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Colombia: Falsa Democracia

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Falsa democracia

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[Colombia] Falsa democracia II: la democracia burguesa

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo. En el artículo de ayer abordamos, someramente, la historia de la democracia burguesa ...

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[Cuba] Fidel y la democracia


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Al escribir democracia no me refiero al concepto y la práctica dominante en el mundo “occidental”. Allí los candidatos, todos millonarios o ricos, son seleccionados por los partidos políticos periódicamente para disputarse los puestos de elección popular. Las campañas cuestan fortunas y ofertan a los candidatos mercadológicamente. Cuando surge una opción alternativa, se le intenta frenar mediante encarnizadas guerras, campañas mediáticas combinadas con el fraude electoral. Más aún, esa democracia admite que mandatarios electos como Mel Zelaya en Honduras, Fernando Lugo en Paraguay y Dilma Rousseff en Brasil sean derrocados con nuevas variables de los golpes de Estado. Sin olvidar los fracasados intentos de golpe contra Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. Ni el golpe continuado y permanente en Venezuela contra el presidente Nicolás Maduro.

No me refiero a esa democracia sin pueblo sino a las que se practica en otros países como Venezuela, Bolivia y Cuba, denominados dictatoriales o autoritarios. Pero me centraré en Cuba, en su singular democracia con pueblo, viva y directa, practicada por Fidel Castro y el liderazgo revolucionario cubano desde el triunfo mismo de la Revolución. Una democracia ejercida en medio de largos años de campañas terroristas de la CIA, graves acciones de guerra biológica, invasiones y amenazas de invasión y un férreo bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos. Prefiero llamarle guerra económica pues dura ya casi 60 años y su objetivo declarado siempre ha sido rendir a Cuba por hambre, aunque no lo haya conseguido. Pero ha constituido un serio obstáculo al desarrollo económico de la isla y ha tenido y tiene altos costos en sufrimiento humano.

La democracia fidelista ha consistido en gobernar con el pueblo y para el pueblo, en escuchar su opinión sobre los temas políticos y económicos más importantes siempre que las circunstancias lo han permitido. Y también, desde que fue aprobada la nueva Constitución en 1976 por más del 97 por ciento de los electores sobre una asistencia a las urnas de 98 por ciento, en periódicas elecciones para los órganos de gobierno municipales, provinciales y nacionales.

Justamente, el 26 de noviembre, un día después de primer aniversario del paso de Fidel a la eternidad, concurrieron a votar, en las elecciones a delegados a las Asambleas Municipales en la isla, más de 7 millones 600 mil electores, equivalente a 85,94 del padrón. Considerando los votos válidos, que representan 91,7 del total, puede afirmarse que cuando menos esa proporción votó por los candidatos de la Revolución. Ya expliqué la semana anterior que son los vecinos los que eligen a los candidatos y deciden luego por quiénes votar.

Pero en Cuba la democracia, sin ser perfecta, lastimada por incomprensiones de burócratas y los límites materiales a que fuerzan el bloqueo y los errores, es mucho más que los días de elecciones. Es imposible enumerar los ingredientes de la democracia cubana en este espacio. Pero tomo dos ejemplos. Uno, la revolución cultural y educacional iniciada con la misma guerra revolucionaria y continuada con la extraordinaria Campaña Nacional de Alfabetización, que erradicó el analfabetismo en un año mediante una ejemplar y masiva participación del pueblo y, sobre todo, de los estudiantes. Cien mil jóvenes, dispersados por llanos y montaña convivieron con los analfabetos en sus casas. Aprendieron los alfabetizados pero tal vez más sus alfabetizadores. La alfabetización dio un impulso descomunal a la creación del prestigioso sistema de educación de Cuba.

¿Por qué los gobiernos neoliberales no erradican el analfabetismo ni impulsan sistemas de educación pública gratuitos y universales como ha hecho Cuba? ¿Es posible siquiera hablar de democracia con pueblos ignorantes y marginados? Escuché muchas veces a Fidel hacerse estas preguntas, inclusive cuando estaba en sus preparativos la Operación Yo sí Puedo que erradicó el analfabetismo en Venezuela y Bolivia y ha alfabetizado a millones en el mundo.

Otro vibrante ejemplo de democracia participativa y protagónica es la consulta seria y organizada al pueblo sobre los documentos del último Congreso del Partido Comunista de Cuba y los importantes cambios en la política económica y social del país desde 1992, práctica sistemática y contrastante con la de los gobiernos neoliberales, que han impuesto sus “reformas” estructurales mediante la manipulación, la fuerza y el engaño.

