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La Doctrina Bolivariana del ejército Libertador

Written By Allende La Paz - Revista Cambio Total on domingo, octubre 26, 2014 | domingo, octubre 26, 2014

Hernando Vanegas Toloza.

Nuestro Libertador Simón Bolívar diseñó lo que llamamos la Doctrina de las fuerzas militares de los países que él contribuyó a libertar. Lo hizo en la esperanza de que su pensamiento había caído y sido fecundo en los pueblos hispano-parlantes. Por ello, se atrevió a decir, ”maldito el soldado que empuñe su arma contra su propio pueblo”, y sus deseos de conformar una verdadera patria está contemplada en éstas dos citas: ”Formémonos una patria a toda costa y todo lo demás será tolerable” y previendo lo que venía aseveró que ”Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.

Entender la Doctrina Bolivariana  es entender que la ”Constitución … asegura la libertad civil de los derechos del ciudadano en su propiedad, vida y honor; y que además de conservar ilesos estos sagrados derechos, pone al ciudadano en aptitud de desplegar sus talentos e industria, con todas las ventajas que se pueden obtener en una sociedad civil, la más perfecta que el hombre puede aspirar sobre la tierra. Por manera que todo hombre debe contar (…) con la vida, que, después de la libertad, es el don más precioso que el Ente Supremo nos ha hecho (Discurso en la Villa de Tenerife, Magdalena).

Sabedor el Libertador del papel que deben jugar los militares decía que ”nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos” (Decreto a muerte. Ciudad de Trujillo. Junio 1813).

Su admirable pensamiento es supremamente claro cuando dice que ”Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes ni del Gobierno; es el defensor de su libertad. Sus glorias no deben confundirse con las de la República; y su ambición debe quedar satisfecha al hacer la felicidad de su país”, y llamaba a defender la soberanía porque ”yo os declaro, pueblos, que ninguno puede poseer vuestra soberanía, sino violenta e ilegítimamente” ya que ”la voluntad general del pueblo será para mí, siempre, la suprema ley; que ella será mi guía en el curso de mi conducta, como el objeto de mis contados será vuestra gloria y vuestra libertad”.

Los orígenes de la suerte que sucedió a las fuerzas militares se puede encontrar, entre otras, en que ”el hábito a la obediencia, sin exámen, había entorpecido de tal manera nuestro espíritu, que no era posible descubriésemos la verdad ni encotrásemos el bien. Ceder a la fuerza fue siempre nuestro solo deber; como el crimen mayor buscar la justicia y conocer los derechos de la naturaleza y de los hombres. Especular sobre las ciencias, calcular sobre lo útil y practicar la virtud eran atentados de lesa tiranía, más fáciles de cometer que de obtener su perdón. La mancilla, la expatriación y la muerte seguían con frecuencia a los talentos, que los ilustres desgraciados solían adquirir para su ruina, no obstante el cúmulo de obstáculos que oponían a las luces los dominadores de este hemisferio”.

Esta Doctrina Bolivariana naturalmente está soportada por ”la justicia (que) es la reina de las virtudes republicanas, y con ella se sostienen la igualdad y la libertad que son las columnas de este edificio” y es enfático al afirmar que ”Yo sigo la carrera gloriosa de las armas sólo por obtener el honor que ellas me dan; por libertar a mi patria; y por merecer las bendiciones de los pueblos”.

El Libertador no duda ni un segundo en colocar en el Congreso de Angostura la autoridad popular que lo había ungido como ”Dictador Jefe Supremo de la República” en manos de los Legisladores de tan augusto congreso y manifiesta que ”la continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos”, por lo que ”el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

La Proclama a los soldados del ejército Libertador, vencedores en Ayacucho el 25 de diciembre de 1824 decia: ”Habéis dado la Libertad a la América Meridional, y una cuarta parte del mundo es el monumento de vuestra gloria: dónde no habéis vencido? (…) La buena causa, la causa de los derechos del hombre, ha ganado con vuestras armas su terrible contienda contra los opresores; contemplad, pues, el bien que habéis hecho a la humanidad con vuestros heroicos sacrificios”.
Mas el Libertador sabía los peligros que acechaban: ”No pueden Vds. formarse una idea exacta del espíritu de nuestros militares. Éstos no son lo que Vds. conocen; son los que Vds. no conocen: hombres que han combatido largo tiempo, que se creen muy beneméritos, y humillados y miserables, y sin coger el fruto de las adquisiciones de su lanza.  Persuádase Vd. que estamos sobre un abismo, o más bien sobre un volcán pronto a hacer su explosión. Yo temo más la paz que la guerra, y con esto doy… la idea de todo lo que no digo ni puede decirse”. (Guanare, mayo 1821).

