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Saludos fascistas: tolerados en España, delito en Alemania e Italia

Written By Allende La Paz - Revista Cambio Total on lunes, junio 26, 2017 | lunes, junio 26, 2017

Por Roger Pascual/ Kaos en la Red.
La fundación Hitler no existe, mientras que la de Franco se financió con dinero público. El homenaje franquista al suegro de Gallardón podría haber terminado en prisión en suelo alemán o italiano.
El Estado alemán pagó, entre el 2000 y el 2003, 150.000 euros a la Fundación Adolf Hitler. Un exministro de Justicia, que no incluyó la apología del fascismo como delito en la reforma del Código Penal, asistió al funeral de su suegro, un exdirigente nazi, en el que se hicieron saludos fascistas, se cantó el hinmo nazi y se lanzaron vivas a Hitler. La mujer del exministro escribió una carta en la que afirma que tiene la “intención de seguir haciéndolo y de defender a los que lo hagan”.
La fundación dedicada al ‘führer’ no existe y nada de lo anterior ha pasado en suelo alemán, pero si cambiamos Hitler por Francisco Franco, esta es la realidad en España. Mientras que en Italia Alemania hacer el saludo fascista es un delito, la legislación española da barra libre a la exhibición de símbolos de la dictadura. José María Aznar financió a la Fundación Francisco Franco y Alberto Ruiz-Gallardón fue testigo de la glorificación del franquismo en el funeral de su suegro, el ministro franquista José Utrera-Molinahomenaje que la esposa de Gallardón reivindica.
Cuando era ministro de Justicia, Gallardón impulsó la reforma del Código Penal, que en el artículo 18 señala que “la apología [de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor] solo será delictiva como forma de provocación y si por su naturaleza y circunstancias constituye una incitación directa a cometer un delito”. Es decir, vitorear a Franco, su régimen del terror o hacer el saludo falangista, como se hizo ante Gallardón en el funeral de Utrera-Molina, no es delito (como ha vuelto a constatar la Fiscalía al desestimar la denuncia de Podemos por el entierro del exministro franquista); por contra, hacer bromas en Twitter sobre el asesinato de Luis Carrero Blanco, heredero del dictador, puede costar hasta tres años de cárcel por “enaltecimiento del terrorismo” y por “humillación a las víctimas”, de acuerdo con el artículo 578 del CP.
Desalojo de alborotadores en el Parlament
ALBERT BERTRAN / VÍDEO: ACN
Desalojo de alborotadores en el Parlament
Mientras que en Alemania sería impensable que hubiera un bar Adolf en el que se exhibiera impunemente todo tipo de simbología nazi, en España el Ayuntamiento de Almuradiel (Ciudad Real) le ha puesto una calle al fundador de Casa Pepe, en el que, entre todo tipo de parafernalia franquista, puedes comprar vino Franco con la imagen del Caudillo y el lema “no se os puede dejar solos”. En cambio, la policía alemana detuvo el pasado septiembre al propietario de un bar en Baviera por tener botellas de vino con la cara de Hitler. La condena podría elevarse a hasta tres años de prisión.

“Alemania es un país serio y aquí sigue habiendo restos de fascismo a nivel simbólico, cultural y político”, sentencia Joan J. Queralt. Catedrático de Derecho Penal de la Universitat de Barcelona (UB), considera “sorprendente que de las manifestaciones fascistas no llegue ningún atestado a los juzgados”. Y pone el ejemplo del hecho de que haya habido detenciones y multas por exhibir ‘estelades‘ en estadios y no por mostrar banderas franquistas y nazis o porque en algunas manifestaciones se soltaran proclamas como “Carod-Rovira al paredón”.
Eso sí, no le sorprende que la reforma del Código Penal de Gallardón no siguiera el ejemplo de Italia o Alemania. “Lo extraño sería que un vegano recomendara comer carne. Si eres vegano, no harás un restaurante de carne. Para esta gente el franquismo no fue una anomalía”, reflexiona. En este sentido también le parece lógica la actitud de Gallardón en el funeral de su suegro: “Es coherente; si impulsa un Código Penal y una ley mordaza no solo conservadora, sino que también autoritaria y antidemocrática, lo lógico es que se comporte así”.