FIDEL CASTRO: El revolucionario de tiempos difíciles

Por Renán Vega Cantor
16.Mar.17 :: Cuba
Fidel Castro siguió siendo revolucionario, aunque en el mundo entero gran parte de los que alguna vez se declararon revolucionarios (“los revolucionarios de tiempos fáciles”) lo hayan dejado de ser


“Fácil es ser revolucionarios en tiempos fáciles, lo que no resulta fácil es ser revolucionarios en tiempos difíciles”
Fidel Castro

Era el primero de enero de 1994 y la Habana y toda Cuba parecía caerse a pedazos, en pleno Período Especial, como resultado del impacto directo que la desaparición de la Unión Soviética y el llamado bloque socialista de Europa oriental había tenido sobre el comercio y la economía cubanas. Yo había llegado hacia ocho días a la isla por primera vez y pude contemplar en forma directa las carencias, la falta de alimentos (se generalizó el arroz con frijol como comida cotidiana), las tiendas oficiales estaban completamente vacías como si el país estuviera en guerra (y en realidad soportaba un tipo especial de guerra de baja intensidad, presionada por los Estados Unidos, para que Cuba se plegara ante el imperio y la gusanería de Miami). No había transporte, por falta de petróleo, y empezó a utilizarse en forma masiva la bicicleta. Los pocos carros y motos Urales (por su procedencia soviética) que circulaban por las calles de La Habana iban siempre atestados y gran parte de gente se desplazaba a pie y de esa forma recorría grandes trayectos.

Las cosas no iban mejor en el interior del país, como lo pude constatar en un viaje que hice a la ciudad de Santa Clara, para participar en un Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana. En el recorrido de 250 kilómetros parecía que transitáramos por un desierto, puesto que en el trayecto nos encontramos con uno o dos carros nada más.

La situación se notaba más crítica al recorrer las calles de La Habana Vieja, con gran parte de sus construcciones a punto de irse al suelo y la gente deambulando todo el día en busca de algo que pudiera aliviar su dura existencia. Además, se racionaba la luz eléctrica durante varias horas por día, puesto que era necesario ahorrar hasta la última gota de petróleo.

A pesar de esas carencias, me llamo poderosamente la atención que hombres y mujeres utilizaran la palabra compañero o compañera para hablar con los demás. Un vocablo que hoy, más de veinte años después, casi ha desaparecido en el lenguaje que se usa en la isla, como resultado del impacto avasallador del turismo. Hoy ya no se dice compañero sino señor, como muestra de un gran cambio simbólico en la vida cotidiana de la gente. También me impactó positivamente que las escuelas siguieran funcionando y que los niños llevaran sus uniformes limpios y no se viera ni un solo niño mendigando en las calles y que los cines proyectaran películas y estuvieran siempre concurridos y se presentaran producciones como Fresa y Chocolate, que se estrenó por esos días y que tuve la oportunidad de ver en el cine Yara de la Habana.

En el exterior no se daba un peso por la continuidad de la Revolución y los “cubanologos” –esa insoportable ralea de “especialistas” sobre Cuba y Fidel, generalmente de derecha y de extrema derecha– no dudaban en su caída, lo que discutían era cuanto tiempo iba a durar. Algunos decían al comenzar 1994 que no llegaba al final de ese año. En apariencia tenían la razón, si se consideraba la situación internacional (con el triunfo de la derecha y la contrarrevolución a nivel mundial), en la que se destacaba la desaparición de la URSS, y más cerca la derrota de los sandinistas en Nicaragua, así como la entrada en vigor del Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que empezó a funcionar en forma oficial, precisamente, el primero de enero de 1994. En el plano internacional lo que se imponía era el neoliberalismo puro y duro, adoptado por los nuevos países que se desprendieron de la antigua URSS y en Europa oriental, estando al orden del día la apertura incondicional de los países a la dominación imperialista, camuflada ahora con el nombre de globalización. Esto en América Latina quería decir ALCA (Alianza de Libre Comercio de las Américas) un proyecto de vocación expansionista para el continente americano que Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos, anunció en enero de 1994, en el que se convocó a todos los países del continente, con la única excepción de Cuba.

