de empresarios sin principios, la enajenación cotidiana sembrada por la publicidad mercantil, entre otros graves males, exigen, para superarlos, lo mejor de los valores humanos de nuestros compatriotas.
La sociedad colombiana tiene que ser claramente inclusiva en lo económico, lo político, lo social y lo cultural. El Estado colombiano, tras la firma de este Acuerdo,  no puede seguir siendo el mismo en que se permite que la salud sea un negocio. Los tristemente famosos paseos de la muerte y las agonías a las puertas de los hospitales tienen que desaparecer para siempre. No más familias condenadas a la calle y la miseria, por cuenta de las usurarias deudas con el sistema financiero o las bandas del gota a gota. La seguridad con la que tanto sueñan los colombianos y las colombianas, no debe depender tanto del tamaño de las fuerzas de seguridad del Estado, como del combate a la pobreza y la desigualdad y a la falta de oportunidades que padecen millones de compatriotas, fuente real de las formas más sentidas de la delincuencia. Los servicios públicos deben llegar a todos y a todas. Es a esa tarea a la que nos proponemos sumarnos desde ahora, sin arma distinta que nuestra palabra. Y es eso lo que el Estado colombiano ha prometido solemnemente respetar y proteger.
Al contrario de quienes predican que nuestro ingreso a la política abierta en Colombia constituye una amenaza, sentimos que millones de colombianos y colombianas nos extienden sus brazos generosos, y felicitan a su gobierno por haber alcanzado al menos la terminación del conflicto armado, entre sus disímiles propósitos. De todas partes del mundo recibimos emocionados saludos de aplauso por lo conseguido. La paz de Colombia es la paz de Nuestra América, vuelven a repetirnos todos los gobiernos del continente.
Ante ellos sellamos nuestro compromiso de paz y reconciliación. Donde quiera que en adelante plante sus pies un antiguo combatiente de las FARC-EP, pueden tener la seguridad de encontrar a una persona decente, serena y sensata, inclinada al diálogo y la persuasión, a una persona dispuesta a perdonar, sencilla, desprendida y solidaria. Una persona amiga de los niños, de los humildes y ansiosa de trabajar por un nuevo país de modo pacífico.
Casi cinco años atrás, en una nota destinada a ser leída por el Presidente Santos, a pocos días de producida la muerte de nuestro Comandante Alfonso Cano, terminaba diciéndole “así no es, Santos, así no es”. Con la convicción de que Colombia se merecía un acuerdo mucho mejor y que quizás con un poco más de voluntad lo hubiéramos logrado, debo reconocer que lo firmado hoy constituye una luz de esperanza, preñada de anhelos de paz, justicia social y democracia verdadera, un documento de descomunal trascendencia para el futuro de nuestros hijos e hijas y de la patria entera.
 Los más de diez mil millones de dólares invertidos en la guerra por el Plan Colombia y el gigantesco gasto para la financiación de la guerra, hubieran servido para solucionar buena parte de los males del pueblo colombiano. Pero, como diría nuestro comandante Jorge Briceño, ya no es tiempo de llorar, sino de echar para adelante. Después de centenares de miles de muertos y millones de víctimas, al suscribir juntos este documento, le digo, Presidente, con emoción patriótica, que este sí era el camino indicado, así sí era.
Los soldados y policías de Colombia han de tener claro que dejaron de ser nuestros adversarios, que para nosotros está definido que el camino correcto es reconciliación de la familia colombiana. Esperamos de ellos, como lo aseguraron varios de sus más destacados mandos, que jugaron importante papel en la Mesa de La Habana, una mirada distinta a la que siempre nos reservaron. Todos somos hijos del mismo pueblo colombiano, nos afectan por igual sus grandes problemas.
A nuestras guerrilleras y guerrilleros, a nuestros prisioneros y prisioneras de guerra, a sus familias, a nuestros licenciados de filas y lisiados, queremos enviarles un mensaje de aliento, ustedes vivieron y lucharon como héroes, abrieron con sus sueños la senda de la paz para Colombia. Los tres monumentos que se construirán con sus armas, darán testimonio eterno de lo que representó la lucha de las y los combatientes de las FARC-EP, y del pueblo humilde y valiente de esta patria.
Colombia espera ahora que, gracias a la necesaria disminución del porcentaje del gasto público destinado a la guerra que deberá traer el fin de la confrontación y el consecuente aumento de la inversión social, nunca jamás, ni en la Guajira, ni en el Chocó, ni en ningún otro espacio del territorio nacional, tengan por qué seguir muriendo niños y niñas de hambre, desnutrición o enfermedades curables.
Hemos coronado, por vía del diálogo, el fin del más largo conflicto del hemisferio occidental. Somos los colombianos y colombianas por tanto, un ejemplo para el mundo: que en adelante seamos dignos de llevar un honor semejante. Reconozcamos que cada una y uno de nosotros tenemos a quienes llorar. Perdimos a hijos e hijas, hermanos y hermanas, padres y madres, amigos y amigas. 
¡Gloria a todos los caídos y víctimas de esta larga conflagración que hoy termina!
En nombre de las FARC-EP, ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto, por todo el dolor que hayamos podido ocasionar en esta guerra.
Qué Dios bendiga a Colombia. Se acabó la guerra. Estamos empezando a construir la paz. El amor de Mauricio Babilonia por la Meme, podrá ser ahora eterno y las mariposas que volaban libres tras él, simbolizando su infinito amor, podrán ahora multiplicarse por los siglos cubriendo la patria de esperanza.
¡Bienvenida esta segunda oportunidad sobre la Tierra!
Cartagena de Indias, Septiembre 26 de 2016

La sorpresa del comamdante Timochenko en Cartagena

Los discursos de Santos y Timochenko en Cartagena.

