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Paremos ya la guerra

Written By Allende La Paz - Revista Cambio Total on domingo, diciembre 07, 2014 | domingo, diciembre 07, 2014

Cambio Total.

Los colombianos tenemos la tendencia a irnos por las ramas para llegar al tronco. Nos da miedo llamar las cosas por su nombre. Y muchas veces cuando llamamos las cosas por su nombre nos horrorizamos. 

Es quizás un ”mecanismo de defensa” para no salirnos de la burbuja de ser uno de los países ”más felices” del mundo, así no tengamos empleo, vivamos en la pobreza extrema, no tengamos vivenda, ni salud ni educación y si la tenemos es tan de mala calidad que nos aplicamos ”pañitos de agua tibia” como ese de las pruebas Saber 11 que pretende echarle –como siempre- las culpas a los profesores, lo cual los convierte en objetivo militar de las armas asesinas del Estado y sus bandas narco-paramilitares, o mejor dicho, sus bandas de asesinos.

Damos rodeos innecesarios, gastamos tiempo ”guardando las apariencias”, como si no quiséramos solucionar de una vez por todas el problema o los problemas. En esas estamos ahora. Dizque tenemos que ”desescalar” la guerra, como si eso fuera posible. Cuando se escala una guerra, su objetivo final es derrotar al enemigo y todas las operaciones se conducen hacia ese objetivo. Ahora bien, una vez ”escalada” o degradada o profundizada la guerra es casi imposible volverla al momento original. Una vez los combatientes aprenden a escalar la guerra, por razón de esa inercia que mueve a los contingentes militares, seguirán usando los ”nuevos métodos” empleados para escalar la guerra.

El ejemplo más patético está en Colombia. La oligarquía declaró la guerra a 48 campesinos en Marquetalia (departamento del Tolima) en 1964 y desde entonces ha venido escalando la guerra. Aumento del pié de fuerza, compra de modernos y sofisticados armamentos, ”contubernio impúdico” con bandas de criminales narcotraficantes para constituir a los ”narco-paramilitares” –que nunca combatieron a las guerrillas sino que hacían el ”trabajo sucio” de masacrar la población civil (el agua) para acabar al pez (las guerrillas).

Ya la maquinaria de guerra estatal está lanzada hacia su objetivo de acabar las guerrillas y vemos cómo es casi un imposible ”político” acabar con las bandas de narco-paramilitares, llamados ahora BACRIM, ya que el método está siendo usado por sectores fuera de las fuerzas militares: empresarios del campo, ganaderos, políticos traidcionales, hasta por ciertos sectores para ”ajustar sus cuentas”, ante un estado que no garantiza el mínimo de justicia a sus conciudadanos.

Esa costumbre de resolver todos los problemas mediante el uso de la violencia ha sido consustancial con el deformado estado colombiano. La Violencia de los años 50 produjo una contrareforma agraria con más de 300.000 muertos y más de 2 millones de desplazados, campesinos todos, cuyas tierras fueron a parar a manos de viejos y nuevos ”empresarios del campo”. Se producía entonces lo que se ha dado en llamar el modelo de acumulación capitalista de crecimiento de capital mediante la violencia extrema. Hoy tenemos 1 millón de víctimas mortales y 6,5 millones de desplazados, cuyas tierras han pasado violentamente a manos de ”empresarios del campo”.

Todos los hechos recientes y pasados han confirmado la tesis de la insurgencia armada de la imperiosa necesidad de acordar un Cese Bilateral de Fuegos porque, contrario a lo que dice el gobierno, en la guerra en Colombia hay dos partes, dos ”enemigos”, que se infringen unos a otros golpes más o menos contundentes que van profundizando la brecha de las víctimas y sus dolores.

La prensa burguesa, mediatizadora, siempre pretende enrostrarle a la insurgencia armada las culpas de la profundización de la guerra y los estragos que causa en la población civil, es decir, en los colombianos pobres víctimas de ésta guerra fratricida, quienes son las únicas víctimas porque los ricos ni sus hijos van a la guerra. Mas ya sabemos que por lo menos el 85% de las v´ctimas son responsabilidad del estado, llegando a casi el 100% en el caso de las desapariciones forzadas.

En razón de éstos planteamientos, nos asiste todo el derecho a decirle al presidente Santos, primer y casi total responsable de la victimización del pueblo colombiano, que más que ”desescalar” debemos avanzar –sin miedo- hacia parar la guerra. De que manera? De la única posible: para la guerra!

A quién teme Santos para no hacerlo? No al pueblo quien vería con buenos ojos un Cese Bilateral de Fuegos. La teme a la ”extrema derecha”? Si los representantes de esa cavernaria derecha se quedan cada día sin argumentos ante le deseo de Paz de los colombianos, no solo del pueblo. Los Uribhitler y los Ordóñez no tienen ningún argumento de peso que no sea que entre bambalinas haya un acuerdo para la continuidad de la guerra entre la derecha –representada por Santos- y la ”extrema derecha” –representada por Uribhitler y Ordóñez.


Solo esto último explicaría la renuencia del gobierno de Santos a acordar un Cese Bilateral de Fuegos, o sea, a parar la guerra!

alp.
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