A este panorama internacional, absolutamente desfavorable para Cuba, se sumaba su crítica situación interna, que se palpaba a flor de piel. No podía ser de otra forma, ya que el comercio cubano cayó de 8.200 millones de dólares a fines de la década de 1980 a 2.200 tras la disolución de la URSS, y en 1993, cuando hasta ahora empezaba a impulsarse el turismo, este representaba un magro ingreso anual de 250 millones de dólares.

Ese primero de enero de 1994, cuando se cumplían los 35 años de la Revolución Cubana el ambiente era de desesperanza, de temor, de incertidumbre entre los habitantes de Cuba. Ese día en un apartamento en La Habana del Este, en donde me alojaba, en las horas de la noche prendí el televisor, justo en el momento en que en la ciudad de Santiago se realizaba un acto conmemorativo y en que hablaba Fidel Castro. Puse atención al discurso y quede impactado por su contenido, pero especialmente por una afirmación que desde entonces me retumba en la cabeza, cuando con convicción el líder de la Revolución Cubana afirmó: “Fácil es ser revolucionarios en tiempos fáciles, lo que no resulta fácil es ser revolucionarios en tiempos difíciles. Los que aquí nos reunimos somos revolucionarios de tiempos difíciles”.

Esta afirmación resume muy bien el carácter de Fidel Castro Ruz: un revolucionario a carta cabal, un revolucionario de tiempos difíciles. Y que más tiempos difíciles que los que a él le tocó vivir y sortear desde la década de 1950, cuando dirigió un proceso auténtico y original, que rompió con el capitalismo y el imperialismo y planteó un modelo socialista para un país de América Latina. Tiempos difíciles como los que afrontó en medio de un criminal y cincuentenario bloqueo económico, político y cultural por parte de la primera potencia mundial y se sigue manifestando en la actualidad. Tiempos difíciles como los planteados por la Perestroika en la Unión Soviética de Gorbachov, cuando Fidel avizoró que de allí no iba a salir nada bueno y se negó a secundar esa política suicida. Tiempos difíciles como los del Periodo Especial, en donde Cuba, sola y aislada, sin recursos energéticos soportó el primer caso de Pico de Petróleo registrado en el siglo XX, y ese pequeño país, en medio de terribles dificultades, logró sobrevivir. Tiempos difíciles en que cayeron sucesivamente los diversos estados autodenominados socialistas, y gran parte de sus antiguos dirigentes (como los de la nomenclatura soviética) se pasaron, con más pena que gloria, al bando de los capitalistas y neoliberales. Tiempos difíciles en los que, después de 1989, intelectuales conversos y políticos pragmáticos pedían que Cuba abandonara su idea de independencia y dignidad y se plegara en forma incondicional a los designios del imperialismo y del capitalismo, y Fidel no abjuró de sus convicciones y se mantuvo en ellas hasta su muerte física.
Para ser revolucionario de tiempos difíciles se requiere coraje, convicción, dignidad, enfrentar los retos aunque se pueda perder, no claudicar ante el primer obstáculo, no plegarse a las corrientes dominantes y no renunciar al antiimperialismo y al anticapitalismo. 

Eso lo hizo Fidel, al tiempo que se convirtió en la voz actualizada de los viejos y nuevos problemas que genera el capitalismo. Al respecto se recuerdan sus palabras en la Cumbre de Rio de Janeiro, en 1992, cuando en medio de la tecnocracia ambiental y el “capitalismo verde” fue el único que planteó sin tapujos la responsabilidad del capitalismo en la destrucción ambiental, y en hundir en la pobreza a los países del Tercer Mundo. Son también notables sus apreciaciones sobre la crisis civilizatoria que ha generado el capitalismo y los peligros que eso entraña para el futuro de la humanidad, así como sus denuncias sobre el carácter destructivo del armamento moderno, impulsado por países imperialistas y sus empresas multinacionales.