Ayer firmaron en Cartagena el Acuerdo Final para cesar el Conflicto Armado el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las FARC-EP, Rodrigo Londoño Echeverri, ante la presencia de toda la comunidad internacional, la ONU, y miles de invitados especiales, entre los cuáles se contaban a los familiares de y las víctimas.

Emotiva y esperanzadora ceremonia. El pueblo colombiano, desde los que se congregaron en la Plaza de Bolívar hasta los que lo vivieron en las sabanas del Yarí, festejó al estilo colombiano. De rumba. Así somos y quizá esa tendencia a convertirlo todo en música y danza nos ha permitido sobrevivr estos casi 70 años de guerra ininterrumpida.
Quisiera dar algunas puntadas sobre los discursos de las dos partes.
El discurso de Juan Manuel Santos fue un discurso para la comunidad internacional, más de vitrina, más veintejuliero, más de político tradicional, que dejó sin tocar los problemas reales que sufren los colombianos y que generaron y perpetuaron la guerra interna, así haya mencionado uno que otro. No se sintió como un discurso para la ocasión cuando la ocasión estaba para reconocer, por ejemplo, la responsabilidad en el Terrorismo de Estado y pedir perdón a todas las víctimas y no solo mencionarlas como lo hizo.
Eso hubiera sido apoteósico ya que por primera vez un jefe de estado reconocía la culpabilidad del estado, cosa que solo a regañadientes lo hacen cuando son constreñidos por organismos internacionales. Ahí si, si lo hubiera hecho, el pueblo colombiano tendría una seguridad de no repetición y la comunidad internacional un ejemplo a seguir. Es más, el hecho de haber homenajeado a los militares y policías -que lo merecen naturalmente- y no pedír perdón a las víctimas nos deja la certidumbre que podrá repetirse la misma historia, Terrorismo de Estado. Ojalá estemos equivocados.
El discurso del Comandante Timochenko, por el contrario, fue un discurso más sesudo. Que quedará para la historia. Un discurso que tocó con relativa profundidad las causas que engendraron la guerra –no tocados por el presidente Santos-, y pidió perdón a todas las víctimas, como si él fuera el presidente y no el humilde comandante de las FARC Timochenko que todos conocemos a través de la prensa mundial y alternativa.
Desde el principio se vió que el discurso de Timochenko iba dirigido al pueblo colombiano, a los desplazados que rodean con sus cinturones de miseria las ciudades colombianas, al igual que en Cartagena, a donde han sido desterrados por las fuerzas militares-narcoparamilitares, a los campesinos, a los obreros, a los estudiantes, a las mujeres, a los ancianos, a las víctimas, y colocó en altísimo plano a los niños colombianos.
Su compromiso queda sellado y manifiesta su preocupación por el cumplimiento estatal cuando dice “Nosotros vamos a cumplir, y esperamos que el gobierno cumpla. (…) Que nadie dude que vamos hacia la política sin armas. Preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones. … En adelante, la clave está en la implementación de los acuerdos, de tal manera que lo escrito en el papel cobre vida en la realidad. Y para que ello sea posible, además de la verificación internacional, el pueblo colombiano deberá convertirse en el principal garante de la materialización de todo lo pactado”.
Su análisis del momento que vive el mundo lo senala al pedir paz en todo el mundo, en Siria, entre palestinos e israelitas y llama a la convivencia pacífica. Su apuesta en Colombia queda demostrada cuando dice: “El tratado de paz que suscribimos hoy en Cartagena, no sólo pone fin a un conflicto nacido en Marquetalia en el año de 1964, sino que aspira a sellar para siempre la vía de las armas, tan largamente transitada en nuestra patria”.
El pueblo, sus sufrimientos por la repression estatal y su deseo de paz es altamente valorado por Timochenko: “Un pueblo que anhela que la persecución, la represión y la muerte y el accionar paramilitar, que aún persisten, así como las múltiples causas del conflicto y la confrontación, puedan ser superadas en forma definitiva”.
Hay momentos en que no entendemos por qué los personajes que rigen los destinos de un país se muestran tan mezquinos con el dolor ajeno.
Mas estamos contentos, felices. He recibido mensajes tan alentadores como el de un hermano –a quien tengo más de 30 años de no ver- que me manifiesta: “Mi querido hermano!!! Hoy es un día histórico para el país y para nuestra familia!!! Hemos recuperado la Paz y a un hermano!!! Después de 30 años nos volvemos a comunicar. Quiero decirte que durante todo este tiempo anhelé este momento de vencer el miedo y expresarte lo mucho que te quiero y lo mucho que te extrañamos!!! Te mando un fraternal abrazo y mis deseos que la vida nos dé la oportunidad de vernos pronto!!!”.
Imagino que así habrá miles de colombianos con los mismos deseos. Es que la paz es un bien intangible que solo cuando se pierde se sabe lo que significa.
De todos modos, quiero agradecer al presidente JM Santos y al comandante de las FARC-EP, Timochenko, por ese regalo que nos dieron a todos los colombianos: La Paz.

...Ver en Postales de Estocolmo.
 

Dossier Álvaro Uribe Vélez

Colombia Invisible - Unai Aranzadi

Tendencias

.

Basta de Terrorismo de Estado

Support : Creating Website | Johny Template | Mas Template
Copyright © 2011. CambioTotalRevista - All Rights Reserved
Template Created by Creating Website Published by Mas Template
Proudly powered by Blogger