Hasta cuatro años de prisión en Italia

ROSSEND DOMÈNECH / ROMA
Saludar a la manera fascista, levantando el brazo derecho con la mano en posición de firmes constituye en Italia un delito, confirmado en el 2016 por el Tribunal Supremo. En mayo del pasado año siete hinchas fueron condenados por haber realizado el “saludo fascista”, en Italia también conocido como “saludo romano”, “porque el gesto se inspira a la ideología fascista y la discriminación racial”.
El delito conocido como “apología del fascismo” fue regulado legalmente por primera vez en 1952 cuando se prohibió la “reorganización del disuelto partido fascista”. La ley fue actualizada en 1975 para aplicar en Italia de la convención internacional de Nueva York de 1966, que prohíbe todas las formas de discriminación racial. Básicamente la normativa endureció las penas para los transgresores.
Desde entonces, el articulo 293-bis del Código Penal, sobre los delitos contra la personalidad interna del Estado, castiga la propaganda referida al régimen fascista y nazifascista y “la simbología y gestualidad del partido fascista y del partido nacionalsocialista alemán y sus relativas ideologías”. Para los casos de “apología del fascismo” y “reconstrucción del partido fascista”, la ley prevé penas de entre seis meses y cuatro años de prisión.
Sobre el saludo fascista, no se puede proceder al arresto de oficio, sino que debe mediar una denuncia y proceso relativo. El Supremo dictaminó también que no es necesario que “el gesto [el saludo fascista] esté acompañado con aspectos violentos”, porque la ley “tiene el papel de tutela preventiva”, por lo que “de por sí” el saludo romano justifica la condena.

Alemania, persiguiendo la herencia nazi

CARLES PLANAS BOU / Berlín
Brazos en alto, esvásticas ondeando y vítores a Adolf Hitler. Mientras que en el día de la hispanidad y del alzamiento nacional los nostálgicos del franquismo toman las calles españolas con variedad de simbología fascista, esas imágenes son impensables en Alemania.
Marcados por un pasado sangriento, el gobierno teutón legisló para prohibir, perseguir y castigar todo tipo de expresiones afines al nazismo. A la tipificación como delito de estos actos en el artículo 86ª del código penal alemán se le suma el profundo ejercicio de memoria histórica impulsado por las autoridades. Una campaña que ha sensibilizado a la sociedad recordando constantemente los crímenes perpetrados por sus abuelos y que ha permitido que, a diferencia de España, cualquier simpatía nazi sea considerada un escándalo monumental.
Pero a pesar de ese fuerte estigma social que persigue a los alemanes la desnazificación de la posguerra no fue completa y aún quedan nostálgicos del Reich. Prueba de ello son el reciente escándalo en el ejército alemán, un cuerpo público que aún arrastra esa herencia en conmemoraciones vigentes a las tropas nazis, o los deslices del sector más radical del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Palabras como las de Bjorn Höcke, quien lamentó el sentimiento de culpa alemán asegurando que el monumento a los judíos de Berlín era a la “vergüenza”, aún dan votos. Queda trabajo.

Francia, sanciones en función del contexto

EVA CANTÓN / París
En aplicación del acuerdo de Londres de 1945 sobre personas reconocidas culpables de crímenes contra la humanidad, el código penal francés contempla sanciones para quienes lleven o exhiban en público uniformes, insignias o emblemas que recuerden a los miembros de organizaciones fascistas. La multa es de 1.500 euros. Sin embargo, hacer un saludo nazi no está directamente penalizado, sino que es el contexto el que determina si es o no sancionable.
Por ejemplo, está prohibido en los estadios porque así se recoge en el código deportivo, o en lugares simbólicos como el Memorial de la Shoah. En esos casos se pueden considerar actos de incitación al odio racial, antisemitas o de apología fascista. Fue el caso de la investigación abierta en el 2014 por el tribunal de Bobigny, en la periferia parisina, a raíz de la fotografía que se hizo un individuo en el memorial de Drancy, desde donde partieron en trenes unos 65.000 judíos franceses hacia el campo de exterminio de Auschwitz entre 1941 y 1944.
En definitiva, en Francia no se castiga el gesto en sí, sino que es el lugar donde se realiza el saludo el que determina la naturaleza del delito. Pese a las quejas reiteradas de las asociaciones judías francesas es, por tanto, inútil denunciar a alguien que hace en la calle un saludo que consideran ofensivo. De ahí que el polémico humorista Dieudonné no haya sido nunca condenado por su ‘quenelle’, un gesto típico en sus espectáculos que evoca sin serlo el saludo nazi, y sí por frases consideradas antisemitas o de incitación al odio.
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