Fidel Castro siguió siendo revolucionario, aunque en el mundo entero gran parte de los que alguna vez se declararon revolucionarios (“los revolucionarios de tiempos fáciles”) lo hayan dejado de ser, por plegarse al capitalismo y disfrutar de algunas de sus migajas. Mantuvo su dignidad hasta el final, sin renunciar a la independencia y a la soberanía, con los costos que eso supone. Por esto mismo, luego de su muerte física, gran parte de esos conversos (como Mario Vargas Llosa) no han ocultado su antipatía por un personaje que no adjuro de sus convicciones ni se plegó ante el imperialismo. En el fondo les duele que puedan seguir existiendo este tipo de revolucionarios, de tiempos difíciles, que nadan contra la corriente, y que son ejemplo de una ética insobornable y de una honradez sin mácula, como lo dijo el mismo Fidel en ese discurso del primero de enero de 1994: “Los hombres de la Revolución podrían cometer errores, pero los hombres de la Revolución jamás traicionarían sus principios, los hombres de la Revolución serían honrados, los hombres de la Revolución jamás abandonarían las ideas por las cuales tanto habían luchado nuestra generación y las generaciones que nos precedieron”.

Diego Maradona begråter Fidels bortgång

Av Dick Emanuelsson


TEGUCIGALPA / 2016-11-27 / Diego Maradona grät när han fick beskedet om att Kubas revolutionshjälte Fidel Castro Ruz hade avlidit sent på fredagskvällen. För Maradona var Fidel ”den störste och en andra far”, som den argentinska fotbollslegenden själv uttrycker det.

– De ringde upp mig från Buenos Aires och sa att den störste, utan jämförelse, hade lämnat oss. Det var som en chock. En fruktansvärd dag. Jag grät ohejdat för han var som en andra far, sa Maradona till journalisterna i Kroatiens huvudstad Zagreb där han befinner sig just nu.

”Det kubanska folket som gav mig så mycket”

Maradona uppgav till reportrarna att han på måndag flyger till Havanna.

– Jag vill göra Raul (Castro) och hans söner och döttrar sällskap, och det kubanska folket som gav mig så mycket. Och ta farväl av Fidel, min vän. De ska kremera honom. Jag vill säga och ge honom all min tacksamhet som jag har, av hela mitt liv, sa en rörd Maradona.

Fotbollsstjärnan hade en nära vänskap med Fidel som han till och med har tatuerad på en av sina vader. På en överarm har han Che tatuerad.

Drogrehabiliterad i Kuba

– Han (Fidel) pratade oerhört mycket med mig om drogerna och talade om rehabiliteringen och jag visst kunde återhämta mig.

Deras vänskap inleddes redan på 1980-talet men Maradona är Fidel tacksam för hans agerande för att internera fotbollslegenden på en kubansk klinik år 2000 för att övervinna sitt narkotikaberoende.

– Jag levde fyra år i Kuba och Fidel ringde mig ibland 2 på natten för att prata politik och sport. Det är ett av de vackraste minnena jag har med Fidel.

– Jag träffade honom för sista gången för tre år sedan och han tog emot mig med orden: ”Har du kommit för att ta avsked”? och det förvånade mig. Det var som om han hade skjutit en ”Del Potro” (före detta argentinsk tennisstjärna) i bröstkorgen och det fick mig att brista ut i gråt.

De sista orden Fidel sa till Maradona var:

”Du finns i mitt hjärta. Och när jag varje dag tänder ett ljus för min mor tänker jag också på dig. Vi ses när du kommer tillbaka till Kuba”, sa Fidel till Diego Maradona för tre år sedan.

Muhammed Ali vill inte ge Fidel en snabb rak vänster under sitt besök i Havanna för ett tiotal år sedan. Fidel var själv en skaplig basebollspelare och dök ofta upp när viktiga matcher i den kubanska ligan spelades. Eller så spelade han själv, till allas förtjusning.,


Idrottsgiganten Kuba

Många internationell kända idrottsmän har under åren uttryckt sin beundran för Fidel. Muhammed Ali besökte Kuba och de bägge utbytte livliga idéer om idrottens betydelse för att fostra och utveckla ungdomen mentalt, socialt och kulturellt. På det området har Kuba, tack vare Revolutionens satsningar, nått enorma framgångar och är världsledande i flera sportgrenar varav boxning, baseboll och friidrott är de främsta.

Den kubanske revolutionsledarens kremerade kvarlevor kommer att gå i procession under fyra dagar tills den når Santiago de Cuba, längst ner i sydöstra Kuba där han kommer att begravas på kyrkogården Santa Ifigenia den 4 december.

Fidel

Por: Eduardo Galeano. Rebelión
Tomado del libro "Espejos. Una historia casi universal".. Cuba nos ha ayudado a descubrir a esa Amércia, esas multiples americas que somos
Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el «Granma», ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a seiscientos treinta y siete atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.
Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo.
Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.
Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.
Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.




 

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