No por ello dejaba de ensalzar la magna obra de su ejército libertador: ”Venimos venciendo desde las costas del Atlántico, y en quince años de una lucha de gigantes, hemos derrotado el edificio de la tiranía, formado tranquilamente en tres siglos de usurpación y de violencia. (…) Cuánto no debe ser nuestro gozo al ver tantos millones de hombres restituídos a sus derechos por nuestra perseverancia y nuestro esfuerzo! En cuanto a mí, de pié sobre esta mole de plata quese llama Potosí y cuyas venas riquísimas fueron trescientos años el erario de España, yo estimo en nada esta opulencia cuando la comparo con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de la libertad, desde las playas ardientes del Orinoco, para fijarlo aquí, en el pico de esta montaña, cuyo seno es el asombro y la envidia del universo” (octubre 1825).

A su ejército, el ejército libertador, le decía: ”Soldados: vosotros lo sabéis: la igualdad, la libertad y la independencia son nues­tra divisa. ¿La humanidad no ha recobrado sus derechos por nuestras leyes? ¿Nuestras armas no han roto las cadenas de los esclavos? La odiosa diferencia de clases y colores ¿no ha sido abatida para siempre? Los bienes nacionales ¿no se han mandado repartir entre vosotros? La fortuna, el saber y la gloria ¿no os esperan? Vuestros méritos ¿no son recompensados con profusión, o por lo menos con justicia? ¿No sois iguales, libres, independientes, felices y honrados?” (Simón Bolívar, jefe Supremo de la República de Venezuela, a los soldados del Ejérci­to Libertador).

En ese ideario cabe resaltar que para el Libertador ” la verdad, que en política como en guerra es de un valor inestimable”. Cuando la mentira se introduce en los pueblos recién liberados, cunde la desunión y la obra magna se entrega a un gobierno extranjero, como sucedió posteriormente.

No por ello debemos desechar las enseñanzas de su Doctrina expuesta en la Carta de Jamaica:” Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que lige sus partes entre sí con el todo”, mas ”Si usted quiere república, es preciso que quiera también que haya virtud política”.

Bolívar entendió que sólo el pueblo tiene la capacidad de conformar una nación poderosa. Por eso manifestaba en Abril de 1826: ”Nada es tan conforme con las doctrinas populares como el consultar a la nación en masa sobre los puntos capitales en que se fundan los Estados, las leyes fundamentales y el Magistrado Supremo. Todos los particulares están sujetos al error o a la seducción; pero no así el pueblo, que posee en grado eminente la conciencia de su bien y la medida de su independencia. De este modo, su juicio es puro, su voluntad fuerte; y por consiguiente, nadie puede corromperlo, ni menos intimidarlo. Yo tengo pruebas irrefutables del tino del pueblo en las grandes resoluciones; y por eso es siempre he preferido sus opiniones a las de los sabios”.

Esa concepción la redondea cuando dice en agosto de 1826: ”Unidos los buenos ciudadanos a nuestro incorruptible ejército, se sostendrá el edificio levantado a costa de virtudes y de heroismo”. Señala así la necesaria unión de ejército-pueblo que defienda los logros de la empresa libertadora.

Los sacudimientos de los élites criollas hacía evidente las luchas intestinas por el poder. La preocupación del Libertador está plasmada en la siguiente cita del mensaje enviado a la Convención de Ocaña en febrero de 1828: ”Nuestro ejército era el modelo de América y la gloria de la libertad: su obediencia a la ley, al magistrado y al general, parecían pertenecer a los tiempos heroicos de la virtud republicana. Se cubría con sus armas, porque no tenía uniformes; pereciendo de miseria se alimentaba de los espejos del enemigo, y sin ambición no respiraba más que el amor a la patria. Tan generosas virtudes se han eclipsado, en cierto modo, delante de las nuevas leyes dictadas para regirlo y para protegerlo. 

Participa el militar de los sacudimientos que han agitado toda la sociedad, no conserva más que su devoción que ha salvado a un respeto saludable a sus propias cicatrices. He mencionado el funesto influjo que ha debido tener en la subordinación el haberle sujetado a tribunales civiles, cuyas doctrinas y disposiciones son fatales a la disciplina severa, a la sumisión pasiva y a la ciega obediencia que forma la base del poder militar, apoyo de la sociedad entera. (…) Se han promovido peligrosas rivalidades entre civiles y militares con los escritos y con las discusiones del congreso, no considerándolos ya como los libertadores de la patria, sino como verdugos de la libertad. Era ésta la recompensa reservada para los héroes? Aún ha llegado el escándalo al punto de excitarse odio y encono entre militares de diferentes provincias para que ni la unidad ni la fuerza existieran.

No quisiera mencionar la clemencia que ha recaído sobre los crímenes militares de esta época ominosa. Cada uno de los legisladores está penetrado de toda la gravedad de esta vituperable indulgencia. Qué ejército será digno, en adelante, de defender nuestros sagrados derechos, si el castigo del crímen ha de ser recompensarlo? Y si la gloria no pertenece ya a la fidelidad, el valor a la obediencia!”.

A Bolívar no lo traicionaron las tropas ni la oficialidad de su ejército libertador. Bolívar fue traicionado por los mezquinos intereses políticos de élites criollas que se creían con todos los merecimientos del mundo, amén de postrar sus rodillas ante el oro estadounidense.

Ya en el post-conflicto independentista exclama adolorido: ”Colombianos! Mucho habéis sufrido, y mucho sacrificado sin provecho, por no haber acertado en el camino de la salud. Os enamorasteis de la libertad, deslumbrados por sus poderosos atractivos, pero como la libertad es tan peligrosa como la hermosura en las mujeres, a quienes todos seducen y pretenden, por amor, o vanidad, no la habéis conservado inocente y pura como ella descendió del cielo. El poder, enemigo nato de nuestros derechos, ha excitado las ambiciones particulares de todas las clases del Estado”. Lógicamente, aquí se refiera a las clases que podían en ese momento a posiciones políticas.


En septiembre de 1829 le escribe a O´Leary: ”Mandarán siempre los militares con la espada? No se quejarán los civiles del despotismo de los soldados? Yo conozco que la actual república no se puede gobernar sin una espada, y, al mismo tiempo, no puedo dejar de convenir que es insoportable el espíritu militar en el mando civil”.

Bolívar renuncia –ya muy enfermo- en enero de 1830 diciendo en su Mensaje al Congreso: ”Disponed de la presidencia que respetuosamente abdico en vuestras manos. Desde hoy no soy más que un ciudadano armado para defender la patria y obedecer al gobierno; cesaron mis funciones públicas para siempre. Os hago formal y solemne entrega de la autoridad suprema que los sufragios nacionales me habían conferido”. Hace allí unas recomendaciones entre las cuales está la de que ”El ejército, que infinitos títulos tiene a la gratitud nacional, ha menester una organización radical”.

En noviembre de 1930 decía con enorme sabiduría: ”Desgraciadamente, entre nosotros no pueden nada las masas, algunos ánimos fuertes lo hacen todo y la multitud sigue la audacia sin examinar la justicia o el crímen de los caudillos, mas los abandonan luego al punto que otros más aleves los sorprenden. Esta es la opinión pública y la fuerza nacional de nuestra América”.

No olvidemos que en su lecho de muerte aún tuvo fuerzas para sentenciar: ” "Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno, para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al Cielo; y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales." (De su último mensaje a los colombianos, en diciembre de 1830).

Este fue el legado del Libertador a las futuras generaciones. Legado que no fue tenido en cuenta por las élites criollas en el poder.


……….
"Si la patria necesita de un soldado, siempre me tendrá pronto para defender su causa" Simón Bolívar.

Algunas citas del Libertador Simón Bolívar sobre éste tópico:

·        " Maldito el soldado que empune su arma contra su propio pueblo "
·         "Como amo la libertad tengo sentimientos nobles y liberales; y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos." 
·         "De lo heroico a lo ridículo no hay más que un paso." 
·         "Dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto." 
·         "El arte de vencer se aprende en las derrotas." 
·         "El soldado bisoño lo cree todo perdido desde que es derrotado una vez." 
·         "En el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría de la masa física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política." 
·         "Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido."
·         "La libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del universo." 
·         "La Justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad." 
·         "La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino." 
·         "Llamarse jefe para no serlo es el colmo de la miseria".
·         "Los empleos públicos pertenecen al Estado; no son patrimonio de particulares. Ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos." 
·         "Los tiranos no pueden acercarse a los muros invencibles de Colombia sin expiar con su impura sangre la audacia de sus delirios." 
·         "Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía." 
·         "Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios." 
·         "Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos." 
·         "Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes ni del gobierno. Es defensor de su libertad." 
·         "Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción".
"Yo desprecié los grados y distinciones. Aspiraba a un destino más honroso: derramar mi sangre por la libertad de mi patria." 
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